Los objetos e iconos de jade son prácticamente sinónimos de la cultura china desde hace miles de años. El jade (nefrita) se empezó a trabajar para crear objetos reconocibles hacia el año 6000 a.C., durante el periodo de la cultura Houli (en torno a 6500 - alrededor de 5500 a.C.). El arte en jade se desarrolló a partir de esa época hasta alcanzar su apogeo durante el periodo de la cultura Liangzhu (en torno a 3400-2250 a.C.). Este periodo también fue testigo de un mayor desarrollo de la estratificación de clases, establecida ya en los inicios de la cultura Yangshao (hacia el 5000-3000 a.C.) y consolidada por la cultura Hongshan (hacia el 4700-2900 a.C.). Debido al gran tiempo que requería su elaboración, el jade era muy apreciado y solo se lo podía permitir la clase alta.
La cultura Liangzhu mantuvo esta jerarquía social, ya que los objetos de jade de su época solo se han encontrado en las tumbas y sepulturas de los ricos; la cerámica constituía el ajuar funerario de los pobres, si es que disponían de alguno. El jade de la cultura Liangzhu se caracteriza por una técnica extremadamente refinada y una gran atención al detalle, lo que le confiere una vitalidad de la que carecían las culturas anteriores y que no volvería a observarse hasta la dinastía Shang (1600-1046 a.C.).
Un ejemplo del arte de Liangzhu es el Perro de Correya, propiedad privada del Sr. Alfred Correya, del suroeste de Inglaterra, y que casi con toda seguridad data de este periodo. Los objetos de jade de Liangzhu se consideran algunos de los mejores del mundo, y los avances posteriores en el trabajo del jade les deben mucho a las técnicas perfeccionadas por esta cultura.
La cultura Liangzhu
El pueblo de la cultura Liangzhu ocupaba una zona centrada en torno al actual lago Tai y que se extendía a través de la provincia de Jiangsu, hacia el sur hasta Hangzhou, en la provincia de Zhejiang, y hacia el este hasta Shanghái. El yacimiento más extenso de este periodo es el de Mojiaoshan, en la provincia de Zhejiang, con una superficie de 2.900.000 millas cuadradas, mientras que el segundo más extenso, Sidun, en la provincia de Jiangsu, mide 900.000 millas cuadradas. Se trataba de una cultura jerárquica con clases sociales estratificadas, tal y como demuestran las prácticas y los ajuares funerarios.
La investigadora Elizabeth Childs-Johnson comenta esta estructura social y la importancia del jade a la hora de distinguir el estatus social de cada uno:
Desde el punto de vista cronológico, la cultura Liangzhu consta de tres fases: temprana, media y tardía. La fase tardía se caracteriza por la construcción a gran escala de yacimientos con cementerios de altares escalonados y la fabricación de los tipos clásicos de jade de Liangzhu. Desde el punto de vista social, la cultura Liangzhu se caracteriza por una serie de ciudades-Estado o jefaturas, grandes y pequeñas, gobernadas por aquellos cuyo poder se manifestaba principalmente a través de jades simbólicos, que variaban en tipo, desde armas, herramientas y adornos corporales hasta instrumentos rituales. (Speculations, 8)
Se cree que los jades más refinados de la cultura Liangzhu proceden de este último periodo, cuando los artistas ya habrían perfeccionado la técnica para trabajar la nefrita. Los habitantes de Liangzhu preferían construir sus viviendas cerca de ríos y las pruebas arqueológicas confirman que eran expertos en la navegación y la pesca. Cultivaban arroz, utilizaban herramientas de diamante en su trabajo con el jade y criaban perros y cerdos domesticados.
Las zonas residenciales excavadas hasta la fecha muestran que muchas viviendas se construían sobre pilotes, presumiblemente como defensa contra las inundaciones, pero algunos estudiosos (como Treistman) sostienen que este estilo arquitectónico, así como la zanja que rodeaba muchas aldeas, podía deberse tanto a la cría de cerdos como a cualquier otra cosa. Los cerdos de la familia habrían vivido bajo la vivienda y la zanja habría evitado que se alejaran y se convirtieran en presa de animales salvajes.
