El oro de Witwatersrand y la creación de Sudáfrica
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El descubrimiento de oro en Witwatersrand en el Transvaal en 1886 junto con el de diamantes en Kimberley en 1867 transformó toda la región del sur de África. El «Rand» resultó ser el mayor yacimiento de oro del mundo, lo que provocó una inmigración masiva, dio lugar a la urbanización y, con el fin de que los propietarios de las minas maximizaran su riqueza, la creación de una mano de obra africana negra, mal remunerada y segregada. La riqueza de Transvaal, una república bóer, fue una de las causas de las guerras de los bóers, que condujeron a la toma del poder por parte de los británicos y a la creación de la Unión Sudafricana en 1910.
Hasta principios del siglo XIX, el sur de África solo había tenido un interés estratégico real para los británicos, ya que la Colonia del Cabo, fundada en 1806, y el cabo de Buena Esperanza actuaban como un importante punto de escala para los barcos que navegaban entre Gran Bretaña y sus posesiones en Asia, en particular la India británica. Otra colonia británica en la región era Natal, fundada en 1843. Los británicos tenían competencia, no solo por parte de los africanos indígenas, sino también de los bóers. Los bóers o bóeres eran colonos blancos del sur de África de ascendencia holandesa o francesa. El nombre «bóer» significa «granjero». También se les conocía como afrikáners porque hablaban afrikáans. A lo largo de la década de 1830, a medida que los británicos iban prohibiendo la esclavitud y el crecimiento demográfico ejercía una presión excesiva sobre la tierra y los recursos de la zona del Cabo, más de 14.000 bóers emigraron en busca de tierras en otros lugares. Uno de los nuevos territorios se convirtió en la República bóer de Transvaal en 1852; el otro sería el Estado Libre de Orange, fundado en 1854. Hasta entonces, el África meridional había sido en gran parte rural y gozaba de un comercio modesto relacionado con la agricultura, pero su suerte cambiaría de manera radical cuando se descubrieron diamantes en Kimberley en 1867 y, posteriormente, a causa del extraordinario hallazgo de la mina de oro más grande y profunda del mundo.
para 1915, Sudáfrica producía el 40 % del oro mundial.
El descubrimiento del oro
En las décadas anteriores se habían producido algunos hallazgos esporádicos de oro en el Transvaal, pero el descubrimiento más importante suele atribuirse a George Harrison, un buscador de oro australiano que encontró el preciado metal en febrero de 1886 en la granja de Langlaagte, en la cuenca de Witwatersrand. Harrison se mostró bastante satisfecho con su hallazgo, pero de lo que no se dio cuenta, ni él ni nadie en aquel momento, fue que aquel era el comienzo de las excavaciones en un enorme cinturón aurífero de casi 50 km (31 millas) de longitud y 3 km (1,8 millas) de profundidad. Aparte de una delgada capa superficial, no resultaba fácil extraer el oro, ya que la roca era de muy baja ley, con un rendimiento de unos 15 g (5 oz) de oro por tonelada. Esto encarecía la extracción y, al igual que en las minas de diamantes de Kimberley, el número de concesiones se fue concentrando progresivamente en cada vez menos manos, las cuales disponían del capital necesario para adquirir maquinaria costosa. De hecho, los inversores en las minas de oro solían ser precisamente los mismos hombres que habían amasado sus fortunas con los diamantes de Kimberley. Los propietarios de minas más ricos, conocidos como los «Randlords», eran Julius Wernher, Barney Barnato, Alfred Beit y Cecil Rhodes.
Las autoridades coloniales respondieron a la noticia del hallazgo de oro enviando topógrafos para elegir un emplazamiento cercano adecuado donde pudiera vivir la inevitable afluencia de buscadores de oro procedentes de todo el mundo. El emplazamiento elegido acabaría convirtiéndose en la gran ciudad de Johannesburgo. En menos de una década, la joven ciudad contaba ya con 100.000 habitantes, y en 1900 esta cifra había aumentado hasta los 166.000. Johannesburgo se convirtió en la mayor ciudad africana al sur del Sáhara. En sus inicios era un lugar salvaje donde el gasto era tan desenfrenado como la moral. Un contemporáneo describió Johannesburgo como «Montecarlo impuesto sobre Sodoma y Gomorra» (Jackson, 14).
