Olimpia (en torno a 375-316 a.C.) fue la segunda esposa de Filipo II de Macedonia (reinado 359-336 a.C.) y madre de Alejandro Magno (reinado 336-323 a.C.). Olimpia fue la fuerza impulsora detrás del ascenso de Alejandro al trono y fue acusada de haber participado en el asesinato de Filipo, perpetrado por Pausanias de Orestis. Tras la muerte de Alejandro, luchó por los intereses de su nieto, pero fue derrotada por Casandro (reinado 305-297 a.C.).
Primera etapa y matrimonio con Filipo
Olimpia, cuyo nombre de nacimiento fue en realidad Mirtale, fue hija de Neoptólemo, el difunto rey de Epiro, un reino al suroeste de Macedonia. Sus antepasados, los molosos, afirmaban descender de Moloso, hijo de Andrómaca y Neoptólemo, este último hijo de Aquiles, quien había matado al rey Príamo de Troya durante la Guerra de Troya.
Olimpia había sido durante mucho tiempo una devota del culto a Dionisio, lo que provocaba la ira de muchos macedonios.
Aunque los historiadores discrepan sobre cómo se conocieron Filipo y Olimpia, la versión más aceptada relata que se encontraron en Samotracia, una isla en el mar Egeo situada entre Macedonia y Troya. La isla era conocida como el centro religioso de los dioses gemelos Cabiros. Aunque puede que Filipo participara en las ceremonias religiosas, en realidad estaba allí para promover una alianza. Al ver a la joven Olimpia, una mujer de cabello rojo, belleza embriagadora y temperamento ardiente, se enamoró a primera vista.Plutarco escribió:
…tras ser iniciado en Samotracia junto con Olimpia, Filipo se enamoró apasionadamente de ella, y aunque él era apenas un joven adulto y ella una huérfana, procedió inmediatamente a prometerse con ella… (Alejandro, 2.1)
No era raro que un rey contrajera matrimonio más de una vez, y en el caso de Filipo, muchos de sus matrimonios tenían como único propósito consolidar alianzas. Así fue con Olimpia, quien sería su segunda esposa. En el año 357 a.C. contrajeron matrimonio; Olimpia tenía entonces unos 18 años y Filipo cerca de 28. Los historiadores han debatido los numerosos presagios que rodearon la noche de bodas de la joven pareja. En sus Vidas paralelas, Plutarco escribió:
La noche antes de que los encerraran juntos en la cámara nupcial, la novia tuvo un sueño en el que, tras un estruendo de trueno, su útero fue alcanzado por un rayo; esto provocó un fuego vigoroso que luego estalló en llamas y se propagó por todo el lugar antes de extinguirse. (Alejandro, 2.2)
Junto con el sueño de Filipo, en el que «...estaba estampando un sello sobre el útero de su esposa, y el emblema del sello era la figura de un león...», se predijo el futuro de su gran hijo (Alejandro, 2.2). Filipo y Olimpia tuvieron dos hijos, Alejandro y una hija, Cleopatra, pero después de que Filipo viera a su esposa durmiendo con serpientes, sus días de visitar su cámara nupcial llegaron a su fin. Olimpia había sido durante mucho tiempo una devota del culto a Dioniso, algo que enfurecía a muchos macedonios, e incluso puede que fuera ella la que introdujo la práctica de manejar serpientes en dicho culto.
El 20 de julio de 356 a.C., Olimpia demostró su valía para Filipo al darle un heredero en Alejandro. Sin un heredero, ella solo habría sido valiosa para Filipo y Macedonia como una alianza con Epiro. En realidad, existía otro posible heredero al trono, un medio hermano menor, Filipo Arrideo, cuya madre era una plebeya llamada Filinna. Sin embargo, según Plutarco, la siempre celosa Olimpia lo envenenó con una droga que acabaría afectando a su cordura, para que nunca representara una amenaza para que Alejandro llegara a ser rey.
Olimpia le dijo a Alejandro que su verdadero padre no era filipo, sino Zeus.
