La batalla de Waterloo (18 de junio de 1815) fue el último gran enfrentamiento de las guerras napoleónicas (1803-1815), luchada por un ejército francés bajo el emperador Napoleón I (que reinó de 1804-1814; 1815) en contra de dos ejércitos de la Séptima Coalición. Waterloo resultó en el fin tanto de la carrera de Napoleón como del Primer Imperio Francés y es considerada frecuentemente como una de las batallas más importantes de la historia.
El 1 de marzo de 1815, Napoleón regresó del exilio para retomar el control de su imperio, iniciando el periodo de los Cien Días. Las grandes potencias de Europa respondieron inmediatamente al reconocerlo como proscrito y declarando la guerra. La decisiva batalla de Waterloo tuvo lugar entre los pueblos de Mont-Saint-Jean y Waterloo en la moderna Bélgica, entonces parte del Reino de los Países Bajos. El objetivo de Napoleón era aplastar a las tropas de la alianza liderada por el ejército inglés de Arthur Wellesley, duque de Wellington, antes de que pudiera ser reforzada por un ejército prusiano cercano liderado por el mariscal de campo Gebhard Leberecht von Blücher. Napoleón casi logra su objetivo cuando sus hombres capturaron la granja de la Haye Sainte y estuvieron cerca de romper por el centro de los Aliados. Sin embargo, la oportuna llegada de varios cuerpos del ejército prusiano y la fallida carga de la guardia imperial francesa acabaron con las esperanzas que tenía Napoleón de obtener la victoria. Cuatro días después de su derrota en Waterloo, Napoleón abdicó por segunda ocasión y fue exiliado en la isla de Santa Elena en el Atlántico sur, donde moriría seis años después.
La batalla de Waterloo se considera frecuentemente como una de las batallas más decisivas de la historia; trajo el fin del periodo Napoleónico y el inicio de una nueva época política conocida como el concierto europeo. Adicionalmente, Waterloo marcó el fin de casi 23 años de enfrentamientos constantes que devastaron la Europa continental desde la batalla de Valmy en septiembre de 1792. Después de Waterloo, Europa disfrutó de décadas de paz relativa, ya que las grandes potencias no se enfrentaron en conflictos mayores hasta la guerra de Crimea (1853-1856). Aún así, la importancia de la batalla de Waterloo se exagera algunas veces; algunos historiadores han argumentado que las probabilidades en contra de Napoleón eran imposiblemente altas y que, si no hubiera sido derrotado en Waterloo, probablemente lo hubiera sido en otro campo de batalla poco después.
Antecedentes
LA CoaliCiÓn planeÓ MOVILIZAR CINCO EJÉRCITOS CONTRA NAPOLEÓN.
El 20 de marzo de 1815, Napoleón Bonaparte entró a París y fue prácticamente llevado al Palacio de Tullerías por muchedumbres de jubilosos ciudadanos franceses. Menos de un año antes, había sido forzado a abdicar el trono imperial francés después de su derrota en la guerra de la Sexta Coalición (1813-1814) y fue exiliado en la isla mediterránea de Elba. Sin embargo, la consiguiente restauración borbónica llevó rápidamente al descontento; muchas decisiones impopulares tomadas por el Gobierno del rey Luis XVIII llevaron a muchos a temer por sus libertades y a añorar el régimen de Napoleón. Esperando explotar este malestar, Napoleón desembarcó en el sur de Francia el 1 de marzo; su progreso hacia París fue rápido mientras que se le unían miles de soldados desertores. Luis XVIII apenas tuvo tiempo para abandonar la capital cuando Napoleón entró, iniciando su segundo reinado, conocido como los Cien Días.
Después de pasar dos décadas peleando contra la Francia revolucionaria y napoleónica, las grandes potencias de Europa no pensaban dejar que Napoleón afectara de nuevo el delicado balance de poder en el continente. El 25 de marzo, declararon oficialmente proscrito a Napoleón y formaron la Séptima Coalición, que incluyó al Reino Unido, Prusia, Rusia y Austria, así como al recientemente formado Reino de los Países Bajos, y a varios Estados alemanes. La coalición planeó movilizar cinco ejércitos contra Napoleón. Dos de ellos serían enviados a Bélgica para amenazar el noreste francés; uno con 105.000 tropas de la alianza inglesa, holandesa y alemana bajo el mando del general británico Arthur Wellesley, duque de Wellington, y el otro era una fuerza prusiana de 120.000 hombres liderado por el mariscal de campo Gebhard Leberecht von Blücher. Un ejército austriaco de 200.000 estaría ubicado en el Alto Rín, apoyado por 150.000 rusos en el Rin Medio y 75.000 austriacos e italianos más al sur. Una vez que estos ejércitos estuvieran en su lugar, harían marchas simultáneas hacía París y Lyon, constriñendo a las fuerzas de Napoleón.
