Gran revuelta judía del año 66 d.C.

harryoates
por , traducido por Kathleen A. Mijares
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El Imperio romano a inicios del siglo I d.C. se consideraba el imperio perfecto. La excelente capacidad de los militares romanos se utilizaba para expandir el imperio, y una vez que los territorios estaban suficientemente pacificados, se instalaba el poder político romano desde la capital del imperio hasta los gobiernos locales de los territorios.

Perfectamente equilibrado en una mezcla de poder duro (ocupación e intervención militar para mantener la ley romana e instaurar la religión romana) y el poder suave (entretenimiento, tecnología y comercio), generalmente el Gobierno romano se aceptaba y disfrutaba en casi todos los lugares donde el imperio se extendía. Por ejemplo, algunos súbditos del dominio romano preferían renunciar a su libertad religiosa a favor del culto a César que les otorgaría beneficios de higiene pública.

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The Siege and Destruction of Jerusalem
Sitio y destrucción de Jerusalén David Roberts (1796-1864) (Public Domain)

Dominio romano en Palestina

Palestina había estado bajo influencia helenística durante mucho tiempo. Desde el 312 a.C., y bajo Seleuco I Nicátor, la cultura griega había prosperado. Sin embargo, después de la dinastía asmonea, esta helenización trascendió la influencia cultural griega y la forma de vida cosmopolita. Con la romanización de las clases judías helenizadas hubo un resurgimiento de la corrupción que anteriormente había estallado bajo Antíoco IV Epífanes y el dominio seléucida. Los griegos locales y la élite judía helenizada apoyaban a los romanos y, evidentemente, disfrutaban de los lujos que los romanos ofrecían. La élite judía se volvió más consciente de su posición superior en la sociedad e hizo todo lo posible por mantener el statu quo. Los saduceos, la élite que los romanos favorecían, tenía la mayoría del Sanedrín (el consejo gobernante) y defendían a Herodes, el rey cliente de Roma.

Por otro lado, no todos los judíos apoyaban la postura herodiana. Los fariseos (que, según algunos, se fusionaron con los zelotes) la rechazaban completamente y se indignaban por los avances que el helenismo seguía haciendo en la religión judía. Los romanos, sin proponérselo, habían fomentado una división de clases en la religión judía que se había creado bajo el reinado de los seléucidas.

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La corrupción arraigada del procurador romano designado por el Senado se trasladó a las autoridades locales judías y no judías. Todos ignoraron la delicada situación de los judíos. La mayor parte de las ganancias de los bienes que se vendían en los mercados de Jerusalén no se destinaban a la economía judea, sino que iban directamente a la élite, lo que enfurecía al judío común.

Según Josefo, un historiador judío romano contemporáneo que luchó junto al pueblo judío en la revuelta, la ineptitud absoluta de los gobernantes romanos de la provincia fue la principal causa de la ira judía. La indiferencia y la maldad de los gobernadores de Judea eran un reflejo de la maldad de los emperadores en Roma. Cuando Poncio Pilato fue nombrado por las autoridades romanas para asumir el cargo de procurador de Jerusalén en el año 27 d.C., las relaciones entre el judío común y el pueblo romano estaban destruidas. Pilato compartía el mismo desprecio por los judíos que el emperador Tiberio y rápidamente instauró un nuevo tipo de culto para reemplazar la religión judía en la zona.

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En el año 64 d.C., Gesio Floro gobernaba Judea. Sentía la misma indiferencia hacia la población judía que Pilato, pero no poseía el intelecto político para calmar a la tensa sociedad judía cuando las cosas se complicaron. En otras palabras, como afirma Josefo, Floro era incompetente.

Rebelión

La división artificial de clases, la corrupción tanto de los Gobiernos locales como del Senado en la zona, y el profundo desprecio hacia el pueblo judío provocaron un motín en Cesarea en el año 66 d.C. Allí, los zelotes, un grupo de judíos antiélite no helenizados, eliminaron a los griegos pertenecientes a la élite respaldados por los romanos que habitaban la zona.

