Lisímaco (en torno a 361-281 a.C.) fue uno de los guardaespaldas de confianza de Alejandro Magno y miembro de su caballería de Compañeros. Aunque consiguió la ciudadanía macedonia, su padre era un tesalio llamado Agatocles. Tras la muerte de Alejandro Magno en 323 a.C., Lisímaco se benefició de su lealtad al rey al recibir en recompensa la provincia de importancia estratégica de Tracia, un área al noreste de Macedonia en las costas del mar Negro.
Aunque en un principio no se inmiscuyó demasiado en la serie de guerras que siguieron inmediatamente a la muerte de Alejandro, con el tiempo quiso expandir su territorio y al final se unió a los demás comandantes en una guerra contra Antígono Monóftalmos (el Tuerto) y su hijo Demetrio I de Macedonia. Esta decisión le brindaría éxito, pero a un alto precio.
El guardaespaldas de Alejandro
Educado en la corte real de Pela, Lisímaco llegó a convertirse en un miembro destacado del séquito del rey, uno de sus guardaespaldas y somatofilakes, para el año 328 a.C. Curiosamente, había otro Lisímaco en el séquito de Alejandro. Este segundo Lisímaco era uno de los antiguos tutores del rey, más conocido, tal y como apuntaba un historiador, por su sentido de humor que de higiene. Llamaba al joven Alejandro Aquiles y se refería a sí mismo como Fénix, el tutor de Aquiles. Aunque los historiadores recogen que acompañó al rey en su invasión de Persia, su única aparición destacada fue en el asedio de Tiro.
Hay cierto desacuerdo sobre el año exacto del nacimiento de Lisímaco. Algunos historiadores establecen el año 361 a.C., mientras que otros dicen que nació en torno a 355 o 351 a.C. en Pela, la capital de Macedonia. La fecha más antigua es más plausible. Si hubiese nacido en 355 a.C. o más tarde, habría sido demasiado joven como para acompañar al rey a Persia como guardaespaldas. Aunque las primeras historias afirman que acompañó al rey a la guerra contra los persas y el rey Darío, se sabe muy poco de la participación de Lisímaco antes del Hidaspes. Los historiadores escriben sobre su participación en la batalla del Hidaspes contra el rey Poros, en la que se dice que cruzó el río con el rey, y en el asedio de la ciudad india de Sangala. Por lo visto, resultó herido en el asedio. El historiador Arriano, en Las campañas de Alejandro, escribió:
A lo largo del asedio, Alejandro perdió algo menos de 100 hombres; sin embargo, el número de heridos fue desproporcionado: más de 1.000, entre ellos Lisímaco, de la guardia personal de Alejandro, y otros oficiales. (290)
Por su valentía y lealtad al rey recibió Tracia, cuya importancia radicaba en su ubicación junto al Helesponto, el puente entre Asia y Europa.
Gobernador de Tracia
El 10 de junio de 323 a.C., Alejandro Magno murió en Babilonia. Los historiadores, tanto del pasado como del presente, discuten sobre la causa exacta, aunque, fuera como fuese, murió sin nombrar un sucesor o heredero, lo que hizo que el imperio se sumiera en el caos. Aunque el comandante Pérdicas poseía el anillo de sello del rey, las discusiones continuaron y no lograron llegar a un consenso. Mientras esperaban a que el hijo de Alejandro, el futuro Alejandro IV, llegara a la mayoría de edad, los comandantes se dividieron el imperio entre sí: Ptolomeo I se quedó con Egipto, Antígono, ya mayor, se quedó con partes de Asia Menor, el regente Antípatro I se quedó con Macedonia y Grecia y, por último, Lisímaco recibió Tracia. Uno de sus compañeros guardaespaldas, Leonato, aceptó la provincia de Frigia, situada en Asia al otro lado del Helesponto, un arreglo que causó fricción constante entre ambos.
Durante las siguientes tres décadas, se forjaría y rompería una alianza tras otra. Los enemigos se hicieron amigos y los amigos se enemistaron. El imperio que había construido Alejandro nunca volvería a reunificarse. Su madre, su esposa y su único hijo y heredero morirían por orden de Casandro, hijo de Antípatro, sin llegar a ocupar nunca el trono.
