Historia del ajedrez

El juego de estrategia que ha perdurado por más de quince siglos
Howard Burton
por , traducido por Hugo Fernando Acevedo Belmonte
publicado el
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El ajedrez posee una historia particularmente extensa y fascinante que abarca más de mil quinientos años. A lo largo de los siglos, también han surgido cientos de variantes del juego, todas ellas con un rasgo esencial en común respecto al ajedrez clásico: la clara diferenciación de distintos tipos de piezas, cada una con valores y movimientos propios, que los jugadores manipulan en conjunto con el fin último de acorralar al rey del oponente.

Christian & Muslim Playing Chess
Un cristiano y un musulmán juegan ajedrez Unknown Artist (Public Domain)

Algunos de estos juegos, como el Xiangqi, el Shogi, el Janggi o el Makruk, siguen gozando de gran popularidad en distintas regiones del mundo, especialmente en Asia. Otros, en cambio, como el ajedrez por correspondencia o el ajedrez de Tamerlán, hoy en día suelen practicarse únicamente entre especialistas. En conjunto, todos ellos ponen de manifiesto la extraordinaria diversidad que el ajedrez ha generado a lo largo de los siglos y constituyen una prueba clara de que los juegos a los que dedicamos nuestro tiempo reflejan, en gran medida, los valores de la sociedad en la que se desarrollan.

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Orígenes en la India

Los historiadores coinciden en que el ajedrez nació en el norte de la India hacia el siglo V d.C. , o quizá un poco antes. Se jugaba en un tablero de 8 × 8 casillas, sin cuadros alternados, conocido como ashtāpada. Desde su origen se concibió como una representación de la guerra, algo que queda claro incluso en su nombre, chaturanga, que significa literalmente «cuatro miembros» y era el término sánscrito empleado para designar al ejército indio antiguo, compuesto por infantería, elefantes, caballería y carros de guerra. A estas cuatro piezas se añadieron el rey y su consejero, y el objetivo del juego consistía en capturar al rey rival.

Desde la India, el juego chaturanga se extendió hacia el oeste, donde se convirtió en el chatrang persa.

Existen muy pocas referencias directas al juego en la literatura temprana de la India. El punto de partida generalmente aceptado se encuentra en un pasaje del Harshachārita o Hechos de Harsha, una biografía del rey del norte de la India Harsha Vardhana, escrita por el célebre poeta sánscrito Bānabhatta, quien pasó muchos años en su corte.

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El reino de Harsha era conocido en todas partes como un remanso de tolerancia, prosperidad y buen gobierno. Su corte atrajo a muchos artistas y escritores destacados, como Bana, junto con numerosos viajeros extranjeros, incluido el erudito chino Xuanzang del siglo VII. En su brillante homenaje al singularmente pacífico clima del reino de Harsha, Bana evoca una serie de vívidas metáforas, como «Solo las abejas (shatpada) se pelean al recolectar el rocío (o los tributos)», para concluir de manera reveladora: «Solo los ashtāpadas enseñan la posición del chaturanga…» (Murray, 60).

Se trata de la primera referencia conocida al ajedrez como un sustituto de la guerra, e incluso como un posible medio de entrenamiento militar.

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Krishna and Radha Playing Chaturanga
Krishna y Radha jugando al chaturanga Unknown Artist (CC BY-NC-SA)

La Persia sasánida

Desde la India, el juego chaturanga se extendió hacia el oeste hasta el Imperio sasánida (224-651), donde se convirtió en el chatrang persa. Varios textos en persa medio citan explícitamente al chatrang como una de las habilidades clave que un noble sasánida de clase alta debía poseer como parte de su formación y educación general.

La referencia literaria más reveladora de todas sobre el ajedrez de esa época es la fábula Sobre la explicación del ajedrez y el backgammon. En ella, el gran rey de reyes sasánida, Cosroes I (que reinó entre 531 y 579), recibe la visita de un monarca indio que lo reta a un duelo intelectual. El rey indio le muestra 32 piezas invaluables de esmeralda y rubí y le dice que, si es lo suficientemente inteligente y sabio, Cosroes debería ser capaz de descifrar las reglas del chatrang. Si lo logra, el rey indio le rendirá tributo; pero si falla, Cosroes pagará en su lugar.

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Al principio, los persas se mostraban completamente desconcertados, hasta que el consejero más sabio del rey entró en escena y salvó la situación, declarando triunfalmente que no solo deduciría las reglas de este nuevo juego, sino que también inventaría otro que los indios no pudieran resolver.

