La historia antigua de Pakistán alberga un vasto patrimonio de tesoros, entre los que destaca por su relevancia la ancestral metrópolis de Taxila. La historia de la antigua urbe, en algunos períodos capital de la civilización Gandhara, abarca desde las primeras comunidades microlíticas que habitaron en las cuevas de Kanpur, hasta el año 1000 d.C. Taxila fue un centro del budismo y de la enseñanza; una ciudad importante situada en un lugar de encuentro de varias culturas, entre ellas la aqueménida, la griega, la maurya, la escita, la parta, la kushán, la de los hunos y, por último, la musulmana.
Aunque después de su decadencia permaneció en el olvido durante casi un milenio, la metrópolis y sus múltiples tesoros regresaron a la luz hacia finales del siglo XIX debido a la obra de Alexander Cunningham, anticuario del Raj británico, y en mayor profusión a principios del siglo XX d.C., bajo la dirección de John Marshall, primer director del Servicio Arqueológico de la India. En esa época la arqueología se había transformado en un campo mucho más disciplinado a escala mundial, y por todas partes se daban a conocer nuevos hallazgos. En paralelo a su descubrimiento de la civilización del valle del Indo, Marshall también realizó notables trabajos en Taxila que develaron esta antigua y misteriosa cultura.
El yacimiento arqueológico de Taxila está ubicado en la provincia de Punjab, Pakistán, a unos 30 km al norte de la capital territorial de Islamabad, cerca de la famosa e histórica Gran Carretera Troncal. La actual región arqueológica de Taxila está compuesta por 18 sitios de gran valor cultural, a los cuales de conjunto se les otorgó la condición de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en 1980.
La región despierta un interés singular debido a la función que desempeñó en la Antigüedad como nodo de tránsito de caravanas, rol que preserva en la actualidad de la misma forma que lo desempeñaba en el siglo VI a.C. El funcionamiento ininterrumpido del sitio como punto de escala explica las características urbanas de la antigua Taxila, que apenas ha experimentado cambios desde tiempos remotos. Su utilización como centro de tránsito condicionó la forma en que se desarrollaron y expandieron los oficios, asentamientos y mercados, así como la estructura institucional que se organizó como resultado de la necesidad de administrar a la población circundante.
la región que circunda a taxila alberga algunos de los sitios y monumentos más famosos de gandara.
Aunque con posterioridad la región quedó relegada debido al incremento del comercio marítimo, el hecho de haber estado ocupada durante los siglos precedentes resultó en que aún permanezca en el área una amplia información arqueológica. Este rico legado se ha desenterrado de manera paulatina desde el inicio del período británico hasta la actualidad.
Prehistoria de Taxila
El inicio de la ocupación humana de la zona se remonta a los cazadores microlíticos anteriores al 3500 a.C. Los yacimientos más relevantes del período se encuentran en Bhamala, Mohra Moardu y Kahnpur, tres cuevas notables descubiertas en 1964 d.C. por Elden Johnson, de la Universidad de Minnesota. En particular, en la cueva de Khanpur se descubrieron 2,9 m (9 pies 7 pulgadas) de depósitos culturales que abarcan desde la Edad de Piedra hasta el 900 d.C.
Las primeras comunidades agrícolas surgieron entre el 3500 y el 2700 a.C., como muestra el pequeño montículo de Sarikala, excavado por Ahmad Hasan Dani, un pionero en la arqueología de Pakistán. La minimización del tamaño del promontorio es relativa, puesto que en el sentido este-oeste tiene una longitud de 305 m (1.000 pies) y 610 m (2.000 pies) de norte a sur. El yacimiento contiene artefactos de piedra, hueso y alfarería elaborada a mano. Entre los objetos de piedra se encuentran microlitos, hachas y cabezas de mazos junto a hojas de bordes paralelos, raspadores laterales y frontales, instrumentos asimétricos en forma de lascas y puntas de flecha. También se descubrieron herramientas de piedra desbastada, como cinceles, molinillos, trituradoras y mazos de uso cotidiano. Entre los instrumentos de hueso clasificados en cinco categorías se han encontrado leznas, perforadores, espátulas, objetos puntiagudos y láminas de presión. La tercera industria es la del barro, cuyos primeros artículos, que se dividen en cuatro categorías, están casi todos trabajados a mano.