Los Liangzhu desarrollaron una cultura muy sofisticada y compleja que desapareció repentinamente hacia el año 2250 a.C. Lo más probable es que esto se debiera a unas inundaciones que destruyeron las viviendas y las ciudades de la población, pero que también contribuyeron a preservar la cultura. Muchos de los jades producidos durante esta época se han conservado en perfecto estado, ya que quedaron enterrados bajo sedimentos propios de las inundaciones de un lago o del lecho de un río, mientras que otros se conservaron como ajuares funerarios.
Evolución del trabajo del jade
Los pueblos de China apreciaron el jade desde muy temprano. Ya en la época de la cultura Houli, tallaban la piedra para darle formas que se utilizaban como amuletos protectores y talismanes. La profesora Gina L. Barnes, de la Universidad de Londres, señala que la palabra «jade», que hoy en día designa un tipo específico de roca, es en realidad un término erróneo, y explica que los antiguos chinos reconocían muchos tipos diferentes de rocas y minerales que podían ser «jade»:
[La palabra «jade»] se utiliza comúnmente para traducir la palabra china yu, que tradicionalmente designa «piedras hermosas» dignas de ser talladas para convertirlas en objetos rituales y adornos personales. (1)
Aun así, Barnes también señala que los chinos del Neolítico podían distinguir el jade auténtico (del que hay dos tipos, jadeíta y nefrita, compuesta de tremolita y actinolita) de otras piedras, y que los artefactos de jade de la cultura Liangzhu son 100 % de nefrita. Los artesanos de Liangzhu desarrollaron sus habilidades a partir de la cultura superpuesta de Hongshan, pero ampliaron la variedad de motivos para ofrecer a la gente más opciones.
Las figuras predominantes de la cultura Hongshan eran el cerdo-dragón, las aves, el adorno en forma de casco de caballo, los discos con motivos de nubes, los peces, las cigarras y las tortugas. La cultura Liangzhu desarrolló muchos otros motivos, entre ellos el perro, el cerdo y los famosos cilindros cong y discos bi, cuyo significado y relevancia siguen siendo objeto de debate en la actualidad.
Estudiosos como Elizabeth Childs-Johnson defienden la teoría de que el cong y el bi tienen un significado cosmológico, según el cual el cong representa la tierra y el bi el cielo. Aunque esta teoría tiene mucho sentido, no está en absoluto aceptada de forma universal. Aun así, está claro que los objetos de jade tenían un significado simbólico importante y parece que los motivos se elegían cuidadosamente por ser dignos de representarse en el «verdadero jade», la nefrita. Barnes señala:
La nefrita adquirió un [gran] significado social y cosmológico. Los objetos de jade eran muy apreciados en China por varias razones: simbolizaban el rango, el poder, la moralidad, la riqueza y la inmortalidad. (4)
El jade también se valoraba porque era muy difícil de trabajar y la creación de un solo adorno habría llevado un tiempo considerable. Había que extraer la nefrita de los acantilados con una sierra de mano, probablemente de pizarra, y luego cortarla en piezas más pequeñas a partir de esa losa inicial. La investigadora Judith M. Treistman describe el proceso:
El trabajo del jade no es escultura, ya que es demasiado duro para cincelarlo o desbastarlo. Hay que esmerilarlo pulirlo con arena abrasiva transportada en un medio húmedo o aceitoso. Las herramientas de bambú, madera u [otras] que transportan el abrasivo no dejan marcas en el jade. Se supone que al principio utilizaban arena de cuarzo, luego granates almandinos triturados y, finalmente, corindón. El bambú se utilizó ampliamente para perforar las pulseras circulares y los bi [discos] de la época neolítica. (94)
Para la época de la cultura Liangzhu, estas técnicas llevaban desarrollándose miles de años. Por lo tanto, no es de extrañar que en este periodo se produjeran los jades más refinados de la era neolítica.
El jade de la cultura Liangzhu
Como se ha señalado, los artefactos de jade más famosos de la cultura Liangzhu son las piezas conocidas como cong y bi, un cilindro y un disco, pero los estudiosos no se ponen de acuerdo sobre el significado de estos artefactos. Está claro que, independientemente del significado que tuvieran para los habitantes de Liangzhu, eran de gran importancia, ya que se han encontrado en gran número como ajuares funerarios de la clase alta. Es muy posible, como han argumentado Childs-Johnson y otros, que representen el cielo y la tierra, ya que los antiguos chinos creían que la tierra era plana, con cuatro esquinas que descansaban bajo un dosel circular de los cielos; el cuadrado y el círculo eran símbolos de ambos, respectivamente.
