John Wycliffe, quien vivió de 1330-1384 y también era conocido como John Wyclif, fue un teólogo, sacerdote y erudito inglés reconocido como un precursor de la Reforma protestante en Europa. Wycliffe condenó las prácticas de la Iglesia medieval, señalando muchos de los mismos abusos que más tarde serían abordados por otros reformadores. Es mejor conocido por traducir la Biblia al inglés medio.
Wycliffe creció en una época en la que la Santa Iglesia Católica Romana era el poder supremo en Europa. La Iglesia ya se había dividido en la Iglesia Católica Occidental y la Iglesia Ortodoxa Oriental durante el Gran Cisma de 1054; sin embargo, esta división no disminuyó su poder en Europa, donde se involucraba cada vez más en asuntos políticos seculares que en cuestiones religiosas. Toda persona que se opusiera a las políticas de la Iglesia era silenciada, y no existía otra autoridad religiosa a la cual apelar.
Wycliffe era un teólogo formado en Oxford que se oponía a los abusos de la Iglesia, cuestionaba la jerarquía y sostenía que las Escrituras cristianas eran la autoridad suprema, no el papa. Desarrolló una teología de dos ámbitos, una Iglesia terrenal y una Iglesia idealizada, claramente basada en principios platónicos que había aprendido de una lectura minuciosa de las obras de san Agustín de Hipona, y afirmaba que la Iglesia terrenal se había desviado considerablemente de lo que debería haber sido.
John Wycliffe es reconocido como un protorreformador, ya que muchas de sus afirmaciones y objeciones fueron expresadas posteriormente por otros reformadores.
Fue protegido de la persecución por poderosos aliados políticos en Inglaterra y por las distracciones causadas por el Cisma de Occidente (1378-1417), período durante el cual hubo dos papas, uno en Roma y otro en Aviñón, Francia, con distintas facciones del clero apoyando a uno u otro. Sus ideas se difundieron gracias a sus seguidores, conocidos como los lolardos, quienes también lo asistieron en la traducción de la Biblia del latín al inglés medio. Aunque Wycliffe entró en conflicto con las autoridades eclesiásticas en Inglaterra entre 1377 y 1382 y fue despojado de su puesto de enseñanza en Oxford, no fue excomulgado ni declarado oficialmente hereje.
Sin embargo, tras su muerte, fue condenado póstumamente en 1415. Sus restos fueron exhumados en 1428, quemados y arrojados al río Swift. Es reconocido como un protorreformador, ya que muchas de sus afirmaciones y objeciones fueron expresadas primero por Jan Hus (alrededor de 1369–1415) y posteriormente por reformadores como Martín Lutero (1483–1546), quien las llevó más lejos y desencadenó la Reforma Protestante (1517–1648), la cual debilitó el poder de la Iglesia.
La Iglesia medieval en Inglaterra
Para comprender el tipo de valentía que se necesitaba para desafiar a la Iglesia en la Edad Media (aproximadamente 476–1500), es necesario reconocer la autoridad que esta reclamaba y el poder que ejercía. La Iglesia era el único medio por el cual una persona podía alcanzar la salvación eterna y, dado que el cielo, el purgatorio y el infierno se consideraban certezas que aguardaban después de la muerte, los preceptos de la Iglesia debían obedecerse sin cuestionamientos si se deseaba evitar el sufrimiento del último y ser recompensado en el primero.
La Iglesia reclamaba esta autoridad de manera directa a través de las Escrituras, citando Mateo 16:18-19, donde Jesús designa al apóstol Pedro como «la roca sobre la cual edificaré mi Iglesia», lo que, según las autoridades eclesiásticas, convertía a Pedro en el primer papa y a cada papa posterior en su sucesor. Sin embargo, a medida que la Iglesia adquiría mayor poder, se enfocaba más en ampliar su influencia y consolidarlo que en la salvación espiritual y la vida cristiana. Para la época de Wycliffe, la Iglesia poseía aproximadamente un tercio de las tierras de Inglaterra, exentas de impuestos, y, mediante la práctica de la simonía, los funcionarios podían colocar a amigos y parientes, a menudo poco capacitados, en puestos eclesiásticos cómodos y bien remunerados.
Vida temprana y educación
El año exacto del nacimiento de Wycliffe es motivo de disputa: algunos académicos lo sitúan ya en 1320, pero en general se acepta que nació en el pueblo de Hipswell, Yorkshire, Inglaterra, en 1330. Su familia pudo haber sido criadora de ovejas y aparentemente estaba relacionada con la adinerada familia Wycliffe de Wycliffe-on-Tees, ubicada a pocos kilómetros de Hipswell, aunque esta afirmación ha sido cuestionada, al igual que la idea de que Wycliffe naciera en ese pueblo. No se sabe nada de su juventud, excepto que probablemente comenzó su educación en casa, o cerca de allí, a una edad temprana.
