La Religión Celta de la Antigüedad

Definición

Mark Cartwright
por , traducido por Waldo Reboredo Arroyo
Publicado el 22 marzo 2021
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Disponible en otros idiomas: Inglés, Francés
Scene of Rebirth on the Gundestrup Cauldron (by Claude Valette, CC BY-ND)
Escena de Renacimiento en el Caldero de Gundestrup
Claude Valette (CC BY-ND)

La religión politeísta de los antiguos celtas en la Europa de la Edad de Hierro permanece en la oscuridad por falta de registros históricos, pero la arqueología y las narraciones de los autores clásicos ayudan a reconstruir sus dioses principales, sitios sagrados y prácticas de cultos. Las características comunes de la religión celta, a pesar de las variaciones según las regiones y el siglo de que se tratara, incluyen la veneración de bosquecillos sagrados y sitios naturales como ríos y manantiales, la presentación de ofrendas votivas consistentes en alimentos, animales y en raras ocasiones sacrificios humanos, así como la colocación de bienes de uso diario y de valor en las tumbas de los fallecidos. Como el culto era encabezado por los druidas, reacios a poner por escrito sus conocimientos, no han sobrevivido textos sagrados, himnos ni oraciones en forma documental. Además, existen lagunas significativas en los conocimientos que se poseen acerca de las creencias de estos pueblos sobre su propia proveniencia, el origen del universo, el lugar que ocupaban en él y el destino final de su mundo. No obstante, gracias a una combinación de estudios y metodologías, se cuenta con un cuadro razonable pero provocativo por lo incompleto, acerca de sus dioses, creencias y prácticas religiosas en la Europa precristiana.

Los Dioses Celtas

El antiguo panteón celta contaba con más de 400 dioses, que pueden no haber sido concebidos con características humanas, como fue el caso de la ancestral religión griega. Tampoco puede afirmarse que existió un conjunto universal de divinidades adoradas por todos los parlantes de la lengua celta, con independencia de donde vivieran. Más bien, por toda Europa los celtas veneraban dioses estrictamente locales además de los reverenciados en otras regiones. La inexistencia de exhaustivos registros escritos procedentes de los propios celtas ha hecho más complejo su estudio, a lo cual se añade que los pueblos de la Edad de Hierro europea fueron influenciados por dioses y prácticas religiosas de culturas vecinas más tempranas, que sólo permiten conjeturar acerca de la manera precisa en que ello ocurrió. Más aún, cuando el Imperio Romano se expandió por Europa, los celtas adoptaron y adaptaron muchas facetas de la religión romana.

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A LOS DIOSES CELTAS SE LES ATRIBUÍAN PODERES QUE LO ABARCABAN TODO Y UNA MIRÍADA DE ASOCIACIONES, MUCHO DE LO CUAL SE SOLAPABA CON OTROS DIOSES

Pisamos terreno más firme al examinar el rol de ciertos dioses de la cultura celta. Las inscripciones votivas, los rituales y las prácticas de inhumación indican que se pensaba que los dioses controlaban de alguna manera a la humanidad, o al menos ejercían una fuerte influencia sobre el bienestar de las gentes. A menudo se les atribuían poderes que lo abarcaban todo y una miríada de asociaciones, mucho de lo cual se solapaba con otros dioses, lo que establece un punto de diferenciación entre la religión celta y las de las culturas mediterráneas de su época.

Los dioses celtas se asociaban a fenómenos o a lugares naturales entre los que se encuentran el sol, el relámpago, la guerra y los ríos y también tribus específicas, poblaciones y familias. Uno de los dioses más ampliamente adorados era Lugus (que más tarde en la Edad Media se conoció como Lugh). Esta puede ser la deidad que Julio César (c. 100-44 a. C.) describe como dios supremo de los celtas, pero no todos los investigadores comparten ese criterio. Lugus representa el sol y la luz y se consideraba omnisciente y que todo lo veía; prestó su nombre a muchos lugares, como Lugdunum, que es la actual Lyon francesa. .

