Kahina

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Statue of Kahina (by Numide05, CC BY-SA)
Estatua de Kahina Numide05 (CC BY-SA)

Kahina (siglo VII d.C.) fue una reina guerrera y vidente bereber (imazighen) que lideró a su pueblo contra la invasión árabe del norte de África en el siglo VII. También se la conoce como al-Kahina, Dihya al-Kahina, Dahlia, Daya y Dahia-al-Kahina. Aunque al final fue derrotada, más tarde su resistencia serviría de modelo para otros luchadores por la libertad.

Su nombre de nacimiento era Dihya, o alguna variante del mismo («la hermosa gacela» en la lengua tamazight de los imazighen), mientras que «Kahina» es un título árabe que significa «profetisa», «vidente» o «bruja». Se dice que poseía poderes sobrenaturales que le permitían predecir el futuro. Aunque es una defensora del pueblo imazighen, nativo del norte de África, es más conocida por el título que le dieron sus enemigos árabes: al-Kahina.

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Era hija (o sobrina) del rey bereber Aksel (fallecido hacia el año 688, también conocido como Kusaila, Caecilius o Kusiela), famoso luchador por la libertad del pueblo imazighen o amazigh, «el pueblo libre», el endónimo de los bereberes. Poco se sabe de su vida al margen de su conflicto con el líder árabe musulmán Hasan ibn al Nu'man (fallecido hacia el año 710), cuyos ejércitos omeyas llevaron a cabo campañas por todo el norte de África.

Kahina derrotó a Hasan en más de una ocasión y lo expulsó de la región. La leyenda cuenta que luego aplicó una política de tierra quemada para privar a los musulmanes invasores de cualquier bien de valor, y que esta estrategia le costó el apoyo de su pueblo. Sin embargo, es posible que fueran los propios ejércitos árabes quienes utilizaron la táctica de la tierra quemada y que los escritores árabes posteriores le atribuyeran la destrucción de la tierra a Kahina.

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En su último enfrentamiento con Hasan, una gran cantidad de sus antiguos aliados luchó contra ella. Al mando de una fuerza muy mermada frente a un enemigo abrumador en número, Kahina fue derrotada. No se sabe si murió en la batalla, se envenenó para evitar que la capturaran, o la hicieron prisionera y posteriormente la ejecutaron. Las fechas que se dan para su muerte varían entre los años 698, 702 y 705, aunque las pruebas históricas sugieren que la fecha de 698 es demasiado temprana y que su última batalla tuvo lugar en 702 o 705.

Aunque a Kahina se la conoce comúnmente como una «reina bereber», los pueblos indígenas de la región la conocen como imazighen, que es el término más preciso.

Infancia y leyenda

La vida de Kahina solo se conoce a través de historiadores árabes posteriores que escribieron sobre la conquista musulmana de África. Estos historiadores, así como otras leyendas, afirman que era una hechicera judía descendiente de la comunidad Beta Israel de judíos etíopes. Se dice que era miembro de la realeza de la tribu Jarawa, dentro de la confederación más amplia conocida como la tribu Zenata de Mauritania; una princesa que luego se convirtió en reina y gobernó un Estado autónomo en la zona del Aurés, en el noreste de la actual Argelia.

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Sin embargo, algunas fuentes afirman que Kahina era cristiana y que derivaba su poder de un icono cristiano. Al mismo tiempo, se ha argumentado que practicaba la religión indígena de Numidia, que incluía el culto al sol, a la luna y la veneración de los antepasados. La afirmación sobre su poder de profecía concuerda con esta antigua creencia según la cual los dioses, o los espíritus de los muertos, podían comunicarse con ciertos miembros de la tribu que poseían el don de la profecía.

Las leyendas sugieren que podía comunicarse con las aves, que eran capaces de advertirle de la llegada de ejércitos. Puede que esta historia surgiera para explicar sus supuestos dones proféticos. Las leyendas también afirman que en una ocasión se casó con un tirano que perseguía a su pueblo y que luego lo asesinó en su noche de bodas.