La primera tarea de Lisímaco a su llegada a Tracia consistió en pacificar a las diversas tribus tracias. Aunque los tracios se unieron a la batalla contra Darío, nunca habían sentido gran afecto ni por Filipo II ni por Alejandro. El joven gobernante se estableció inmediatamente contra el líder de una dinastía tracia clave, los Seutes. Como la mayor parte del imperio de Alejandro se había dividido entre sus comandantes más destacados, estos se sumieron en lo que se acabaría llamando las guerras de Sucesión o guerras de los Diádocos. Y mientras luchaban entre ellos, con escaso interés por Tracia ni Frigia, Lisímaco se dio cuenta de lo afortunado que era y evitó verse envuelto en estas guerras. En Tracia estaba relativamente a salvo de las intrigas y conjuras de los demás comandantes; al menos durante un tiempo, nadie fuera de la provincia lo desafió. Así que concentró sus esfuerzos en establecer una base potente y fuerte en Tracia, pero, en un momento dado en 315 a.C., se vio obligado a suprimir una revuelta organizada por una de las ciudades en la costa del mar Negro.
Con vistas a hacerse con una provincia de importancia estratégica, el comandante Antígono, que reinaba sobre gran parte de Asia Menor, envió un pequeño contingente para ayudar a la ciudad y provocó a las tribus locales. Por último, en 311 a.C. lograron la paz y Lisímaco mantuvo el control de la ciudad hostil. Al final esta revuelta lo empujaría al conflicto que llevaba tanto tiempo evitando. Formó una alianza con Casandro de Macedonia, Ptolomeo y Seleuco I. Para salvaguardar el área y asegurar los Dardanelos, construyó una ciudad nueva en 309 a.C., Lisimaquia, en la península de Galípoli.
Asuntos familiares
Desde el momento en que fue nombrado gobernante hasta su muerte en 281 a.C., Lisímaco utilizó el matrimonio para asegurar su posición en Tracia y establecer las alianzas beneficiosas necesarias. Después de que el comandante Pérdicas, que no tardaría en morir a manos de sus propios hombres, se negara a casarse con Nicea, la hija de Antípatro, el sabio gobernante tracio se casó con ella en 321 a.C., con lo que aseguró una alianza tanto con Antípatro como con su hijo Casandro. La pareja tendría tres hijos: un chico llamado Agatocles y dos chicas. Más adelante, Lisímaco respaldaría a su cuñado Poliperconte para la regencia de Macedonia y Grecia. Tras la muerte de Nicea, eligió casarse con Arsínoe II Filadelfo, hija de Ptolomeo I y de su amante Berenice, en torno a 300 a.C. Este sería un matrimonio del que se arrepentiría. Por motivos desconocidos (probablemente para asegurar el trono de Tracia para su propio hijo), Arsínoe convenció a su esposo de matar a su hijo mayor, Agatocles, bajo cargos falsos de traición. El asesinato de un popular comandante joven causó indignación entre muchos de sus compañeros oficiales, que decidieron desertar y unirse al Ejército de Seleuco, que entonces era un adversario de Ptolomeo. Tras la muerte de Lisímaco, Arsínoe se casaría con su hermanastro Ptolomeo II, estableciendo así el precedente del matrimonio entre hermanos en Egipto.
Las guerras de los Diádocos
Al igual que muchos otros comandantes, Lisímaco asumió el título de rey en 305 a.C. Con el recuerdo del ataque reciente de Antígono todavía fresco en la memoria, el rey se dispuso a expandirse hacia Asia Menor. Se alió con Seleuco y Casandro contra el viejo Antígono y su hijo Demetrio en la batalla de Ipsos en 301 a.C., una batalla que resultaría tanto en la derrota de Antígono como en su muerte. Según los términos de paz, Lisímaco recibió más tierras en Asia Menor al sur de los montes Tauro, Seleuco recibió Siria y Casandro aseguró su posición en Macedonia y Grecia. Según muchos historiadores, esta batalla acabó con cualquier esperanza que quedara de reunificar el imperio de Alejandro.
Las riquezas de la zona en torno a Pérgamo en las costas del Mediterráneo en Asia Menor ayudaron a Lisímaco a extender su territorio aún más. Tras la muerte de Casandro en 297 a.C., puso la vista en Macedonia. Con la ayuda del rey Pirro de Epiro, cruzó la frontera y obligó a Demetrio a salir. Demetrio y su ejército escaparon por el Helesponto hacia Asia Menor y se enfrentaron al ejército de Seleuco. Por desgracia para el antiguo gobernante de Macedonia, fue capturado inmediatamente y murió en prisión en 283 a.C. Las esperanzas de expansión de Lisímaco se vieron detenidas por un tiempo cuando fue capturado en 292 a.C. por Dromiquetes, rey de los getas. No solo tuvo que comprar su libertad, sino que también tuvo que entregar parte de sus territorios transdanubianos. En 282 a.C. su antiguo aliado Seleuco decidió que quería el territorio de Lisímaco en Asia Menor. En 281 a.C. los dos ejércitos se encontraron en Corupedio, y el rey tracio encontró la muerte. Al no tener herederos, su pequeño pedazo del imperio se sumió en el caos.

