El Batavia era un barco de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales que naufragó en los arrecifes de coral de las islas Houtman Abrolhos, a 60 kilómetros (37 millas) de la costa de Australia Occidental, justo antes del amanecer del 4 de junio de 1629. Era el buque insignia de una flota de siete embarcaciones que había zarpado hacia las Indias Orientales Neerlandesas en octubre de 1628.
Se trataba del viaje inaugural del barco. A bordo viajaban unos 340 pasajeros y tripulantes, entre los que se encontraban soldados, mujeres y niños, así como altos cargos de la compañía que se dirigían al puesto de paso holandés de Batavia (la actual Yakarta, en Indonesia).
Los supervivientes del Batavia se trasladaron a lo que hoy se conoce como isla Beacon, situada en un archipiélago de 122 islas en el extremo norte de los Houtman Abrolhos. La terrible experiencia que siguió al naufragio es una de las páginas más oscuras de la historia marítima: un grupo de amotinados masacró a unas 125 personas durante un reinado de terror que se prolongó hasta que llegó un barco de rescate procedente de Batavia en septiembre de 1629.
La flota zarpa
El Batavia era un retourschip o «barco de regreso» de 600 toneladas perteneciente a la cámara de Ámsterdam de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (Vereenigde Oost-Indische Compagnie, VOC). Este tipo de embarcación era el caballo de batalla de la flota de la VOC, construida para el peligroso viaje por mar entre los Países Bajos y las Indias Orientales y dotada de una considerable capacidad de carga.
El Batavia medía 46 metros (150 pies) de eslora y transportaba 340 pasajeros, 12 cofres de monedas de plata por valor de 250.000 florines y mercancías.
El Batavia medía 46 metros (150 pies) de eslora y transportaba una carga compuesta por doce cofres de monedas de plata por valor de 250.000 florines, mercancías, entre las que se incluían cochinilla, telas, vinos y quesos, y una valiosa gema de la Antigüedad conocida como el camafeo de Constantino. La VOC había obtenido de los Estados Generales de la República de los Siete Países Bajos Unidos el derecho a comerciar en exclusiva en Asia y a adquirir especias. Las monedas de plata estaban destinadas a la compra de nuez moscada, macis y clavo, y es posible que la gema perteneciera al pintor flamenco Peter Paul Rubens (1577-1640), quien esperaba vendérsela al emperador Jahangir (que reinó en 1605-1627), el cuarto emperador mogol. Para protegerse de los piratas y de los ingleses y portugueses, el Batavia contaba con 24 cañones de hierro fundido y 100 soldados, en su mayoría mercenarios alemanes.
El gobernador general de la colonia de Batavia, Jan Pieterszoon Coen (1587-1629), le escribió a la Junta Directiva de la VOC en 1618, argumentando que se debía permitir a las esposas e hijos de los empleados de la VOC en la colonia viajar a Batavia. Las mujeres y los niños a bordo del «Batavia», entre ellos Lucretia van der Mijlen (1602-1641), de 27 años, una mujer de clase alta que iba a reunirse con su marido, iban a comenzar una nueva vida en las Indias Orientales gracias a Coen.
El Batavia zarpó de Texel, en los Países Bajos, el 29 de octubre de 1628. El comandante de la flota, compuesta por siete barcos, era Francisco Pelsaert (en torno a 1595-1630), de Amberes, que había sido representante de la VOC en Agra, India. Regresó a los Países Bajos en 1628 tras haber contraído una fiebre que le causaría la muerte dos años más tarde. Lo más probable es que se le confiara el mando de la flota porque su cuñado era Hendrick Brouwer (1581-1643), el octavo gobernador general de las Indias Orientales (1632-1636) y conocido por haber trazado en 1611 una ruta más rápida (la Ruta de Brouwer) hacia las Indias Orientales pasando por el cabo de Buena Esperanza.
El capitán del Batavia era Adriaen Jacobsz, uno de los hombres de más edad a bordo y encargado de la navegación. Poco se sabe de Jacobsz, salvo que había tenido una disputa con Pelsaert diez años antes en la India, y que la tensión entre ambos acabaría determinando el destino del Batavia. Jeronimus Cornelisz (en torno a 1598-1629), un boticario holandés de 30 años y comerciante en bancarrota que se había incorporado recientemente a la VOC, era el opperkoopman o sobrecargo, la persona responsable de gestionar la carga y los intereses comerciales de la compañía. Cornelisz se convertiría en el líder de los amotinados. El viaje por mar duraría nueve agotadores meses a bordo de un barco abarrotado e infestado de ratas, con solo cuatro letrinas para más de 300 personas.