La Edad de Bronce comienza en la región entre 2700 y 2100 a.C., lo cual también se hace patente en Saraikala, cuyos depósitos comprenden una etapa continua entre el final del neolítico y el calcolítico. Se advierte, incluso, un período de transición entre las dos épocas, en el cual se observa una combinación de implementos de rasgos neolíticos y de la Edad de Bronce.
La mitología atribuye la fundación de Taxila al sobrino del legendario héroe Rama, en una colina que dominaba el río Tamra Nala, tributario del Indo. Se afirma que desde el principio el sitio fue un importante centro cultural, y se le atribuye haber sido el escenario de la primera recitación del Mahabarata. En la actualidad el emplazamiento de la primera ciudad de Taxila se conoce con el nombre de Montículo de Bhir.
La ciudad de Taxila, conocida antaño como Taksasila, era una célebre localidad de la Gandhara budista, en particular después del gobierno de Asoka y durante el período kushán. El nombre de Taxila es una aproximación griega del apelativo original. En arameo la urbe se conoce como Naggaruda, la «ciudad de las piedras talladas». Este significado coincide con su denominación budista, en particular si se toma de manera literal, puesto que la raíz taks alude al acto de cortar o labrar, lo que justifica dicho nombre. Sin embargo, de seguir esta línea de pensamiento, silatambién se relaciona con sira, cuyo significado en las tradiciones budistas es cabeza, término relacionado con la historia del bodhisattva que por su propia voluntad se sometió a la decapitación como sacrificio a un brahmán local de la villa de Bhadrasila. Se dice que el Buda, al narrar esta historia, relacionó a Bhadrasila con Taxila. Sirkap, otra ciudad, también posee un nombre de significado similar, dado que sir denota cabeza, y kap, cortar, sin embargo, esta relación aún no se ha demostrado de manera satisfactoria.
Chu-cha-shi-lo es el nombre chino aplicado a la región descrita en los relatos de los peregrinos de esa nacionalidad. En sánscrito se conoce como Taksasila, Takkasila o Takasila de la cual además se dice que era la tierra de los taksa, una estirpe de seres serpentiformes capaces de transmutar su apariencia para mezclarse con los seres humanos. Otra tradición brahmánica narra que era la ciudad capital de Taksa, hijo de Bharata, quien se había instalado allí como rey.
La antigua urbe gozaba de reconocimiento por ser la sede de una de las primeras universidades del mundo. Desarrollada bajo varios soberanos entre los siglos I y V d.C. como parte de la civilización Gandhara, el currículo comprendía disciplinas como matemáticas, ciencias, filosofía, astronomía, medicina, política, literatura y ciencias militares. Los conocimientos no se impartían en un centro institucionalizado de enseñanza, sino como una combinación de estudios religiosos y seculares nucleados en los monasterios.
Situada en el «Camino Real», término empleado por el griego Megástenes, tenía conexiones con Pataliputra, la actual Patna, en el extremo norte del Imperio maurya; con Asia occidental por vía de Bactria; con Hund, en el cruce del río Indo, y con Asia central a través de Cachemira y de Srinagar hasta Haripur. Esto permitía que el área recibiera un influjo constante de gentes provenientes de todas las regiones de Asia, entre ellas comerciantes, mercaderes, colonizadores, predicadores e invasores.
Control político
Taxila y la región de Gandhara fueron testigos del dominio de diversas potencias de la Antigüedad, enumeradas a continuación:
A estas siguieron las conquistas musulmanas, con las que se llega al período medieval de la historia india.