Gesio Floro, en un arrebato de soberbia, saqueó el Santo Templo para financiar el culto a César y erigió estatuas del emperador Nerón y de sí mismo con el dinero que tomó. Esto, naturalmente, enfureció al pueblo judío. El templo no solo era el centro de la vida social y religiosa de los judíos, sino que también era un signo de la presencia de Dios en la Ciudad Santa. Cuando Floro saqueó el templo y ordenó a los residentes cercanos que siguieran su forma de politeísmo alrededor de él, insultó gravemente a la religión judía. La población se rebeló. Ataques aleatorios contra ciudadanos romanos siguieron en toda Judea, particularmente en las ciudades del norte. Allí, en áreas como Narbata, el pueblo judío derrocó al Gobierno romano.

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En respuesta a esta victoria judía, la legión romana en Siria, respaldada por la vecina Legio IV Scythica, intentó sofocar la rebelión judía. Los romanos sirios tomaron grandes áreas del norte de Judea y Galilea que se habían rebelado sin mucho esfuerzo. Sin embargo, los romanos se dispersaron demasiado y fueron emboscados y derrotados en la costa de Judea en la batalla de Ben-Horón. Esta fue una gran victoria para los rebeldes. Los romanos de Siria abandonaron sus puestos y huyeron al norte.

El emperador Nerón, enojado por la insolencia de los rebeldes judíos, envió al general romano Vespasiano para destruir los ejércitos rebeldes y castigar a los ciudadanos de la provincia de Judea.

Vespasiano y su hijo Tito regresaron más fuertes a Judea con más hombres y masacraron a casi todos los alborotadores judíos en Cesárea y el norte de Galilea. Alrededor de 10.000 judíos fueron asesinados o vendidos como esclavos.

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Romanos en la puerta

Los alborotadores judíos restantes huyeron de Cesárea a Jerusalén; allí, el pueblo judío dejó de pagar impuestos en el Templo y asesinó indiscriminadamente a los soldados romanos que estaban instalados ahí.

Los zelotes y los sicarii tomaron por asalto la guarnición militar romana en Jerusalén. Esta fue una victoria esperanzadora para la población judía, dado que el apoyo a los zelotes en la ciudad creció. No obstante, esta sensación de dominio judío sobre los romanos fue de corta duración.

Para el año 67 d.C., los romanos bajo Vespasiano y Tito habían recuperado toda Judea y habían matado a los rebeldes judíos que quedaban. Las fortalezas judías de Jotapata, tras un asedio de 47 días, quedaron bajo control romano. Los romanos marchaban directamente a Jerusalén.

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La perspectiva de los líderes judíos en Jerusalén, principalmente los saduceos de Jerusalén, había cambiado drásticamente de euforia a pánico. Sabían que la revuelta no tendría éxito por mucho tiempo y suplicaron a los zelotes que se rindieran pacíficamente para salvar tantas vidas judías como fuera posible. Los zelotes se negaron.

Anticiparon la insurrección que sin duda habría llegado si los líderes judíos más moderados hubieran sido escuchados por la población común. Como resultado, los zelotes y los fanáticos sicarii los ejecutaron públicamente y colgaron sus cadáveres para que todos pudieran ver las consecuencias de predicar mensajes insurgentes de paz. Los líderes moderados de Jerusalén al comienzo de la revolución en el año 66 d.C. habían sido asesinados en el año 68 d.C., y ninguno de ellos a manos de los agresores romanos.

Poco antes del sitio de Jerusalén, estalló una guerra civil en Roma. Vespasiano se convirtió en el nuevo emperador en el año 69 d.C., y Tito, el segundo al mando en la guerra, tomó las riendas. En el año 70 d.C., los romanos estaban sitiando los muros de Jerusalén.

