Vulci (Velch) fue unan ciudad etrusca situada a 12 kilómetros de la costa occidental del centro de Italia, a orillas del río Fiora. Prosperó como puerto comercial entre los siglos VI y VI a.C. y fue un miembro importante de la Liga etrusca. El yacimiento arqueológico ha sacado a la luz muchas obras en bronce y una gran cantidad de cerámica fina que ha llenado los museos de todo el mundo, pero su contribución más impresionante al conocimiento general de la civilización etrusca es la gran cantidad de tumbas que se encuentran en el lugar, incluida la Tumba François del siglo IV con sus coloridos murales.
Primeros asentamientos y geografía
Hay pocas fuentes escritas que describan la historia de Vulci, que los propios etruscos llamaban Velch, pero la gran cantidad de restos arqueológicos atestigua su prosperidad desde el siglo VI al IV a.C. El lugar ya estaba habitado desde el Neolítico, pero durante mucho tiempo estuvo eclipsado por la cercana Tarquinia en los primeros siglos del primer milenio a.C. La riqueza de la ciudad se basaba en tres factores: tierras agrícolas fértiles, depósitos ricos en metales cerca del monte Amiata y una ubicación estratégica a orillas del río Fiora, lo que le permitía controlar el comercio desde la costa hacia el interior. Algunos estudiosos han identificado Regae como el puerto de la ciudad.
Una próspera ciudad etrusca
Vulci no solo prosperó como intermediario del comercio (en especial la cerámica de figuras negras y rojas de Grecia, a menudo fabricada especialmente para el mercado etrusco, y jarras de fayenza egipcia), sino que también era un centro importante de manufactura. La ciudad producía cerámica ricamente decorada, piezas de bucchero con una superficie gris oscura brillante, trabajos en bronce (especialmente utensilios, trípodes, braseros e incluso carros), joyería de oro, piedras preciosas talladas, cajas de madera con incrustaciones de marfil, cucharas de hueso y marfil, huevos de avestruz (importados y luego pintados por artistas etruscos) y tallas de piedra a gran escala. La piedra se extraía de la roca volcánica local conocida como nenfro en la escuela de canteros de Vulci que influyó a otras ciudades etruscas.
Todos estos bienes se exportaban al resto de Italia y más allá, y se han encontrado mercancías fabricadas en Vulci en las tumbas de toda Europa. Los descubrimientos de cerámica de gran calidad, tales como joyería de oro fina, y los suntuosos adornos y ropajes de las mujeres pintadas en los murales de las tumbas son indicativos de la riqueza de la élite de Vulci. Además, la prosperidad general y la atracción cultural de la ciudad queda demostrada por la presencia de artistas extranjeros como el «Pintor de golondrinas» de Grecia oriental, que se instaló en Vulci y produjo allí sus famosas vasijas de figuras negras.
Vulci era uno de los doce (o 15) miembros de la Liga etrusca, una asociación de ciudades políticamente independientes unidas por vínculos religiosos comunes. Entre los demás miembros se contaban Cerveteri, Chiusi, Populonia, Tarquinia y Volterra, aunque no está clara exactamente cuál era la relación entre estas ciudades. Los autores de la Antigüedad las agrupan como Etruria o «las gentes de Etruria», y el historiador romano Livio describe el encuentro anual de los líderes de las ciudades en el santuario de Fanum Voltumnae, cerca de Orvieto. La incapacidad de los etruscos de formar una alianza política cohesiva sería un factor importante en su caída frente a sus agresivos vecinos del sur, los romanos.
La ciudad entró en declive a la vez que el resto de la civilización etrusca en general entre 450 y 350 a.C., cuando Siracusa se hizo con el control de las rutas marítimas. Aun así, la ciudad se recuperó hasta cierto punto, tal y como demuestran algunos artefactos como los sarcófagos de mármol que datan de la segunda mitad del siglo IV a.C. Sin embargo, esta recuperación fue efímera ya que los romanos, liderados por T. Coruncanio, conquistaron Vulci en 280 a.C. En 273 a.C. se fundó una colonia romana en Cosa, que se apoderó de las lucrativas rutas comerciales y acabó condenando a Vulci; primero fue nombrado un simple municipium en 90 a.C. y luego acabó cayendo en el olvido en los siglos posteriores, una situación empeorada por la presencia de malaria en la región.
