Durante su apogeo a mediados del siglo XIX, el Reino zulú se consolidó como uno de los estados más poderosos de África central y meridional. Su expansión y el dominio que ejerció sobre los territorios colindantes se atribuyen al inspirador líder Shaka, quien transformó la guerra en la región mediante la adopción de armamento y tácticas nuevas capaces de vencer a cualquier adversario. Las aspiraciones de controlar nuevos territorios y recursos condujeron al reino, de manera inevitable, a un conflicto con los colonizadores europeos, en particular con los bóers y los británicos. La victoria británica en la guerra anglo-zulú de 1879 resultó en la conquista y fragmentación de la nación. Zululandia quedó incorporada a la Unión Sudafricana en 1910, y en 1994 el territorio pasó a formar parte de la provincia de KwaZulu-Natal.
Orígenes
Los zulúes surgieron a partir de un clan del pueblo nguni que migró hacia el sur del continente durante el siglo XVI. Los integrantes de este pueblo se dedicaban originalmente a la agricultura mixta, en la que la posesión de ganado era el símbolo principal de prosperidad. De hecho, la importancia que se atribuía al ganado era tal que su lengua disponía de un léxico de más de 300 términos para describirlo. Zululandia se desarrolló en la costa sureste de África y se expandió hasta dominar el territorio comprendido entre el río Umkusi, en el límite norte, y el río Tugela, en el sur. Hacia la década de 1820 el reino había erigido un imperio basado en una cultura marcial, en el que tanto la sociedad como el ejército se estructuraban según una estricta división por edades.
El reino zulú creció a expensas de otros pueblos africanos que se vieron obligados a desplazarse a otras áreas.
El rey Shaka
La creación de este imperio centralizado se atribuye por lo general al rey Shaka, o Chaka, quien reinó desde 1816 hasta 1828. Shaka nació como hijo ilegítimo de Senzangakona, un jefe de clan nguni. Tras ser desterrado de su aldea, se refugió junto a su madre en el pueblo mtetwa, asentado en el este. Al llegar a la adultez se unió al ejército mtetwa, donde tuvo un buen desempeño, favorecido por su estatura de alrededor de 1,82 m (6 pies). En contraposición con la estrategia tradicional mtetwa de ataque y retirada, Shaka empleó tácticas alternativas que priorizaban la capacidad de lucha cuerpo a cuerpo, así como la persecución y aniquilación total del enemigo tras su derrota en combate. Los logros alcanzados por Shaka impulsaron la expansión del territorio mtetwa a expensas de los pueblos ndwandwe y nongoma, y le permitieron formar un séquito personal de guerreros.
Entre 1810 y 1812 Shaka concibió una maniobra de gran eficacia, que más adelante se transformó en un emblema de su pueblo. La acción, conocida como isiCwe, o «cuernos de toro», consistía en rodear al enemigo desde dos flancos, los «cuernos», empujarlo hacia las fuerzas principales, la cabeza o el pecho del «toro», y allí aplastarlo por completo. Aunque la estratagema pudo haber existido con anterioridad, Shaka introdujo el elemento de los «lomos», el fortalecimiento del cuerpo central, donde concentraba a sus guerreros más experimentados.
Tras su triunfo militar y el fallecimiento de Senzangakhona, Shaka regresó con su pueblo y reclamó la corona alrededor de 1816. El nuevo soberano reorganizó de inmediato el Ejército según sus concepciones personales y creó cuatro regimientos diferentes. En 1816 llevó a cabo una campaña contra el pueblo butelezi y en 1818 otra contra los ndwandwe, en las que alcanzó grandes victorias. El reino enviaba con regularidad expediciones de guerreros zulúes más allá de sus fronteras, en lo fundamental para capturar ganado y exigir tributo a los vecinos de menor fortaleza militar. Esta política resultó insostenible a largo plazo, debido a que empobreció los territorios colindantes e hizo necesario enviar las incursiones a territorios cada vez más lejanos.