Sin embargo, esta teoría se cuestiona porque no existe documentación alguna de la cultura Liangzhu que vincule los objetos directamente con los conceptos de tierra y cielo. Se considera que el motivo de la tierra y el cielo se desarrolló más tarde, durante la dinastía Shang, y quienes cuestionan una interpretación cosmológica del cong y el bi señalan que no se puede interpretar el arte neolítico desde la perspectiva posterior de los Shang.
El cong y el bi son piezas de jade de fina factura, cuidadosamente ornamentadas y decoradas con imágenes. Estos artefactos se fabricaban en distintos tamaños, pero siempre conservaban la misma forma: el cong es un cuadrado con una abertura circular y un interior también circular, mientras que el bi es un disco. La interpretación cosmológica de los objetos resulta, por tanto, tentadora, pero no concluyente. Es perfectamente posible que los pueblos de la cultura Liangzhu atribuyeran significados completamente diferentes al círculo y al cuadrado.
Además de estas piezas, los habitantes de Liangzhu crearon muchas otras obras de gran calidad en jade, entre las que se incluyen hachas, herramientas, joyas, figurillas, jarras y amuletos. Algunas de estas obras están decoradas con el motivo taotie, que algunos estudiosos han interpretado como una especie de máscara zoomórfica. Aunque el diseño taotie se asocia con las obras de arte de la dinastía Shang, también es evidente en piezas de Liangzhu de épocas mucho más antiguas.
Una de las piezas de jade más interesantes que se fabricaron fue el hsun chi, un disco de jade dentado con un agujero en el centro, que servía como plantilla astronómica. La Estrella Polar no era visible en la época de Liangzhu, por lo que, para determinar el norte verdadero, el agujero del hsun chi se alineaba con la Osa Mayor y se introducía en él un tubo de visión (el yu heng), de modo que no solo se podía determinar el norte verdadero, sino también calcular las estaciones a partir de las estrellas y determinar los solsticios. Las hachas de jade, tal y como señala Childs-Johnson, eran objetos de prestigio, y probablemente también lo era el hsun chi, que, además, solo habría sido de utilidad para alguien con conocimientos de astronomía y astrología; es decir, alguien perteneciente a la clase alta.
También se fabricaban en abundancia amuletos que se llevaban en la ropa o colgados de un cordón alrededor del cuello. Aunque las creencias y prácticas religiosas definitivas no se desarrollaron ni codificaron plenamente hasta la dinastía Shang, las culturas neolíticas reconocían que existían entidades invisibles más poderosas que el individuo, y llevaban amuletos para protegerse de los espíritus nocivos o invocar la ayuda de los benévolos. Un potente símbolo de protección y uno de los motivos representados en jade por los Liangzhu era el perro, que defendía a las personas contra los fantasmas y otras amenazas sobrenaturales.
El perro de Correya
El perro es el animal domesticado más antiguo de China y, aunque se utilizaba como fuente de alimento, para pastorear, cazar y transportar la caza de vuelta al pueblo, también se le consideraba un vínculo entre el mundo de los mortales y el de los espíritus. Aunque el perro estaba domesticado y era famoso por su lealtad, seguía vinculado a lo salvaje y actuaba por instinto; formaba parte, por tanto, tanto del mundo de los humanos como de la esfera indómita sobre la que las personas tenían escaso control. Por ello, se creía que los perros podían defender a la gente frente a entidades de otros reinos.
Para protegerse en el camino o al realizar recados, se llevaba un amuleto, y un buen ejemplo de este tipo de artefacto es el «Perro de Correya». Esta pieza mide 63,1 × 19,9 × 20,8 mm (2,4 × 0,78 × 0,81 pulgadas) y pesa 42,92 gramos. Los análisis de laboratorio realizados por Gemological Certification Services, de Londres, confirman que el grupo del artefacto es el de los anfíboles, la especie es tremolita natural y la variedad es nefrita blanca. El grupo, la especie y la variedad de este amuleto concuerdan con los artefactos de jade de la cultura Liangzhu, pero, por supuesto, también con los de sociedades anteriores, como la de Hongshan, que también trabajaba el jade auténtico.