Ya era estudiante en Oxford en 1345 y sobrevivió a la pandemia de la Peste Negra de 1347–1352. El sufrimiento causado por la plaga y la incapacidad de la Iglesia para afrontarlo influyeron profundamente en el joven teólogo, quien desarrolló una visión generalmente pesimista de la condición humana y, con el tiempo, un marcado escepticismo respecto del poder de la Iglesia para hacer algo que mejorara la vida de las personas. El académico Christopher Ocker señala:
[La Iglesia sostenía] que el mal es un rasgo heredado (pecado original) y que ser bueno requiere ayuda divina (un don de la gracia). De manera implícita, existe aquí una proporción inversa entre la incapacidad moral humana y la intervención divina: cuanto mayor es dicha incapacidad, más constante y unilateral es la intervención de Dios mediante su gracia. (Rublack, 25)
La única «ayuda divina» disponible era la que se obtenía a través de la Iglesia; sin embargo, como Wycliffe habría observado, ninguna de las ayudas brindadas por esta durante la peste tuvo efecto alguno en aliviar el sufrimiento del pueblo, mientras que muchos, si no la mayoría, de los clérigos concentraron sus esfuerzos en protegerse y en acumular mayor riqueza y comodidades. El mentor de Wycliffe, Thomas Bradwardine (aproximadamente 1300–1349), erudito y arzobispo de Canterbury, murió a causa de la peste, y su muerte, en contraste con la supervivencia de tantos clérigos que Wycliffe consideraba inferiores, despertó en él una mayor piedad y una determinación más firme de vivir lo más fielmente posible a los preceptos de las Escrituras, en lugar de a las ordenanzas de la Iglesia.
Aunque Wycliffe no cuestionaba las enseñanzas de la Iglesia en ese momento, sí debatía con teólogos muy respetados, en particular con Guillermo de Ockham, quien vivió alrededor de 1287–1347, sobre el significado y la importancia de la Cena del Señor tal como se celebraba en la misa. La insistencia de la Iglesia en la pecaminosidad humana y su afirmación de ser el único camino hacia la gracia divina parecían, a juicio de Wycliffe, estar en contradicción con su preocupación por rituales que, según él, no estaban respaldados por las Escrituras en la forma en que se practicaban.
Política y controversia
Aun así, continuó adhiriéndose a la ortodoxia de la Iglesia, obteniendo su licenciatura en 1369 y su doctorado en Teología en 1372. Ya hacia 1361 fue nombrado director del Balliol College de Oxford y representó a la universidad en una disputa con el papa por el reclutamiento de estudiantes por parte de las órdenes mendicantes locales, generalmente en contra de los deseos de sus familias y, según parece en ocasiones, también de los propios estudiantes. El papa falló en contra de Wycliffe y de Oxford en esta disputa, pero ello marcó su primer desafío a la autoridad papal, y es posible que este acontecimiento haya llamado la atención del poderoso noble Juan de Gante (1340–1399), uno de los hijos del rey Eduardo III (que reinó de 1327–1377), quien se convertiría en uno de los aliados más importantes de Wycliffe.
Sin embargo, es más probable que Wycliffe llamara la atención de Juan de Gante en 1374, cuando fue enviado como parte de una delegación ante el papa Gregorio XI (en funciones entre 1370 y 1378) para resolver disputas sobre los derechos del rey frente a los del papa en materia de propiedad de tierras. Wycliffe había apelado previamente al papa en busca de ayuda en un asunto privado relacionado con un nombramiento en Oxford que le había sido negado; aun así, tomó partido por el rey en esta disputa, lo que le costó dicho nombramiento, pero le granjeó el favor de la casa real. Ese mismo año recibió el nombramiento de la parroquia de la iglesia de Santa María en Lutterworth, que conservaría por el resto de su vida, lo cual indica que en ese momento aún se encontraba en buena posición dentro de la Iglesia.
