Chester, una ciudad que viaja en el tiempo

por Rachael Lindsay, traducido por José Miguel Serradilla
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Se dice que Chester es la ciudad más rica de Gran Bretaña en cuanto a tesoros arqueológicos y arquitectónicos. Una de las mejores bases estratégicas del Imperio romano, es hoy una de las pocas ciudades amuralladas que quedan en Gran Bretaña. Rachael Lindsay nos invita a hacer una visita personal por la ciudad donde creció.

Cada vez que regreso a mi ciudad natal, Chester, enclavada en la frontera inglesa con Gales, me sorprendo volviendo al majestuoso cinturón de murallas romanas de piedra arenisca, a los edificios de entramado de madera del centro y al apacible Old Dee Bridge sobre el río Dee.

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Chester City
Ciudad de Chester Wikityke (GNU FDL)

Al rozar con la mano una piedra desgastada en los Jardines romanos, de inmediato me traslado al siglo I d.C. y al cálido complejo de termas del que esta columna formó parte. De pie en la grava del foso del anfiteatro romano, casi puedo oír los rugidos del público animando a su gladiador a luchar a muerte. Al alzar la vista hacia el Reloj de Eastgate, no puedo evitar pensar en todas las personas que lo han contemplado antes que yo.

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A pesar de su apariencia de apacible ciudad residencial cerca de la frontera entre Inglaterra y Gales, Chester tiene la capacidad de transportarme a distintas épocas, a los días más gloriosos y a los más difíciles de sus fascinantes 2.000 años de historia.

Chester nació a finales de los años 70 d.C. como uno de los tres campamentos militares más poderosos de la provincia romana de Britania. Los romanos avanzaban a toda velocidad por Britania, o «la tierra del estaño», levantando campamentos y ampliando su imperio. Desde su llegada inicial a las playas de Kent, progresaban hacia el norte y necesitaban una base en el noroeste de Britania, preferiblemente junto a un río que les permitiera transportar mercancías hasta el campamento y desde él.

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Así construyeron la mayor fortaleza de todas las que se levantaron entonces, a orillas del río Dee, a la que llamaron Deva Victrix: Deva, por el nombre britano del río que discurría junto al fuerte, y Victrix, por el campamento de la Legio XX Valeria Victrix acantonado allí. Deva Victrix acabaría convirtiéndose en el Chester al que hoy llamo hogar.

LA SANTA PATRONA DE CHESTER ES SANTA WERBURGA, FIGURA CLAVE EN LA REFORMA DE LOS CONVENTOS EN TODA INGLATERRA.

Los orígenes romanos de Chester se comprenden mejor recorriendo sus murallas romanas, asombrosamente bien conservadas, y situándose en el sobrecogedor anfiteatro romano.

Su importancia como ciudad medieval se aprecia al visitar el caudaloso río Dee, pasear entre los restos de su castillo de mota y patio, o caminar por las Rows. Y, para hacerse una idea de la intensa labor de restauración y construcción emprendida en época victoriana, hay pocos ejemplos mejores que la catedral de Chester y su elegante Reloj de Eastgate. Comencemos, sin embargo, por un paseo alrededor de las murallas.

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Las murallas

Las murallas romanas que rodean el corazón de Chester siguen siendo uno de sus rasgos más característicos, formando un recorrido casi cerrado de piedra arenisca de casi tres kilómetros (2 millas) de longitud. A lo largo de los siglos, centuriones romanos, soldados sajones y arqueros medievales han vigilado desde estas murallas y, desde que el recorrido empezó a usarse con fines recreativos en el siglo XVIII, figuras destacadas como Samuel Johnson y John Wesley han paseado por su adarve.

Hoy, cuando vuelvo a recorrerlas, además de recordar mis años de «correr las murallas» con el club de atletismo del colegio, siento que cada ladrillo de piedra arenisca cuenta la historia de los antiguos habitantes de Chester y, por supuesto, también la de sus enemigos.