Aunque se la conoce comúnmente como una «reina bereber», los pueblos indígenas de la región la conocen como imazighen, que es el término más preciso. El estudioso Ethan Malveaux comenta:

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La palabra «bereber» era un derivado de la palabra griega Kapes Bap Bapo`owoi, que significaba «bárbaro» (más tarde, los ingleses la condensarían como «Barbary», o «Berbería» en español); los árabes adoptaron el nombre para estas tribus africanas que en su día fueron sometidas por los antiguos romanos y que, antes de la conquista musulmana, le habían arrancado una semiautonomía al Imperio bizantino. (171-172)

Uno de estos Estados semiautónomos era el reino de la tribu zenata, que puede que en su día formara parte de coaliciones más amplias de imazighen en la región.

A Kahina se la suele describir como alta y «de gran cabello», lo que normalmente se interpreta en el sentido de que llevaba el pelo largo y recogido en rastas. Se la representa habitualmente con el atuendo de la realeza de la antigua Numidia: una túnica o manto holgado, combinado con sandalias y, en ocasiones, ceñido con un cinturón.

Masinissa
Masinisa Numidix (GNU FDL)

Numidia y Roma

Numidia, como reino unificado, floreció entre los años 202 y 40 a.C., aunque la historia y la cultura de la región son mucho más antiguas. Se considera el primer Estado imazighen establecido en el norte de África y fue fundado por el rey Masinisa (que reinó en torno a 202-148 a.C.) tras la segunda guerra púnica (218-202 a.C.) entre Roma y Cartago.

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Las dos tribus principales de la región eran conocidas como los masaesyli, al oeste, y los massylii, al este. Aunque a estos pueblos se les suele denominar «tribus», es posible que fueran una coalición de diferentes tribus bajo el liderazgo de sus respectivos jefes. Masinisa unificó estas tribus en el Reino de Numidia, que más tarde se dividió entre Mauretania y Roma tras la llamada guerra de Jugurta (112-105 a.C.), iniciada por el nieto de Masinisa, Jugurta (que reinó en 118-105 a.C.), contra Roma.

Como provincia de Roma, los imazighen se vieron envueltos en la guerra civil romana entre Julio César y Pompeyo el Grande en el 46 a.C., y la región quedó posteriormente bajo el control de Augusto César (que reinó en 27 a.C.-14 d.C.) a partir del 31 a.C. Numidia continuó como provincia romana tras la caída del Imperio romano de Occidente en el año 476. Se convirtió en la Prefectura Pretoriana de África, bajo el Imperio romano de Oriente (Bizantino), tras la derrota de los vándalos en el norte de África hacia el año 534, y pasó a denominarse Exarcado de África, permaneciendo bajo control bizantino.

Las fuerzas árabes ya habían conquistado Mesopotamia y Egipto para el año 647 d.C., convirtiendo a la población al islam, cuando se dirigieron hacia el Magreb, el mundo bereber.

Los númidas bajo el dominio romano se convirtieron en una cultura diversa de tradiciones religiosas. El judaísmo, el cristianismo y la religión indígena de los antiguos imazighen parecen haber coexistido armoniosamente o, al menos, no hay pruebas de agitación religiosa en la región durante esta época. Como parte del «granero de Roma», que abastecía al imperio de cereales y a su ejército de caballería mercenaria, la región del Magreb (el mundo bereber) prosperó.

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La invasión árabe

En el siglo VII, los ejércitos árabes iniciaron campañas de conquista tras el establecimiento de la nueva religión del islam. Aunque los estudiosos debaten hoy en día si estas campañas podrían denominarse yihad («guerras santas»), destinadas a convertir a grandes poblaciones por la fuerza, no hay duda de que ese fue el resultado final.