Restos arqueológicos
El yacimiento de Vulci hoy en día contiene en gran parte restos que datan del siglo IV a.C., de manera que no hay demasiado rastro de las estructuras de Vulci en el apogeo de la civilización etrusca. Entre estos restos hay porciones de las murallas de la ciudad y una gran plataforma de un templo que mide 24,6 × 36,4 metros. Tenía cuatro columnas en los lados cortos y seis en los largos y puede que estuviese dedicado a Minerva. También quedan restos de varios talleres de cerámica. Una fuente increíblemente rica de hallazgos ha sido un cementerio o necrópolis. Estos descubrimientos, y el gran tamaño del lugar, son indicativos de la riqueza de la ciudad durante el período Arcaico. Entre los objetos descubiertos hay esculturas funerarias de piedra, vasijas ricamente decoradas (tanto locales como importadas), piezas de joyería de oro, espejos de bronce grabados, una urna de bronce en forma de cabaña y un fino trípode de bronce del siglo VI a.C. con pies de garra de león y figuras de sátiros, Hércules e Íole.
Este lugar también ha sacado a la luz dos sarcófagos de mármol especialmente buenos del siglo IV a.C. Ambos presentan una pareja tallada abrazándose tiernamente sobre la tapa; uno tiene escenas de los cónyuges marchándose en un carro en dirección al inframundo en ambos lados, mientras que el otro tiene escenas de amazonas. Ambos sarcófagos se encuentran hoy en día en el Museo de Bellas Artes de Boston, mientras que muchas de las piezas de arte etruscas más pequeñas se encuentran en el Museo Etrusco di Villa Giulia en Roma.
Las tumbas de Vulci
Las tumbas más grandes en Vulci estaban custodiadas por esculturas de piedra de monstruos griegos, tales como centauros, esfinges, carneros y leones alados, pero de especial interés son los interiores. La tumba de «Isis», del siglo VI a.C. excavada por el hermano de Napoleón, Lucien Bonaparte, en 1839, contenía muchas obras de arte (que hoy en día se encuentran en su mayoría en el Museo Británico). Entre estas se encuentran un busto de bronce martillado de una diosa no identificada con un pájaro cornudo, una estatuilla de 89 centímetros de una mujer de pie y una diadema de pan de oro estampado. En otra tumba, la Tumba del Carro de Bronce, había un carro de lámina de bronce repujado del siglo VII a.C.
La Tumba del Guerrero data de alrededor de 510 a.C. y se llama así por las armas y armaduras de bronce encontradas dentro. Había un escudo de bronce grande, un yelmo tipo Negau decorado con imágenes del dios fluvial Aqueloo y un soporte para cimera con forma de los Dioscuros, grebas (protectores para las espinillas), una espada de bronce con vaina de hierro y dos lanzas. Además, había un juego completo para banquetes de recipientes y utensilios de bronce, evidencia de la costumbre etrusca de que los líderes les ofrecieran a sus seguidores banquetes como símbolo de su poder y estatus.
La más espectacular de todas es la Tumba François de finales del siglo IV a.C., cuyas paredes pintadas muestran escenas vívidas de la mitología griega y etrusca, varias escenas bélicas con los romanos y a los gobernantes de Vulci luchando con los de las ciudades etruscas rivales de Volsinii y Sovana. Hay juegos funerarios en los que se sacrifica a los prisioneros en luchas de gladiadores y un fresco muestra a un hombre con una inscripción que indica que se llama Vel Saties y tal vez sea el ocupante de la tumba. La figura, posiblemente un magistrado, lleva un manto azul oscuro bordado y está acompañada por un enano que sostiene un pájaro carpintero atado a una cuerda. El pájaro está a punto de ser liberado y Vel Saties lo mira, tal vez porque está a punto de seguirlo en una metáfora de su paso a la otra vida.