Chester City Walls
Murallas de la ciudad de Chester Stepped (CC BY-SA)

Cuando los romanos construyeron la fortaleza de Deva, estaba protegida por un terraplén de tierra coronado por una empalizada de madera y una puerta en cada uno de sus cuatro lados. Cuesta imaginar cuán imponente debía de parecer a quienes pasaban junto a ella aquel parapeto almenado de tres metros de altura. Pero la fortaleza militar atrajo enseguida a un asentamiento civil que vivía a la sombra del poderoso fuerte, probablemente por el atractivo que suponía comerciar con los romanos. Con el paso de los años, el fuerte se volvió aún más intimidante, ya que el terraplén y la empalizada se reconstruyeron utilizando piedra arenisca de las canteras locales para crear un sólido muro defensivo.

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Chester City Walls
Murallas de la ciudad de Chester Chris McKenna (CC BY-SA)

En torno al año 410 d.C., el ejército romano abandonó sus termas, sus casas y el anfiteatro de Deva Victrix como parte del proceso que marcó el final del dominio romano en Britania. Aun así, el asentamiento civil romano‑britano (probablemente formado por algunos antiguos soldados romanos y sus familias) permaneció allí, utilizando las sólidas murallas de piedra arenisca de la fortaleza para protegerse de los ataques locales.

En época medieval, los sajones se pusieron manos a la obra para reparar, reforzar y ampliar las murallas romanas existentes, y lo hicieron tan bien que los tramos reconstruidos entonces constituyen hoy la mayor parte de las murallas.

En el siglo XVII d.C., la guerra civil estalló en Inglaterra, cuando todo el país quedó atrapado en la pugna entre la democracia representativa de los parlamentarios y la monarquía absoluta de los realistas. El hijo mayor del rey ostentaba el título de conde de Chester, de modo que la ciudad apoyó, como era de esperar, a Carlos I y a los realistas durante la contienda.

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Sin embargo, debido a la posición estratégica de Chester como puerta de acceso a Gales y a su importancia como centro de comercio, los parlamentarios estaban muy interesados en controlarla. Se puso en marcha entonces un nuevo programa de mejoras en las murallas romanas, añadiendo torres de vigilancia para avisar de la llegada de las tropas parlamentarias.

Pese a estas mejoras, las murallas de Chester fueron vulneradas en varias ocasiones durante los tres años de ataques parlamentarios que siguieron. Cuenta la leyenda que, en una de esas ocasiones, se pidió a las mujeres de Chester que pasaran la noche reparando una brecha en las murallas porque los hombres estaban completamente exhaustos tras la batalla del día.

Chester Walls: Civil War Damage
Murallas de Chester: daños causados por la guerra civil John S. Turner (CC BY-SA)

En la paz que siguió a los difíciles años de la guerra civil, las murallas dejaron de ser necesarias como sistema defensivo y, en 1707 d.C., se tomó la decisión de acondicionar sobre ellas un paseo empedrado para que los habitantes pudieran rodear la ciudad. Hoy, las murallas constituyen el sistema de defensa urbano romano y medieval más completo de Gran Bretaña y casi todos sus tramos están protegidos con la catalogación de Grade I listing (grado I en el sistema británico).

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El anfiteatro

El anfiteatro romano de Chester, una de las contribuciones más grandiosas de los romanos a Gran Bretaña, era el mayor anfiteatro de Britania cuando se construyó a finales del siglo I d.C. Situado justo fuera del trazado de las murallas, es hoy un semicírculo de grava rodeado de piedra arenisca erosionada y un manto de hierba frondosa. Cada vez que pongo un pie en este lugar, me sobrecoge su arquitectura y, al mismo tiempo, me estremece pensar en lo que sucedía en sus gradas hace más de 2.000 años.

Chester's Roman Amphitheatre
Anfiteatro romano de Chester One Red Shoe, Murals & Artwork (CC BY-SA)

Contra lo que suele creerse, este anfiteatro no se utilizaba como espacio de instrucción militar, sino que era un anfiteatro civil, probablemente dedicado a las peleas de gallos, el hostigamiento de toros y otros combates deportivos. Más de 7.000 espectadores se reunían en las gradas de piedra de este recinto al aire libre, charlando con sus vecinos, comprando recuerdos y preparándose para un combate de gladiadores fuertemente armados en el que solo uno quedaría en pie cuando la lucha llegara a su sangriento final.