Así, el crecimiento del Reino zulú, denominado por sus gentes KwaZulu, se produjo a expensas de otros pueblos africanos que se veían obligados a desplazarse hacia otras áreas o a pagarle tributo a Shaka si decidían permanecer en el lugar. Como consecuencia, la agresión desencadenó hambrunas y graves desórdenes sociales. A los pueblos conquistados se les obligaba a incorporarse al Ejército, del que Shaka permanecía jefe absoluto y designaba nuevos jefes. La amenaza zulú desencadenó una migración poblacional hacia regiones ubicadas más al norte, cercanas a las actuales Malaui y Mozambique; este período de desplazamientos y caos social se conoce como mfecane, «el aplastamiento». Pese a su baja densidad poblacional, la región que se desplegaba al norte de Zululandia no estaba deshabitada, por lo que se produjo un inevitable choque entre varios pueblos que competían por las praderas de Highveld, localizadas más allá de la cadena montañosa de Drakensberg. Un grupo de zulúes dirigido por Mzilikazi, rival de Shaka, emigró hacia el norte y se internó en tierras de la actual Zimbabwe. Los seguidores de Mzilikazi se conocieron más adelante como matabele y su territorio se denominó Matabelelandia.
Por medio de una agresiva expansión, «en dos generaciones, el territorio zulú pasó de tener 3.108 kilómetros cuadrados (1.200 millas cuadradas) a abarcar una enorme área doce veces mayor; se extendía desde la región colindante con Utrecht y Luneberg en el oeste, hasta la costa oriental, y desde el río Pongola, en el norte, hasta el río Tugela en el sur» (McBride, 3). Las fronteras de Zululandia no estaban delimitadas de manera formal y se mantenían por medio de amenazas de guerra. La capital del reino era el kraal real, el recinto real, ubicado en Ulundi. El reino de Shaka terminó con su muerte en 1828. Lo sucedió Dingane, hermano suyo y responsable de su asesinato. El rey Cetshwayo, también conocido como jefe Cetewayo, era sobrino de Shaka, y tras vencer a su rival principal y hermanastro, Mbuyazi, gobernó a su pueblo a partir de 1872.
La riqueza del Reino zulú provenía de la actividad tradicional de criar ganado vacuno, ovino y caprino. La propiedad sobre el ganado se distribuía de manera estricta según la edad y la jerarquía social que ocupaba cada hombre en la sociedad. Los hombres que perdían su ganado por enfermedades o guerras emigraban hacia las colonias europeas, en particular a Natal, en busca de trabajo asalariado, con el objetivo de ganar dinero suficiente para adquirir nuevas cabezas de ganado. El reino producía lo suficiente para satisfacer sus necesidades, aunque comerciaba con sus vecinos, sobre todo para adquirir armas de fuego. La producción de artículos como escudos, cerámicas y cuchillas o puntas de hierro, así como de alimentos, por lo general se repartía entre distintas comunidades distribuidas por el reino. La prosperidad de la nación procedía de sus excedentes, de los que se apropiaban el rey y sus oficiales favoritos.
La población vivía en asentamientos denominados umizi, compuestos por chozas cónicas dispuestas en círculo o en óvalo. A cada lado de las chozas se levantaban paredes protectoras, pero se dejaba una apertura orientada al este que servía de entrada. En el centro del umizi se ubicaba un amplio espacio, que en las aldeas civiles se utilizaba como corral para el ganado y en las militares como campo de maniobras. El jefe del poblado, el inkhosi, poseía una choza más grande que la de los demás, mientras sus esposas vivían en otras separadas, cercanas a la suya. La cultura zulú era polígama. Los jefes de aldea heredaban su posición por la línea paterna, y aunque autónomos, se subordinaban al rey. Un consejo de ancianos compuesto por los jefes más importantes y los miembros de la familia real ayudaba al rey.
La identidad zulú se reforzaba mediante la estricta jerarquización de sus miembros y la celebración de actividades comunitarias, como festivales. El sistema establecía que los guerreros vivieran separados hasta que cumplieran su servicio militar, lo cual contribuía a romper los lazos de sangre tradicionales y a desarrollar un profundo sentimiento de pertenencia nacional. Para los zulúes la sociedad y la interacción humana eran importantes, valores que se evidencian en su célebre aforismo umuntu ungumuntu ngabantu, «el hombre se hace humano a través de la asociación con otros seres humanos». La música y la danza eran otro medio de unir a las gentes; utilizaban tambores, al ritmo de los cuales los bailadores de la comunidad marcaban el compás. En las danzas, los hombres tendían a realizar movimientos vigorosos para demostrar habilidad y resistencia física, mientras las bailarinas se concentraban en crear pasos muy sofisticados.
