Calígula (12-41 d.C.) fue el tercer emperador romano, que reinó entre los años 37 y 41 d.C. Miembro de la dinastía Julio-Claudia, llegó al poder tras la muerte de su tío abuelo Tiberio. Las fuentes antiguas afirman que, en un principio, fue un gobernante popular, pero que, al cabo de solo unos meses, cedió a sus impulsos sádicos, depravados y paranoicos y comenzó a gobernar mediante el terror. Fue asesinado el 24 de enero del año 41 d.C. por miembros descontentos de la Guardia Pretoriana.
Infancia y familia
El niño que se convertiría en Calígula nació como Cayo Julio César Germánico el 31 de agosto del año 12 d.C. en Anzio. Era el tercer hijo superviviente del popular general romano Germánico, quien, como sobrino e hijo adoptivo del emperador Tiberio, era el heredero aparente del Imperio romano. Su madre, Agripina la Mayor, no era menos distinguida, ya que era la nieta favorita de Augusto, el primer emperador romano (o princeps). Germánico y Agripina, una pareja apuesta y elegante, eran el matrimonio de oro del mundo romano, y sus hijos también recibían la misma adoración. Cuando Germánico tomó el mando de las legiones de la frontera del Rin, se llevó consigo a Cayo, de dos años. Allí, gateando por el campamento con un uniforme militar en miniatura, Cayo se ganó el corazón de los soldados de su padre, quienes le pusieron el cariñoso apodo de «botitas militares» o «Calígula».
Apenas había cumplido los veinte cuando se murió su madre, y Calígula comprendió que su proximidad al trono suponía una amenaza para el emperador.
Pero la popularidad de Germánico y su familia acabaría siendo su perdición. En octubre del año 19 d.C., Germánico enfermó y murió mientras realizaba una gira diplomática por las provincias orientales. Rápidamente se extendieron los rumores de que lo habían envenenado y, de hecho, Agripina sospechaba de la complicidad del propio emperador Tiberio. No era ningún secreto que el viejo y paranoico emperador sentía celos de su heroico y joven heredero, lo que llevó a Agripina a creer que él había ordenado en secreto el asesinato de su marido. Esta acusación tácita provocó una ruptura entre Agripina y Tiberio que culminó en el año 29 d.C., cuando Tiberio la exilió a la isla de Pandateria. Allí sufrió terriblemente; según el historiador Suetonio, le dieron tales palizas que perdió un ojo. Nunca regresó del exilio y acabó muriendo allí de inanición en el año 33 d.C.
Rehén en Capri
Con apenas veintipocos años cuando murió su madre, Calígula comprendió que su proximidad al trono suponía una amenaza para el emperador. Sus dos hermanos mayores, Nerón y Druso, ya habían despertado las sospechas de Tiberio y habían pagado el precio: tras ser declarados enemigos del Estado en el año 30 d.C., fueron enviados al exilio, donde ambos murieron en años. Por esa misma época, Calígula fue convocado a la isla de Capri, donde el solitario Tiberio celebraba su corte lejos de las miradas indiscretas de Roma. Era dolorosamente obvio que el emperador lo había llevado allí no para que actuara como su tutor, sino para vigilar de cerca sus actividades. Prácticamente un rehén, Calígula sabía que un solo paso en falso, incluso una expresión facial desagradable, podría acarrearle el mismo destino que a su madre y sus hermanos. Por ello, se aseguró de no mostrar ningún signo de ira o dolor. Suetonio escribe que «se comportaba como si nada le hubiera ocurrido a su familia y como si su ruina se le hubiera olvidado por completo» (Suetonio, Vida de Cayo, 10).
Esta actitud despreocupada le ayudó a mantenerse con vida. También lo hizo su amistad con el prefecto de la Guardia Pretoriana, Nevio Sutorio Macrón. Intuyendo que una amistad temprana con el joven príncipe podría allanar su propio camino hacia el poder, Macrón apoyó a Calígula y no escatimó esfuerzos para convencer a Tiberio de que era obediente y leal. Finalmente, el emperador bajó la guardia lo suficiente como para concertar un matrimonio entre Calígula y Junia Claudilla, la hija del influyente senador Marco Junio Silano. Pero aun así, Tiberio se negó a confiar plenamente en Calígula y lo mantuvo en Capri durante siete años. Fue durante este tiempo, afirma Suetonio, cuando Calígula mostró por primera vez signos de la «crueldad y los apetitos desviados» por los que se haría famoso:
Disfrutaba enormemente observando las agonías y tormentos de los condenados a la tortura, pasaba las noches disfrazado con una peluca y la túnica de una matrona respetable, frecuentando bares de mala muerte y acostándose con las esposas de otros hombres.