En 2005, el anfiteatro romano de Chester fue escenario de una de las mayores excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en Gran Bretaña. Entonces se descubrió no solo que el edificio tenía en realidad dos pisos, como otros anfiteatros del Mediterráneo (por ejemplo, el de El Djem, en Túnez), sino también que se levantaba sobre los cimientos de un segundo anfiteatro más antiguo. Se sabe muy poco de esta construcción anterior, salvo que era más sencilla que la posterior y que probablemente data de la época de la Legio II Adiutrix, destinada en la zona a finales de los años 70 d.C.

Estos hallazgos cambiaron buena parte de lo que los historiadores creían sobre el anfiteatro antes de 2005. Las recientes obras de acondicionamiento han transformado el recinto, haciendo aún más fácil imaginar sus antiguos días de esplendor.

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Un enorme mural del artista británico Gary Drostle, que representa el anfiteatro completo, sirve hoy de telón de fondo al conjunto, y una nueva pasarela permite a los visitantes acceder al lugar desde la perspectiva de un gladiador romano poderoso, aunque probablemente bastante nervioso.

El río

En los días soleados, los habitantes de Chester acuden en masa a las orillas del río para disfrutar de los bellísimos atardeceres reflejados en el agua y sacar el máximo partido a las atracciones de temporada. Entre ellas están los metales locales que amenizan desde el quiosco de música, las barcas de pedales que surcan el río arriba y abajo, y los puestos que venden los siempre populares conos de helado.

La importancia lúdica que hoy tiene el río contrasta con el papel vital que desempeñó en el pasado como auténtica arteria económica y vía de comercio y transporte fluvial hacia el interior. Esta función económica se remonta a la época en que los reyes sajones de Wessex refundaron Chester.

The River Dee in Chester
El río Dee en Chester Sue Adair (CC BY-SA)

Se sabe muy poco del periodo comprendido entre la marcha de los romanos y el siglo IX d.C., pero Chester recuperó su importancia en la Alta Edad Media anglosajona y se convirtió en un próspero burh o núcleo urbano, gracias a su emplazamiento en la ribera del Dee. El Dee permitía a los habitantes de Chester importar vino, alimentos y ganado de Gales, Francia y España, y exportar cuero, la principal industria local de la época. Gracias a su ubicación junto al río, la ciudad vivía un periodo de esplendor.

El río también tenía usos industriales. En 1093, el conde de Chester, Hugo Lupus, ordenó construir una presa de piedra arenisca un poco río arriba del Old Dee Bridge, para retener agua y mover sus molinos harineros. Esta obra inspiró más tarde una canción popular tradicional que cuenta el júbilo de un molinero satisfecho con su máquina. En ella, el molinero expresa lo feliz que se siente con su molino y su independencia, ajeno a abogados y doctores, y despreocupado de los demás mientras nadie se preocupe por él:

Vivo junto a mi molino, ¡Dios la bendiga! Ella es mi pariente, mi hija y mi esposa;

No cambiaría mi situación por ninguna otra en la vida;

Ningún abogado, cirujano o médico ha recibido jamás un centavo mío;

No me importa nadie, no, si nadie se preocupa por mí.

Sin embargo, esta presa contribuyó a la sedimentación del río Dee y, a medida que el nuevo puerto de Liverpool fue ganando peso comercial en el río Mersey, la actividad mercantil de Chester fue decayendo. Lo que hoy es el hipódromo de Roodee, el circuito hípico más antiguo del país, fue en su día el puerto romano de Chester y parte del cauce del río; el único recordatorio curioso de su pasado marítimo es el pedestal de piedra de una cruz, en medio de la amplia y verde pradera, que aún muestra en su fuste las marcas dejadas por las antiguas ondulaciones del agua.

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El castillo

Encaramado en una pequeña colina con vistas al río Dee, el complejo del castillo de Chester dista mucho hoy de su primitiva estructura de castillo de mota, con torre elevada sobre un montículo y un patio amurallado a sus pies. Aun así, ofrece un magnífico mirador sobre el río y el hipódromo y, cada vez que lo visito, cierro los ojos e imagino que soy una prisionera encerrada entre sus muros de piedra.

Chester Castle
Castillo de Chester Tanya Dedyukhina (CC BY-SA)

Tras la conquista normanda, el conde Hugo Lupus levantó en madera el típico castillo de mota con patio amurallado propio de la época, que más tarde sería sustituido por estructuras de piedra. Este castillo reforzó la reputación de Chester como potencia militar y se convirtió en la base de las expediciones contra el norte de Gales durante los siglos XII y XIII d.C.

