Djenné-Djenno (también conocido como Djenné-Jeno, Jenne-Jeno o Jenne Antigua) fue una antigua ciudad localizada en el Malí moderno, África Occidental, que floreció en torno a los años 250 a.C. y 1100 d.C., convirtiéndola en una de las ciudades más antiguas de África subsahariana. Prosperó gracias a territorios agrícolas fértiles y como centro regional de comercio, y llegó a alcanzar una población de alrededor de 20.000 en su apogeo. Djenné-Djenno, junto con su ciudad homónima medieval cercana, está enlistada como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde el año 1988.
Ubicación y geografía
Djenné-Djenno o Djenné Antigua (para distinguirla de la ciudad medieval que lleva el mismo nombre) se encuentra en la llanura aluvial del delta interior del río Níger. Se ubica a 130 kilómetros (80 millas) al suroeste de la actual ciudad de Mopti en Malí y a 3 kilómetros (1.9 millas) de Djenné. El asentamiento data al menos del tercer siglo a.C. y su población prosperó gracias a la abundancia pesquera del río Níger y sus afluentes, canales y lagos. El río también aportó depósitos aluviales que enriquecieron las tierras de la zona, posibilitando una agricultura intensiva. En consecuencia, cada año producían dos cosechas, que incluían cereales, arroz africano, vegetales (como chiles y cebollas) y fruta.
El tamaño de Djenné-Djenno era excepcional, incluso para los estándares actuales en la región.
La ciudad alcanzó una mayor prosperidad gracias a su ubicación en el cruce del río Níger y las rutas terrestres que conectaban el comercio entre el desierto del Sáhara y la región de la sabana sudanesa en el norte con los bosques del sur. El comercio local consistía en el transporte de los productos alimenticios ya mencionados, así como de pescado seco y aceite de pescado. A finales del tercer siglo d.C., los comerciantes de Djenné-Djenno se habían vuelto aún más ambiciosos e importaban piedras para utilizarlas como muelas, además de mineral de hierro y cobre para la metalurgia. La tecnología de fundición del hierro permitió fabricar herramientas y armas más eficientes. En el siglo VI d.C., las exportaciones incluían cerámica producida de forma local (se han encontrado ejemplos a 750 km, o 465 millas, más al norte), que podría haberse intercambiado por sal, cuentas de vidrio y oro.
Djenné-Djenno tuvo una población cercana a los 20.000 habitantes entre los siglos VI y IX d.C. y ocupaba una superficie aproximada a los 300.000 metros cuadrados. Es posible que la ciudad fuera el centro de un Estado o reino más amplio y hay indicios que apuntan a la existencia de unos 15 asentamientos más pequeños en los alrededores, algunos separados entre sí por tan solo unos pocos cientos de metros. Sin embargo, ningún mecanismo político ha podido ser desvelado únicamente por la arqueología, ni quizá pueda serlo, a falta de un sistema de escritura. Ciertamente, el tamaño de la ciudad era excepcional, incluso para los estándares actuales de la región, y su centralización queda sugerida por la presencia de talleres especializados en alfarería y metalurgia en algunos de los pequeños asentamientos que rodeaban la ciudad.
La ciudad entró en un declive gradual a partir del siglo IX d.C. hasta que fue sustituida como centro comercial regional por la nueva ciudad de Djenné, fundada en el siglo XIII por comerciantes musulmanes. Djenné-Djenno quedó prácticamente abandonada por razones desconocidas en el siglo XIV., quizás porque la nueva religión musulmana requería un lugar sin antecedentes paganos o, como relatan las tradiciones orales, porque la población de Djenné-Djenno había superado la capacidad de la ciudad. Independientemente de la causa de su desaparición, la ciudad había marcado el camino a los sucesivos imperios que aprovecharon de manera similar las posibilidades comerciales de África Occidental, como el Imperio de Ghana (del siglo VI al XIII), el Imperio de Malí (entre 1240 y 1645) y el Imperio Songhai (entre 1460 y 1591).
Restos arqueológicos
Las excavaciones en el sitio, realizadas sobre todo por Susan y Roderick McIntosh a lo largo de tres décadas, han revelado que la ciudad contaba con una muralla exterior construida de ladrillos de barro, que data alrededor del año 800 d.C. La muralla no se considera una fortificación defensiva. Hasta la fecha no se han descubierto grandes edificios que pudieran haber funcionado como palacios o templos. Hay restos de casas que presentan un anillo circular de cimientos de piedra para las paredes, hechas quizá de barro seco y que han desaparecido con el tiempo.
Curiosamente, una gran parte de las figuras de terracota presentan síntomas de enfermedades tropicales y una serpiente atacándolas.
Las piezas de cerámica más refinadas de Djenné-Djenno son decorativas y no solo funcionales. Están pintadas con diversos colores y se les añadió una decoración adicional mediante diseños geométricos grabados y rayas cruzadas, o presionando trozos de cordel tejido sobre la superficie exterior antes de la cocción. Se han hallado joyas de oro, así como objetos de fabricación local realizados con cobre y bronce, y un pequeño número de cuentas de vidrio, probablemente procedentes de la India y traídas a la ciudad por caravanas transaharianas de camellos.
Entre los hallazgos más interesantes de Djenné-Djenno destacan las esculturas de terracota, las cuales a menudo representan una figura masculina barbuda, algunas con yelmo y portando armas, casi siempre a caballo. No hay representaciones de lo que podrían identificarse como gobernantes o reyes; de hecho, una gran cantidad son de personas comunes, a veces arrodilladas o sentadas y, al igual que las figuras de los jinetes, tienen el rostro levantado, mentón cuadrado y párpados múltiples. Por lo general, solo llevan una falda corta, acompañada de variados collares y brazaletes en las muñecas y tobillos. Muchas presentan escarificaciones rituales. Curiosamente, una gran parte de las figuras presentan síntomas de enfermedades tropicales y es posible que haya una serpiente atacándolas. Las figuras miden hasta 50 cm (20 pulgadas) de altura y pueden ser huecas o contener un interior de varillas de hierro para reforzarlas. Presentan decoraciones o detalles grabados, y algunas muestran restos de pintura de colores. Todas las esculturas de Djenné-Djenno se han hallado en un contexto doméstico, lo que sugiere que podrían haber estado destinadas a altares caseros empotrados en las paredes. Sin duda, una arraigada tradición de culto a los antepasados y la creencia en los espíritus protectores del hogar persistía hasta el siglo XIX en la región.
Otra peculiaridad del yacimiento es el hallazgo de entierros fúnebres en grandes urnas de cerámica (de hasta 90 cm de altura y 50 cm de diámetro) que fueron colocadas en el suelo entre viviendas privadas. Al mismo tiempo, se hallan otras numerosas formas de enterramiento que, junto con las diferencias en la arquitectura de las casas, sugieren que la ciudad estaba compuesta por distintas etnias africanas o, al menos, por una población descendiente de diferentes pueblos de la región de África Occidental.
Keech McIntosh, S. "Changing Perceptions of West Africa's Past: Archaeological Research Since 1988." Journal of Archaeological Research, Vol. 2, No. 2 (June 1994), pp. 165-98.
Estudiante de idiomas amante de la historia, que desea aportar a la difusión de conocimientos históricos, respetando las culturas y sociedades a las que hacen referencia.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 12 abril 2019. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.