Los códigos negros fueron una serie de políticas racistas y discriminatorias promulgadas por varios de los antiguos estados esclavistas de Estados Unidos durante los primeros años de la era de la Reconstrucción (aproximadamente entre 1865 y 1877). Basados en las antiguas leyes contra la vagancia y los códigos esclavistas, los códigos negros establecieron una nueva forma de cuasiesclavitud al restringir las libertades de la población negra, negarles los mismos derechos políticos y obligar nuevamente a hombres y mujeres liberados a realizar trabajos forzosos. La indignación que provocaron los códigos negros entre los habitantes del norte y los republicanos radicales contribuyó a desencadenar la fase «radical» de la Reconstrucción, que dio lugar a la Ley de Derechos Civiles de 1866, la decimocuarta enmienda y las leyes de la Reconstrucción. Sin embargo, los códigos negros, como parte del legado más amplio de la supremacía blanca, no desaparecieron con la Reconstrucción, sino que se transformaron en las leyes de Jim Crow del sur segregacionista.
Antecedentes: leyes contra la vagancia y códigos esclavistas
Los códigos negros tenían sus raíces en un largo legado de racismo, clasismo y supremacía blanca. Se apoyaban en gran medida en antiguas leyes contra la vagancia, que restringían la libertad de movimiento de quienes eran considerados «vagabundos». Por lo general, se clasificaba como vagabundos a las personas empobrecidas que se ganaban la vida mendigando, rebuscando entre los desechos o robando; con el supuesto objetivo de reducir estas actividades, las autoridades podían detener a cualquier persona que consideraran «vagabunda» y que se encontrara en espacios públicos o en las calles. Estas leyes, implementadas por primera vez en la Inglaterra de finales de la Edad Media, desalentaban a los campesinos pobres y a los siervos a desplazarse, lo que garantizaba de hecho una reserva de mano de obra para los señores feudales, quienes podían así tener la seguridad de que sus trabajadores tendrían menos posibilidades de marcharse. Más adelante, estas leyes se utilizaron para combatir la falta de vivienda y para reprimir a quienes eran considerados miembros de clases «indeseables».
LA ESCASEZ DE MANO DE OBRA, EL LEGADO DE LA ESCLAVITUD Y LA SUPREMACÍA BLANCA LLEVARÍAN A combinar LOS CÓDIGOS ESCLAVISTAS Y LAS LEYES CONTRA LA VAGANCIA PARA CREAR LOS CÓDIGOS NEGROS.
Los códigos esclavistas de la América colonial y de la época anterior a la guerra de Secesión estadounidense también sentarían las bases de los posteriores códigos negros. Estas leyes codificaban la jerarquía racial y la supremacía blanca necesarias para que existiera la esclavitud de personas consideradas propiedad. Consideraban a las personas esclavizadas propiedad de sus amos, en lugar de seres humanos, y establecían que los hijos nacidos de madres esclavizadas también pasarían a ser esclavos. Aunque los códigos esclavistas variaban de un estado a otro, muchos prohibían que las personas esclavizadas recibieran educación y les negaban cualquier derecho legal o civil. Los códigos también permitían a los amos azotar, marcar con hierro o encarcelar a sus esclavos como castigo. Durante las décadas previas a la guerra de Secesión estadounidense, gran parte del sur dependía del trabajo esclavo para sostener una economía agrícola basada en las plantaciones. Sin embargo, la derrota en la guerra y el fin de la esclavitud dejaron al sur sin gran parte de su mano de obra. Esta escasez de trabajadores, combinada con el legado de la esclavitud y la supremacía blanca, así como el deseo de vengar la derrota de la Confederación, llevó a combinar los códigos esclavistas y las leyes contra la vagancia para crear los códigos negros.
Una cuestión de derechos civiles
Para el otoño de 1865, la guerra de Secesión estadounidense había terminado. La Proclamación de Emancipación ya había liberado a millones de personas esclavizadas en todo el sur rebelde, y la decimotercera enmienda, aprobada por el Congreso, pero aún pendiente de ratificación oficial, estaba a punto de liberar a todas las demás. Sin embargo, mientras Estados Unidos, aún dividido, se adentraba de lleno en la Reconstrucción, quedaba una pregunta difícil por resolver: ¿qué se debía hacer con los millones de personas liberadas repartidas por todo el país? ¿Se les concedería la ciudadanía y, en ese caso, tendrían una ciudadanía en igualdad de condiciones? En su último discurso, pronunciado poco después de la rendición de la Confederación en Appomattox, el presidente Abraham Lincoln había apoyado conceder el derecho al voto a los hombres liberados, o al menos a aquellos que hubieran servido en los ejércitos de la Unión. Pero ahora Lincoln estaba muerto, asesinado por la bala de un sicario, y ya estaba claro que su sucesor, Andrew Johnson, no estaba a la altura de la tarea titánica que tenía por delante.