El desafortunado líder galés Gruffudd ap Cynan fue capturado y recluido en el castillo durante varios años; mientras que el conde Hugo se adueñaba de Gales levantando castillos en Bangor, Caernarfon y Aberlleiniog. Con el tiempo, Gruffudd fue sacado a rastras de su celda y encadenado en la plaza del mercado, a la vista de todos los habitantes de Chester, cuando, según cuenta la tradición, Cynwrig el Alto aprovechó la ocasión para rescatarlo y permitirle huir a Irlanda. Tras la fuga de Gruffudd, la cripta del castillo siguió cumpliendo una útil función como prisión para personajes destacados de la época, como Ricardo II y el yorkista John Neville durante la guerra de las Rosas.

Hoy en día, los deteriorados restos del castillo original pueden visitarse dentro del conjunto neoclásico que Thomas Harrison articuló en torno a la estructura primitiva a finales del siglo XVIII. Entrar por los arcos dóricos de la monumental puerta de acceso, de inspiración clásica, hasta llegar a la torre de piedra de Agricola, la entrada original al castillo, es realmente como viajar atrás en el tiempo; en su interior aún se conservan magníficos frescos religiosos de hacia 1240.

Chester Castle
Castillo de Chester Richard Nevell (CC BY-SA)

Mi favorita es la escena al fresco de un hombre que se inclina para abrazar a su amante que, aunque hoy aparece cuarteada y apenas visible, deja entrever lo suntuosas y recargadas que llegaron a ser estas paredes. El Cheshire Military Museum, que narra la historia de los regimientos británicos vinculados al condado, también se encuentra en el recinto, alojado en un edificio típicamente neoclásico, claro y de fachada simétrica que antaño sirvió de cuartel.

Las Rows

Cuando era pequeña, pensaba que todas las ciudades tenían sus propias «rows» (hileras). Se trata de una serie de edificios entramados en blanco y negro, unidos por largas galerías, que albergan tiendas y cafés tanto a pie de calle como en un primer nivel o «galería». Pronto descubrí, claro está, que esta disposición de comercios, cafés y oficinas en dos alturas, a las que se accede por pequeñas escaleras entre los locales de la planta baja, es algo casi exclusivo de Chester: de hecho, no existe en ninguna otra parte del mundo un conjunto comparable en escala al de sus famosas Rows.

Chester Rows
Chester Rows Detroit Publishing Co., under license from Photoglob Zürich (Public Domain)

Las rows de Chester se construyeron en época medieval. Entonces, estas galerías comunicaban las estancias comerciales con las zonas de vivienda de los artesanos y sus familias. Las tiendas funcionaban como bulliciosos talleres, con letreros en el exterior que mostraban imágenes del oficio que allí se practicaba, ya que muy pocas personas sabían leer. Sus orígenes exactos siguen siendo inciertos, pero algunos historiadores creen que se levantaron sobre los escombros de edificios romanos o incluso que en las reparaciones se reutilizaron lápidas romanas.

Antes de que la guerra civil se abatiera sobre Inglaterra en el siglo XVII d.C., la mayoría de estas rows se extendían sin interrupción a lo largo de cada calle, de modo que las galerías del primer piso no presentaban cortes y permitían el paso continuo de peatones por toda la hilera de talleres.

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Sin embargo, sir Richard Grosvenor, descendiente del primer conde de Chester, inauguró la moda de cerrar las rows cuando trasladó a su familia de la finca rural a su casa de la ciudad durante el asedio de Chester en 1643.

St.Michael's Row Chester
St. Michael's Row Chester (Galería de St Michael de Chester) MartinVL (CC BY-SA)

Sir Richard quería ampliar su casa, ya que el asedio le obligaba a pasar todo su tiempo en ella. Así que obtuvo permiso para cerrar el tramo de row de su propiedad, impidiendo que los transeúntes accedieran a la galería superior correspondiente a esa parte; de este modo, los habitantes de Chester se veían obligados a bajar a la calle y volver a subir para llegar a las tiendas de los alrededores. Como figura influyente, su decisión condicionó las actuaciones urbanísticas de sus vecinos, que también empezaron a cerrar sus tramos de row o a construir casas nuevas que ya no incorporaban la galería.