Sin embargo, pasaría un tiempo antes de que los ejércitos de la Coalición se encontraran. Para finales de mayo, solo los ejércitos de Wellington y Blücher estaban en posición; se estimaba que los austriacos no alcanzarían el Rin hasta finales de julio, con estimaciones que los rusos llegarían aún más tarde. Esto le dio a Napoleón una excelente oportunidad de iniciar su propia ofensiva antes de que otros ejércitos de la Coalición pudieran materializarse. Además, la población belga tenía amplia simpatía hacia Napoleón; una victoria podría iniciar una revolución profrancesa en Bélgica. El 6 de junio de 1815, el emperador empezó a concentrar discretamente su nuevo Ejército del Norte para un ataque sorpresa; en poco más de una semana, logró movilizar más de 89.000 soldados de infantería, 22.000 de caballería, 11.000 artilleros, y 366 ingenieros a la frontera belga desde ubicaciones tan lejanas como París, Lille y Metz (Chandler, 1020). El 15 de junio, el Ejército del Norte cruzó la frontera en Charleroi, iniciando la fatídica campaña de Waterloo.
A los Aliados no les tomó completamente por sorpresa; varios exploradores prusianos habían reconocido largas concentraciones de campamentos a lo largo de la frontera francesa la noche anterior. Sospechando, Blücher concentró su ejército en Ligny para esperar un posible ataque francés. Wellington, por su lado, tenía la guardia más baja. El duque esperaba que Napoleón avanzara a lo largo del camino de Mons a Bruselas y había ubicado a sus tropas de acuerdo con eso. Pero, al avanzar por Charleroi, Napoleón estaba efectivamente moviéndose entre los ejércitos de Wellington y Blücher, así que podía mantenerlos separados. Wellington no supo de las verdaderas intenciones de Napoleón hasta la mañana del 16 de junio, cuando estaba en Bruselas, en el baile de la duquesa de Richmond. Cuando le dieron la noticia de que los franceses habían ocupado Charleroi, Wellington supuestamente exclamó: «Napoleón me ha engañado, ¡por Dios!» (Mikaberidze, 608).
Para mantener a ambos ejércitos separados, Napoleón tenía que capturar los cruces vitales en Quatre Bras. Dividió su ejército en tres partes: el ala izquierda bajo el mariscal Michel Ney capturaría Quatre Bras mientras que el ala derecha, dirigida por el mariscal Emmanuel de Grouchy, y la reserva, dirigida por Napoleón mismo, atacarían al ejército prusiano en Ligny. El 16 de junio, el mariscal Ney alcanzó Quatre Bras y descubrió que tan solo contaba con una defensa de 8.000 tropas holandesas comandadas por el príncipe de Orange; a las 2 p.m., después de un bombardeo con catorce cañones, Ney ordenó un asalto. Sin embargo, los holandeses disfrutaban de una fuerte posición defensiva y lograron contener a los franceses el tiempo suficiente para que Wellington pudiera añadir refuerzos a la contienda. Tarde en el día, Wellington tenía 36.000 tropas en Quatre Bras y había tomado el comando personalmente; un contrataque aliado a las 6 p.m. empujó a Ney atrás y recapturó la mayoría del terreno que se había perdido. La batalla de Quatre Bras acabó en un empate y ambas partes perdieron alrededor de 4.000 hombres.
Sin embargo, la simultánea batalla de Ligny fue más intensa. Advirtiendo una oportunidad para eliminar al ejército prusiano, Napoleón lanzó ola tras ola de sangrientos ataques. A pesar de estar fuertemente superados en número, los franceses pusieron suficiente presión en la línea prusiana para romperla hacia la tarde; sin embargo, una serie de malas comunicaciones evitó que los franceses lograran la retirada prusiana y aplastar a su ejército. Aunque el mismo Blücher fue herido y los prusianos perdieron alrededor de 17.000 vidas (comparados con 11.000 pérdidas francesas), fueron capaces de hacer una retirada ordenada hacia Wavre. Napoleón acabó el 16 de junio en una buena posición; había mutilado gravemente al ejército prusiano mientras que Ney había arrinconado a las fuerzas de Wellington en Quatre Bras. Todo lo que quedaba era acabar el día siguiente con lo que habían empezado.