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El dominio aqueménida de Gandhara abarcó desde el siglo VI a.C. hasta la invasión de Alejandro de Macedonia en el 327 a.C. Sin embargo, el monarca macedonio no logró consolidar el dominio de la zona y sus ejércitos iniciaron la marcha de regreso poco tiempo después, circunstancia que originó un vacío de poder. Chandragupta Maurya reconquistó la región y estableció la dinastía maurya alrededor del 321 a.C., primera en unificar la India. La línea dinástica se disgregó tras el deceso de su gobernante más ilustre, Asoka, quien vivió desde alrededor del 273 hasta el 232 a.C.
A partir de entonces la región cayó en otro vacío, espacio que ocuparon los denominados indogriegos o grecobactrianos, hacia el 190 a.C. Estos habían pertenecido a los destacamentos que los conquistadores helenos apostaron en el lugar, y se habían establecido en la región de Bactria, actual Afganistán septentrional. Tras un siglo de hegemonía, los escitas o sakas, procedentes de Asia central, los suplantaron con celeridad. A estos, más adelante, a mediados del siglo I a.C., les seguirían los partos.
Transcurrido un siglo de dominio parto se produjo otra invasión en el 50 d.C., esta vez lanzada por los kushán, una rama de las tribus yuezhi del noroeste de China. Los kushán conquistaron el valle de Kabul y Gandhara, y alcanzaron la cima de su desarrollo alrededor del 78 d.C., en los tiempos de su más renombrado emperador, Kanishka. El Imperio kushán, del cual Gandhara era un centro importante, se extendía desde Merve, en el oeste, hasta Khotan en el este, con límite septentrional en el mar de Aral y el mar arábigo como frontera meridional. Otros dos prominentes sucesores de Kanishka fueron Huvishka y Vasudeva.
El final del dominio kushán estuvo marcado por una sucesión de dinastías efímeras que se disputaban el control de la región de Gandhara, lo que resultó en constantes incursiones, invasiones, y disturbios para la región. A partir de la decadencia del dominio kushán, la rápida sucesión de los poderes sasánida, el de los denominados kushán menores o kidaritas, y por último, el de los hunos blancos, paralizó el intercambio comercial y la vida social y religiosa de la región.
Las estupas constituyeron la máxima expresión de la arquitectura budista de la región, la cual al igual que otras expresiones artísticas, tenía como interés primordial promover las estructuras del poder religioso. Las estupas mismas se decoraban con incontables paneles y frisos que representaban historias y hechos religiosos dirigidos a solidificar aún más su rol.
Entre las estupas de mayor importancia se encuentran:
Constituye el mayor de los establecimientos budistas de la región de Taxila. Data de los tiempos de Asoka, el gran emperador maurya que unificó India en el siglo III a.C. Algunas fuentes budistas lo denominan Dharmaraj, nombre al cual se asocia el sitio.
La mayoría de los académicos asegura que Dharmarajika es una de las localizaciones donde se enterraron los restos del Buda, lo cual la convierte en una estupa depositaria de reliquias, o dhātugarbha. Asoka sentía afinidad por Taxila por haber gobernado el área durante la época de su padre Bindusara, razón por la que designó la ciudad como uno de los sitios donde se redistribuyó la inhumación de los restos del Buda histórico.
El yacimiento actual constituye la segunda reconstrucción levantada sobre la estupa original de Asoka. La primera se erigió con posterioridad a los sismos ocurridos durante el siglo I d.C. en la época kushán, y la otra mucho tiempo después. Se supone que la primera estupa era más pequeña y humilde, y que el domo existente en la actualidad se construyó sobre aquella, soportado por paredes de carga radiales semejantes a los rayos de una rueda. En su interior el domo alcanza 13 metros de altura (42 pies) y un diámetro promedio de unos 35 metros (115 pies), sin incluir el corredor de las procesiones.