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Cernunnos, Gundestrup Cauldron
Cernunos, Caldero de Gundestrup
Malene Thyssen (CC BY-SA)

Cernunos quizá sea el dios más representado por el arte celta, descrito de manera sencilla como ´el dios de los cuernos´. Es típico que se muestre sentado, con un tocado de astas de ciervo o cuernos; continúa siendo una figura misteriosa. De él existe una famosa imagen en el caldero de Gundrup (quizá del siglo I a. C.), en la que lleva torques; otra asociación común. Sequana, una deidad sanadora venerada en particular en las fuentes del río Sena, en el centro de Francia, se incluye entre las divinidades importantes. Brigantia, a quien los romanos equiparaban con Nike o Victoria, fue una diosa relevante en las Islas Británicas. A Epona, asociada a los caballos, se la adoraba por toda Europa. Es probable que Essus, con su vara en forma de martillo, fuera el patrón de los oficios y Rhenus el dios del río Rin.

Varios dioses eran vistos como trinos, en posible representación de tres distintos aspectos de la misma divinidad. Un ejemplo es el de las tres diosas madres, las Matronae, que por similitud expresan de forma individual los conceptos de fuerza, poder y fertilidad. De los numerosos dioses locales y regionales de la antigua sociedad celta, muchos se vinculaban con cuestiones de mayor importancia para su vida diaria: la conducción de la guerra, la soberanía, la identidad tribal, la sanación y la protección a grupos específicos como las madres, los hijos, los pescadores y otros. Era obvio que había interés por encontrar el sustento diario y muchas deidades se asociaban con la caza y con animales específicos, sobre todo los del bosque, entre los que estaban los jabalíes y los ciervos.

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Además de los dioses, los animales también eran importantes para los celtas y quizá se consideraban sagrados en sí mismos, en especial el toro, el jabalí, el ciervo y el caballo. Muchas de estas bestias se tenían como tótems con cualidades protectoras y aparecían con frecuencia en grabados sobre petos y armas. Otra fuente de resguardo eran los amuletos, que se entendía protegían a los vivos y también a los fallecidos en su viaje hacia el otro mundo. Se creía que los amuletos guardaban contra los peligros y se encontraban sobre muchas tumbas de niños y mujeres, a diferencia de los talismanes, que traían suerte. Los amuletos podían adoptar formas extrañas, tales como ruedas en miniatura, calzado, pies y hachas.

British Druid by William Stukeley
Druida británico
William Stukeley (Public Domain)

Los Druidas

Los druidas, líderes religiosos de las comunidades celtas, eran apreciados como intermediarios entre la humanidad y los dioses; constituían una clase de individuos reconocidos por su enorme sabiduría y el conocimiento de las tradiciones. No sólo eran sacerdotes que conducían todos los rituales religiosos, entre ellos los sacrificios a los dioses, sino que además eran capaces de proporcionar ayuda práctica mediante la interpretación de eventos naturales, la predicción del futuro en su calidad de adivinadores y la elaboración de pociones medicinales con el empleo de plantas sagradas, como el muérdago. Estos sacerdotes componían el repositorio de la historia de la comunidad y puede que además se les exigiera dictar geissi o tabúes (con inexactitud llamados hechizos) que actuaran sobre las personas para asegurar el cumplimiento de las reglas de la sociedad y la inclusión de la comunidad en las actividades religiosas. Existen escasas pruebas acerca de la presencia de mujeres druidas en la antigüedad; tampoco hay indicios de que tal actividad les estuviera prohibida.

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LOS SITIOS NATURALES DE IMPORTANCIA COMO RÍOS, LAGOS Y PANTANOS, ERAN SAGRADOS PARA LOS CELTAS, YA QUE EL AGUA SE CONSIDERABA UN CONDUCTO HACIA EL OTRO MUNDO

Los druidas gozaban de un elevado estatus en la sociedad celta y pueden haber resaltado su papel especial mediante el empleo de largas túnicas blancas y quizá también con el uso de insólitos adornos de cabeza, como cascos con cuernos o astas de ciervos. Convertirse en un druida consumado requería de un gran esfuerzo: unos 20 años de práctica. El énfasis de los druidas en instruir a sus novicios mediante la enseñanza oral resultó desafortunado, pues significó que no haya registros escritos de sus actividades. Los escritores romanos por lo general no comprendían las actividades de los druidas y a veces les asignaban facultades de adivinación a otras clases de individuos, entre ellos los videntes, que interpretaban fenómenos como el vuelo de las aves. Otra figura a veces equiparada con los druidas es el fili, un poeta-historiador culto de la antigua Irlanda. El debate acerca de si los druidas, videntes o fili eran figuras diferentes o si todo quedaba recogido en la misma persona, continúa entre los eruditos.

