Jezabel

Joshua J. Mark
por , traducido por Rosa Baranda
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Jezebel (by Arnaud 25, Public Domain)
Jezabel Arnaud 25 (Public Domain)

Jezabel (fallecida en torno al año 842 a.C.) fue la princesa fenicia de Sidón que se casó con Ajab, rey de Israel (que reinó entre alrededor de 871 y 852 a.C.), según los libros bíblicos de I y II Reyes, donde se la retrata de forma desfavorable como una ramera intrigante que corrompe a Israel y hace caso omiso de los mandamientos de Dios.

Su historia solo se conoce a través de la Biblia (aunque los recientes hallazgos arqueológicos han confirmado su existencia histórica), donde se la presenta como la malvada antagonista de Elías, el profeta del dios Yahvé. Los enfrentamientos entre Jezabel y Elías se narran como una batalla por el futuro religioso del pueblo de Israel, ya que Jezabel fomenta el politeísmo cananeo autóctono y Elías lucha por la visión monoteísta de un único dios masculino todopoderoso.

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Al final, Elías gana la batalla porque a Jezabel la asesinan sus propios guardias, la arrojan desde una ventana del palacio a la calle y allí se la comen los perros. Su muerte, señalan los autores bíblicos, había sido profetizada anteriormente por Elías, de manera que se muestra que se cumplió tal y como él lo había dicho y, por tanto, de acuerdo con la voluntad del dios de Elías.

El nombre de Jezabel se ha convertido en sinónimo del concepto de la seductora malvada debido a la interpretación de algunas de sus acciones.

Su nombre se ha convertido en sinónimo del concepto de «seductora malvada» debido a la interpretación de algunas de sus acciones (como maquillarse, supuestamente para seducir a su adversario Jehú, quien fue ungido por el sucesor de Elías, Eliseo, para destruirla) y llamar a una mujer «Jezabel» equivale a tacharla de promiscua y de carecer de moral.

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Sin embargo, los estudios recientes han intentado revertir esta asociación y cada vez se reconoce más a Jezabel como una mujer fuerte que se negó a someterse a lo que consideraba la naturaleza opresiva de la cultura religiosa de su marido e intentó cambiarla.

La evolución de la reputación de Jezabel

La historia tal y como se narra en I y II Reyes presenta a Jezabel como una influencia maligna desde el momento de su llegada a Israel, que corrompe a su marido, a la corte y al pueblo al intentar imponer sus creencias «impías» al pueblo elegido del único Dios verdadero. I Reyes 16: 30-33 presenta al rey Ajab como un rey malvado seducido por la influencia corruptora de su nueva esposa y sirve como una introducción a la historia para el lector:

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Ajab, hijo de Omrí, hizo el mal a los ojos del Señor, más aún que todos los que le precedieron. No le bastó [cometer varios pecados] sino que, además, tomó por mujer a Jezabel, hija de Itobaal, rey de los sidonios, y se puso a servir a Baal, postrándose ante él. Le elevó un altar en el santuario de Baal que edificó en Samaría y construyó Ajab la estela. Prosiguiendo de este modo irritó al Señor, Dios de Israel, más aún que todos los reyes de Israel que le precedieron. (Biblia de la CEE, I Reyes 16: 30-33)

Tradicionalmente, la historia de Jezabel se presenta como una influencia corruptora sobre un rey que ya se había mostrado como un mal representante de la cultura religiosa de su reino. El relato bíblico da por sentado que el lector sabe que Jezabel, procedente de Sidón, habría adorado al dios Baal y a su consorte Astarté, junto con muchas otras deidades, y también da por sentado que se sabe que el politeísmo de los sidonios era comparable al de los cananeos antes del surgimiento de Israel y del monoteísmo en su tierra. Dado que el monoteísmo y el reino de Israel se presentan de manera positiva, Jezabel, Sidón y Ajab se presentan de forma negativa.

Baal Statue
Estatua de Baal Jastrow (Public Domain)

Podría ser que la narración bíblica describa los acontecimientos con mayor o menor precisión, pero esta visión se ve cuestionada por la investigación académica actual, que se inclina cada vez más hacia una nueva interpretación del enfrentamiento entre Jezabel y Elías como una muestra del conflicto entre el politeísmo y el monoteísmo en la región durante el siglo IX a.C. Según esta interpretación, se entiende a Jezabel como una princesa, hija de un rey y un sacerdote, que intentaba mantener su herencia cultural en tierra extranjera frente a una religión que no podía aceptar. La historiadora y especialista en estudios bíblicos Janet Howe Gaines comenta:

Durante más de dos mil años, a Jezabel se le ha atribuido la reputación de ser la chica mala de la Biblia, la más malvada de las mujeres. A esta antigua reina se la ha tachado de asesina, prostituta y enemiga de Dios, y su nombre se ha utilizado tanto para líneas de lencería como para misiles de la Segunda Guerra Mundial. Pero, ¿cómo de depravada era en realidad Jezabel? En los últimos años, los estudiosos han intentado recuperar las figuras femeninas en la sombra cuyas historias a menudo solo se cuentan de forma parcial en la Biblia. (1)

Aunque se la ha asociado con la seducción, la depravación y la prostitución durante siglos, se puede conseguir una visión más precisa de Jezabel al considerar la posibilidad de que fuera sencillamente una mujer que se negó a someterse a las creencias y prácticas religiosas de su marido y de su cultura. Los estudios recientes, que han permitido comprender mejor la civilización de Fenicia, el papel de las mujeres y la lucha de los seguidores del dios hebreo Yahvé por imponerse sobre la antigua fe de los cananeos, sugieren una imagen de Jezabel diferente y más favorable que la que ofrece la interpretación tradicional. La tendencia académica actual es considerar la posibilidad probable de que fuera una mujer adelantada a su tiempo, casada con un hombre de una cultura cuya clase religiosa la veía como una amenaza formidable.

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La historia de Jezabel

Jezabel se casó por contrato con el rey Ajab del Reino de Israel como una manera de consolidar una alianza entre ese reino y su Estado natal, Sidón. Tal y como señala Gaines, no hay forma de saber si estaba contenta con este arreglo y lo más probable es que no fuera más que un peón político:

La Biblia no hace ningún comentario sobre lo que piensa la joven Jezabel acerca de casarse con Ajab y trasladarse a Israel. Sus sentimientos no interesan al [escritor] deuteronomista, ni son pertinentes para el propósito didáctico de la historia. (2)

Al llegar a su nuevo hogar, entra casi de inmediato en conflicto con la clase religiosa al traer a sus propios sacerdotes y sacerdotisas y erigir santuarios y templos dedicados a los dioses según su propio entendimiento y sus propias creencias. Su actitud aparentemente rebelde hacia la religión de su marido molesta al profeta Elías, quien se opone a ella desde el principio. Elías anuncia que habrá una gran sequía en la tierra, ya que Dios está descontento con las acciones de Ajab y Jezabel, y luego se exilia al desierto, donde recibe instrucciones de su dios y, en un episodio famoso, devuelve la vida al hijo de la viuda de Sarepta (I Reyes 17), pero luego regresa para desafiar a Ajab y a Jezabel a un enfrentamiento.

Para cuando regresa, la sequía se ha agravado y el pueblo sufre una hambruna generalizada. Dios le ordena a Elías que le diga a Ajab que convoque al pueblo para presenciar un duelo entre los sacerdotes de Baal de Jezabel y él mismo en el monte Carmelo. Elías invocará a Yahvé para que prenda fuego a un toro de sacrificio sobre un altar, y los sacerdotes de Baal de Jezabel invocarán a Baal; la deidad que consiga prender fuego al toro ganará el desafío y será reconocida como el verdadero Dios. Ajab acepta el desafío y el pueblo, los sacerdotes de Baal y Elías se reúnen en el monte Carmelo.

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The Story of Elijah
La historia de Elías Lawrence OP (CC BY-SA)

Para llamar la atención de su dios, los 850 sacerdotes de Baal «brincaban en torno al altar que habían hecho» (I Reyes 18:26). También invocaban su nombre para que escuchara sus súplicas y enviara fuego al altar. Bailaron y rezaron todo el día, pero no obtuvieron respuesta alguna. Elías, sentado cerca de ellos y observándolos, se burla de los sacerdotes y les pregunta dónde está su dios. Quizá, sugiere, Baal está demasiado ocupado por ahí comiendo, manteniendo relaciones sexuales o entregándose a algún otro placer que le impida responder a sus oraciones.

Una vez que se han rendido y Elías se levanta para su turno, el autor de I Reyes deja claro cuál es la verdadera deidad haciendo que Yahvé responda inmediatamente a la oración de Elías:

Cayó el fuego del Señor que devoró el holocausto y la leña, lamiendo el agua de las zanjas. 39Todo el pueblo lo vio y cayeron rostro en tierra, exclamando: «¡El Señor es Dios. El Señor es Dios!» (I Reyes 18:38-39).