Estupa de Kunala
La leyenda vinculada a esta estupa la relaciona con Kunala, hijo de Asoka. En aquella época Kunala era gobernador de Taxila y su madrastra se prendó de él con lujuria, pero sus propuestas eran rechazadas. En su rabia, la mujer envió una misiva falsa a Asoka en la que pedía a los administradores de Taxila que cegaran a Kunala. Kunala acepto el castigo a pesar de no tener culpa y desde entonces llevó una vida de juglar errante, en la que narraba sus desventuras de forma anónima. De alguna manera, mientras erraba por la India, se las ingenió para abrirse paso hasta Asoka, quien escuchó la tonada. El padre reconoció a su hijo y convencido de la veracidad de la historia, lo aceptó de regreso, tras lo cual se produjo el milagro de la restauración de la visión de Kunala en Bodh Gaya.
La estupa de Taxila se erigió para conmemorar esa leyenda, aunque las ruinas que aún existen se sitúan sobre una estupa más antigua que todavía no ha sido datada. Los últimos restos se remontan a los siglos III y IV d.C.
Estupa de Jaulian
Esta construcción del siglo II d.C. presenta abundantes decoraciones y es de diseño compacto. Se encuentra situada en la periferia de la ciudad de Sirsukh, a una altura de más de 90 metros (300 pies) por encima del valle de Taxila, visible desde la urbe. El nombre de Jaulian significa «sede de los santos» en lengua local, apelativo cuya existencia data de tiempos remotos. El asentamiento de Jaulian es una obra posterior de gran fasto que revierte a los tiempos de la historia budista de la región cuando la iconografía del Buda alcanzó su máxima exuberancia. Cuenta con numerosas capillas y estupas votivas en sus dos patios y con anterioridad también albergó enormes esculturas de Buda. El lugar se considera uno de los más pintorescos de la zona.
Otros sitios incluyen el complejo Mohra Moradu, Jinna Wali Dheri, y la recién reexcavada estupa de Bhamala, de inusual diseño cruciforme.
Cada uno de estos centros cuenta con monasterios y otras edificaciones auxiliares asociadas que siguen criterios uniformes de planificación urbana, del mismo modo que ocurre con otros sitios de Gandhara.
Aunque en la actualidad Taxila se conoce como una región, en la Antigüedad era el nombre de una ciudad que se desplegaba sobre tres emplazamientos erigidos entre la era védica y finales del período antiguo. Aunque en el presente se identifica por los nombres de los lugares donde se encontraron sus restos, es probable que en el pasado todos respondieran al mismo apelativo, es decir, Taksasila. Sus restos arqueológicos se encuentran hoy en:
Montículo de Bhir
Los restos arqueológicos de ésta, la primera ciudad, se encuentran al sur del existente museo de Taxila, que cubre un área aproximada de 1100 por 670 metros cuadrados (1200 por 730 yardas cuadradas) a una altura de unos 20 metros (65 pies) sobre el nivel del riachuelo Tamra, fuente principal de agua de la antigua ciudad. Consta de 4 niveles que abarcan desde el siglo V o VI a.C., en el período aqueménida, hasta el siglo II a.C. en la época indobactriana griega.
Las excavaciones realizadas con anterioridad a la década de 1970 revelaron una disposición orgánica sin trazas de fortificaciones. La albañilería cubre desde el período inicial de mampostería de cascotes a una posterior de mayor consistencia a comienzos de lo que se considera la era maurya de los siglos III al IV a.C. En sus principios presenta huellas de recubrimiento de una gruesa argamasa de barro que más adelante, durante el período indogriego, evoluciona hacia un enlucido de cal. En la construcción se emplean piedra caliza y de Kanjur.
Las excavaciones realizadas en la zona oriental revelan casas de vivienda y tiendas separadas por calles y callejones. Se distingue una calle principal en su mayor parte recta llamada Calle Primera, rodeada de otras más sinuosas. La mayor parte de las casas respetan el mismo patrón de diseño y distribución que en la actualidad presentan las moradas rurales, con un patio ancho rodeado de habitaciones. Los cuartos exteriores enfrentaban la calle y es probable que sirvieran de tiendas atendidas por los propietarios de la vivienda, como muestran los materiales artesanales descubiertos en esos habitáculos.