Napoleón, sin embargo, pasó la mañana del 17 de junio en un estado poco característico de letargo. Durmió hasta tarde y desperdició las cruciales horas de la mañana haciendo inspecciones de tropas y visitando el campo de batalla de Ligny. No fue hasta las 11:30 a.m. que Napoleón se puso por fin en marcha; el mariscal Grouchy fue enviado con 33.000 hombres a la búsqueda de los prusianos mientras que el emperador mismo se uniría con Ney en Quatre Bras para dar el golpe final al ejército de Wellington. El letargo de Napoleón ha sido sujeto de especulación por largo tiempo; muchos historiadores han postulado que estaba debilitado por una enfermedad, con hemorroides o una infección de vejiga como posibles candidatos. Otros creen que simplemente había pasado su mejor momento; en 1815, Napoleón tenía casi 46 años y tenía sobrepeso, y quizás había perdido la energía con la que había construido su carrera.
En todo caso, no alcanzó a Ney en Quatre Bras hasta alrededor de la 1 p.m. Para ese momento, habían informado a Wellington sobre la derrota de Blücher en Ligny y se había retraído a la cumbre de Mont-Saint-Jean, unos pocos kilómetros atrás de su cuartel general en Waterloo. Después de recibir confirmación por parte de Blücher de que al menos un cuerpo del ejército prusiano podría ayudarlo en el caso de una batalla, Wellington decidió mantener su posición. La persecución de Napoleón se vio obstaculizada por una repentina tormenta; el suelo empapado hizo imposible que los franceses pasaran por el campo, y estuvieron confinados a usar los caminos, tomando considerablemente más tiempo. Para el momento en que los franceses llegaron frente al ejército de Wellington, había caído la noche; la decisiva batalla tendría que esperar hasta la mañana.
Preparaciones
Al amanecer del 18 de junio de 1815, la lluvia había cedido; solo un valle de tierra humedecida por la lluvia separaba a los ejércitos francés y aliado. Comparado con otros campos de batalla napoleónicos, el de Waterloo es bastante pequeño; la zona de la batalla consistía en solo 4,5 kilómetros (5.000 yardas), abarcando desde la granja de Hougoumont en el oeste hasta la villa de Papelotte en el este. El ejército francés, posicionado en una cumbre alrededor de la aldea de La Belle Alliance, tenía una fuerza de 71.947 hombres. Probablemente era el mejor ejército que Napoleón había comandado desde la destrucción de la Grande Armée en 1812; mientras que los ejércitos franceses de 1813-14 consistían en reclutas sin entrenamiento, el Ejército del Norte se componía mayormente de voluntarios, veteranos ferozmente leales al emperador. Sin embargo, a pesar de toda su experiencia colectiva, el Ejército del Norte tenía una moral precaria. Los soldados que se mantuvieron leales a Napoleón a lo largo de su exilio desconfiaban de aquellos que habían jurado lealtad a los borbones y que habían regresado desde entonces; en las palabras de un historiador, «Napoleón nunca antes había manejado un instrumento de guerra que fuera al mismo tiempo tan formidable y frágil» (Chandler, 1023).
NAPOLEÓN ignorÓ las ADVERTENCIAS DE SUS OFICIALES DE NO SUBESTIMAR A WELLINGTON.
El ejército de Wellington seguía desplegado en la cumbre del Mont-Saint-Jean. La posición anglo-aliada se asemejaba a una cuña; la mayoría de las tropas de Wellington estaban desplegadas en su flanco derecho, mientras que el izquierdo, al este del camino a Bruselas, estaba ligeramente defendido. Esto se debía a que Wellington contaba con el arribo de las tropas prusianas para reforzar este flanco. Para frenar el avance francés, Wellington ubicó tropas en la periferia de las posiciones avanzadas de Pepelotte, Frischermont, y La Haye Sainte. Su ejército era uno verdaderamente multinacional, compuesto de 24.000 soldados británicos y 6.000 tropas de la Legión Alemana del Rey, así como de 17.000 tropas belgas y holandesas y 20.000 soldados alemanes de Hanover, Brunswick, y Nassau, para dar un total de 67.000 hombres. La mayoría de los soldados británicos eran veteranos de la guerra de la Independencia española (1807-1814) y habían servido con Wellington antes. Que Wellington lograra prevalecer o no dependería de si los prusianos lograban evadir a Grouchy en Wavre y marchar a Waterloo en tiempo.
