Miguel II el Amoriano, también conocido como Miguel «el Tartamudo», fue emperador del Imperio bizantino entre 820 y 829 d.C. Fundó la efímera dinastía amoriana, que recibe el nombre de su ciudad natal en Frigia, Amorio, y que duraría hasta 867. El reinado del emperador sobrevivió a una rebelión importante y al asedio de Constantinopla liderado por Tomás el Eslavo, aunque no disfrutó de muchos más logros a medida que el imperio se iba desmoronando por las esquinas y sufrió la pérdida importante de Sicilia y Creta.
Sucesión
Miguel provenía de la ciudad estratégica de Amorio (o Amorium) en Frigia, la capital de la provincia militar de Anatolikon. Esta ciudad protegía el camino de las puertas de Cilicia a la capital bizantina de Constantinopla. Miguel era un comandante militar experimentado del Ejército bizantino y el historiador J. J. Norwich lo describe como «un provinciano inculto y campechano... de orígenes humildes y con un trastorno del habla». (131) Miguel se convirtió en la mano derecha del emperador León V el Armenio (que reinó de 813-820) y recibió el puesto más alto de comandante de los Excubitores, un regimiento de élite de la guardia del palacio.
Sin embargo, Miguel anhelaba llegar más lejos, así que se la jugó y tomó el trono en 820 en uno de los episodios más descarados e impactantes de la autopromoción que se hubiese visto en el imperio, y sin duda los bizantinos no habían visto pocos. Los partidarios de Miguel no optaron por una puñalada silenciosa por la espalda en un callejón, sino que asesinaron al emperador reinante frente al altar mismo de la iglesia de Santa Sofía, el día de Navidad, para colmo.
En realidad, Miguel y sus partidarios se vieron forzados a llevar a cabo esta acción dramática porque León acababa de condenarlo a muerte el día anterior; el novedoso método de ejecución que habían decidido consistía en atar a la víctima a un simio y meterlos a ambos en los hornos que calentaban las termas del palacio. No está claro qué había hecho el pobre simio para merecer tal sentencia. Miguel, acusado de planear una rebelión y tras confesar su culpa, iba a ser ejecutado el día de Navidad, pero Teodosia, la esposa de León, lo convenció de que tal acto no era demasiado apropiado para ese día especial, así que pospusieron la sentencia al día siguiente. La decisión sería fatídica, y los partidarios de Miguel lo salvaron de tal ignominioso final haciéndose pasar por un coro de monjes y masacrando al emperador. Sin embargo, León resultó no ser un objetivo tan fácil como habían pensado y se defendió, según la leyenda, con una gran cruz de metal durante una hora antes de acabar sucumbiendo a sus asesinos, que le cortaron la cabeza.
Miguel II fue liberado inmediatamente de prisión y coronado, con los grilletes todavía en los tobillos porque nadie podía encontrar las llaves. Por su parte, arrastraron el cuerpo mutilado y desnudo de León por el Hipódromo de Constantinopla para humillarlo públicamente. Exiliaron a la esposa y los hijos de León a las Islas de los Príncipes, donde después castraron a los cuatro hijos. La dinastía isauria, que había tenido ocho emperadores, una emperatriz y había gobernado desde 717 desapareció y en su lugar comenzó la dinastía amoriana.
Tomás el Eslavo
Por fortuna, Miguel se benefició de la derrota de León V de los búlgaros en 814 y la muerte súbita de su líder, el kan Krum. A esto le siguió un periodo de 30 años de paz entre búlgaros y bizantinos que permitió a ambos bandos centrarse en otras amenazas. Sin embargo, desgraciadamente, casi de inmediato Miguel tuvo que defender su trono de un usurpador rival, otro general llamado Tomás el Eslavo (aunque en realidad era de Gaziura, en Asia Menor). Con el apoyo de los indignados por el asesinato de León V y respaldado por todas las provincias de Asia Menor menos dos, Tomás lideró una dañina rebelión de tres años contra el régimen de Miguel.