Acto seguido, descifró las reglas del chatrang antes de vencer contundentemente a los indios tres veces seguidas (al fin y al cabo, es una historia persa). Y luego les presenta el nuevo juego de backgammon, que los persas llaman "nard" en honor a Ardacher I (180-242), fundador de la dinastía sasánida, dejando a los indios completamente perplejos.

A partir de este texto clave en persa medio, al menos conocemos los nombres de las distintas piezas del antiguo chatrang sasánida:

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  • el shah o rey,
  • el farzin o consejero (equivalente a la reina moderna),
  • el pil o elefante (equivalente al alfil moderno),
  • el asp o caballo,
  • el rukh o carro,
  • y el piyadah, o soldado de infantería.

Lamentablemente, no se sabe con certeza cómo se movían las piezas ni cuáles eran las reglas exactas del juego. Independientemente de cómo jugaran al chatrang los antiguos persas, su idioma quedó para siempre ligado al ajedrez, ya que el grito persa shah mat, que significa «el rey está indefenso», terminó convirtiéndose en nuestro moderno «jaque mate».

El mundo islámico

Con la conquista árabe del Imperio sasánida a mediados del siglo VII, el ajedrez se difundió rápidamente por el mundo islámico. Conocido ahora como shatranj, la mayoría de las piezas adoptó versiones arabizadas de sus nombres persas.

A Game of Shatranj
Una partida de shatranj Mulla ʿAlī & Amīr Ḵalīl (Public Domain)

A medida que la popularidad del ajedrez aumentaba de manera constante durante el califato omeya (661-750), las formas de las piezas fueron transformándose gradualmente, pasando de tallas figurativas individuales a un estilo más abstracto y estandarizado alrededor del siglo VIII, probablemente como reflejo de la creciente demanda de juegos de shatranj ya confeccionados.

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Cuando los omeyas dieron paso al califato abasí en el 750, la popularidad del ajedrez aumentó aún más. La literatura árabe de la época está llena de relatos de los primeros jugadores expertos, varios de los cuales jugaban con los ojos vendados. Sin embargo, fue en los siglos IX y X cuando el juego realmente alcanzó su apogeo, con famosas historias de maestros de ajedrez legendarios como al-Adli, ar-Razi y al-Suli, todos ellos autores de libros sobre ajedrez que se copiaron y difundieron de manera continua a lo largo de los siglos.

Gracias a estos manuscritos conocemos tanto el movimiento de las piezas como las reglas básicas del juego. Sin embargo, estos primeros libros de ajedrez hacían mucho más que limitarse a explicar las normas del shatranj: estaban llenos de ingeniosos problemas, conocidos como mansubat, diseñados para ayudar al estudiante aplicado a dominar las múltiples complejidades tácticas y estratégicas del juego.

Europa medieval

Se cree ampliamente que el ajedrez penetró en Europa a través de los distintos puntos de contacto entre el mundo islámico y el cristiano, principalmente en Italia y España, a más tardar a comienzos del siglo X, y posiblemente mucho antes. A partir de allí, el juego se extendió con rapidez por el continente.

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A medida que el juego llegaba a Europa, la forma de las piezas también comenzó a cambiar, pasando de lo abstracto a lo figurativo, con combinaciones ocasionales, exquisitas e innovadoras de ambos estilos. Con la creación de las llamadas piezas de ajedrez de Carlomagno en el sur de Italia, a finales del siglo XI, las formas figurativas regresaron con fuerza: la reina ya estaba bien establecida, pero el carro y el elefante, a la antigua usanza, seguían muy presentes. Mientras las reinas, los reyes y los caballos continuaban expresándose de forma figurativa, el elefante fue reemplazado de alguna manera por un alfil, mientras que la torre parecía aún más flexible, como lo demuestran los famosos «berserkers» guardianes de la mitología nórdica de las piezas de ajedrez de Lewis, producidas a finales del siglo XII, probablemente en Trondheim.

Lewis Knight Chess-piece
Pieza de ajedrez: caballo de Lewis British Museum (CC BY-NC-SA)

Mientras tanto, el juego volvió a ganar popularidad de forma constante. Cuando el famoso Libro del axedrez, dados e tablas de Alfonso X de Castilla (que reinó de 1252 a 1284) apareció a finales del siglo XIII, el ajedrez recibió un lugar de honor como "un juego más noble y honrado que los dados o el backgammon". En este caso, "ajedrez" significaba simplemente shatranj; de hecho, el libro de Alfonso cita muchos de los mansubat árabes.