Elías ha ganado y ha demostrado que su dios es el único Dios verdadero, soberano de los cielos y la tierra. Como defensor de este dios, le corresponde ahora a Elías imponer la voluntad de su dios al pueblo de Israel. Gaines escribe:

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Irónicamente, al término del episodio del monte Carmelo, Elías demuestra que es capaz de las mismas inclinaciones asesinas que anteriormente habían caracterizado a Jezabel, aunque el deuteronomista solo la critica a ella. Tras ganar la contienda del monte Carmelo, Elías le ordena de inmediato a la asamblea que capture a todos los profetas de Jezabel. Declara enfáticamente: «Echad mano a los profetas de Baal, que no escape ni uno» (1 Reyes 18:40). Conduce a sus 450 prisioneros al uadi Quisón, donde los masacra (1 Reyes 18:40). Aunque nunca se encontrarán en persona, Elías y Jezabel están enzarzados en una dura lucha por la supremacía religiosa. Aquí Elías revela que tanto él como Jezabel poseen un fervor religioso similar, aunque sus lealtades difieran enormemente. Ambos están decididos a eliminar a los seguidores del otro, aunque eso implique asesinarlos. La diferencia radica en que el deuteronomista condena el asesinato de los siervos de Dios por parte de Jezabel (en 1 Reyes 18:4), pero ahora aprueba la decisión de Elías de masacrar a cientos de profetas de Jezabel. De hecho, una vez que Elías mata a los profetas de Jezabel, Dios le recompensa enviando una lluvia muy necesaria, que pone fin a una sequía de tres años en Israel. Aquí hay un claro doble rasero. El asesinato parece aceptarse, e incluso venerarse, siempre que se haga en nombre de la deidad correcta. (4)

Cuando Jezabel se entera de lo que ha hecho Elías, amenaza con matarlo y él huye del país (1 Reyes 19:1-3). Sin embargo, esto no supone en absoluto el final de su enfrentamiento. 1 Reyes 21 relata que Jezabel orquesta el asesinato del terrateniente Nabot (supuestamente utilizando ilegalmente el anillo de sello de Ajab para sellar los mensajes enviados) con el fin de entregarle a Ajab sus viñedos.

Ajab le había exigido a Nabot que le vendiera los viñedos, ya que él era el rey y los viñedos estaban cerca de su palacio. Cuando Nabot se negó, Jezabel lo incriminó falsamente por traición y lo mandó ejecutar. Todo esto se relata como si Jezabel hubiera actuado de manera engañosa al utilizar el anillo de Ajab para firmar la sentencia de muerte de Nabot. Sin embargo, los descubrimientos arqueológicos recientes revelan que ella tenía su propio anillo y, por lo tanto, autoridad como monarca para tomar las medidas que considerara necesarias (Science Daily, 1). Aunque no hay duda de que el asesinato de Nabot fue injusto, para una reina acostumbrada a salirse con la suya, puede que le pareciera una simple cuestión de política eliminar a un súbdito que se negaba a acatar la voluntad de la monarquía.

Sea como fuere, Elías regresa para enfrentarse a Ajab por el asesinato y predice la muerte tanto de Ajab como de Jezabel, afirmando que los perros lamerán la sangre de Ajab del suelo donde se derramó la sangre de Nabot y que «devorarán a Jezabel en el campo de Yezrael» (I Reyes 21: 17-23). Ajab espera librarse de este destino arrepintiéndose y vistiendo cilicio, lo que apacigua a Dios, quien pospone el día del juicio hasta los reinados de los hijos de Ajab.

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Jezebel & Ahab
Jezabel y Ajab Scarborough Art Gallery (Public Domain)

Elías había ungido anteriormente a un sucesor, Eliseo, quien ahora unge al general Jehú como nuevo rey de Israel para destruir la casa de Ajab y Jezabel. Para entonces, Ajab ya había fallecido, a causa de las heridas sufridas en la batalla, y el relato señala cómo los perros lamen su sangre del suelo, tal y como había profetizado Elías. El hijo de Ajab, Jorán, le sucede, pero Jehú lo asesina, al igual que al sobrino de Jorán, Ocozías, rey de Judá.

Jehú se acerca entonces a las murallas de la ciudad de Yezrael mientras Jezabel «se pintó los ojos con antimonio, se adornó la cabeza y se asomó al balcón» (II Reyes 9:30), lo que tradicionalmente se ha interpretado como un intento de seducir a Jehú y salvarse a sí misma. Si esta es la interpretación correcta, entonces resulta difícil entender que ella lo insulte, llamándole asesino, cuando él llega bajo su ventana.

Jehú hace caso omiso de su insulto y moviliza a quienes le rodean a su causa. Ante el grito de Jehú preguntando quién estaba con él contra Jezabel, «dos o tres eunucos miraron hacia él [desde la ventana de Jezabel] y él les ordenó: "¡Arrojadla!". Entonces ellos la arrojaron y su sangre salpicó los caballos que la pisoteaban y también las murallas» (II Reyes 9:32-33).