(Suetonio, Cayo, 11)
Tiberio no no se molestó en corregir los comportamientos desviados de Calígula. De hecho, el hastiado anciano emperador parecía disfrutar con la idea de que estaba «criando una víbora» para el pueblo romano. No es que esperara que Calígula le sucediera de todos modos. En vez de eso, prefería a su nieto, el adolescente Tiberio Gemelo, como su heredero. La mayoría de los amigos y consejeros de Tiberio coincidían en que había pocas posibilidades de que el emperador permitiera que el hijo de su odiada rival Agripina le sucediera en el poder; Trasilo, un confidente cercano de Tiberio, llegó a bromear una vez diciendo que Calígula tenía tantas posibilidades de cruzar el mar a caballo como de convertirse en emperador de Roma. Pero Tiberio también reconocía que era un anciano que no viviría mucho más tiempo, y que Gemelo aún era demasiado joven para reinar por su cuenta. Así pues, en el año 35 d.C., nombró a Calígula y a Gemelo herederos conjuntos en su testamento. Esta decisión tendría una trascendencia enorme para el destino del imperio.
Calígula se convirtió en el primer emperador en adquirir todos sus poderes de una sola vez, en lugar de ir acumulándolos poco a poco.
Tiberio murió el 16 de marzo del año 37 d.C. Aunque muchas fuentes coinciden en que su muerte fue natural, otras afirman que pudo haber sido precipitada por Calígula y Macrón, quienes supuestamente asfixiaron al anciano con sus propias sábanas. En cualquier caso, no tardaron en proclamar emperador a Calígula: los poderosos amigos que se había hecho en Capri, entre ellos Macrón y su suegro Silano, habían reunido el apoyo necesario tanto en el Senado como en el Ejército romano. Gracias a su influencia, el Senado desheredó a Gemelo del testamento de Tiberio para que Calígula no tuviera que compartir el poder. El 28 o 29 de marzo, entró en Roma y fue recibido por el Senado, que le concedió apresuradamente «el derecho absoluto a decidir sobre todo» (citado en Holland, 259). Con este acto se convirtió en el primer emperador en adquirir todos sus poderes de una sola vez, en lugar de ir acumulándolos poco a poco.
Con solo 25 años cuando tomó el poder, Calígula fue inicialmente bastante popular. Comenzó su reinado con un funeral extravagante para su predecesor y continuó organizando numerosos juegos y espectáculos para deleite del pueblo romano. Anunció el fin de los juicios por traición que habían sido un sello distintivo del régimen de Tiberio y liberó a la mayoría de los presos políticos que aún esperaban la ejecución. Se presentó como un gobernante con vocación de servicio público al abolir impuestos injustos, completar proyectos de construcción inconclusos y obsequiar a cada ciudadano romano con 150 sestercios; los cabezas de familia recibieron el doble de esa cantidad. Conmovió al pueblo al navegar hasta Pandateria para recuperar las cenizas de su madre y su hermano, y llevarlas de vuelta a Roma para su entierro en el Mausoleo de Augusto. Realmente el imperio pareció prosperar durante los primeros meses del reinado de Calígula, que algunos comentaristas antiguos llegaron a calificar incluso de edad de oro.
Pero entonces, con la rapidez de un rayo, todo cambió. En algún momento a mediados de octubre del año 37 d.C., Calígula cayó gravemente enfermo. Se desconoce exactamente qué padecía: algunas fuentes antiguas sospechan que fue una crisis nerviosa, mientras que otras apuntan a la epilepsia o a alguna otra enfermedad mortal. Durante aproximadamente un mes, pareció que estaba al borde de la muerte. Macrón y Silano, temerosos de perder sus propios cargos si fallecía, se apresuraron a buscar un sucesor al que pudieran controlar fácilmente. Naturalmente, recurrieron a Gemelo, que para entonces tenía 18 años y podía ocupar legalmente un cargo público. Pero justo cuando estaban allanando el camino para el ascenso de Gemelo, Calígula se recuperó milagrosamente. El emperador se horrorizó al descubrir que sus aliados más cercanos parecían haberlo abandonado justo cuando se encontraba más débil. Para un hombre que había estado a un paso de la muerte durante la mayor parte de su vida, aquello le pareción una traición imperdonable.