Existen pruebas de la existencia de drenajes sofisticados, tanto del agua residual de los hogares, como de pozos de absorción de aguas negras. El edificio más importante es el Salón de los Pilares, datado entre el 250 y el 175 a.C., formado por múltiples espacios construidos a lo largo del tiempo. Cerca de este sitio se encontraron relieves de terracota y figurillas que representan deidades, lo que condujo a especular que la edificación era un templo o santuario, quizá de los primeros sitios sagrados hindúes.
Las excavaciones llevadas a cabo entre 1998 y 2000 d.C. por el Departamento Federal de Arqueología de Pakistán revelaron la existencia de un planeamiento urbano regular, pozos, y una muralla de arcilla y madera, hasta entonces desconocida, que rodeaba la ciudad. Estos hallazgos se realizaron en la porción occidental del sitio.
Puede afirmarse que Bhir precede a lo que con propiedad puede llamarse Gandhara, debido a que hasta entonces no se habían descubierto esculturas de ese origen, mientras los niveles superiores solo revelaban monedas de marcada influencia helenística, junto con piezas troqueladas y en forma de barras curvadas de principios del período indio. Entre otros descubrimientos se encuentran sellos, figurillas de terracota, cuentas, y objetos rituales, todos en exhibición en el museo de Taxila.
Se considera que la segunda ciudad antigua de Sirkap se fundó por los grecobactrianos en el siglo II a.C. El nombre de la ciudad está asociado a una leyenda local del héroe Rasalu, quien había combatido con los siete demonios Rakhsasas: tres hermanos varones de nombre Sirkap, Sirsukh y Amba, y cuatro hermanas llamadas Kapi, Kalpi Munda y Mandehi. Rasalu era hijo del Rajá de Sakala, la actual Sialkot, y al arribar a la ciudad descubrió que los demonios exigían sacrificios a los habitantes locales. El héroe asumió la tarea de aniquilar a los demonios, y venció a todos excepto a uno, que según se dice, aún permanece oculto. La ciudad marca el lugar donde mató al demonio Sirkap.
La villa se atribuye a los griegos, no solo por sus restos arqueológicos, sino también por diversas características urbanísticas, como la nivelación del terreno, el trazado hipodámico de las calles y una ubicación geográfica con defensas naturales en todos los flancos. Además, por la existencia de una ciudad superior y otra inferior, esta última excavada, si bien esta particularidad también se encontraba presente en las primeras urbes de la India. Sin embargo, no se han encontrado edificaciones que guarden una relación cultural con los griegos, tales como templos, palacios o teatros, vinculados al acervo de esa civilización. Concluido el trazado original, los desarrollos urbanos subsiguientes fueron, en esencia, de carácter indio.
Las fortificaciones son colosales, con grandes muros de piedra de entre 4,5 y 6,5 metros (15 y 21 pies) de grosor, y bastiones de tres niveles. La longitud de la muralla que encierra la ciudad es de 5.500 metros (6.000 yardas) o 5,5 kilómetros (3 millas) y además atraviesa las colinas ubicadas al sur.
Se han identificado siete niveles de ocupación, en los que el más profundo, el séptimo, corresponde a la era pregriega. Este último es un asentamiento periférico de Bhir, mientras el primero y más reciente data de una época que se extendió unos 150 años, desde alrededor del 90 a.C. hasta cerca del 60 a.C., en que se produjeron conquistas escitas y partas en rápida sucesión. Entre las áreas más relevantes se encuentran la Residencia Real, el Templo del Sol, el Templo del Ábside, la Estupa del Águila Bicéfala y el Templo Jainista.
Sirsukh
Fundada en la segunda mitad del siglo I d.C., es probable que la ciudad kushán de Sirsukh se estableciera para reubicar a la población de las ruinas de Sirkap causadas por un terremoto, o para erigir una nueva capital que atestiguara su hegemonía.