El potencial alegórico del ajedrez comenzó a cobrar cada vez más relevancia en una sorprendente variedad de textos medievales, desde libros como Les Échecs Amoureux, Perceval, Walewein, Huon de Burdeos y muchos otros, hasta el célebre tratado de moral y política de Jacobus de Cessolis, Liber de moribus hominum et officiis nobilium super ludo scachorum, donde un rey impulsivo aprende a jugar al ajedrez como medio para entender mejor cómo gestionar los diversos intereses de su reino.

Del Renacimiento a la Ilustración

Hacia finales del siglo XV, las reglas del ajedrez experimentaron un cambio revolucionario: al alfil se le permitió moverse a cualquier casilla libre a lo largo de una diagonal abierta, mientras que la reina se convirtió repentinamente en la pieza más poderosa del tablero, con un movimiento que combinaba las facultades de la torre y del nuevo alfil. Esta nueva versión del juego, conocida como «ajedrez de la reina» o incluso «ajedrez loco», se propagó rápidamente por toda Europa, reemplazando por completo a su antecesor, milenario y mucho más lento, en apenas una o dos generaciones.

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A medida que los fundamentos renovados del ajedrez se examinaban a fondo, emergieron jugadores que los dominaron con extraordinaria habilidad y reputación. Entre ellos se encuentran nombres legendarios como Ruy López, Paolo Boi, Giovanni Leonardo da Cutri y Gioachino Greco, maestros de ajedrez reconocidos internacionalmente, que escribieron libros, jugaron con los ojos vendados y maravillaron a príncipes y reyes en las principales cortes europeas con su brillante habilidad.

Aunque el ajedrez seguía asociándose con el romance, el enfoque comenzó a desplazarse sutilmente: dejó de ser un símbolo de la sociedad medieval bien ordenada para convertirse en objeto de elogios y descripciones del propio juego. Esto comenzó con el poema de finales del siglo XV Scachs d'amor, de 64 estrofas, que describe el cortejo de Venus por parte de Marte a través de una partida de ajedrez según las nuevas reglas. Poco después, le siguió el influyente poema latino de Marco Girolamo Vida, Scacchia Ludus, donde al nuevo juego se le dotó de un mito de origen clásico, acorde con su estatus, al narrar una partida de ajedrez entre Apolo y Mercurio en el Monte Olimpo en hexámetros virgilianos. Scacchia Ludus dio lugar a varios imitadores a lo largo de los años, entre los cuales el más célebre fue, más de dos siglos después, el poema inglés The Game at Chess de William Jones, en el que se presenta a Caissa, o sea, la «diosa del ajedrez».

Medieval Chess Game
Juego de ajedrez medieval Unknown Artist (Public Domain)

El ajedrez no dejó de emplearse como recurso alegórico de un día para otro. Desde el ballet de ajedrez de Rabelais en su Cinquième livre, hasta Santa Teresa de Ávila explicando en El camino de perfección cómo las monjas podían aprovechar su humildad para «dar jaque mate al rey divino», pasando por la famosa escena de ajedrez entre Fernando y Miranda en La tempestad de William Shakespeare y la sátira política A Game at Chess de Thomas Middleton, la simbología del ajedrez continuó utilizándose para representar un amplio abanico de ideas. Sin embargo, algo había cambiado: cuanto más se valoraba el dominio avanzado del ajedrez como fruto de un estudio paciente y consciente, más se percibía como un arte especializado, y no simplemente como una metáfora destinada a reflejar las preocupaciones de la sociedad en general.

Cuando a principios del siglo XVI se publicó el exitoso libro El cortesano de Baldassare Castiglione, ya se reconocía que dominar el nuevo ajedrez requería «tanto estudio como si se quisiera aprender alguna ciencia noble o dedicarse a cualquier otra cosa de importancia». Uno de los personajes llegaba a afirmar que, en el ajedrez, «la mediocridad resulta más digna de elogio que la excelencia». Medio siglo después, Michel de Montaigne retomaría este juicio con ironía y dureza, criticando amargamente el tiempo que se pierde en alcanzar destrezas en un juego tan pueril, dejando entrever claramente su propia decepción personal (108).

La sofisticación computacional del ajedrez, reconocida de manera universal, lo convirtió en un juego especialmente afín al surgimiento de la Ilustración.

Para finales del siglo XVIII, la sofisticación computacional del ajedrez, reconocida de manera universal, lo convirtió en un juego especialmente afín al surgimiento de la Ilustración. A raíz de los revolucionarios descubrimientos de Newton, muchos estaban convencidos de que todos nuestros problemas podían resolverse de manera análoga, aplicando la razón y el conocimiento con objetividad y rigor.