El primero en sufrir su venganza fue Gemelo. Acusado de traición, el desafortunado joven príncipe recibió la visita de dos altos funcionarios que le obligaron a beber veneno. Luego le siguió Macrón, el hombre que probablemente había hecho más que nadie por salvar la vida de Calígula en Capri y llevarlo al poder en Roma. Al principio, el emperador fingió recompensar a Macrón nombrándolo para el prestigioso cargo de gobernador de Egipto. Pero cuando llegó a Ostia para embarcar hacia su nueva provincia, Macrón fue arrestado, destituido de su cargo y obligado a suicidarse. Solo quedaba Silano, quien, a diferencia de los demás, vio venir lo que se avecinaba. Consciente de que había caído en desgracia ante su yerno, se fue a casa y se cortó el cuello. La facilidad con la que Calígula había despachado a sus parientes y aliados más cercanos sin duda inquietó a muchos en el Senado. Pero lo que no sabía era que lo peor estaba aún por llegar.
Un princeps monstruoso
«Pero basta ya del princeps», escribe Suetonio a mitad de su biografía de Calígula. «Lo que ahora queda por describir es el monstruo» (Suet., Cayo, 22). De hecho, a los escritores antiguos les pareció que algo había cambiado en Calígula tras su recuperación. Ya no le importaba ser un gobernante popular, sino que se entregó a sus impulsos más paranoicos, crueles y depravados. Esto se hizo más evidente en el caso de Atanio Segundo, un ecuestre (caballero) que había prometido tontamente luchar en la arena de gladiadores si los dioses le concedían a Calígula una recuperación completa. Sin duda, Atanius solo había dicho esto para halagar al emperador, pero Calígula no tenía paciencia para la adulación descarada y le obligó a cumplir su promesa. El desventurado Atanius no tenía ninguna posibilidad frente a un gladiador entrenado y, en poco tiempo, estaban sacando su cadáver con un gancho.
El trato que Calígula le dispensó a un hombre de alto rango como Atanio delataba un desprecio por todo el orden social. Resentía especialmente a la élite romana, temeroso de que siempre estuvieran conspirando contra él. En el año 38 d.C., reinstauró los mismos juicios por traición que había abolido el año anterior; los presos políticos a los que había liberado fueron detenidos de nuevo, al igual que docenas de personas que habían cometido algún tipo de delito. Suetonio escribe que Calígula mandó desfigurar con hierros candentes a varias personas de rango honorable antes de condenarlas a las minas, a ser despedazadas por bestias salvajes o a ser serradas por la mitad. Cuando un ecuestre que había sido arrojado a las bestias protestó en voz alta por su inocencia, Calígula lo sacó de la arena, le arrancó la lengua y lo volvió a arrojar dentro. Suetonio añade que cuando Calígula mandaba ejecutar a alguien, solía hacerlo mediante cortes repetidos y delicados, de modo que «el hombre muriera sabiendo que estaba siendo ejecutado a cuchillo» (Suet., Cayo, 29).
Calígula parecía sentir un placer sádico al atormentar a los ricos y poderosos de Roma. En una ocasión, mientras cenaba con los dos cónsules, se echó a reír de repente; cuando le preguntaron qué le hacía tanta gracia, respondió que era simplemente la idea de que «¡con un solo gesto podría hacer que os cortaran el cuello a cualquiera de los dos aquí y ahora!» (Suet., Cayo, 33). En otra ocasión, humilló a su tío Claudio, senador, haciendo que lo arrojaran a un río. Por supuesto, también está el famoso caso en el que Calígula amenazó con nombrar cónsul a su caballo de carreras favorito, Incitatus. Aunque esto se ha utilizado tradicionalmente como prueba de la locura del emperador, es más probable que lo dijera en broma para burlarse del cargo, como si dijera: «los cónsules sois tan inútiles que igualmente podría nombrar a un caballo». Pero la forma más descarada de afirmar su autoridad sobre el Senado fue declarándose dios y exigiendo que se le adorara como tal.