La afirmación de que los árabes no estaban interesados en la conversión forzosa proviene de ciertos versículos del Corán que la desalientan (2:62; 2:256; 4:93; 16:125, entre otros), pero hay otros pasajes que apoyan y fomentan la práctica (4:76; 9:5; 9:29; 9:38-39, por citar algunos). También se ha afirmado que los árabes musulmanes no tenían motivos para la conversión forzosa porque los no creyentes estaban obligados a pagar un impuesto (la yizia) para vivir entre musulmanes, y esto resultaba más rentable que la conversión forzosa. No obstante, el control sobre los recursos y la población de una región podía resultar mucho más rentable que un impuesto a los no creyentes.

Las fuerzas árabes ya habían conquistado Mesopotamia y Egipto para el año 647, convirtiendo a la población al islam, cuando se dirigieron hacia el Magreb. El Imperio bizantino aún controlaba Cartago y el Magreb en esa época, y el gobernador bizantino, el conde Gregorio el Patricio, organizó una defensa contra la invasión. Gregorio murió en la batalla de Sufetula en el año 647, al sur de Cartago, y su sucesor pagó a las fuerzas árabes un tributo considerable para que regresaran a Egipto.

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Umayyad Conquest, 7th & 8th Centuries CE
Conquista omeya, siglos VII y VIII d.C. Romain0 (Public Domain)

Las luchas internas entre las facciones árabes impidieron nuevas campañas hasta aproximadamente el año 665. La ciudad de Cairuán (en el actual Túnez) se estableció como base de las operaciones militares árabes hacia el año 670 y, desde allí, el general Uqba ibn Nafi (fallecido en 683) lanzó sus campañas hacia Mauretania, al oeste. El lugar fue elegido por su relativa seguridad frente a los ataques de los imazighen, que ya se habían movilizado para resistir a los árabes mediante tácticas de guerrilla. Sin embargo, la resistencia pronto cambiaría su estrategia para pasar a la guerra abierta, bajo el liderazgo de Aksel de Mauretania.

La resistencia de Aksel

Aksel organizó una defensa y mantuvo su reino frente a los invasores, pero luego pasó a la ofensiva, haciéndolos retroceder desde sus fronteras. Había sido cristiano y se había convertido al islam voluntariamente algún tiempo antes porque le parecía más provechoso. Sin embargo, a medida que la invasión árabe se extendía y amenazaba su autonomía, abandonó la fe y volvió a la religión indígena de los imazighen.

Utilizando la religión nativa como punto de reunión, logró atraer a más reclutas a su ejército. Fue capturado por las fuerzas árabes, pero se le permitió vivir, tal vez debido a su conocimiento de su religión o tal vez porque fingió seguir siendo musulmán. Se le perdonó la vida, pero se le ordenó disolver sus tropas y convertirlas al islam. Aksel accedió, fue liberado (o escapó) y luego lanzó su ejército contra los árabes, derrotando a las fuerzas de Uqba ibn Nafi y matándolo en el año 683.

Se cree que Kahina luchó junto a Aksel en la década de 680 d.C. y demostró su valía en la batalla. Las leyendas le atribuyen el don de la profecía.

Aksel aprovechó su victoria para expandir su territorio y conseguir más reclutas, pero murió en combate contra el líder árabe musulmán Hasan ibn al Nu'man, ya fuera en el año 686 o en el 688. En ese momento, es posible que le sucediera su esposa (u otra pariente) llamada Koceila, quien reinó como reina. Si Koceila sucedió a Aksel, no fue por mucho tiempo, ya que Kahina estaba al mando del ejército hacia el año 690.

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Reinado de al-Kahina

Se cree que Kahina luchó junto a Aksel en la década de 680 y demostró su valía en la batalla. Esta afirmación se ve respaldada por el reconocimiento de sus tropas como comandante militar competente. Obtuvo una temprana victoria contra Hasan (fecha desconocida) y le obligó a retirarse. Hasan volvió a movilizar a sus tropas y tomó furiosamente la ciudad de Cartago en el año 698. Ahora, con el control de las regiones del noreste, volvió a atacar a Kahina y sufrió una derrota tan contundente que se retiró a Libia o a Egipto.