Aunque al comienzo del asedio algunos habitantes de Chester tenían medios para mejorar sus viviendas, tres años de intensos ataques parlamentarios contra este bastión realista empezaron a pasar factura. Sin un suministro constante de alimentos ni forma de ganarse la vida con el comercio, la población sufría terriblemente, y lo poco que tenían se lo llevaban en impuestos para reparar las murallas de la ciudad.

Tras el bloqueo por parte de los parlamentarios de la única ruta de abastecimiento, los hambrientos habitantes de Chester llegaron a comer perros, gatos e incluso ratas en un intento desesperado por no sucumbir al hambre; aun así, muchos murieron de inanición.

En enero de 1646 d.C., lord Byron, gobernador de Chester, entregó la ciudad a los parlamentarios con la condición de que se respetaran sus monumentos antiguos y religiosos. Pero estos hicieron poco caso del acuerdo y dañaron la High Cross, el castillo, numerosas casas y talleres, así como varias iglesias. Cuando terminaron, Chester yacía en ruinas.

Watergate Row Chester
Watergate Row de Chester John S. Turner (CC BY-SA)

Tras aquellos años tan duros, los habitantes de Chester empezaron a reconstruir su ciudad, y muchas de las rows entramadas de madera que hoy se pueden ver proceden de ese periodo de reconstrucción, con vigas de roble pintadas de negro con alquitrán para protegerlas de la intemperie y tabiques de entramado y relleno blanqueados con cal.

Ahora bien, no todas las rows ni todos los edificios entramados de Chester son realmente tudor: algunos son construcciones de estilo «falso Tudor» (Mock Tudor) levantadas por los victorianos. Entre los ejemplos originales figuran Tudor House, en Lower Bridge Street, el pub Bear and Billet, junto a Southgate, y la casa encantada de Stanley Palace, en Watergate Street.

Hoy en día, las galerías entramadas en blanco y negro siguen siendo una parte singular de la vida de Chester, con tiendas y restaurantes muy atractivos situados a la altura perfecta para observar el ir y venir de la gente.

La catedral

El edificio medieval de piedra arenisca de la catedral de Chester se alza con orgullo en la parte interior del circuito de murallas. Es una muy inglesa mezcla de estilos arquitectónicos, que va desde el brazo norte románico del crucero hasta la elaborada tracería de las ventanas góticas decoradas y los exquisitos y ornamentados sitiales del coro, que datan de finales del siglo XIV. Es un remanso de paz cuya historia está íntimamente ligada a la de la ciudad.

Chester Cathedral Exterior
Exterior de la catedral de Chester Michael D Beckwith (Public Domain)

Se ha sugerido que los orígenes de la catedral de Chester se remontan a finales del periodo romano, cuando algunos romanos empezaron a convertirse al cristianismo y a construir basílicas cristianas. Hicieran o no los romanos una basílica de este tipo en Chester, sabemos que ya en el siglo X los restos de santa Werburga se habían depositado en una iglesia de la ciudad, lo que la convirtió en un importante lugar de peregrinación para los cristianos medievales. Esta construcción fue luego arrasada y, por desgracia, hoy no queda rastro de ella.

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Hugo Lupus, el conde de Chester famoso por su presa y su castillo, fundó un monasterio benedictino en el lugar donde se levanta la actual catedral, con la ayuda de san Anselmo y otros monjes procedentes de Normandía, en Francia. Este monasterio medieval permaneció en pie durante quinientos años, hasta que Enrique VIII ordenó la disolución de los monasterios en Inglaterra. En esta ocasión, sin embargo, los edificios sobrevivieron y, por mandato del propio Enrique VIII, pasaron a convertirse en catedral de la Iglesia de Inglaterra.

Chester Cathedral Exterior
Exterior de la catedral de Chester Enrique Íñiguez Rodríguez (Qoan) (CC BY-SA)

Desde que se convirtió en catedral, el edificio ha sido objeto de amplias campañas de restauración a lo largo de los siglos, y por eso dentro de sus muros conviven tantos estilos arquitectónicos distintos. La piedra arenisca roja envuelve a los fieles con un cálido resplandor, pero es un material delicado que se deteriora con facilidad bajo el clima inglés.