Los druidas tenían sus propios lugares sagrados para reunirse o realizar eventos anuales. Julio César (100 - 44 a. C.), en su Guerra de las Galias, menciona un sitio así ubicado en la región de los carnutos en el centro de Francia (cerca de la actual Orléans). Se conoce también que desde antes de la primera mitad del siglo I d. C., los druidas consideraban a Mona (Anglesey, Gales) como una isla sagrada,

Sitios Sagrados, Santuarios y Templos

Los sitios naturales de importancia como ríos, lagos y pantanos eran sagrados para los celtas, ya que se consideraba que el agua era un conducto hacia el otro mundo. Por esta razón las confluencias de manantiales y ríos gozaban de excepcional sacralidad. También se efectuaban rituales y ceremonias en las cimas de los cerros, montañas y sotos (nemeton), en especial los poblados de robles. Algunos árboles, en particular los grandes robles, podían considerarse divinos y bajo sus sombras se reunían en asamblea la comunidad y los ancianos. Todos estos lugares se concebían como potenciales centros de encuentro entre el mundo físico y el sobrenatural.

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Martberg Archaeological Park
Parque Arqueológico de Martberg
Carole Raddato (CC BY-NC-SA)

A menudo los sitios sagrados llevaban algún tipo de preparación. Las ubicaciones más naturales podían ser poco más que claros en los bosques, pero en las cercanías de los asentamientos urbanos incluían la construcción de muros de tierra, portones rituales y altares, más la edificación de templos. Es probable que los celtas también usaran estructuras megalíticas construidas siglos antes, pero desarrollaron su propia e inconfundible arquitectura religiosa. Un tipo de área sagrada celta consistía en un cuadrado o rectángulo desbrozado rodeado de empalizados de tierra. A estos por lo general se les denomina Viereckschanzen, a causa de que se encontraron en gran número en el sur de Alemania, aunque de una u otra forma existen en poblados celtas desde Francia hasta Bohemia. Sobre el perímetro del espacio se construía una muralla, un foso exterior y una única entrada, a menudo orientada hacia el este. En el espacio raso sagrado por lo general se clavaban postes de madera, al parecer para soportar cierto número de estructuras techadas y/o para tallar en ellos símbolos e imágenes. En algunos la obra incluía la excavación de profundos pozos para colocar ofrendas votivas. Los restos de alfarería hallados en los pozos casi siempre datan de los siglos II y I a. C.

Los templos de piedra aparecieron por primera vez entre los celtas a partir del siglo IV a. C. Su construcción típica llevaba puertas monumentales decoradas con relieves y pinturas y techumbre de paja o de ramas entrelazadas cubiertas con barro y cal. Para los celtas, la cabeza era el asiento del alma y por lo tanto no sorprende la frecuencia con que sus templos se decoraran con máscaras e incluso cabezas humanas de las víctimas de los sacrificios. En los templos celtas se hicieron comunes los diseños de la arquitectura clásica tras la conquista romana.

Los sitios sagrados se complementaban con estatuas y obras de arte que representaban a los dioses, imágenes y grandes figuras de madera a veces sin rasgos distintivos, adornadas con torques de metal. Antes de la conquista romana no era común que los dioses se tallaran en piedra, pero sí estaba difundido el empleo de erguidos bloques pétreos labrados en forma de pilares y domos, decorados con cabezas y diseños vegetales en relieve.

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Rituales, Ofrendas y Sacrificios

Los rituales se celebraban conforme a un programa fundamentado en los ciclos de la naturaleza, la astronomía y de manera particular, en las fases de la luna. Se recitaban oraciones y conjuros y hacían ofrendas votivas en sitios sagrados para agradecer o aplacar a los dioses, para ganar su favor en la ocurrencia de eventos futuros, o para evitar desastres como la guerra, el hambre y la sequía. Los ofrecimientos podían ser alimentos, alhajas, armas decoradas y armaduras arrebatadas al enemigo, o finas vasijas de barro cocido. En caso que se recuperaran de una enfermedad modelaban figuras del enfermo o de la parte afectada del cuerpo. A menudo se deformaban o rompían los objetos preciosos antes de presentarlos a los dioses. Existía la costumbre de lanzar ofrendas en los sitios sagrados cercanos a los lagos, ríos o pantanos. Un ejemplo aparece en las excavaciones llevadas a cabo en Anglesey, que revelaron cúmulos de espadas, protuberantes ornamentos de escudos, puntas de lanza, calderos, decoraciones metálicas para arreos, carros de guerra, cadenas y collares para aherrojar esclavos y un gran número de huesos de animales.