Se dice que el supuesto don de profecía de Kahina le permitía prever cómo formaría sus tropas su oponente, cómo recibirían refuerzos y de qué dirección vendrían. Su supuesto poder espiritual ha dado lugar a comparaciones con la heroína francesa Juana de Arco (1412-1431) y también comparte similitudes con la vidente y guerrera apache Lozen (en torno a 1840-1889), quien fue capaz de anticipar y derrotar a las tropas de caballería estadounidenses mediante la precognición. Se dice que, gracias a sus poderes, Kahina pudo haber obtenido una tercera victoria contra Hasan, o tal vez contra un ejército al mando de otro líder mientras Hasan se encontraba en Egipto o Libia.

Según la leyenda, durante este enfrentamiento se vio superada en número por las fuerzas árabes y se vio obligada a replegarse. Sin embargo, al notar la dirección del viento, le ordenó a su ejército que encenciera fuegos, y el viento llevó las llamas hacia el enemigo. El ejército árabe se vio obligado a retirarse y la tierra quedó tan gravemente quemada que cualquier campaña futura tendría que atravesar un páramo árido y desprovisto de recursos.

En este punto de su historia, hay dos narrativas posibles. Según los historiadores y leyendas árabes, su victoria mediante el fuego le dio a Kahina la idea de iniciar una política de tierra quemada a gran escala. Se dice que creía que los árabes solo estaban interesados en las riquezas de la tierra y que, si las eliminaba, dejarían en paz a su pueblo. Por lo tanto, ordenó a su ejército que derribara las fortificaciones, destruyera las ciudades y pueblos, y fundiera el oro y la plata. Además, ordenó talar los vergeles, quemar los campos e incluso destruir los jardines privados.

Kairouan Mosque Courtyard
Patio de la mezquita de Cairuán Colin Hepburn (CC BY-SA)

Al parecer, recurrió a esta táctica para salvar a su pueblo, pero, para quienes vivían en los pueblos y ciudades y dependían de los campos y huertos, la política de Kahina fue desastrosa. Sus hogares y negocios quedaron destruidos y la única opción que les ofrecieron fue una vida nómada en una región que ya había sido destruida en gran parte por la guerra incluso antes de que Kahina le prendiera fuego. El resentimiento hacia la reina sustituyó a la admiración anterior y gran parte de su pueblo se volvió en su contra.

La otra narrativa posible es que los historiadores árabes estén atribuyendo a Kahina una táctica que se sabe que utilizaron los ejércitos árabes invasores en otros lugares. En Egipto, Libia y Mesopotamia, los árabes musulmanes invasores utilizaban habitualmente tácticas de tierra quemada para someter a la población. Por lo tanto, es probable que hicieran lo mismo en el norte de África y que los escritores posteriores culparan de la destrucción generalizada a la reina que había liderado la resistencia contra ellos.

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En consecuencia, también es posible que Hasan, u otro comandante, iniciara la política de tierra quemada en el norte de África para desmoralizar al pueblo, tal y como habían hecho en otros lugares, y logró quebrantar la resistencia. Quienes antes habían apoyado abiertamente a Kahina quizá ya no pudieran permitírselo, con sus cosechas y hogares destruidos. También es posible que, para entonces, el pueblo simplemente viera la victoria árabe musulmana como algo inevitable; puede que la propia Kahina pensara lo mismo, tal y como demuestra la posterior rendición de sus hijos ante Hasan.

Batalla final y muerte

Las fuentes difieren sobre si el general árabe que derrotó a Kahina fue Hasan o Musa bin Nusayr (fallecido hacia el año 716). Musa sustituyó a Hasan como gobernador en el norte de África, pero no está claro cuándo. Además, a Musa se le atribuye tradicionalmente haber completado la conquista del norte de África que Hasan había iniciado, así como haber reclutado a guerreros imazighen para su conquista de la península ibérica, lo cual ocurrió tras la muerte de Kahina.