Tres acontecimientos importantes ocurrieron en la vida de Filipo el día del nacimiento del futuro rey. En el momento del nacimiento de Alejandro, Filipo se encontraba en batalla en Potidea. Ese mismo día recibió la buena noticia de que uno de sus comandantes, Parmenión, había ganado una batalla decisiva contra los ilirios. En segundo lugar, su caballo de carreras había ganado en los Juegos Olímpicos (fue entonces cuando Mirtale pasó a llamarse Olimpia), y por último, nació su hijo y heredero. Un adivino afirmaría más tarde que el nacimiento de Alejandro, al coincidir con estos otros eventos, significaba que el joven llegaría a ser invencible.
Tras la llegada de Alejandro, el objetivo principal de su madre en la vida fue convertirlo en rey. Olimpia adoraba al joven Alejandro, recordándole constantemente su noble linaje y sus vínculos con Aquiles. Esta historia tuvo un poderoso efecto en Alejandro (incluso llevaba consigo una copia de La Ilíada). Cuando cruzó el Helesponto hacia Asia Menor, uno de los primeros lugares que visitó fueron las ruinas de Troya, rindiendo homenaje a su antepasado Aquiles. Para encargarse de su educación temprana, Olimpia trajo a un pariente, el severo Leónidas de Epiro, quien actuó como tutor y mentor del futuro rey. Más tarde, Aristóteles sería convocado desde Atenas para completar su formación.
Divorcio
Pronto surgió una situación que pudo haber puesto en peligro a Olimpia y su empeño por entronar a su hijo: el matrimonio de Filipo con Cleopatra-Eurídice, sobrina de Atalo. Según quienes rodeaban a Filipo, Alejandro era solo medio macedonio, y había presión para que el rey contrajera matrimonio con alguien de sangre pura. Así, Filipo se divorció de Olimpia, acusándola de adulterio e incluso alegando que Alejandro no era su hijo. El matrimonio de Filipo con Cleopatra Eurídice, junto con el embarazo de ella, colocó a Olimpia en una situación precaria. Si el bebé fuera varón y, por tanto, un heredero legítimo al trono, Alejandro no llegaría a ser rey. La situación se complicó aún más cuando el hermano de Olimpia, Alejandro, a quien Filipo había colocado en el trono de Epiro, se prometió en matrimonio con su sobrina Cleopatra, la hija de Olimpia y Filipo. Con esta unión, Olimpia dejaría de tener propósito incluso como vínculo diplomático con Epiro.
En el banquete nupcial de Filipo y Cleopatra Eurídice, Atalo (uno de los comandantes de Filipo) hizo un comentario despectivo sobre Alejandro, llamándolo bastardo. Tras este ataque verbal, Alejandro se levantó con ira, burlándose de la incapacidad de su padre, ebrio, para cruzar la sala. Plutarco escribió:
Filipo se levantó para atacar a Alejandro y desenvainó su espada, pero afortunadamente para ambos, la ira y el vino que había consumido hicieron que tropezara y cayera… Después de esta pelea ebria, Alejandro se llevó a Olimpia y la instaló en Epiro, mientras él permanecía entre los ilirios. (Alejandro, 9.5)
Posiblemente, el propósito de Olimpia al regresar a Epiro no era solo alejarse de la ira de Filipo, sino también persuadir a su hermano para que declarara la guerra contra Filipo. Tras arreglar la reconciliación por medio de Demarato de Corinto, se permitió que Alejandro y Olimpia regresaran a Pela.