Comienza la batalla
Temprano por la mañana, Napoleón sostuvo una conferencia durante el desayuno con sus altos oficiales en su cuartel central en Le Caillou. Aquí, el hermano de Napoleón, el príncipe Jerónimo Bonaparte, reportó acerca de una conversación que se sobreescuchó entre dos oficiales británicos que apuntaba fuertemente a que Blücher planeaba ir en apoyo de Wellington. Napoleón desestimó inmediatamente este reporte como mero chisme. Igualmente fatídico, el emperador ignoró advertencias de sus oficiales de no subestimar a Wellington, con quien nunca se había enfrentado en batalla personalmente. El emperador respondió llamando al duque «un mal general», a los soldados ingleses «malas tropas», y bromeando dijo que «este asunto no es nada más serio que comerse el desayuno» (Mikaberidze, 610).
La batalla empezó un poco después de las 11 a.m., con la artillería del 2.º Cuerpo al mando del general francés Reille bombardeando la línea aliada. Esto se iba a acompañar por un ataque a la posición aliada en la granja Hougoumont, llevado a cabo por la división del príncipe Jerónimo. Esto solo iba a ser un asalto de distracción; sin embargo, las tropas de Hanover y Nassau, defendiendo Hougoumont, probaron ser más tenaces de lo esperado. Para las 12:30 p.m., esta «distracción» se tornó en una sangrienta lucha que duraría el resto del día y mantendría inmovilizados a los cuerpos de Reille. Aunque Wellington envió refuerzos, la lucha ahí no afectó mucho su propia disposición general.
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Mientras tanto, Napoleón soltó un bombardeo de 84 cañones sobre la línea aliada. El cañoneo, sin embargo, infligió sólo un daño mínimo; la mayoría de las tropas de Wellington tenían una ubicación segura detrás de la cumbre mientras que el suelo suave y empapado por la lluvia prevenía que las bolas de cañón rebotaran. A la 1:30 p.m., Napoleón envió al 1.º Cuerpo al frente, bajo el mando del Conde d'Erlon para ascender la cumbre y romper la línea aliada. Las tropas de d'Erlon avanzaron en varias líneas de 250 hombres de ancho, una extraña formación que probó ser poco manejable y vulnerable. Conforme los franceses se movían a través de campos de centeno que les llegaban al pecho, se volvían blancos fáciles para la artillería de Wellington. A pesar de las elevadas bajas, las lastimadas baterías de d'Erlon avanzaban hacia las posiciones aliadas. Una división francesa se enfrentó a un batallón de las Legiones Alemanas del Rey en La Haye Sainte, cerca del centro de la línea aliada, mientras que más divisiones francesas capturaron Frischermont y Papelotte. En poco tiempo, los hombres de d'Erlon casi habían llegado a la cumbre.
En este momento, 4.000 tropas británicas al mando de sir Thomas Picton se apresuraron al frente para detener el asalto de d'Erlon; aunque Picton mismo resultó muerto, los británicos lograron inmovilizar a los hombres de d'Erlon. En este crucial momento, el conde de Uxbridge, segundo al mando de Wellington, ordenó el avance de dos brigadas de caballería pesada que se habían escondido detrás de la cumbre. Incluían a los Scots Greys (literalmente, los «escoceses grises»), que entraron a la carga con gritos de «¡Escocia para siempre!» (Chandler, 1078). Esto sorprendió a las tropas francesas, que se apresuraron a formar un cuadro; a pesar de oponer una feroz resistencia, cuerpos enteros a las órdenes de d'Erlon pronto estaban huyendo montaña abajo.
Llegan los prusianos
Alrededor de la 1:30 p.m., tres cuerpos prusianos estaban acercándose al flanco derecho de Napoleón. Blücher había logrado esquivar a Grouchy dejando atrás un cuerpo para inmovilizarlo en la simultánea batalla de Wavre, liberando alrededor de 48.000 prusianos para ir en ayuda de Wellington. Napoleón decidió seguir concentrado en el ejército anglo-aliado y esperaba que Wellington fuera aplastado antes de que los prusianos estuvieran lo suficientemente cerca para intervenir. Después del fracaso de la carga de d'Erlon, sin embargo, Napoleón se vio obligado a desviar unidades adicionales hacia su flanco derecho para encontrarse con los prusianos; para las 4 p.m., 7.000 franceses estaban conteniendo a 30.000 prusianos entre Frischermont y Plancenoit.