A pesar de ello, para 1377 fue censurado por el papa Gregorio XI a causa de su obra Sobre el dominio de lo civil, en la cual desarrollaba los argumentos teológicos que había presentado en 1374. Además, Wycliffe había comenzado a utilizar su posición como pastor en Lutterworth para criticar al papa y a la jerarquía eclesiástica, a quienes acusaba de corrupción y de avidez por las tierras. Su argumento central en Sobre el dominio civil era que la Iglesia no tenía por qué adquirir enormes extensiones de tierra y debía entregarlas a las autoridades civiles, volver a la simplicidad de Jesús y de sus apóstoles y, como ellos, vivir en un estado de pobreza para servir mejor al pueblo.
Conflicto con la Iglesia
Wycliffe fue llamado a Londres para presentarse ante William Courtenay (alrededor de 1342–1396), arzobispo de Canterbury, a fin de explicarse y responder por los aparentes errores en los que había incurrido. Courtenay parecía considerarlo un hereje o, al menos, inclinado a la subversión, y pensaba que podría resolver el asunto con rapidez. Wycliffe había sido puesto bajo arresto domiciliario cuando fue censurado, y Courtenay parece haber creído que sería fácil condenarlo a partir de sus propias palabras durante el examen celebrado en febrero de 1377.
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Wycliffe era popular entre la nobleza porque veía en sus obras un desafío legítimo a la autoridad de la Iglesia.
Sin embargo, Wycliffe se presentó en Londres acompañado por Juan de Gante y por otro poderoso noble, lord Henry Percy (1341–1408), conde de Northumberland, así como por varios clérigos que lo apoyaban. El sencillo examen y la condena que Courtenay pudo haber esperado quedaron frustrados cuando Gante y Percy cuestionaron su autoridad y defendieron a Wycliffe. Para entonces, la postura de Wycliffe contra la autoridad eclesiástica ya era bien conocida, por lo que también acudió una gran multitud de campesinos para apoyarlo, pues entendían que un desafío a la Iglesia constituía un golpe contra el orden establecido que los mantenía en la pobreza.
Courtenay no podía condenar a Wycliffe sin arriesgarse a provocar un motín y, posiblemente, ganarse la ira de la nobleza, pero tampoco podía desestimar los cargos, que se desconocen ya que el examen nunca se llevó a cabo, sin comprometer la autoridad de la Iglesia. No le quedó más opción que advertir a Wycliffe que no predicara doctrinas heterodoxas y luego dejarlo en libertad.
Wycliffe era popular entre la nobleza porque esta veía en sus obras un desafío legítimo a la autoridad de la Iglesia, ya que él mismo era doctor de la Iglesia y argumentaba a partir de las Escrituras. La pérdida de poder y de tierras por parte de la Iglesia solo podía significar una ganancia para la nobleza de Inglaterra. El campesinado también apoyaba a Wycliffe, en general por razones similares, con la esperanza de que cualquier alteración del orden establecido aliviara la pobreza en la que vivían. La fuerza de los argumentos de Wycliffe provenía de su conocimiento de las Escrituras, de los escritos de los Padres de la Iglesia, principalmente san Agustín, y de su habilidad como escritor, orador y predicador, así como de su visión de lo que la Iglesia debería ser, en contraste con aquello en lo que se había convertido. El académico Diarmaid MacCulloch comenta:
Wycliffe era un filósofo dentro de una tradición que consideraba que las realidades invisibles y eternas eran más representativas de la auténtica realidad que las experiencias del mundo cotidiano. Partía de esta premisa para establecer un contraste condenatorio entre la Iglesia material, poderosa y rica, dirigida por los obispos y el papa, y la Iglesia eternamente existente más allá de lo material; esta última, la verdadera Iglesia, era una fuente mística de gracia que la Biblia revelaba no solo al clero, sino a todos los fieles elegidos por Dios. (35)
En consecuencia, no se necesitaba de la Iglesia para recibir la gracia de Dios; solo se necesitaban las Escrituras, que revelaban la personalidad de Dios, y la oración, que ponía a la persona en comunión directa con lo divino.
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En ese tiempo, la Biblia solo estaba disponible en latín, lengua que pocas personas fuera del clero instruido podían leer. La obra había sido traducida del hebreo y del griego al latín por san Jerónimo (347–420), con la ayuda y el apoyo de su colaboradora santa Paula (347–404), y su versión, conocida como la Vulgata, había sido establecida por la Iglesia como plenamente autorizada e infalible. Cualquier sugerencia de que la Biblia debía traducirse a la lengua vernácula de la época, como el inglés, se consideraba una herejía, y cualquiera que lo intentara era visto como una amenaza peligrosa para la Iglesia.