En el 336 a.C., durante el banquete nupcial del hermano de Olimpia, Alejandro, con su hija Cleopatra, Filipo fue asesinado por Pausanias de Orestis, un resentido que había sido reprendido por Filipo después de solicitar venganza contra Atalo. La sospecha recayó de inmediato sobre Olimpia, a quien algunos creían que había alentado a Pausanias a buscar venganza y matar a Filipo. Plutarco escribió:
Cuando Pausanias, quien había sido agredido por instigación de Atalo y Cleopatra, asesinó a Filipo por no recompensarlo, la mayor parte de la culpa recayó sobre Olimpia, bajo el argumento de que ella había alentado al joven en su ira y lo había incitado a cometer el acto… (Alejandro, 10.4)
Incluso existen evidencias de que ella tenía caballos esperando para que el asesino pudiera escapar. Tras la muerte de Filipo y la ascensión de Alejandro al trono, Cleopatra Eurídice y su hija pequeña (y posiblemente un hijo) fueron ejecutadas por orden de Olimpia; algunos afirman que fueron quemadas vivas, mientras que otros dicen que obligaron a Cleopatra a suicidarse ahorcándose. Con esto hecho, el futuro de Olimpia quedó asegurado: ella era la madre del rey.
Cuando Alejandro se preparaba para cruzar el Helesponto hacia Asia Menor, su madre lo apartó y le dijo que su verdadero padre no era Filipo, sino Zeus; por lo tanto, debía actuar con valor, algo acorde a su origen divino. Nunca volvería a ver su tierra natal ni a su madre. Durante sus viajes por Asia, él y su madre mantuvieron una frecuente correspondencia: ella le ofrecía consejos que él ignoraba. Antípatro quedó al mando de Macedonia y Grecia. Las cartas entre Alejandro y Antípatro, así como las enviadas entre Alejandro y Olimpia, estaban llenas de quejas y acusaciones; Antípatro la llamaba, entre otras cosas, una arpía, mientras que ella decía que él se comportaba más como rey que como gobernador. Para resolver la disputa, Alejandro envió a llamar a Antípatro para que se reuniera con él en Babilonia (algunos dicen que solo para alejarlo de Olimpia), pero Antípatro envió en su lugar a su hijo Casandro, lo que enfureció a Alejandro.
Después de la muerte de Alejandro
Tras la muerte de Alejandro en el 323 a.C. y el inicio de las guerras de los Diádocos, Olimpia llamó a Roxana, esposa de Alejandro, para que acudiera a Pela, donde ella y su hijo, el futuro Alejandro IV, estarían seguros. Tras la muerte de Antípatro en el 319 a.C., uno de los generales de Alejandro, Poliperconte, fue nombrado nuevo regente; sin embargo, fue desplazado por Casandro, de manera que huyó entonces a Epiro con Roxana y el joven Alejandro.
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Aunque inicialmente intentó mantenerse neutral, Olimpia se dio cuenta de que su nieto nunca podría ser rey mientras Casandro fuera regente, por lo que se unió a su primo Eácides (rey de Epiro) y al resto del ejército de Poliperconte e invadió Macedonia. Por órdenes de Olimpia, el medio hermano de Alejandro, Filipo (quien había llegado realmente a ser rey, pero solo de nombre), su esposa Eurídice y cientos de macedonios seleccionados leales a Casandro fueron ejecutados en el 317 a.C. Sin embargo, la invasión de Olimpia fracasó; Casandro la capturó en Pidna y, aunque inicialmente prometió salvarle la vida, cambió de opinión y la mandó ejecutar en el 316 a.C. Lamentablemente, el sueño de Olimpia de que su nieto heredara el trono de Alejandro nunca se cumpliría, y Roxana y el joven Alejandro IV sufrirían el mismo destino que Olimpia en el 310 a.C.
Jorge es profesor de inglés independiente, estudiante de gramática y etimología inglesa. Diplomado IDELT Bridge y Asesor de Gramática Inglesa Bridge. Actualmente estudia traducción profesional inglés-español en la Escuela Americana de Traductores e Intérpretes.
Donald ha enseñado Historia de la Antigüedad, de la Edad Media y de los Estados Unidos en el Lincoln College (Normal, Illinois) y, desde que estudió a Alejandro Magno, siempre ha sido y será un estudiante de historia. Le encanta transmitir conocimientos a sus alumnos.
Escrito por Donald L. Wasson, publicado el 01 junio 2013. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.