Hoy en día, algunos estudiosos consideran que la famosa escena de 2 Reyes 9:30, en la que Jezabel se maquilla antes de morir, lo que tradicionalmente se ha interpretado como un intento de seducir a Jehú para que le perdonara la vida y que, en gran medida, ha contribuido a su reputación de «ramera», constituye la conducta adecuada de una princesa de Sidón y reina de Israel, que se prepara para su fin con dignidad como monarca y verdadera sacerdotisa de sus dioses.

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Jehu
Jehú Walwyn (CC BY-SA)

Tras dejar que sus caballos la pisoteen, Jehú entra en la ciudad para comer y beber, y no es hasta más tarde cuando da la orden de que alguien vaya a enterrar a Jezabel, «pues no deja de ser hija del rey» (2 Reyes 9:34). No obstante, cuando el pueblo va a enterrarla, no encuentra nada más que su cráneo, sus pies y sus manos; los perros han devorado el resto del cuerpo bajo las murallas de Yezrael, tal y como había profetizado Elías.

Conclusión

Los nuevos estudios, como se ha señalado, interpretan la historia de Jezabel desde una perspectiva mucho más positiva que en generaciones anteriores. Tradicionalmente se la ha considerado una villana bastante unidimensional, pero, según sugiere Gaines:

Esta gobernante es mucho más compleja que lo que permite ver la interpretación habitual. Para llegar a una valoración más positiva del turbulento reinado de Jezabel y a una comprensión más profunda de su papel, debemos evaluar los motivos de los autores bíblicos que condenan a la reina. Además, debemos releer la narración desde el punto de vista de la reina. A medida que reconstruimos el mundo en el que vivió Jezabel, comienza a surgir una imagen más completa de esta mujer fascinante. La historia no es agradable, y algunos de los lectores, quizás la mayoría, seguirán sintiéndose incomodados por las acciones de Jezabel. Pero puede que su carácter no fuera tan oscuro como solemos pensar. Su maldad no siempre es tan obvia, indiscutible e inigualable como quiere hacer parecer el escritor bíblico. (1)

Las mujeres fenicias disfrutaban de una libertad enorme y se las consideraba casi iguales a los hombres. Tanto hombres como mujeres presidían las reuniones religiosas como sacerdotes y sacerdotisas y, como hija de un sumo sacerdote, naturalmente Jezabel se habría iniciado en el sacerdocio. Hay quienes han interpretado su conflicto continuo con Elías como un simple choque insuperable de perspectivas culturales, ya que los israelitas no estaban acostumbrados a una gobernante femenina fuerte y Jezabel no estaba acostumbrada a que se la considerara una ciudadana de segunda clase.

Puede que sus acciones no siempre fueran las más prudentes y, en ocasiones, fueran sencillamente malvadas (como en el caso de Nabot), pero pueden entenderse como la forma en que una princesa fenicia abordaría una situación sin tener en cuenta las normas culturales de la sociedad de su marido. Jezabel rechazó claramente las prohibiciones que les impedían a las mujeres participar plenamente en los rituales religiosos y las restricciones que se les imponían, tal y como describe la estudiosa Monique Alexandre:

En el ámbito doméstico, las mujeres eran responsables de la pureza alimentaria y sexual, pero desempeñaban un papel religioso mínimo en un sentido estricto. Es cierto que disfrutaban del privilegio de encender las velas del sabbat y hornear el pan del sabbat, y que les correspondía lavar y vestir los cuerpos de los difuntos y llorar su fallecimiento. Pero las bendiciones y las oraciones estaban reservadas a los hombres. (Pantel, 417)

Jezabel rechazó este tipo de vida tanto para sí misma como para las mujeres del reino que llegó a gobernar, intentando sustituir la cultura patriarcal y monoteísta que le resultaba intolerable por aquella en la que había crecido. Considerar a Jezabel desde esta perspectiva o según su imagen tradicional naturalmente depende de cada persona. Sin embargo, un examen minucioso del texto, teniendo en cuenta el enfoque narrativo y el propósito de los autores de I y II Reyes, puede darle al lector motivos para replantearse la imagen popular de la «malvada» reina Jezabel y verla tanto a ella como a su infame nombre bajo una luz nueva y más favorable.

***

Todas las citas bíblicas presentan la traducción de la Biblia de la Conferencia Episcopal Española. https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/, consultada el 7 de septiembre de 2026

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Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, J. J. (2026, septiembre 09). Jezabel. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-502/jezabel/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "Jezabel." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, septiembre 09, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-502/jezabel/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Jezabel." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, 09 sep 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-502/jezabel/.

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