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Una vez que el pánico se hubo desatado, no había manera de revertirlo. Por mucho que los zelotes lo intentaran, sabían que la diversidad de opiniones entre las distintas facciones judías era un obstáculo para el liderazgo zelote dentro de la ciudad. Querían una guerra total en lugar de la guerra de atrición que algunos habían planeado. Los zelotes, liderados por Juan de Giscala, decidieron comprometer aún más a la población en la revolución quemando los cultivos y los alimentos secos que los fariseos y saduceos habían almacenado esperando el sitio romano.

Esto funcionó hasta cierto punto. Según Josefo, casi un millón de judíos de ambos sexos, incluidos los niños, se alistaron para defender la ciudad después de la quema de los alimentos. También tuvo consecuencias devastadoras. Los habitantes de la ciudad y los soldados murieron de hambre o, como mínimo, sufrieron desnutrición.

Con el paso de los días, el Ejército romano aceptó que la única forma de reconquistar la ciudad era montar un campamento justo fuera de las murallas. Era un método de lucha a distancia. Cualquiera que intentara escapar de la ciudad era crucificado y colocado en una cruz o en una pared que daba a la ciudad. Aterrorizados, los judíos dentro de las murallas sabían que tenían que luchar o correr un alto riesgo de morir de la manera más deshonrosa posible.

Ataque a Jerusalén

Finalmente, después de una batalla de siete meses a distancia, los romanos habían dañado lo suficiente las murallas de la ciudad como para poder romperlas. En el verano del año 70 d.C., los soldados romanos penetraron en la ciudad. La evidente superioridad militar se mostró cuando los romanos obligaron a los zelotes a luchar en las calles. Los romanos destruyeron y quemaron la ciudad, masacrando al pueblo judío a su paso.

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Los zelotes y los sicarii se refugiaron en el Templo. La legión romana, tras varios intentos de romper las murallas, prendió fuego al Santo Templo. El lugar que una vez dio esperanza a miles de judíos fue destruido. Según los judíos, Dios ya no estaba en la ciudad. Este fue el golpe más devastador de los romanos a Judea. El resto de la ciudad fue saqueada y quemada hasta los cimientos poco después de la caída del Templo. Los romanos aplastaron la resistencia judía restante. Jerusalén estaba completamente bajo control romano en septiembre de 70 d.C.

Temple of Solomon Treasure, Arch of Titus
Tesoro del Templo de Salomón, Arco de Tito Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

Desenlace de la gran revuelta

Josefo afirma que en total, más de un millón de judíos fueron asesinados. Muchos fueron vendidos como esclavos y llevados de vuelta a Roma. Setenta mil esclavos judíos construyeron el Coliseo. En Judea, el Templo fue destruido y nunca se reconstruyó, lo que instigó una nueva forma de judaísmo: el judaísmo rabínico. Los rabinos eran ahora la figura central de la religión, tomando el relevo del Sumo Sacerdote. La sinagoga se convirtió en el centro de la vida judía y, con la diáspora, la Torá se convirtió en la fuente de sabiduría más valiosa para el pueblo judío.

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Bibliografía

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Sobre el traductor

Kathleen A. Mijares
Kathleen A. Mijares es una traductora voluntaria. Cree firmemente que comprender nuestro pasado colectivo nos ayuda a entender el presente y nos guia hacia el futuro, una convicción que la motiva a continuar con su trabajo.

Cita este trabajo

Estilo APA

harryoates. (2025, noviembre 07). Gran revuelta judía del año 66 d.C.. (K. A. Mijares, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-823/gran-revuelta-judia-del-ano-66-dc/

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harryoates. "Gran revuelta judía del año 66 d.C.." Traducido por Kathleen A. Mijares. World History Encyclopedia, noviembre 07, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-823/gran-revuelta-judia-del-ano-66-dc/.

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harryoates. "Gran revuelta judía del año 66 d.C.." Traducido por Kathleen A. Mijares. World History Encyclopedia, 07 nov 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/2-823/gran-revuelta-judia-del-ano-66-dc/.

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