Tomás, astuto y encantador, se aseguró de apelar a básicamente cualquier grupo que tuviera algo en contra del emperador: los pobres que pagaban impuestos excesivos, los miembros de la Iglesia que se oponían a la postura (moderada) de Miguel sobre la veneración de iconos y hasta los antiguos partidarios del emperador Constantino VI depuesto (que reinó de 780-797). Curiosamente, Tomás llegó incluso a afirmar que era el propio Constantino VI cegado y se hizo coronar en Antioquía. Tomás, sin que lo supiera la mayoría de sus seguidores, estaba recibiendo dinero del califa Mamun (que reinó de 813-833) y, a cambio, probablemente habría convertido Constantinopla en un feudo del califato abasí.
Un detalle crucial fue que Tomás también podía convocar la flota naval de la provincia de Kibyrrhaiotai, situada a lo largo de la costa de Asia Menor, y el punto culminante de la crisis llegó cuando Tomás asedió Constantinopla desde el mar en diciembre de 821. Las lluvias invernales terminaron con los ataques iniciales y después, a largo plazo, las enormes fortificaciones de la ciudad, las murallas de Teodosio, y la disposición acertada de catapultas y manganas, aseguraron que la capital pudiese resistir a los ataques de las catapultas de Tomás y sus máquinas de asedio.
El emperador también tuvo la suerte de tener al kan Omurtag de Bulgaria (que reinó de 814-831) como aliado. El Ejército de Omurtag ayudó a acabar con el estancamiento y a ponerle fin al asedio en marzo de 823. El ejército de Tomás fue derrotado en la llanura de Keduktos, cerca de Heraclea, por la caballería de Miguel cuando salió de la capital. Tomás huyó y, con tan solo unos pocos seguidores, se atrincheró en la ciudad fortificada de Arcadiópolis. En un poético revés de los roles, Miguel persiguió a su enemigo y asedió la ciudad. Tomás aguantó unos meses, pero él y sus hombres se vieron obligados a comerse sus caballos para sobrevivir. Al final, en octubre de 823, Miguel les ofreció un perdón a los defensores si le entregaban a Tomás. Así, el aspirante a usurpador, fue capturado y ejecutado. Primero le cortaron los pies y las manos y luego empalaron su cuerpo en una estaca.
El imperio en decadencia
Puede que Miguel hubiese sobrevivido un asedio en casa y que hubiese sofocado la mayor revuelta del Imperio bizantino, pero en las zonas más alejadas las cosas iban de mal en peor. Tanto en Creta como en Sicilia sufrieron derrotas importantes frente a los árabes en 825 y 827 respectivamente. Creta, en particular, se convirtió en un problema importante prácticamente para todo el mundo mediterráneo porque se convirtió en una base inexpugnable para los piratas, mientras que la ciudad de Candia (Heraklion) se convirtió en el mayor mercado de esclavos de la región. Miguel lanzó tres ataques diferentes a la isla en 827 y 829, pero no consiguió recuperarla. La pérdida de partes de Sicilia también tendría repercusiones importantes, ya que los árabes la usaron, igual que tantos otros ejércitos antes y después, como el punto de partida para atacar y conquistar el sur de Italia.
Relación con la Iglesia
Miguel tan solo había sido un iconoclasta moderado que no se interesó demasiado por el debate que habían alimentado algunos de sus predecesores con su persecución de los que veneraban iconos. Incluso perdonó a iconófilos destacados como Teodoro de Studium, y sus políticas moderadas lo hicieron popular entre ambos lados del debate. Algo que sí molestó a los eclesiásticos fue el segundo matrimonio del emperador. Como representante importante de la Iglesia, el gobernante no se debía volver a casar, pero después de la muerte de la primera esposa de Miguel, Tecla, se casó con Eufrosina, hija de Constantino VI. Para empeorar las cosas, Eufrosina era una monja. Aun así, Miguel consiguió convencer a la Iglesia y obviar los votos anteriores de su prometida y se casó con su nuevo amor, quien, con su sangre real, le dio a su reinado, y lo que es más importante, a su heredero, cierto aire de legitimidad.
Muerte y sucesor
Miguel se murió de causas naturales en octubre de 829 y fue sucedido por su hijo Teófilo (que reinó de 829-842), que en aquel entonces solo tenía 25 años. Fue Teófilo el que continuó donde lo había dejado León V con la vehemente destrucción de iconos en la Iglesia y la persecución de los que los veneraban. A Teófilos lo sucedería su hijo Miguel III (que reinó de 842-867), el último de los emperadores amorianos, cuyos primeros años de reinado estuvieron dominados por su madre y regente, Teodora.