La primera señal de problemas se produjo tras una escala en el cabo de Buena Esperanza para abastecerse de agua dulce y provisiones, cuando estalló una lucha de poder entre Pelsaert y Jacobsz. El comandante de la flota acusó a Jacobsz de embriaguez, de acosar a Lucretia van der Mijlen y de agredir sexualmente a su doncella, Zwaantie Hendrix. Pelsaert reprendió a Jacobz, aunque después tuvo que quedarse en cama un mes por la fiebre que había contraído en la India. Esto le dio tiempo a Jacobsz para hacer dos cosas: la primera fue separar el Batavia del resto de la flota para que no pudieran intervenir, y la segunda fue fomentar un motín, hacerse con el control del barco y su tesoro, y arrojar a Pelsaert por la borda.
Jacobsz encontró aliados en Cornelisz y en un pequeño grupo de hombres que planeaban provocar a Pelsaert, que aún se estaba recuperando, para que tomara medidas disciplinarias severas que sembraran el descontento entre toda la tripulación. Lucretia van der Mijlen era su objetivo, y una noche, en cubierta, ocho hombres enmascarados la atacaron, untándola con alquitrán y excrementos. Enfurecido, Pelsaert llevó a cabo una investigación. Lucretia reconoció a uno de sus agresores, lo que sugirió al comandante que Jacobsz estaba detrás del impactante incidente, pero dada la creciente tensión, Pelsaert decidió aplazar su veredicto hasta llegar a Batavia.
Sin embargo, la catástrofe se produjo cuando el Batavia encalló en el arrecife Morning, en el archipiélago Wallabi, el grupo de islas más septentrional de los Houtman Abrolhos. Es posible que las dudas de Pelsaert sobre las habilidades de navegación del capitán tuvieran fundamento. Puede que la pérdida del Batavia se debiera a un error de cálculo en la navegación por estima, que podría haber desviado mucho al barco de su rumbo. La navegación por estima era un método que utilizaban los marineros durante la Era de los Descubrimientos para determinar la posición aproximada de un barco basándose en su posición anterior, su rumbo y su velocidad.
Tras rebasar el cabo de Buena Esperanza, los barcos de la VOC seguían la Ruta de Brouwer hacia el este, aprovechando los Cuarenta Rugientes en el sur del océano Índico antes de virar hacia el norte en un punto hipotético y poner rumbo a las Indias Orientales, situadas a unos 3.218 kilómetros (2.000 millas) de distancia. Esta ruta acortaba en seis meses el viaje desde Europa, pero dependía de la estimación de la distancia recorrida y la ubicación mediante la navegación por estima para evitar la traicionera costa de Australia Occidental.
Por desgracia, el último cálculo realizado por Jacobsz fue erróneo. Estimó que el Batavia se encontraba a 965 kilómetros (600 millas) de la costa australiana cuando, en realidad, el barco estaba a solo 64 kilómetros (40 millas) de su destino fatal. En las primeras horas de la mañana del 4 de junio de 1629, un vigía vio olas rompiendo contra los arrecifes de coral de los Houtman Abrolhos, pero Jacobsz supuso que se trataba del reflejo de la luna en el agua y no cambió de rumbo. El Batavia encalló en el arrecife Morning.
El diario de Pelsaert, publicado en 1647, describe el caos:
El 4 de junio, lunes por la mañana, segundo día de Pentecostés, con una luna llena brillante y clara unas dos horas antes del amanecer, durante la guardia del capitán, yo yacía en mi litera sintiéndome indispuesto y, de repente, con un movimiento brusco y terrible, sentí el golpe del timón del barco; inmediatamente después, noté que el barco se había atascado en su rumbo contra las rocas, de modo que caí de mi litera. Acto seguido, subí corriendo y descubrí que todas las velas estaban izadas, que el viento soplaba del suroeste, que el rumbo durante aquella noche había sido nornoroeste, y que nos encontrábamos justo en medio de una espesa niebla marina. Alrededor del barco solo había un poco de oleaje, pero poco después se oía cómo el mar rompía con fuerza a su alrededor. Le dije: «Capitán, ¿qué has hecho? Por tu imprudencia y descuido nos has puesto esta soga al cuello».
(Citado en El diario del Batavia de Francisco Pelsaert)
La tripulación intentó desesperadamente aligerar el barco retirando todo lo que lo lastraba: arrojaron cañones por la borda y cortaron el mástil. Pero sus frenéticos intentos fueron en vano y las fuertes olas azotaron al Batavia durante nueve días antes de que se partiera en dos. Fue uno de los primeros naufragios de barcos europeos en Australia.
