El funeral romano era un rito de paso que implicaba el tránsito entre los estados de la vida y la muerte. Era muy importante realizar las ceremonias y el enterramiento de la forma adecuada para evitar que volviese del inframundo un espíritu maligno. Aunque no ha llegado hasta nuestros días una descripción directa de las prácticas funerarias romanas, existen numerosas fuentes antiguas que hablan de funerales que tuvieron lugar en la Antigüedad. En general, un funeral romano constaba de cinco partes: el cortejo, la incineración e inhumación, el panegírico, el banquete y la conmemoración.
El cortejo
Lo que definía al cortejo fúnebre era el desplazamiento de personas, tanto vivas como muertas, y el ruido tremendo que hacía. Cuanto más rico y famoso había sido en vida el difunto, más ostentación haría de mimos y músicos el cortejo fúnebre. Para los pobres, puede que solo sonase la música de algunas flautas.
Las plañideras profesionales constituían una buena parte del cortejo. Se trataba de mujeres que no pertenecían a la familia del difunto y a las que se les pagaba por participar. Según las fuentes, no solo gemían a pleno pulmón, sino que se arrancaban el pelo y se arañaban la cara literalmente en señal de duelo. Un buen número de plañideras profesionales significaba que el difunto había sido una persona muy rica y poderosa.
Los libertos o clientes del difunto también participaban en el cortejo para mostrarle respeto a su patrono. Actores con imagines (máscaras ancestrales) constituían el siguiente tramo del cortejo. Estos actores se disfrazaban de los antepasados del difunto e imitaban su imagen pública. El culto a los ancestros era fundamental en las creencias que los antiguos romanos tenían sobre la vida y el más allá. Hasta que no hubiesen pasado los actores disfrazados de antepasados, no se trasladaba al difunto. El cuerpo se transportaba en andas en una especie de camilla o litera. La familia del difunto iba a continuación y señalaba el final de lo que era, en muchos sentidos, un cortejo mucho mayor que el que podría verse en una boda.
Se creía que, hasta que no se hubiese enterrado el cuerpo, la sombra (espíritu) no cruzaba la laguna Estigia.
La incineración y el enterramiento
En caso de incineración, el cuerpo se llevaba a una necrópolis (cuyo significado etimológico es «ciudad de los muertos»), se colocaba sobre una pira funeraria y se quemaba. Tanto las cenizas como los fragmentos de huesos y dientes que no se hubiesen pulverizado se introducían en una urna funeraria. Se creía que, hasta que no se hubiese enterrado el cuerpo, la sombra (espíritu) tampoco cruzaba la laguna Estigia (la masa de agua que separaba el mundo de los vivos del mundo de los muertos). Esto llevaba a pensar que la impresión psíquica del difunto permanecía entre sus familiares y amigos y que el espíritu se enfurecería si decían algo malo de él.
Aunque la incineración fue el procedimiento más habitual desde la fundación de Roma hasta mediados del siglo II d.C., la inhumación o enterramiento acabó imponiéndose como método preferido. El cuerpo se introducía en un féretro denominado en latín sarcophagus (sarcófago), por lo general de grandes dimensiones y profusamente decorado. El cuerpo se enterraba sin posesión alguna. Esta práctica, aunque antiquísima en toda la cuenca mediterránea, apenas se utilizó en Roma, sobre todo mientras la incineración fue el método más habitual.
En el Egipto romano, se colocaba en la cara frontal del sarcófago un retrato pictórico del difunto increíblemente realista. Para los romanos, era de suma importancia que se conociese el aspecto de la persona fallecida. Como resultado, estas pinturas eran tan realistas que parecían fotografías modernas. Este grado de competencia técnica a la hora de representar el rostro humano no volvió a alcanzarse en ninguna parte del mundo hasta, por lo menos, 600 o 700 años después.
El panegírico
Si la persona fallecida era un miembro destacado de la sociedad o si había dejado una huella profunda en su familia, esta ofrecería un panegírico en el funeral. Han sobrevivido hasta nuestros días muchos de los panegíricos recitados en funerales romanos.
El banquete
Ningún funeral estaba completo sin el banquete ritual que lo remataba. El funeral era el hito final que le indicaba a la persona fallecida que podía continuar su viaje al inframundo y que su familia seguiría adelante con su vida.
Una vez enterrado o incinerado el cuerpo, el difunto todavía necesitaba que lo recordasen. El Estado romano reservaba ciertos días al año para conmemorar a los seres queridos, como era el caso de las fiestas parentales (Parentalia), que se celebraba entre el 13 y el 21 de febrero para recordar a los antepasados de la familia. Además, cada familia tenía sus propios días para conmemorar a sus difuntos.
Se creía que, si la familia de la persona fallecida se congregaba en su tumba y realizaba una ofrenda, esto activaría y apaciguaría a la sombra del difunto (es decir, que la sombra o espíritu recordaría algunos detalles de su vida, por lo que no seguiría vagando por el inframundo sin recuerdo alguno de su existencia).
La muerte de un emperador
Cuando moría un emperador, se le enterraba dentro de la ciudad. Este era un honor reservado solo para las personas más ilustres y excepcionales; a la mayoría de los romanos se los enterraba fuera de la ciudad.
También se creía que los emperadores no se convertían en sombras (espíritus), como sí que les sucedía a los demás; en cambio, se convertían en dioses mediante el proceso de la apoteosis. Como tales, la conmemoración del emperador era mucho más impresionante y también se erigían monumentos mucho más caros. La columna de Trajano, bajo la cual se enterraron las cenizas del optimus princeps o mejor gobernante, es uno de los monumentos más famosos de la antigua Roma.
Soy una traductora autónoma del inglés e italiano al español especializada en los campos del turismo y la historia. A mis yayos y sus relatos del pasado les debo mi pasión por esta última.
Escrito por Steven Fife, publicado el 18 enero 2012. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.