Bull Panel, Gundestrup Cauldron
Panel con Toros, Caldero de Gundestrup
Claude Valette (CC BY-SA)

A los dioses se les sacrificaban animales. La forma más común del holocausto era quemar o enterrar cuerpos intactos de toros, bueyes, perros y caballos o patas de equinos. Se ha comprobado que realizaban banquetes en los que comían una parte del animal antes de ofrecer sus restos a los dioses. En raras ocasiones efectuaban sacrificios humanos, cuya realización estaba restringida a los momentos en que existieran fuertes tensiones en la comunidad debido a la ocurrencia de desastres naturales o guerras. Es probable que los guerreros enemigos capturados constituyeran la fuente de los sacrificios humanos. Una posible víctima de tal tipo de inmolación (aunque no todos los investigadores coinciden) es el Hombre de Lindow, un cadáver descubierto en Lindow Moss, un pantano cercano a Cheshire en Inglaterra. El Hombre de Lindow, que no es posterior al siglo I o II d. C., gozaba de buena salud. Murió de la manera habitual en que se llevaban a cabo estas oblaciones rituales: golpe en la cabeza, estrangulación y degüello. Después el cadáver se sumergía en agua por un tiempo y más tarde se inhumaba.

Los narradores romanos describen el empleo de otros métodos de sacrificio humano en dependencia del dios al que se ofreciera. Las víctimas ofrendadas a Teutates se ahogaban; a Esus, se colgaban de un árbol tras cercenar sus miembros y las elevadas a Taranis se colocaban dentro de un árbol o un tronco hueco y se quemaban vivas. La forma más elaborada de holocausto (de acuerdo a Estrabón, c. 64 a. C. – 24 d. C.) era la construcción de una gigantesca figura humana de madera y paja que se rellenaba de animales salvajes, ganado y seres humanos y se le prendía fuego.

Tanto los sacrificios humanos como los de animales se empleaban para la adivinación del futuro. Las víctimas se escudriñaban durante el proceso de la muerte y se examinaban sus espasmos y estremecimientos, la dirección en que manaba la sangre e incluso sus entrañas en busca de alguna señal.

The Lindow Man
El Hombre de Lindow
© Trustees of the British Museum - Republished under the British Museum Standard Terms of Use for non-profit educational purposes. (Copyright)

Otro tipo de ofrenda que ha hecho las delicias de intrépidos arqueólogos aficionados, es el ocultamiento de tesoros: se enterraban bienes valiosos en hoyos poco profundos. Era típico agrupar varios objetos, entre ellos torques enteros o estropeados, collares y monedas. A lo largo de los años se iban añadiendo piezas a esos depósitos; la cantidad de guacas halladas próximas unas a otras sugiere que se ubicaban en terrenos que de alguna manera consideraban sagrados. Por ejemplo, en la localidad de Hallaton, Inglaterra, los arqueólogos descubrieron más de 5 000 monedas enterradas en 16 lugares distintos. El valor conjunto de estos bienes y la cantidad de depósitos indican que no eran meros receptáculos seguros, sino que tenían algún tipo de significado ritual, ahora perdido.

Prácticas de Inhumación

Fuertes evidencias arqueológicas confirman que los celtas creían en la vida después de la muerte. Con frecuencia los entierros de monarcas e individuos de la élite (hombres y mujeres) incluyen posesiones personales de los difuntos, entre las que se encuentran armas, corazas, herramientas, cubiertos y parafernalia de sus banquetes, entretenimientos de mesa, ropas adicionales, alimentos, objetos preciosos, alfarería importada, recipientes de bronce y joyas de oro. Por lo general los fallecidos, de ser importantes, se colocaban en cámaras forradas de madera en lo profundo de los túmulos de tierra. Era usual que dentro de la cámara interior el cadáver descansara sobre un vagón de cuatro ruedas casi siempre desmantelado, o encima de un banco, ataviado con sus mejores ropas. La inhumación en túmulos podía ser de un solo individuo o de varios ocupantes que se añadían con posterioridad, a lo largo del tiempo. En los poblados celtas de mayor importancia se han descubierto múltiples túmulos cercanos entre sí. Más adelante y de manera gradual los túmulos se reemplazarían por enterramientos en tumbas planas.