Libyan Figure Statue
Estatua de una figura libia Guillaume Blanchard (CC BY-SA)

Parece, pues, que fue Hasan quien, tras reorganizar su ejército tras la victoria de Kahina, regresó para enfrentarse a ella por última vez. Sin embargo, ahora se enfrentaba a una adversaria muy diferente a la que le había expulsado del norte de África. Muchos de los antiguos aliados de Kahina se habían pasado al bando de Hasan, ya fuera debido a las tácticas de tierra quemada que los desmoralizaron o a sobornos. Uno de los hijos de Kahina desertó o fue capturado y se dice que delató los planes de batalla de su madre.

En el año 702 o 705, Kahina se enfrentó a Hasan en batalla. Antes de que los ejércitos entablaran combate, se dice que envió a sus otros dos hijos al campamento enemigo para que Hasan los criara como guerreros musulmanes. La batalla se tornó en contra de Kahina desde el principio, ya que se encontraba en clara inferioridad numérica, pero su ejército luchó valientemente y se ganó la admiración del enemigo.

Las versiones sobre su muerte difieren; es posible que fuera capturada y posteriormente ejecutada, o que se envenenara, pero la versión más aceptada es que murió en combate junto a sus tropas, aún aferrada a su espada. A continuación, le cortaron la cabeza y se la llevaron a Hasan como trofeo.

Según todas las fuentes, Hasan respetaba a Kahina como adversaria y sus hijos, que se convirtieron al islam, fueron bien cuidados y más tarde liderarían sus propios ejércitos contra quienes se resistían a la agresión árabe. El pueblo de Kahina, por su parte, no corrió tanta suerte, ya que entre 30.000 y 60.000 de sus miembros fueron vendidos como esclavos por los conquistadores y deportados fuera de su tierra natal. Todavía quedaron pequeños focos de resistencia, y se dice que muchas de las esposas de los jefes númidas se suicidaron antes que ser capturadas por los árabes, pero entre los años 705 y 750 aproximadamente, el norte de África quedó totalmente conquistado y la población se convirtió al islam.

Conclusión

La propia Kahina perduraría a través de las obras de historiadores árabes, sobre todo del gran Ibn Jaldún (1332-1406), que se basó en fuentes anteriores. Su reputación como «hechicera judía» proviene principalmente de Ibn Jaldún. Siguió siendo una figura desconocida hasta que los franceses la aprovecharon en el siglo XIX para respaldar su iniciativa militar en Argelia: una luchadora por la libertad que combatía la agresión árabe. Al mismo tiempo, los imazighen reafirmaron su reivindicación de ella como su heroína, mientras que los nacionalistas árabes de la región lograron de alguna manera argumentar que era suya

La profesora Cynthia Becker, de la Universidad de Boston, comenta:

Desde el siglo IX, los relatos sobre [Kahina] han sido adoptados, transformados y reescritos por diversos grupos sociales y políticos con el fin de promover causas tan diversas como el nacionalismo árabe, los derechos étnicos bereberes, el sionismo y el feminismo. A lo largo de la historia, árabes, bereberes, musulmanes, judíos y escritores coloniales franceses, desde el historiador medieval Ibn Jaldún hasta el escritor argelino moderno Kateb Yacine, reescribieron la leyenda de Kahina y, en el proceso, expresaron su propia visión de la historia del norte de África. (1)

En 2001 se erigió una estatua de Kahina en el Parc de Bercy, en París, como parte de una exposición titulada «Los Niños del Mundo» (Les Enfants du Monde). La exposición celebra la diversidad mundial y la unidad de la experiencia humana, y la estatua fue diseñada por el artista Rachid Khimoune para representar a Argelia. En la propia Argelia, se erigió una estatua en 2003, posiblemente en respuesta a la obra parisina, en la localidad de Baghai, provincia de Khenchela, en honor a Kahina. A medida que su nombre se da a conocer, Dihya al-Kahina de los imazighen inspira no solo a su propio pueblo, sino a todos aquellos que honran su memoria y su sacrificio por la causa de la libertad.

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Mark, J. J. (2026, junio 07). Kahina. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-16869/kahina/

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Mark, Joshua J.. "Kahina." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, junio 07, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-16869/kahina/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Kahina." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, 07 jun 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-16869/kahina/.

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