Aunque el perro de Correya aún no ha sido datado, su estilo y temática permiten interpretarlo como una pieza de Liangzhu. No se sabe que la cultura Hongshan produjera figuras de perros y su estilo no es tan delicado como el de la posterior cultura Liangzhu. Una comparación de esta pieza, con su atención al detalle y su acabado liso, con un artefacto de Hongshan revela diferencias significativas. Un amuleto de Hongshan no muestra el tipo de sofisticación técnica que se aprecia en el Perro de Correya, el cual presenta todas las características propias de las piezas de Liangzhu.
El orificio para el cordón (que aún conserva algunos hilos textiles antiguos de colores) está situado discretamente entre las patas del perro, y la expresión del animal es serena, como si estuviera durmiendo. Cuando se llevaba puesto, el amuleto habría descansado sobre el cuerpo de su propietario exactamente como un perro dormido, lo que habría tenido dos posibles significados simbólicos: tranquilidad y protección. El perro dormido estaba en paz, pero cuando aparecía una amenaza, se despertaba para actuar y defenderse.
Declive y renacimiento
Es evidente que al artista le llevó mucho tiempo esculpir el Perro de Correya, ya que tuvo que darle forma mediante repetidos frotamientos con un material abrasivo y trabajar los detalles con un cordón o, tal vez, con una herramienta de diamante. El informe del laboratorio del GCS indica que no hay rastros de que se utilizara calor para ablandar la piedra durante su elaboración, por lo que esta pieza fue esculpida íntegramente por un artista que trabajó la nefrita en su estado natural.
Existen muchos otros amuletos de la cultura Liangzhu que siguen este mismo paradigma de expresión detallada y arte de alto nivel. Se observan pruebas de esta misma técnica en otras piezas de jade de Liangzhu, pero tras la desaparición de la cultura, hacia el 2250 a.C., el método también desapareció hasta la época de la dinastía Shang. El trabajo del jade se reanudó durante esta dinastía, que produjo muchas piezas de gran calidad, entre ellas campanas de jade, por lo que el método de Liangzhu para trabajar el jade debió de transmitirse de alguna manera.
Se creía que las campanas de jade inspiraban sabiduría, una de las cinco virtudes inherentes a la piedra. El escritor Xu Shen (siglo II a.C.), en su obra Shuo Wen, enumeró las virtudes eminentes del jade: su brillo simbolizaba la caridad; su sonido, la sabiduría; su dureza, el valor; su suavidad, la equidad; y su translucidez, la rectitud (Barnes, 4). El jade siguió siendo tan apreciado durante la dinastía Shang como lo había sido en la época de Liangzhu.
A lo largo de las épocas de la dinastía Zhou y del periodo de las Primaveras y Otoños (1046-476 a.C.), que sucedieron a la dinastía Shang, la producción de jade decayó. Durante el periodo de los Reinos Combatientes (476-221 a.C.) esta tendencia continuó, y la producción de jade solo se reactivó realmente con la estabilidad establecida por la dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.).
El jade siguió siendo una piedra muy apreciada para la elaboración de adornos, amuletos e incluso vestimentas a lo largo de la era Han, y continuó desempeñando un papel fundamental en la vida religiosa y cultural de los chinos. La asociación del jade con la divinidad y el poder queda perfectamente ilustrada en la revelación del emperador Shenzong de la dinastía Song (960-1279 d.C.), quien afirmó haber recibido una visión de una deidad a la que denominó el Emperador de Jade.
Aunque se acepta generalmente que Shenzong se inventó a este dios para sus propios fines políticos, el Emperador de Jade se convirtió en la deidad suprema protagonista de muchos mitos y leyendas, en gran parte debido a su nombre. Para la época de la dinastía Song, el jade era un aspecto tan esencial de la cultura china que vincular la piedra de las cinco virtudes con el concepto de poder imperial era una garantía de aceptación por parte del pueblo. Al igual que en la época de Liangzhu, el jade era la piedra de la élite e inspiraba el tipo de reverencia y respeto que se le debe a un emperador, o a un dios.