La primera cosecuencia de los descubrimientos de oro, y la más evidente, fue la repentina generación de una riqueza colosal. La República del Transvaal recaudaba 4 millones de libras esterlinas al año solo en concepto de regalías mineras, una cifra que para 1896 se había duplicado. El Transvaal «se transformó en el Estado independiente más rico de África» (James, 101). Fue posible construir su propio ferrocarril desde Johannesburgo hasta Lourenço Marques (la actual Maputo), con lo que pasó a tener acceso a un puerto independiente de cualquier empresa británica. El Gobierno del Transvaal, consciente de las miradas codiciosas de los británicos, comenzó a realizar grandes inversiones en equipamiento militar, importando los rifles, ametralladoras y piezas de artillería más modernos de Francia y Alemania.
El oro parecía inagotable. «En 1890 se exportaba oro por valor de 10 millones de libras, lo que lo convertía en el principal producto de exportación sudafricano; esta cifra había aumentado a 25 millones de libras en 1905 y a entre 45 y 50 millones de libras [5.000 millones de libras actuales] en 1910» (Boahen, 183). Para 1915, Sudáfrica producía el 40 % del oro mundial. Los ricos de todo el mundo compraban acciones de las minas de oro del Transvaal, hasta tal punto que «desde 1886 hasta 1913 se invirtieron entre 116 y 134 millones de libras esterlinas en el Witwatersrand» (Fage, 434). El oro se estaba convirtiendo rápidamente en el patrón monetario internacional, y la demanda era insaciable.
A raíz de esto, la rivalidad británica con las repúblicas bóers se intensificó. Los británicos estaban decididos a crear una federación de Sudáfrica que pudiera hacerse con el control y proteger las lucrativas minas de diamantes y oro. Este plan ya había dado un paso adelante cuando los británicos derrotaron al reino zulú en 1879. Zululandia se convirtió en colonia de la Corona británica en 1887 y fue absorbida por Natal en 1897.
Los bóers del Transvaal lograron repeler a los británicos en la primera guerra bóer, entre 1880 y 1881, pero una década más tarde Gran Bretaña casi había logrado rodear ambas repúblicas bóers. Los británicos se habían hecho con el Protectorado de Basutolandia (la actual Lesoto) en 1884 y con el Protectorado de Bechuanalandia (la actual Botsuana) en 1885. Suazilandia y Pondolandia se sumaron a la variopinta colección de Estados sudafricanos de Gran Bretaña en 1893 y 1894, respectivamente. Las minas del Transvaal llegaron incluso a inspirar a aventureros imperialistas como Rhodes a desplazarse al norte del río Limpopo, con la creencia (que resultó ser errónea) de que allí también se encontrarían sin duda riquezas similares.
Las minas de oro tuvieron consecuencias tanto para el ámbito laboral como para la sociedad en general. Los mineros blancos, de media, recibían más de diez veces el salario de un minero negro. También se animó a blancos de todo el mundo a ir a trabajar a Witwatersrand; en 1896 llegaron 44.000 a las minas. En 1870, África del Sur contaba con unos 250.000 colonos blancos. En 1891, ya eran 600.000. Los bóers, celosos de su posición privilegiada, aprobaron leyes para garantizar que estos nuevos trabajadores blancos, conocidos como «uitlanders» («forasteros»), no pudieran votar y no disfrutaran de los mismos derechos de ciudadanía que los bóers del Transvaal. El presidente del Transvaal, Paul Kruger (1825-1904), aprobó una ley según la cual un inmigrante blanco solo podía votar en las elecciones políticas tras 14 años de residencia.
Se creó la Cámara de Minas para contratar mano de obra barata y no cualificada, y para asegurarse de que siguiera siendo barata.
Los magnates mineros, a quienes Kruger llamaba despectivamente «gold bugs» («obsesionados por el oro»), no estaban muy contentos con las restricciones impuestas al sector más cualificado de su mano de obra. Los propios trabajadores blancos tampoco veían con buenos ojos el hecho de carecer de derecho al voto a pesar de seguir teniendo la obligación de pagar impuestos y de cumplir el servicio militar para el Gobierno del Transvaal. Desde luego, las autoridades coloniales británicas de la Colonia del Cabo y Natal no estaban de acuerdo con la discriminación de Kruger hacia los inmigrantes blancos, por lo que se convocó una conferencia para debatir el tema: la Conferencia de Bloemfontein de junio de 1889. Cuando los británicos dieron por concluida prematuramente esta conferencia, les dieron a los bóers un motivo más de queja contra sus rivales en África meridional.