La sepultura de objetos junto a los fallecidos indica que creían que estas cosas serían necesarias durante el viaje hacia el otro mundo, o al llegar a su destino final, o en ambos momentos. Aunque los conocimientos que se tienen son limitados, puede que hayan ideado el otro mundo como igual al de la vida terrenal, sin la negatividad de enfermedades, dolor y sufrimiento. De hecho, esta era la visión de los celtas en la Europa medieval. En este sentido, entonces, poco había que temer a la muerte, al desprenderse el alma del cuerpo físico.

Celtic Burial Mound Reconstruction, Hallstatt
Reconstrucción de un Túmulo Sepulcral Celta, Hallstatt
Wolfgang Sauber (CC BY-SA)

No todos los celtas se enterraban. La cremación se hizo más común a partir del siglo II a. C., probablemente debido a la influencia de otras culturas mediterráneas. A veces los restos cremados se inhumaban. Otra alternativa era someterlos al proceso mediante el cual el cuerpo se dejaba expuesto a los elementos durante un tiempo, que se ha denominado excarnación, para después enterrar los huesos o guardarlos para futuras ceremonias religiosas.

Decadencia

A partir del siglo I a. C. y de la conquista de la Galia, el imperio romano al principio tomó una posición menos agresiva hacia la religión celta y se satisfizo con saquear los tesoros de sus templos. En los templos y altares celtas aparecieron estatuas de dioses romanos, pero en reciprocidad, también los romanos, en particular los miembros de sus ejércitos, adoptaron algunas de sus deidades y se expandieron varios santuarios. Más tarde, hacia el final del siglo I d. C., debido a que el imperio buscaba reforzar su control sobre los pueblos conquistados, se tomaron medidas para erradicar a los líderes culturales, en particular a los druidas. Sus prácticas se prohibieron y se atacaron y destruyeron templos tan importantes como el de Anglesey. En los años posteriores, durante la decadencia del imperio romano y antes que el cristianismo ahincara su control sobre las prácticas religiosas europeas, hubo una especie de resurgimiento de la religión celta.

Algunos de los antiguos dioses celtas sobrevivieron y se metamorfosearon en nuevas versiones en Irlanda y Escocia antes de su conquista, así como en algunas partes de Gales, pero al parecer no se adoraban en su carácter divino, sino que en gran medida los poemas épicos los humanizaron dándoles forma de héroes. La inofensiva literatura medieval transformó en benignos a los dioses paganos de la antigüedad y con ello quedaron convertidos en cara aceptable de una religión perdida. En fin de cuentas, la religión celta fue víctima de una conquista militar y cultural y a causa de la inexistencia de registros escritos jamás reviviría en su forma original, a pesar de los espurios intentos que se realizaron con ese objetivo a partir del siglo XIX d. C.

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Sobre el traductor

Waldo Reboredo Arroyo
Interesado en el estudio de las migraciones, costumbres, las artes y religiones de distintas culturas; descubrimientos geográficos y científicos. Vive en La Habana. En la actualidad traduce y edita libros y artículos para la web.

Sobre el autor

Mark Cartwright
Mark es un escritor de historia radicado en Italia. Sus intereses principales incluyen la cerámica, la arquitectura, la mitología mundial y descubrir las ideas que todas las civilizaciones tienen en común. Tiene una maestría en filosofía política y es director de publicaciones en World History Encyclopedia.

Cita este trabajo

Estilo APA

Cartwright, M. (2021, marzo 22). La Religión Celta de la Antigüedad [Ancient Celtic Religion]. (W. R. Arroyo, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/1-19451/la-religion-celta-de-la-antiguedad/

Estilo Chicago

Cartwright, Mark. "La Religión Celta de la Antigüedad." Traducido por Waldo Reboredo Arroyo. World History Encyclopedia. Última modificación marzo 22, 2021. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-19451/la-religion-celta-de-la-antiguedad/.

Estilo MLA

Cartwright, Mark. "La Religión Celta de la Antigüedad." Traducido por Waldo Reboredo Arroyo. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 22 mar 2021. Web. 28 jun 2022.

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