Hermanas y esposas
Es bien sabido que Calígula quería a sus tres hermanas, Agripina la Menor, Julia Drusila y Julia Livila. Al fin y al cabo, habían pasado por muchas cosas juntos, sobreviviendo a la destrucción de su familia durante los días lúgubres del reinado de Tiberio. Al principio de su reinado, Calígula las colmó de grandes honores y privilegios, llegando incluso a acuñar monedas que las representaban como deidades. Sentía un cariño especial por Drusila, a quien quizá quiso más que a nadie en su vida. De hecho, algunas fuentes antiguas los acusan de haber mantenido una relación incestuosa (aunque hay que señalar que estos rumores no salieron a la luz hasta décadas después de los hechos). La casó con su amigo íntimo, Marco Emelio Lépido, bisnieto del antiguo triunviro con quien compartía nombre, con quien también se decía que había mantenido una relación sexual. En el año 38 d.C., Calígula nombró a Lépido su heredero, pero en realidad era a Drusila a quien le estaba confiando el imperio. Así pues, no podemos sino imaginarnos la gran angustia de Calígula cuando Drusila falleció ese mismo año.
Demasiado abrumado por el dolor como para asistir siquiera al funeral, pasó el tiempo encerrado en su villa de campo. Cuando regresó a Roma, Drusila fue declarada oficialmente divina, y se erigieron estatuas de oro en su honor en el Senado y en el templo de Venus Genetrix. Pero incluso mientras lloraba a su hermana, Calígula tomaba nuevas esposas. Su primera esposa, Claudila, probablemente había fallecido en el año 37 d.C. Después de ella, se casó dos veces más, pero se divorció de ambas sucesivamente: de la primera porque había permanecido fiel a su antiguo marido, y de la segunda porque era estéril. El cuarto matrimonio de Calígula, con una mujer llamada Cesonia, resultó más sólido. Los escritores de la Antigüedad no podían entender el enamoramiento de Calígula por Cesonia, a quien describían como una mujer poco atractiva con fama de llevar una vida lujosa y de baja moral. El propio Calígula no parecía entenderlo y una vez dijo que sentía ganas de torturarla para averiguar por qué la amaba tan apasionadamente. En cualquier caso, ella le dio su primera y única hija, a la que llamó Julia Drusila en honor a su amada hermana.
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Alemania y Gran Bretaña
A finales del año 39 d.C., Calígula llegó a Alemania para tomar el mando de las legiones del Rin. Tras haber aterrorizado con éxito al Senado hasta someterlo, ahora buscaba emular a su padre obteniendo victorias militares. Sin embargo, el hecho de que no supiera cómo dirigir un ejército pronto se hizo dolorosamente evidente. Cuando su mediocre campaña contra las tribus germánicas terminó en fracaso, descargó su frustración recurriendo a viejos hábitos, es decir, acusando a la gente de traición. Primero arrestó a Getúlico, uno de sus generales, acusado de «complots nefastos», y lo mandó ejecutar. Lépido también cayó bajo sospecha de traición y fue obligado a suicidarse, una rápida caída en desgracia para un hombre que hasta hacía poco había sido el heredero del emperador y posiblemente su amante. Calígula también se enfadó con sus dos hermanas supervivientes, a quienes envió al exilio, antes de subastar sus propiedades. Las sospechas paranoicas de Calígula lo estaban dejando cada vez más aislado.
En el año 40 d.C., consiguió la anexión de Mauretania, uno de los reinos clientes más importantes de Roma en el norte de África. Envalentonado por este éxito, comenzó a planear una invasión de Britania e incluso reclutó dos legiones nuevas para la ocasión. Pero, por una u otra razón, la invasión nunca se materializó. Aunque las fuentes antiguas culpan a la propia cobardía de Calígula, es más probable que los soldados se amotinaran: la infame historia de que Calígula hiciera recoger conchas marinas a sus hombres en las playas del Canal de la Mancha podría haber sido algún tipo de ejercicio disciplinario. No obstante, más adelante ese mismo año, el emperador estaba decidido a celebrar su poder. Mandó construir un imponente puente de pontones desde el balneario de Bayas a través del golfo de Nápoles. En el transcurso de una espléndida celebración de dos días, Calígula cruzó el puente a caballo, llevando la supuesta coraza de Alejandro Magno. Probablemente se trató de una respuesta grandilocuente a la predicción anterior de Trasilo de que Calígula tenía tantas posibilidades de convertirse en emperador como de cruzar el mar a caballo.