Esta concepción se refleja de manera vívida en el ambicioso proyecto de la Enciclopedia de Denis Diderot (1713-1784) y Jean-Baptiste le Rond d'Alembert (1717-1783), que buscaban reunir todo el conocimiento humano en una sola obra para sentar las bases de una civilización racional y científica, capaz de guiar a la sociedad desde la oscuridad de la superstición y el miedo hacia la luz del entendimiento. No obstante, otros, como Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), discrepaban con vehemencia, sosteniendo que al someternos innecesariamente a las instituciones de la civilización nos hemos vuelto antinaturales, infelices y corrompidos.

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Lo que resulta particularmente fascinante para la historia del ajedrez es que de alguna manera, ambas visiones, una plenamente alineada con los rigores formales de la ciencia y la tecnología y la otra una celebración romántica de los poderes creativos de la emoción y el deseo humanos, han estado entrelazadas con el ajedrez desde sus orígenes. Rousseau fue un jugador dedicado, y tanto él como Diderot solían frecuentar el Café de la Régence en París, el epicentro del mundo del ajedrez y hogar del brillante Philidor, el jugador más destacado de su tiempo, a quien Diderot menciona en su extenso diálogo filosófico El sobrino de Rameau, ambientado precisamente en ese café.

Mientras tanto, los problemas relacionados con el ajedrez, como el conocido «recorrido del caballo», comenzaron a atraer la atención de los matemáticos profesionales que buscaban la manera de que un caballo recorriera todas las 64 casillas del tablero sin pasar dos veces por la misma. Antes de que los matemáticos franceses del siglo XVIII lo «redescubrieran», ya se había tratado tal cuestión en antiguos manuscritos árabes de ajedrez y en algunos tratados matemáticos indios. Finalmente, el célebre matemático suizo Leonhard Euler (1707-1783) realizó un estudio riguroso del problema y lo presentó ante la Academia de Ciencias de Berlín en 1759.

El siglo XIX

Quizás el mayor presagio de la futura influencia científica del ajedrez se produjo con algo que, en realidad, no era ciencia en absoluto: el llamado autómata ajedrecista «turco mecánico», diseñado por Wolfgang von Kempelen (1734-1804), que en realidad contenía un jugador humano altamente cualificado en su interior. El turco mecánico recorrió las cortes de Europa durante décadas, jugando contra algunas de las personas más célebres del mundo, y derrotó tanto a Benjamin Franklin (1706-1790) como a Napoleón Bonaparte (1769-1821).

En 1820, el supuesto autómata derrotó a Charles Babbage, el polímata inglés de 28 años considerado ampliamente como el padre de la ciencia de la computación. Babbage llevaba tiempo fascinado por los autómatas y, aunque estaba bastante convencido de que el turco mecánico estaba controlado por un operador humano, aquella experiencia avivó aún más su interés por desarrollar dispositivos mecánicos de cálculo basados en su innovadora máquina analítica.

The Mechanical Turk
El turco mecánico Joseph Friedrich von Racknitz (Public Domain)

Las habilidades de los grandes jugadores de ajedrez seguían evolucionando. En la década de 1850 irrumpió desde Estados Unidos Paul Morphy, un talento incluso superior al de Philidor. Morphy derrotó a casi todos sus rivales y deslumbró a todos con un estilo de juego refinado y magistral, que pasaría a ser conocido como la máxima expresión del ajedrez «romántico». Quince años más tarde, el bohemio William Steinitz tomó el relevo y se convirtió en el primer campeón mundial de ajedrez, apenas después de que Lewis Carroll (1832-1898), matemático de Oxford, publicara A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, una obra innovadora y profundamente inspirada en el juego.

La era moderna

A lo largo del siglo XX y en tiempos posteriores, el ajedrez se convirtió en un auténtico modelo experimental para la ciencia, utilizado como herramienta de estudio en campos tan diversos como la psicología, la teoría de juegos y la lingüística. Expertos destacados en sus respectivos campos, como Alfred Binet, Ernst Zermelo y Ferdinand de Saussure, utilizaron la complejidad del ajedrez para investigar cuestiones cognitivas, estratégicas y comunicativas, mostrando así que este juego iba mucho más allá de ser un simple pasatiempo.

En el ámbito de la competencia internacional de élite, Emanuel Lasker (1868-1941) destronó a Wilhelm Steinitz (1836-1900) como campeón mundial de ajedrez en 1894 y se mantuvo invicto durante 27 años, hasta que en 1921 el carismático cubano José Raúl Capablanca (1888-1942) lo derrotó. A medida que los jugadores de élite recibían cada vez más atención pública, comenzaron a surgir numerosas historias sobre la obsesión por el ajedrez, siendo especialmente llamativa la del artista francés Marcel Duchamp (1887-1968), quien llegó a anunciar que dejaría por completo el arte para dedicarse al juego.