Es una ciudad de planta casi rectangular, ubicada en una planicie abierta sin defensas naturales. Está protegida por sólidas fortificaciones de piedra caliza con torres circulares espaciadas de manera regular, que constituyen uno de los primeros usos de este tipo de construcciones fuera del continente europeo. Es probable que los kushán las adoptaran como resultado de las interacciones que sostenían con Europa en sus fronteras occidentales.
Aunque constituye una parte importante del paisaje arqueológico, no se han realizado excavaciones adecuadas en la localidad debido a que ello exigiría una profunda intervención disruptiva en la agricultura local. Sin embargo, la estrecha faja de fortificaciones que rodea el arroyo Lundi, que bordea un lado de los muros, ha revelado acumulaciones de monedas no solo de los gobernantes kushán, sino también de los tiempos del emperador mogol Akbar, lo que atestigua la pervivencia de la urbe un milenio después de su establecimiento.
Decadencia de la metrópoli
Aunque por lo general se considera que los hunos blancos o heftalitas fueron los responsables de la destrucción de Gandhara, los hallazgos indican que este panorama no refleja toda la realidad. Durante la época en que los hunos blancos ganaron ascendencia se produjo una revitalización de la religión brahmánica en la India y los cultos de Visnú y de Shiva cobraron fuerza. Esto se interpretó como un resurgimiento de la antigua fe, en respuesta al dominio del budismo en la región durante un milenio. Entonces el budismo era una sombra de su identidad original, y la decadencia y opulencia de los monasterios y las estupas desvirtuaban su mensaje original.
En esta época el budismo se había extendido hasta los extremos septentrionales de China, mientras en la propia India la fuerza del hinduismo menguaba. El arribo de los hunos blancos inclinados al shivaísmo, aunque quizá no representó una disrupción para la región, trajo consigo que dejara de patrocinarse el budismo en Gandhara. Todo el carácter de la región giraba alrededor del elemento unificador del budismo y de la vida monástica, por lo que un decremento casi súbito del mecenazgo real condujo a que los vastos y opulentos monasterios con sus decenas de estudiantes y monjes no pudieran sustentarse a sí mismos. Xuanzang, en sus crónicas datadas en el siglo VII d.C., menciona que la naturaleza urbana de Taxila declinaba en la medida en que la religión unificadora se hacía cada vez menos estable, y que a la postre, no por medio del empleo de la fuerza, sino por la simple falta de recursos, los complejos monásticos de Taxila y la vida citadina que estos sustentaban se sumieron en la desorganización y la decadencia.
Sin embargo, a pesar de la desaparición de la vida urbana, la vida rural de la región persistió incluso durante los tiempos de los mogoles. Ejemplo de ello es el cercano paso de Margala, parte de una importante ruta este-oeste, que aún preserva la función que realizaba en la Antigüedad.
Aunque los restos físicos de Gandhara desaparecieron de Taxila a medida que su flujo vital se apagaba, su esencia geográfica continuó, en parte, manteniéndola viva. Durante el período mogol la lengua persa transformó el nombre de la ciudad en el moderno Margala, y el modelo urbano dio paso a puestos de avanzada fortificados que aún hoy jalonan el relieve ondulado del lugar. De hecho, hasta los nombres corrientes como Jaulian, «sede de los santos», y Bir Dargahi, derivado de pir, santo, cuyo significado es «hogar sagrado del santo», demuestran que la naturaleza religiosa del sitio continuó cambiando junto con todo el paisaje cultural. Hoy día existen ermitas de santos musulmanes próximos a los más antiguos establecimientos monásticos, o en algunos casos dentro de ellos, como es el caso de Mohra Mradu. Esto demuestra que en efecto, aunque los signos externos de Taxila, en tanto que centro de la civilización Gandhara, se desvanecieron, el alma de Taxila como centro espiritual continuó viva, y se adaptó al nuevo paradigma.
Interesado en el estudio de las migraciones, costumbres, las artes y religiones de distintas culturas; descubrimientos geográficos y científicos. Vive en La Habana. En la actualidad traduce y edita libros y artículos para la web.
Escrito por Muhammad Bin Naveed, publicado el 23 julio 2015. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.