Sin embargo, Wycliffe señaló que el propio San Jerónimo había traducido la obra de las lenguas originales a la lengua vernácula de su época, el latín, como lo dejaba claro el término «vulgata», y así comenzó su propia traducción del latín al inglés a principios de la década de 1380, cuya primera versión se publicó en 1382. La obra fue impresa mediante xilografía (impresión con bloques de madera), el mismo método con el que había difundido sus escritos anteriores (ya que la imprenta aún no se había inventado), y se convirtió en un éxito de ventas. Aunque la mayoría de la gente no sabía leer inglés, sí podía entenderlo cuando se lo leían, y la Biblia en lengua vernácula representaba un desafío directo a la autoridad de la Iglesia, que ya no controlaba cómo debían entenderse las Escrituras.
La Iglesia estaba furiosa y, para empeorar la situación de Wycliffe, muchos de sus aliados entre la nobleza, especialmente Juan de Gante, lo abandonaron cuando cuestionó la validez de la transubstanciación, es decir, la transformación del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo durante la misa, al afirmar que no era bíblica y señalar que se trataba de un concepto relativamente reciente, inventado por la Iglesia. El arzobispo de Arundel resumió el sentir de la Iglesia hacia Wycliffe al condenarlo como hereje después de su muerte, escribiendo:
Este pestilente y desdichadísimo John Wycliffe, de maldita memoria, hijo del viejo diablo y él mismo hijo o discípulo del Anticristo, coronó su maldad al traducir las Escrituras a la lengua materna. (Stewart, 15)
Wycliffe también fue culpado, con razón o sin ella, por la Revuelta de los Campesinos de 1381; aunque la condenó, se considera que pudo haber contribuido a ella al desafiar el orden social aceptado. Independientemente de la opinión que tuviera la jerarquía de la Iglesia sobre Wycliffe, el pueblo recibió con entusiasmo la traducción al inglés, que tuvo múltiples impresiones y ha sobrevivido hasta el presente en más de doscientas copias, lo que da testimonio de su popularidad en su época. Sin embargo, y en contra de algunas afirmaciones, su obra no se considera la primera traducción de la Biblia al inglés, ya que se basó únicamente en el latín; la primera traducción al inglés es la Biblia de Tyndale, publicada en 1535 por William Tyndale (en torno a 1494-1536), quien trabajó a partir del hebreo y el griego originales.
Conclusión
Aunque Wycliffe fue censurado por la Iglesia, nunca fue excomulgado ni considerado hereje durante su vida. Sus seguidores pasaron a ser conocidos como lolardos (lollards en inglés), un término peyorativo acuñado por sus oponentes cuyo significado es incierto, pero que se cree aludía a un «balbuceo» («lolling» en inglés) de la lengua, ya que se pensaba que hablaban disparates. Se considera que estos adherentes fueron fundamentales en la labor de traducir, imprimir y difundir la versión inglesa de la Biblia, la cual fue adoptada como ortodoxa por muchos predicadores laicos y sacerdotes parroquiales, quienes continuaron utilizándola incluso después de que Wycliffe fuera condenado póstumamente.
En 1382, Wycliffe fue nuevamente citado para responder por sus «errores» y, una vez más, se retiró del sínodo en buenos términos con la Iglesia, continuando con las mismas condenas de los abusos clericales que había formulado anteriormente. Se considera que evitó reiteradamente el destino de otros condenados por herejía gracias al apoyo continuado de miembros de la nobleza, aunque muchos de ellos ya se habían distanciado. Murió a causa de un derrame cerebral a finales de diciembre de 1384 y fue enterrado en tierra consagrada.
Sin embargo, en el Concilio de Constanza de 1415, después de que sus obras hubieran inspirado el movimiento reformista de Jan Hus, Wycliffe fue condenado como hereje, sus restos fueron exhumados, quemados y esparcidos en el río Swift. Sus seguidores señalarían más tarde que estas acciones de la Iglesia no hicieron sino subrayar la profunda influencia de Wycliffe, pues, así como sus cenizas se dispersaron por el río que desembocaba en un mar que bañaba costas lejanas, también las palabras de Wycliffe y el ejemplo de su vida llegaron a tocar a personas de todo el mundo.
Estudiante avanzada de traducción con experiencia en proyectos terminológicos junto a la OMPI. Interesada en la traducción especializada y en facilitar el acceso multilingüe a contenidos culturales y educativos.
Joshua J. Mark es cofundador de World History Encyclopedia's y Director de Contenidos. Ha sido profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde ha enseñado historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado por todo el mundo y ha vivido en Grecia y en Alemania.
Escrito por Joshua J. Mark, publicado el 12 noviembre 2021. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.