Asesinato
Calígula no solo dirigía su cruel sentido del humor hacia los senadores. Casio Querea era miembro de la Guardia Pretoriana, un veterano de la frontera del Rin a quien habían utilizado a menudo para llevar a cabo el trabajo sucio del emperador. Aunque era un hombre de aspecto imponente, Querea tenía una voz suave y aguda de la que Calígula se burlaba constantemente por considerarla afeminada. El emperador llamaba a Querea «chica» y le daba lemas destinados a insultar su virilidad, como «Venus». Hasta que un día Querea dijo basta. El 24 de enero del año 41 d.C., Calígula pasaba por un callejón cercano a su palacio cuando se le acercaron Querea y otro tribuno pretoriano, Cornelio Sabino. Siguiendo el protocolo, Querea le pidió la consigna del día. Cuando Calígula le dio una insultante, Querea levantó de repente su espada y se la hundió en la clavícula.
El golpe no fue mortal: con los ojos muy abiertos por la conmoción y la sangre brotándole de la herida, Calígula se tambaleó hacia delante, pero Sabino lo agarró y lo inclinó sobre su rodilla. Ambos pretorianos continuaron apuñalando al emperador hasta que murió, con el cuerpo destrozado e irreconocible. Los asesinos acorralaron entonces a la esposa de Calígula, Cesonia, que se acurrucaba junto a su hija. Cesonia aceptó estoicamente su destino, diciéndoles a los hombres que «terminaran el último acto de la tragedia» (citado en Holland, 293), y así lo hicieron: primero le cortaron el cuello a ella y luego le reventaron el cráneo a su hija contra la pared. Con la muerte de Calígula surgió un rayo de esperanza de restaurar la República romana. Sin embargo, tales esperanzas se frustaron rápidamente cuando los pretorianos proclamaron emperador a Claudio, el tío de Calígula; supuestamente, lo habían encontrado acurrucado detrás de una cortina.
A pesar de tener apenas 28 años cuando fue asesinado, Calígula ha pasado a la historia como uno de los gobernantes más desquiciados, y su nombre es sinónimo de excesos asesinos y tiranía. Aunque esta reputación es sin duda merecida en cierta medida, es importante recordar que la mayoría de quienes escribieron sobre él pertenecían a la clase senatorial que odiaba y tenían buenas razones para mancillar su nombre; en otras palabras, es mejor tomar con cautela algunos de los hechos sobre su crueldad. Aunque quizá nunca sepamos la verdad sobre quién era realmente Calígula, su nombre y su legado ocupan un lugar destacado en la historia del Imperio romano.
Calígula es famoso por su crueldad, así como por ser el primer emperador romano que murió asesinado.
¿Cómo se quedó con el nombre de Calígula?
«Calígula» es un sobrenombre que significa «botitas» y deriva del uniforme en miniatura que llevaba de niño mientras estaba con su padre Germánico de campaña.
¿Cómo llegó Calígula a ser emperador?
Con ayuda de aliados influyentes, Calígula se hizo con el poder al desheredar a su pariente Gemelo. Después, afianzó su poder al ordenar matar a Gemelo.
¿Cuáles fueron algunos de los primeros logros de Calígula?
Entre los logros tempranos de Calígula se cuentan haber terminado varios proyectos arquitectónicos y la reconstrucción de templos en ruinas. Terminó con los juicios por traición instituidos por Tiberio, hizo volver a algunos exiliados y le dio bonificaciones a la Guardia Pretoriana.
¿Cómo murió Calígula?
Calígula murió tras cuatro años como emperador en enero de 41 d.C. Murió a manos de ciertos miembros de la Guardia Pretoriana liderados por Casio Querea, que había sido el objetivo constante de los insultos de Calígula. Su esposa Cesonia y su hija también fueron asesinadas.
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.
Harrison Mark es un investigador histórico y escritor para World History Encyclopedia. Se graduó de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Oswego, donde estudió historia y ciencias políticas.
Escrito por Harrison W. Mark, publicado el 17 February 2026. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.