La combinación única del ajedrez, con su intensa competencia y su análisis riguroso, siempre había tenido el poder de despertar comportamientos obsesivos en sus seguidores. Sin embargo, cuando pasó a considerarse un deporte psicológico apto para las mentes más brillantes, cada vez más personas sucumbieron a su hechizo, especialmente en lugares como la recién formada Unión Soviética, donde el propio Vladimir Lenin (1870-1924), apasionado por el juego, impulsó activamente su práctica, como se muestra en el cortometraje de 1925 La fiebre del ajedrez. De manera paralela, los escritores comenzaron a utilizar el ajedrez como un vehículo ideal para explorar temas relacionados con el genio, la locura y la capacidad humana de obsesionarse, con figuras destacadas como Vladimir Nabokov (La defensa Luzhin), Stefan Zweig (Novela de ajedrez) y Samuel Beckett (Murphy).

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En el más alto nivel profesional, la competencia se intensificó cada vez más. Capablanca cedió su lugar al dominante emigrado ruso-francés Alexander Alekhine (1892-1946), campeón mundial entre 1927 y 1935 y nuevamente entre 1937 y 1946, salvo por la inesperada derrota ante Max Euwe (1901-1981) en 1935. Tras la muerte de Alekhine en 1946, los ajedrecistas soviéticos (Mikhail Botvinnik, Vasily Smyslov, Mikhail Tal, Tigran Petrosian y Boris Spassky) dominaron el título hasta que el estadounidense Bobby Fischer (1943-2008) sorprendió al mundo venciendo a Spassky en el mediático campeonato mundial de 1972, consolidando así al ajedrez como un deporte presente en la percepción colectiva.

Chess Computer, 1979
Computadora de ajedrez, 1979 Tiia Monto (CC BY-SA)

Mientras tanto, psicólogos e informáticos como Alan Turing, Claude Shannon y Herbert Simon habían usado durante décadas la idea de una computadora capaz de jugar ajedrez a nivel experto como principal referente para medir la inteligencia artificial. Este esfuerzo alcanzó un hito en 1997, cuando la máquina Deep Blue de IBM venció en un encuentro ampliamente difundido al entonces campeón mundial Garry Kasparov (1963-). Diez años después, los mejores jugadores humanos no podían vencer a las computadoras de ajedrez, conocidas como «motores de ajedrez», que se ganaron rápidamente esa reputación. Hoy, todos los ajedrecistas profesionales recurren a ellas de manera habitual como herramientas de análisis y entrenamiento.

Magnus Carlsen, actualmente en primer lugar del mundo y considerado uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, ha desarrollado toda su carrera profesional en una era en la que ningún humano puede vencer al mejor motor de ajedrez. Aun así, la hegemonía de estos programas no ha reducido la popularidad global de este histórico juego, que se ha adaptado con éxito a la era de internet. Hoy en día, muchas más personas juegan en línea que sobre un tablero físico, y los sitios web reúnen a cientos de miles, e incluso millones, de jugadores de ajedrez cada día.

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Bibliografía

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Sobre el traductor

Hugo Fernando Acevedo Belmonte
Estudiante de Traducción e Interpretación en el INTER Centro de Estudios Superiores (México), Hugo Fernando Acevedo Belmonte quiere despertar la curiosidad por este campo en un público más amplio.

Sobre el autor

Howard Burton
Howard Burton es el fundador de Ideas Roadshow y también escritor. A lo largo de su trayectoria ha creado más de cien conversaciones grabadas con destacados académicos, además de 65 cortometrajes y siete documentales de larga duración, entre los que destacan «Through The Mirror of Chess» y «Sofonisba’s Chess Game».

Cita este trabajo

Estilo APA

Burton, H. (2025, septiembre 24). Historia del ajedrez: El juego de estrategia que ha perdurado por más de quince siglos. (H. F. A. Belmonte, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2793/historia-del-ajedrez/

Estilo Chicago

Burton, Howard. "Historia del ajedrez: El juego de estrategia que ha perdurado por más de quince siglos." Traducido por Hugo Fernando Acevedo Belmonte. World History Encyclopedia, septiembre 24, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2793/historia-del-ajedrez/.

Estilo MLA

Burton, Howard. "Historia del ajedrez: El juego de estrategia que ha perdurado por más de quince siglos." Traducido por Hugo Fernando Acevedo Belmonte. World History Encyclopedia, 24 sep 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2793/historia-del-ajedrez/.

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