Unas 40 personas se ahogaron cuando el Batavia chocó contra el arrecife. Un bote de 9 metros (30 pies) de eslora y una pequeña yola, con capacidad para 50 pasajeros entre ambos, llevaron a los supervivientes a la isla Beacon, un pequeño islote de coral sin árboles de 0,8 kilómetros (0,5 millas) de longitud y situado a 2 kilómetros (1,2 millas) del lugar del naufragio. Algunos marineros y oficiales desembarcaron en otra isla cercana que más tarde se llamaría Isla de los Traidores. Más de 40 hombres decidieron quedarse a bordo y saquear las provisiones de vino, entre ellos Jeronimus Cornelisz, que además tenía miedo al agua.
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El problema inmediato de los supervivientes era la falta de agua potable y de provisiones. Jacobsz encabezó una partida de búsqueda y se llevó el bote largo y la yola, pero, dado el comportamiento del capitán durante la travesía, Pelsaert no confiaba en él y decidió unirse a la búsqueda de comida y agua. La búsqueda resultó infructuosa, por lo que se tomó la decisión de intentar la peligrosa travesía de 3.000 kilómetros (1.864 millas) en el bote largo y con la yola hasta el puesto comercial de la VOC en Batavia. Cuando los supervivientes de la isla Beacon se despertaron al día siguiente, descubrieron que sus líderes los habían abandonado. En cuestión de días, la gente empezó a beber agua salada y orina, y murieron unas 20 personas.
Al desintegrarse el Batavia, Jeronimus Cornelisz se vio obligado a nadar hasta la isla Beacon, donde encontró a unas 200 personas que necesitaban desesperadamente un líder. Se decía que Cornelisz tenía una personalidad carismática y era un orador elocuente. También era un fanático religioso que seguía las creencias del anabaptismo. Al marcharse el marinero de mayor rango, Cornelisz tomó el control, se hizo con las escasas reservas de agua y comida, y reunió todas las armas y las balsas improvisadas.
Lo que ocurrió a continuación fue un estudio en barbarie. Con el pretexto de que faltaba espacio en la isla Beacon, Cornelisz envió a un grupo de 40 hombres, mujeres y niños a la cercana Seals’ Island (también llamada Long Island) con la esperanza de que se murieran de sed y hambre. Bajo el mando de Wiebbe Hayes (nacido en torno a 1587), un soldado de Groninga, enviaron a 23 soldados a una isla que hoy se conoce como West Wallabi para eliminar la amenaza que suponían los mercenarios alemanes. Su misión consistía en encontrar agua y Cornelisz les prometió que los recogerían más adelante.
Para consolidar su poder absoluto en la isla Beacon, Cornelisz y los hombres leales a él ejecutaron a un soldado que había robado vino y comenzaron a eliminar a la población con el fin de conservar los suministros o deshacerse de cualquiera que cuestionara su autoridad. Nadie se salvó. Primero atacaron a los enfermos, luego a los supervivientes más fuertes les cortaron el cuello durante la noche. La obediencia total a Cornelisz tampoco garantizaba la supervivencia. Por este motivo, este islote pasó a la historia como el Kerkhof de Batavia (el cementerio de Batavia). Los relatos varían, pero se estima que el número total de víctimas mortales ascendió a 125 personas, incluidos niños.
Rescate y juicios
Algunos supervivientes lograron escapar de la isla Beacon y se dirigieron a West Wallabi. Tras enterarse de las atrocidades, Hayes fortificó su campamento, fabricando armas con los escombros del Batavia. Seals’ Island disponía de agua dulce y abundante comida, principalmente ualabíes y aves marinas. Cornelisz pronto se dio cuenta de que Hayes suponía una amenaza y, en agosto de 1629, el autoproclamado «capitán general», que vestía las elegantes ropas de Plesaert, lanzó uno de los tres ataques contra Seals’ Island. Durante la última incursión, en septiembre, cuando Cornelisz intentó negociar un tratado de paz con Hayes, él y cuatro de sus hombres fueron capturados.
El 17 de septiembre llegó la ayuda. La lancha había tardado un mes en llegar a Batavia. Francisco Pelsaert se reunió con el gobernador general Jan Pieterszoon Coen, quien le proporcionó un jacht (yate), la Sardam, un velero rápido utilizado principalmente para llevar mensajes o transportar a altos funcionarios de la VOC. Coen le ordenó al comandante que rescatara lo que pudiera de la carga del Batavia. Adriaen Jacobsz fue acusado de negligencia mientras estaba al mando del Batavia y encarcelado en una mazmorra, donde se cree que murió.
El Sardam, con su capitán y una tripulación de 25 marineros, tardó tres semanas en llegar al archipiélago, pero pasó otro mes intentando encontrar la isla Beacon. Afortunadamente, Wiebbe Hayes fue el primero en avistar el Sardam asomándose por el horizonte y envió una pequeña embarcación improvisada para interceptarlo.
Seals’ Island se convirtió en una prisión temporal para Jeronimus Cornelisz y sus amotinados antes de que fueran juzgados por sus delitos. Luego, la isla se llegó a conocer como Isla de los Traidores.