Con la situación empeorando, Napoleón sabía que tenía que romper a Wellington antes de que llegaran más prusianos. A las 3:30 p.m., ordenó a Ney que capturara La Haye Sainte, cerca del centro aliado, a cualquier costo; pero Ney, quien creía que había divisado un punto débil en la línea centro-derecha de Wellington, decidió que sería mejor desplegar un asalto masivo de caballería. Así como la caballería cargaba contra la línea aliada, fue deteniéndose por el suelo empapado, dando a los Aliados el tiempo suficiente para que formaran cuadros; Wellington ubicó armas de campaña dentro de cada cuadro. La carga de Ney rompió la pared de bayonetas británicas, mientras que los jinetes franceses eran volados en pedazos por las armas de campaña. Se intentaron varias más cargas de caballería francesa, en vano. Finalmente, la caballería de Uxbridge salió adelante para perseguir a los jinetes franceses que quedaban.
Carga de la guardia
A las 6 p.m., Napoleón reiteró a Ney sus órdenes de que capturara La Haye Sainte; esta vez, Ney dirigió un ataque coordinado que logró capturar la granja. El mariscal no desperdició tiempo en acomodar una batería a solo 275 metros (300 yardas) del centro de Wellington, desde donde podría desencadenar un fuego letal hacía la línea aliada. Este era un momento crucial: el centro de Wellington estaba cerca de romperse mientras que los prusianos seguían detenidos por los franceses en Placenoit. Napoleón sabía que ese era el momento para pasar por el centro de los Aliados, pero las únicas unidades francesas frescas eran catorce batallones de la temida Guardia Imperial. A las 7 p.m., Napoleón les ordenó avanzar.
La Guardia Imperial avanzó hacia el frente con gran fanfarria, con una fuerza cercana a los 4.000 hombres. Dentro del caos del campo de batalla, la carga se acabó dividiendo en dos columnas separadas, probablemente por error, permitiéndole a Wellington concentrarse en cada una. Los cañones y mosquetes aliados hicieron pedazos la Guardia Imperial a medida que avanzaba por la cumbre; cuando la carga perdió impulso, Wellington ordenó una carga general con bayonetas fijas. Poco después, se escuchó un gritó que no se escuchaba en un campo de batalla napoleónico en 15 años: «La Garde recule!» («¡La Guardia se está retirando!»). La moral francesa se vino abajo mientras los soldados huían y gritos de «¡traición!» y «¡sálvese quien pueda!» llenaban el aire (Chandler, 1089). Al mismo tiempo, los prusianos finalmente rompieron las líneas francesas en Placenoit.
La batalla había terminado; el imperio de Napoleón estaba condenado. Había sido un asunto sangriento, con un resultado de entre 25-33.000 bajas francesas y 24.000 aliadas. Cuatro días después de la batalla, Napoleón abdicó por última vez y fue enviado a un exilio permanente a Santa elena, donde murió en 1821. Waterloo marcó el final de las guerras napoleónicas y dio inicio a un nuevo balance de poder, el concierto europeo, que duraría por varias décadas.
La batalla de Waterloo fue importante porque marcó la derrota final de Napoleón y lo llevó al exilio en Santa Helena. Fue el final de las guerras napoleónicas y el inicio de décadas de relativa paz en Europa.
¿Quiénes pelearon en la batalla de Waterloo?
La batalla de Waterloo se libró entre un ejército francés liderado por el emperador Napoleón I en contra de dos ejércitos de la Séptima Coalición; un ejército anglo-holandés-alemán bajo el duque de Wellington y un ejército prusiano bajo el mariscal de campo Gebhard Leberecht von Blücher.
¿Cuándo se libró la batalla de Waterloo?
La batalla de Waterloo se libró el 18 de junio de 1815 durante la última etapa de las guerras napoleónicas (1803-1815).
¿Dónde se libró la batalla de Waterloo?
La batalla de Waterloo se llevó a cabo en Mont-Saint-Jean cerca del pueblo de Waterloo en la actual Bélgica, entonces parte del Reino de los Países Bajos.
Estudié ciencia política en la UNAM y trabajo en la judicatura federal. Aficionado a la historia, arquitectura, astronomía, biología, aviación. En 2026 iniciaré una maestría en historia de la arquitectura.
Harrison Mark es historiador y escritor en World History Encyclopedia. Se graduó de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Oswego, donde estudió historia y ciencias políticas.
Escrito por Harrison W. Mark, publicado el 13 octubre 2023. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.