Además de los comerciantes, los misioneros cristianos blancos constituían otro medio de contacto con las sociedades que se encontraban allende sus fronteras. Los reyes zulúes no se oponían a los misioneros, quienes a pesar de los esfuerzos que desplegaban en convertirlos y alejarlos de sus creencias tradicionales, por lo general no alcanzaban el éxito. En realidad, «la mayoría de los africanos no atribuía gran utilidad a los misioneros, salvo la de emplearlos como fuentes de información sobre el mundo exterior, como escribas para comunicarse con las autoridades blancas, y siempre que fuera posible, como suministradores de armas de fuego y municiones» (Curtin, 295).
Una cultura marcial
Hacia 1879, el rey Cetshwayo disponía de 40.000 guerreros organizados en un sistema militar de alto grado de sofisticación logrado a partir de las innovaciones introducidas por Shaka 60 años antes. Los guerreros vivían aislados del resto de la comunidad zulú, en poblados protegidos por empalizadas. Los varones adolescentes y ancianos que no participaban en el servicio militar vivían en otras aldeas donde residían mujeres y niños, en las que se atendía a los cultivos, la cría de ganado y la fabricación de otros artículos de primera necesidad.
el arma principal del guerrero zulú era la lanza assegai.
Los regimientos de guerreros que vivían en poblados independientes se agrupaban según una estricta división por edades. Los más jóvenes tenían 18 o 19 años y los mayores poco más de 30. Los que arribaban a la edad de servicio militar participaban en una ceremonia colectiva de perforación de lóbulos. A los guerreros bisoños que se desempeñaban con habilidad en su entrenamiento militar se les otorgaban nombres elogiosos (izibongo). Así, los guerreros zulúes eran hombres solteros a quienes el rey recompensaba por su participación en el servicio militar mediante el otorgamiento del derecho a contraer matrimonio. Los hombres casados llevaban un anillo (isicoco) en sus cabezas. Resulta notable que el ejército incluyera tres regimientos femeninos cuya responsabilidad era custodiar el kraal real
Los regimientos (amabutho, singular ibutho) construían sus propias aldeas rodeadas por empalizadas, ikhanda, en las que tres o cuatro hombres dormían en cada choza. Cada unidad poseía un nombre distintivo, como uFasimba, «niebla», o amaPhela, «cucarachas», y contaba con uniforme propio, lo cual le infundía un fuerte esprit de corps y de hecho, contribuía a fomentar una clara rivalidad con las demás. El uniforme estaba compuesto por combinaciones específicas de distintos tipos de pieles y plumas; entre ellas, por ejemplo, se utilizaban plumas de turaco escarlata o de avestruz blanca. Estos elementos se usaban en forma de diademas y bandas alrededor de brazos o pantorrillas, como insignias añadidas a la vestimenta cotidiana. La indumentaria diaria «consistía en un delgado cinturón de piel alrededor de la cadera, del que colgaban tiras de piel por la parte delantera, y por la trasera, un cuadrado de piel de vaca suavizada para cubrir las nalgas» (Knight, 32). Cuando el tiempo refrescaba, llevaban una capa de piel, kaross, que utilizaban durante las marchas como manta de dormir.
El regimiento también se identificaba mediante marcas particulares en sus escudos de cuero de vacuno endurecido; era típico emplear una mayor proporción de color blanco para indicar una mayor veteranía del portador. Los escudos, izihlangu, pertenecían al regimiento, no a cada guerrero. Durante la marcha, evento denominado impi, el ejército zulú se dividía en regimientos, cada uno compuesto por alrededor de 1.500 hombres y comandado por un general o induna. Los grados jerárquicos se indicaban mediante el uso de colas de vaca y pieles de animales.