Cornelisz fue torturado. Según la legislación neerlandesa del siglo XVII, la tortura estaba permitida para obtener confesiones y garantizar condenas. Francisco Pelsaert dirigió la investigación tras formar un consejo. Cornelisz confesó en un primer momento, pero luego se retractó; aun así, fue condenado a la horca el 2 de octubre de 1629, tras haberle amputado ambas manos. Seis de sus amotinados leales insistieron en que su líder fuera el primero en morir, por si acaso lograba eludir su destino. Dos hombres, entre ellos un grumete llamado Pelgrom, fueron abandonados en el continente australiano como castigo y nunca más se supo de ellos.
Tras recuperar casi todos los cofres del tesoro, Pelsaert regresó a Batavia en diciembre de 1629 con 16 de los amotinados, que fueron juzgados y ejecutados. Wiebbe Hayes fue considerado un héroe y ascendido al rango de abanderado. Pelsaert murió en septiembre de 1630, sin haber podido deshacerse del todo de la acusación de que había abandonado a los supervivientes sin agua. También se le acusó de dedicarse al comercio privado y, cuando su viuda solicitó el pago de su salario pendiente, la VOC se negó a abonárselo.
La terrible experiencia de los supervivientes del Batavia causó sensación en Europa y quedó plasmada en El desafortunado viaje del Batavia, un libro publicado en 1647 que incluía las entradas del diario de Pelsaert, los relatos de los supervivientes y las confesiones de los amotinados. Esto confirmó en la mente de los holandeses que la costa australiana era inhóspita y debía evitarse.
El redescubrimiento del Batavia
Los restos del Batavia se descubrieron en 1963 a unos 74 kilómetros (45 millas) de Geraldton, en Australia Occidental, cuando un pescador de langostas halló cañones y anclas de bronce en las aguas cercanas a Morning Reef. El barco se encontró a una profundidad de 6 metros (19 pies), y se encargó al Museo de Australia Occidental la protección y gestión del yacimiento arqueológico. El hallazgo fue de gran importancia para la arqueología marítima.
Los restos óseos proporcionaron pruebas físicas de los brutales acontecimientos que tuvieron lugar tras el naufragio. Se halló una gran cantidad de objetos, entre los que se encontraban brújulas y relojes de arena, pipas de arcilla, 10.600 monedas, botellas de cristal, balas de cañón, un tintero y una pluma estilográfica, así como piezas de ajedrez. También se han localizado las ruinas del fuerte de Wiebbe Hayes. En 2017 se desenterró una fosa común con los restos de cinco personas, junto con más objetos.
El naufragio del Batavia representa uno de los primeros contactos europeos documentados con el continente australiano, que se adelantó en casi 170 años al asentamiento británico en Botany Bay. Se trata de un capítulo oscuro de la historia, pero el destino del Batavia también pone de manifiesto los riesgos de los primeros viajes por mar, la lucha por la supervivencia en lugares nuevos y cómo el orden social establecido puede desmoronarse en situaciones extremas.
El Batavia era un barco de la Compañía de las Indias Orientales neerlandesa que naufragó frente a las costas occidentales de Australia en 1629. Los supervivientes consiguieron llegar a la isla Beacon, pero unas 125 personas fueron masacradas por Jeronimus Cornelisz y sus hombres antes de que pudiera llegar ayuda en septiembre de 1629.
¿Qué era el Batavia?
El Batavia era un «retourship» o barco de regreso de 600 toneladas, propiedad de la cámara de Ámsterdam de la Compañía de las Indias Orientales neerlandesas (Vereenigde Oost-Indische Compagnie, VOC). Naufragó en 1629 frente a las costas de Australia occidental.
¿Cuánta gente murió en el naufragio del Batavia?
Unas 40 personas se ahogaron cuando el Batavia se estrelló contra el arrecife Morning en los Houtman Abrolhos, Australia. En la masacre de supervivientes que ocurrió después, perecieron 125 personas.
¿Se ha encontrado el pecio del Batavia?
El Batavia se encontró en 1963 a una profundidad de 6 metros (19 pies), a unos 74 kilómetros (45 millas) de Geraldton, Australia Occidental.
Editora de español para WHE. Con una licenciatura en Filología Inglesa y un Máster en Traducción, trabaja traduciendo de inglés y francés a español con especialización en historia, belleza, subtitulación y juegos. Su interés gira principalmente en torno a la antigua Grecia, Mesopotamia y Egipto.
Kim es una escritora independiente que reside en Nueva Zelanda. Es licenciada (con honores) en Historia y tiene una maestría en la Ciencia del Caos y la Complejidad. Le interesan especialmente las fábulas y la mitología, así como la exploración del mundo antiguo.
Escrito por Kim Martins, publicado el 11 marzo 2024. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.