La Tumba François es una tumba etrusca situada en Vulci (Velch para los etruscos), una ciudad a 12 km de la costa occidental del centro de Italia, a las orillas del río Fiora. Vulci floreció como puerto comercial entre los siglos VI y IV a.C. y su élite construyó muchas tumbas impresionantes; de estas, la más célebre es la Tumba François del siglo IV a.C. Los murales de colores vivos en las paredes internas representan escenas de la mitología, una batalla entre Vulci y una alianza de otras ciudades etruscas y los romanos en un atisbo cautivador de las relaciones todavía desconocidas entre estas dos culturas y, por último, el ocupante de la propia tumba.
Descubrimiento
Alessandro François descubrió la Tumba François en 1857 cuando el príncipe Torlonia, dueño de vastas extensiones de Toscana, le encargó excavar el área en torno a Vulci para buscar antigüedades valiosas. Ayudado por el historiador A. Noel des Vergers, François volvería a demostrar su reputación de descubridor afortunado una vez más. Ya había descubierto, cerca de Chiusi, la magnífica vasija ática de figuras negras que lleva su nombre la década anterior y en esta ocasión sacó a la luz una de las tumbas etruscas más importantes y mejor pintadas. La tumba se encontraba en un acantilado de roca volcánica sobre el río Fiora; la entrada estaba bloqueada con escombros. Databa de mediados del siglo IV a.C. y consistía en un pasillo largo que conducía a un atrio central con cámaras más pequeñas que salían de él. Ya solo para abrir el pasillo hicieron falta más de dos semanas de excavaciones. Des Vergers describe el momento en el que llegaron por fin a la tumba en sí:
Todo estaba en el mismo estado que el día en que sellaron la entrada. La antigua Etruria apareció ante nosotros tal y como era en sus días de gloria. Los guerreros recostados en sus féretros parecían estar descansando de las batallas libradas contra romanos y galos. Durante unos minutos, sus formas, sus ropas, las cosas y los colores fueron visibles. Luego todo se desvaneció cuando entró el aire del exterior en la cripta, amenazando con apagar las antorchas. Fue una evocación del pasado, más efímero que un sueño, y luego se desvaneció, como si nos castigaran por nuestra temeraria curiosidad. (Keller, 141)
Pinturas murales
Escenas mitológicas
Torlonia sacó las pinturas murales de la Tumba François y las añadió a su colección privada, pero hoy en día se conservan en la Villa Albani, en Roma. El atrio tiene dos escenas principales, ambas masacres sangrientas: un episodio de los mitos tebanos y otro de la Ilíada de Homero. En la primera aparecen Eteocles, rey de Tebas e hijo de Edipo, y su hermano Polinices, ambos desnudos, justo en el momento en que se matan mutuamente con sus espadas, así que la sangre salpica por todas partes.
La escena de la Ilíada muestra el sacrificio de prisioneros troyanos durante el funeral del compañero favorito de Aquiles, Patroclo. Los griegos aparecen desnudos y matando a sus víctimas con espadas. Aparte de esto, también están las figuras de Charu, el guardián del inframundo que lleva su habitual martillo (que utilizaba para retirar el travesaño de la puerta) y una Vanth alada, una de las divinidades femeninas etruscas que actuaban como mensajeras de la muerte.
Una batalla etrusca
Mezclada entre estas escenas mitológicas, otra de las paredes parece ser una representación de una batalla real entre los etruscos de Vulci y sus rivales otras dos ciudades etruscas, Volsinii y Sovana. En un capa más de complejidad, varias de las diez figuras tienen nombres, junto con su ciudad, en alfabeto etrusco. Aunque algunas de las figuras tienen nombres etruscos, otras tienen nombres romanos, puede que en referencia al conflicto del siglo VI a.C. entre etruscos y romanos durante el cual se dieron varias luchas dinásticas por el poder en las que los primeros reyes de Roma eran de origen etrusco. Este periodo de la historia sigue siendo misterioso y la tumba ofrece una información inestimable, aunque no respuestas completas, sobre las relaciones tempranas entre ambas culturas.
Entre los individuos que aparecen con nombre en la batalla se encuentran tres héroes de Vulci: Macstrna, que puede que sea el legendario segundo rey etrusco de Roma, Servio Tulio, con un nombre diferente y Caile y Avle Vipinas (dos hermanos) que probablemente eran figuras históricas reales con una tradición que decía que se habían asentado en Roma en la colina de Celio. De hecho, Macstrna se encuentra en el acto de liberar a Caile Vipinas, que tiene las manos atadas, mientras Avle Vipinas y otros tres, que se entiende que también son de Vulci, atacan con sus espadas a una coalición de Volsinii, Sovana y Roma. Uno de los romanos se identifica como Cneo Tarquino (Cneve Tarchunies Rumach), que se encoje bajo la espada de Marce Camitlnas, que está a punto de matarlo. Algunos historiadores consideran que esta figura romana es Tarquino Prisco, el legendario rey de Roma (que reinó de 616-579 a.C.) o un pariente más joven. Si realmente es el rey, entonces la pintura ofrece una alternativa a la tradición romana que dice que Prisco fue asesinado por sus hijos. La Tumba François sugeriría que en realidad perdió el trono en batalla contra los etruscos. Esta representación del conflicto entre los primeros reyes etruscos y romanos, creada 200 años después de los acontecimientos, puede que se debiera a una creciente amenaza de nuevas hostilidades entre las dos culturas cuando se construyó la tumba.
Vel Saties y el pájaro
Otra pintura de la tumba, originalmente situada junto a la puerta del atrio, muestra a un hombre cuya inscripción dice que se llama Vel Saties, quizás el ocupante de la tumba. La figura, posiblemente un magistrado o un auspicium (intérprete de presagios), lleva una capa azul oscura bordada con varias figuras masculinas desnudas que bailan con sus escudos. El hombre también lleva una corona de laurel y está acompañado por un enano, de nombre Arnza. El enano está arrodillado y sujeta un pájaro carpintero o una golondrina con una cuerda. Está a punto de soltar al pájaro y Vel Saties lo observa; según una interpretación, puede que vaya a interpretar el vuelo del pájaro y pronuncie el presagio que indica, una práctica común de la religión etrusca. Una interpretación alternativa sugiere que el pájaro no es más que la mascota de un niño, y una tercera dice que Vel Saties en el acto de mirar al pájaro a punto de ser liberado es una metáfora sobre su paso inminente a la otra vida.