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El arma fundamental del guerrero zulú era la lanza assegai, iklwa, caracterizada por tener una hoja larga y delgada. El corto mango de la lanza la hacía un arma ideal para apuñalar. Los guerreros también portaban dos o tres lanzas ligeras para arrojar, y en ocasiones una maza liviana, iwisa, que también podían lanzar. Algunos poseían fusiles europeos anticuados e incluso modernos Martini-Henry. Para desdicha del soberano, sus guerreros no mostraban gran destreza en el uso de las armas de fuego, aunque un pequeño número de hombres que habían trabajado con cazadores blancos en la región adquirieron alguna pericia como francotiradores.
Sin duda, los guerreros zulúes estaban bien entrenados en el uso de sus armas tradicionales; sus tácticas, sin embargo, resultaban bastante limitadas debido a la preferencia de los indunas por el ataque frontal contra el enemigo. La maniobra denominada «cuernos de toro» mantenía su efectividad frente a un contrincante que portara armas similares, pero la perdía frente a las armas de fuego. Una fortaleza del ejército era la capacidad de sus guerreros de marchar casi 32 kilómetros (20 millas) diarios y en ocasiones el doble de esa distancia. El ejército necesitaba poco apoyo logístico; durante los primeros días de campaña, iba acompañado de jóvenes cargados de grano y cerveza, pero después se esperaba que los guerreros recolectaran sus propios alimentos.
Tras alcanzar la victoria, los zulúes practicaban el ritual de abrir de un corte el abdomen del enemigo caído para asegurar que su alma escapara del cuerpo y accediera a la vida en el más allá. Se creía que el alma de un guerrero fallecido podía permanecer en este mundo y atormentar a los vivos si no era liberada. Otra tradición consistía en que el vencedor tomara una parte de las vestimentas del fallecido y la utilizara hasta que se efectuara la ceremonia de purificación ritual. Por último, los guerreros que se destacaban en el combate obtenían el derecho a llevar un collar de cuentas como símbolo de su valentía.
Gran Bretaña controló la Colonia del Cabo, ubicada en el extremo sur de África, desde 1806. Integraban la colonia una amalgama de colonos blancos de ascendencia holandesa o francesa, colonos ingleses, nativos de África del Sur, esclavos africanos y personas de raza mixta que en conjunto se hacían llamar bóers, «granjeros», o también afrikáners, debido a que hablaban el afrikáans. Durante el decenio de 1830, la abolición de la esclavitud por los británicos y el crecimiento de la población ejercieron una presión excesiva sobre el uso de las tierras y los recursos, lo que desembocó en la emigración de alrededor de 14.000 bóers hacia zonas ubicadas más al norte. Los bóers lucharon contra los pueblos ndebele y zulú. En una de las acciones, el rey zulú invitó a un grupo de bóers encabezados por Piet Retief a su recinto real y luego los masacró; más adelante, sin embargo, los colonizadores bóers lograron imponerse gracias a la ventaja que les proporcionaba poseer armas de fuego. Una de esas fuerzas, dirigida por Andries Pretorius, derrotó a un ejército zulú en 1838 en la batalla del Río de Sangre, donde murieron alrededor de 3.000 guerreros. Como consecuencia, el estado quedó dividido durante un tiempo entre los seguidores leales a Mpande y los partidarios de su hermanastro Dingane. Aunque a la postre Mpande prevaleció en las luchas dinásticas, la guerra civil debilitó el reino, situación que los bóers aprovecharon durante la década de 1850 para establecer dos nuevos territorios: Transvaal y el Estado Libre de Orange.
Entretanto, en 1843 se fundaba Natal, otra colonia británica emplazada en la costa del Océano Índico, cercana a la región sur de Zululandia. El interés británico por África del Sur experimentó un salto a finales de la década de 1860 con el descubrimiento de diamantes en Griqualandia. La región, colindante con Natal, la Colonia del Cabo y el Estado Libre de Orange, elevó su estatus a colonia de la corona en 1871. Un enorme flujo de nuevos colonos invadió la zona, y las exportaciones, una tercera parte de las cuales correspondía a diamantes, aumentaron de forma dramática. El desarrollo paulatino de la economía de África del Sur estuvo acompañado por la construcción de ferrocarriles con mano de obra barata africana. En este contexto, los británicos aspiraban a unificar la Colonia del Cabo, Natal y las dos repúblicas bóer en algún tipo de federación, pero el Reino zulú constituía un obstáculo para la materialización de ese propósito.