Las obras de restauración más importantes corrieron a cargo del arquitecto victoriano George Gilbert Scott, que repuso elementos interiores destruidos durante la guerra civil, como la suntuosa reja del coro. También unificó la apariencia exterior de la catedral, utilizando piedra arenisca roja procedente de las canteras cercanas de Runcorn.

Uno de los lugares más tranquilos de Chester hoy en día es el jardín de la catedral, donde se encuentra un monumento al Regimiento de Cheshire y el primer campanario exento construido para una catedral en Inglaterra desde la Reforma.

El Reloj

El Reloj de Eastgate se alza majestuoso sobre la estructura de arenisca en el arco de Eastgate, en el lugar donde se encontraba la entrada original a la fortaleza romana. Durante mi adolescencia, «quedamos bajo el reloj» era una frase de uso común, ya que la zona peatonal situada bajo la colorida estructura de hierro forjado y cobre era el punto de encuentro perfecto. Caminar sobre Eastgate por la parte alta de las murallas ofrece, además, una magnífica vista de pájaro de Eastgate Street.

Eastgate Clock Chester
Reloj de Eastgate de Chester Photograph by Mike Peel (www.mikepeel.net). (CC BY-SA)

El reloj, como muchos de los edificios más destacados y mejor conservados de Chester, se erigió en época victoriana. En 1848 d.C. se inauguró la estación ferroviaria Chester General, de ladrillo claro y estilo italianizante, que hoy se conserva como una de las pocas estaciones de tren catalogadas de Inglaterra. En esos mismos años se levantó el Ayuntamiento, que sigue siendo un magníimo ejemplo de la arquitectura neogótica de inspiración ruskiniana.

El edificio del Ayuntamiento alberga otro de los relojes célebres de Chester, en una torre con tres esferas visibles, mientras que la cara orientada hacia Gales carece de reloj, según la broma local de que «Chester no quiere dar la hora a Gales». El Eastgate Clock se construyó en 1897 d.C. para conmemorar el Jubileo de Diamante de la reina Victoria y se dice que es el segundo reloj más fotografiado de Gran Bretaña, solo por detrás del Big Ben de Londres.

Y mi hogar

Cada vez que regreso a Chester, vuelven a mí sus historias fascinantes y todo lo que la ciudad ha vivido para seguir en pie hoy. Esas historias no solo se cuentan en las magníficas colecciones de objetos romanos del Grosvenor Museum o en los archivos militares del Cheshire Military Museum, sino también en la propia ciudad viva que Chester sigue siendo.

Casi puedo sentir el terror de un ataque de las fuerzas parlamentarias cuando corro el circuito de las murallas romanas, y me traslado a un bullicioso taller medieval cada vez que me reúno con un viejo amigo en una cafetería de las rows. La magia de Chester reside en que su historia no vive únicamente en polvorientos legajos, sino en sus edificios, monumentos y espacios públicos extraordinariamente bien conservados, que los habitantes de la ciudad siguen utilizando y disfrutando hoy en día.

Te invito a venir y descubrir por ti mismo la ciudad de Chester, que también es mi hogar.

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Sobre el traductor

José Miguel Serradilla
Matemático, con experiencia docente tanto en educación secundaria como universitaria. Apasionado por la ciencia y las lenguas, destaca por su curiosidad intelectual, su afición a la lectura y su interés por el cine y la música.

Cita este trabajo

Estilo APA

Lindsay, R. (2026, enero 29). Chester, una ciudad que viaja en el tiempo. (J. M. Serradilla, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1386/chester-una-ciudad-que-viaja-en-el-tiempo/

Estilo Chicago

Lindsay, Rachael. "Chester, una ciudad que viaja en el tiempo." Traducido por José Miguel Serradilla. World History Encyclopedia, enero 29, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1386/chester-una-ciudad-que-viaja-en-el-tiempo/.

Estilo MLA

Lindsay, Rachael. "Chester, una ciudad que viaja en el tiempo." Traducido por José Miguel Serradilla. World History Encyclopedia, 29 ene 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1386/chester-una-ciudad-que-viaja-en-el-tiempo/.

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