Para los trabajadores negros, que en 1899 ya sumaban más de un millón en las minas de oro, los prejuicios eran mucho peores. En primer lugar, los propietarios de las minas se esforzaban sin descanso por mantener bajos los costes de mano de obra, sobre todo porque los yacimientos de Witwatersrand eran de baja ley y requerían un uso intensivo de mano de obra y maquinaria. A diferencia de los mineros blancos, a los mineros negros no se les permitía formar sindicatos. Además, los poderosos sindicatos de trabajadores blancos se protegían a sí mismos asegurándose de que los propietarios de las minas no contrataran mano de obra africana más barata para puestos cualificados. En 1899 se creó la Cámara de Minas, y una de sus principales funciones era contratar mano de obra barata y no cualificada, y asegurarse de que siguiera siendo barata. La excusa para pagar salarios por debajo de la media era que a los africanos los solían contratar de forma estacional y, por lo tanto, podían complementar sus ingresos al volver a sus granjas. Otro método para reducir los salarios, empleado desde principios del siglo XX, consistía en que las empresas mineras importaran a decenas de miles de trabajadores chinos, a quienes trataban poco mejor que a esclavos.
Los mineros negros se veían obligados a vivir en recintos vallados, con la excusa de que así no podrían pasar el oro robado a un cómplice del exterior. También necesitaban un pase para circular libremente por las ciudades. Las sanciones por carecer de dicho pase iban desde una cuantiosa multa hasta tres semanas de trabajos forzados. Estas leyes discriminatorias se convirtieron en la base del sistema del apartheid y avivaron los prejuicios ya existentes de los blancos contra los africanos.
Otras consecuencias del auge minero fueron la rápida industrialización de la región, un fenómeno casi único en el continente africano. Se produjo una rápida urbanización a medida que las ciudades crecían para satisfacer las necesidades de los mineros. Se construyeron carreteras y vías férreas para facilitar el transporte de mercancías y trabajadores. En 1860, el África meridional contaba con apenas 3 km (1,8 millas) de vías férreas y carecía por completo de carreteras aptas para vehículos de ruedas. Para 1889, ya había 3.300 km (2.050 millas) de vías férreas. En 1914, la red de carreteras alcanzaba los 75.000 km (46.000 millas).
A medida que el siglo XIX llegaba a su fin, Gran Bretaña tuvo que defender sus conquistas frente a los bóers en la segunda guerra bóer (1899-1902). Las causas de esta guerra fueron diversas y no se limitaban a las minas de oro y diamantes, pero también es cierto que los magnates mineros habían tramado una toma de poder del Gobierno del Transvaal, financiando y armando la fallida incursión de Jameson de diciembre de 1895. Al Gobierno británico le preocupaba sin duda que un Transvaal próspero pudiera aliarse con una potencia colonial rival como Alemania, y que tal alianza pudiera amenazar los intereses británicos en África meridional. Otra motivación importante fue el hecho de que las inversiones británicas en el Transvaal ascendieran a más de 350 millones de libras esterlinas en 1899, y dos tercios de las minas de Witwatersrand eran propiedad de accionistas británicos.
Al final, Gran Bretaña salió victoriosa de la segunda guerra de los bóers, con lo que al final logró hacer realidad su sueño colonial y constituyó la Unión Sudafricana en 1910. Esta colonia estaba compuesta por la Colonia del Cabo, Natal, el Transvaal y el Estado Libre de Orange, e incluía lo que habían sido Zululandia, Tongalandia y Griqualandia. Sería una colonia próspera, pero muy dividida. Se aprobaron diversas leyes discriminatorias, como la Ley de Minas y Obras de 1911, que excluía a los africanos de determinados puestos de trabajo cualificados en la minería, y la Ley de Tierras de los Nativos de 1913, que expropió las tierras de los africanos para obligarlos a convertirse en jornaleros en las minas. Incluso cuando Sudáfrica obtuvo la independencia en 1961, siguió siendo conocida en todo el mundo por sus políticas de segregación racial.
Tal y como señala The Cambridge History of Africa (Historia de África de Cambridge):
La industria minera del oro fue el núcleo de la estructura y la evolución de la Sudáfrica moderna: «fue allí donde… tuvo lugar la primera y más extensa institucionalización industrial de la discriminación racial en Sudáfrica».
Editora de español para WHE. Con una licenciatura en Filología Inglesa y un Máster en Traducción, trabaja traduciendo de inglés y francés a español con especialización en historia, belleza, subtitulación y juegos. Su interés se gira principalmente en torno a la antigua Grecia, Mesopotamia y Egipto.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 13 mayo 2026. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.