La guerra anglo-zulú
El Reino zulú no había mostrado señales de hostilidad hacia sus vecinos europeos. Una comisión británica, incluso, había decidido a favor de los zulúes una disputa territorial contra los bóers de Transvaal. Sin embargo, ciertos administradores coloniales británicos enviaron a Londres informes sesgados, en los que presentaban a los zulúes como una seria amenaza para la estabilidad de la región. Entre los beneficios de un conflicto bélico anglo-zulú se encontraban el acceso a excelentes praderas para la cría de ganado y la obtención de mano de obra barata para trabajar en las minas, haciendas y ferrocarriles en las colonias europeas. El Gobierno británico aprobó la invasión de Zululandia.
El pretexto para la invasión fue la negativa del monarca Cetshwayo a aceptar las excesivas demandas británicas entregadas en diciembre de 1878. Tal como los británicos esperaban, el rey ignoró su ultimátum. Lo que no imaginaron fue que su adversario lograra galvanizar a sus guerreros en una formidable fuerza de combate, integrada por hombres decididos a luchar a muerte por su patria. Al contrario de lo que esperaban los británicos, la desunión no había hecho mella entre los zulúes, quienes presentaron un frente unido ante esta nueva amenaza a su reino.
La invasión británica comenzó en enero de 1879 con una derrota total; en la batalla de Isandlwana el ejército autóctono aniquiló el campamento de una de las columnas invasoras. Los guerreros atacaron esa misma tarde y noche las instalaciones de la misión británica de Rorke's Drift, situada justo frente a su frontera con Natal, donde una fuerza británica de 140 hombres resistió el embate de 4.000 guerreros. Gran Bretaña regresó a Zululandia con un ejército más poderoso y tras varios enfrentamientos, desarticuló al ejército zulú en la batalla de Ulundi en julio de 1879.
Cetshwayo fue capturado y encarcelado el 31 de agosto. El Reino zulú se dividió en 13 jurisdicciones y la población fue confinada en reservas territoriales. Aunque los jefes tribales conservaron una autoridad nominal, no cabía duda de que el poder real había pasado a manos británicas. Los zulúes se vieron forzados a trabajar como jornaleros en las granjas propiedad de los blancos y en las minas de diamantes y oro de la colonia. Las luchas entre facciones hostigaron al liderazgo zulú en tal grado que la crisis no se pudo resolver mediante la restitución de Cetshwayo.
En 1887 Zululandia se convirtió en colonia de la corona y en 1897 Natal la absorbió. Entre 1902 y 1904 se concedió a los hacendados blancos el acceso a dos quintas partes de Zululandia, quienes la utilizaron para el cultivo de caña de azúcar y acacia, y para la cría de ganado. En 1906 estalló una rebelión conocida como levantamiento de Bambata, que tomó su nombre del jefe zulú de menor rango que la encabezó. Entre las causas que motivaron el disturbio se encontraban la aplicación de impuestos sobre las chozas y la pérdida de tierras en beneficio de los hacendados blancos. Las fuerzas coloniales sofocaron brutalmente el levantamiento. Natal y los antiguos territorios de Zululandia se integraron en la Unión Sudafricana, una nueva colonia británica fundada en 1910. A medida que crecía la emigración para trabajar en las minas de los colonos, y debido a que el dinero se dedicaba a la compra de alimentos en lugar de a su cultivo, la sociedad zulú tradicional colapsó y se abrió una brecha entre las generaciones más jóvenes y las de mayor edad, que intentaban preservar los elementos de la cultura zulú.
En la actualidad la monarquía zulú continúa a cargo del gobierno de KwaZulu-Natal, una provincia perteneciente a Sudáfrica. Además, el Partido de la Libertad Inkatha, cuya base electoral expresa una identidad zulú, ganó alrededor de la mitad de los votos en las primeras elecciones libres de Sudáfrica en 1994, y hoy día desempeña un papel activo en el gobierno del país.
Interesado en el estudio de las migraciones, costumbres, las artes y religiones de distintas culturas; descubrimientos geográficos y científicos. Vive en La Habana. En la actualidad traduce y edita libros y artículos para la web.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 17 marzo 2026. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.