Cuando Johnson asumió la presidencia en abril de 1865, tanto los abolicionistas como las personas liberadas quizá esperaban que siguiera los deseos de su predecesor, convertido en mártir, y llevara adelante la Reconstrucción en el sur. «La traición debe resultar aborrecible, y los traidores deben ser castigados y empobrecidos», había dicho Johnson en una ocasión (citado en White, 35). Sin embargo, pese a estas declaraciones, a Johnson le interesaba más poner fin a la Reconstrucción lo antes posible que castigar a los traidores. Aunque mantuvo la ocupación militar federal de los antiguos Estados Confederados, Johnson se apresuró a ofrecer amnistía a quienes habían pertenecido a la Confederación, a quienes solo exigía jurar lealtad a la Unión. Se opuso constantemente a las medidas del Freedmen's Bureau, un organismo creado específicamente para ayudar a las personas recién emancipadas, y vetó una política de distribución de tierras que habría proporcionado a las personas liberadas 16 hectáreas (40 acres) de tierra agrícola.
Los antiguos Estados Confederados observaban con interés las acciones de Johnson y pronto comenzaron a poner a prueba los límites de la Reconstrucción para ver hasta dónde podían llegar. En agosto, el gobernador de Misisipi, William Sharkey, creó una milicia integrada exclusivamente por antiguos confederados. Aunque esto provocó indignación entre los unionistas, Johnson se puso del lado de Misisipi, alegando que «había que confiar en el pueblo» (citado en White, 53). Ese mismo mes, Johnson retiró del sur a los regimientos integrados exclusivamente por soldados negros, argumentando que su presencia humillaba a la población blanca y constituía un obstáculo para una Reconstrucción pacífica. Posteriormente, miles de soldados negros fueron licenciados del ejército. Teniendo en cuenta la indulgencia de Johnson con los estados rebeldes derrotados, no sorprende que Misisipi se sintiera lo suficientemente envalentonado como para promulgar el primer código negro a finales de 1865.
Los códigos negros buscaban recuperar la economía de las plantaciones que había prosperado en el sur antes de la guerra de Secesión mediante el sometimiento de las personas liberadas y la apropiación de su trabajo. La ley de Misisipi, cuyo título, irónicamente, era «Ley para conferir derechos civiles a las personas liberadas», estipulaba que las personas negras solo podían alquilar tierras en las ciudades, lo que les impedía, en la práctica, ganarse la vida mediante la agricultura independiente. Además, exigía que todas las personas negras presentaran una prueba de empleo en enero de cada año. Quienes no lo hicieran serían considerados «vagabundos» y no solo perderían todos los salarios que hubieran ganado durante ese año, sino que también se enfrentarían a penas de prisión. Asimismo, la ley de Misisipi prohibía el matrimonio entre personas negras y blancas, al establecer que «toda persona que contrajera matrimonio de este modo sería considerada culpable de un delito grave» y sería «confinada de por vida en la penitenciaría estatal» (citado en constitutioncenter.org).
los códigos negros establecieron la segregación legalizada en todo el sur y, en esencia, condujeron a una forma de esclavitud bajo otro nombre
La ley de Misisipi se convirtió en el modelo que pronto seguirían las legislaturas de otros estados, y Carolina del Sur promulgó su propia ley en noviembre de 1865. Titulada «Relaciones domésticas de las personas de color», la ley ampliaba las restricciones impuestas por Misisipi. Estipulaba que todas las personas negras que trabajaran en empleos distintos de la agricultura o el servicio doméstico debían pagar un impuesto anual de entre 10 y 100 dólares. Esta medida afectó especialmente a Charleston, donde muchas personas negras trabajaban como artesanos y trabajadores cualificados y ahora tenían que ingeniárselas para pagar el impuesto. Para 1866, la mayoría de los demás antiguos estados esclavistas habían establecido sus propias versiones de los códigos negros: Maryland, Carolina del Norte, Florida, Alabama, Texas, Luisiana, Kentucky y Tennessee. La mayoría incluía alguna variante de las leyes contra la «vagancia», que ahora se utilizaban para limitar la libertad de movimiento de las personas negras. Muchos de estos estados siguieron el ejemplo de Carolina del Sur y limitaron a los trabajadores negros a empleos agrícolas y domésticos. En estos casos, la jornada laboral solía definirse como el período comprendido entre «el amanecer y el atardecer», y los empleadores blancos podían castigar físicamente a sus trabajadores negros; en Florida, incluso podían azotarlos por mostrar «insolencia y falta de respeto» (citado en White, 54). Resulta revelador que en muchos de estos códigos se utilizara la palabra «amos» para referirse a los empleadores blancos de los trabajadores negros.
Los códigos negros también utilizaron las leyes de aprendizaje como instrumento de sometimiento contra las personas liberadas, con el fin de obtener aún más mano de obra gratuita. Tradicionalmente, estas leyes tenían como objetivo garantizar que los niños pudieran aprender un oficio al ser «aprendices» de un «maestro» durante una determinada cantidad de años. Sin embargo, bajo los códigos negros, las legislaturas estatales utilizaron estas leyes como pretexto para arrebatar a los niños negros de sus padres y ponerlos a trabajar en los campos como «aprendices». Los códigos negros establecían que, salvo unas pocas excepciones consideradas «laboriosas» y «honestas», las personas liberadas eran incapaces de criar a sus propios hijos (ibidem). Miles de niños fueron separados de sus padres y enviados como «aprendices» a plantaciones, muchas veces a las de sus antiguos amos. Los códigos negros establecieron la segregación legalizada en todo el sur y, parafraseando al juez de la Corte Suprema de Estados Unidos, Samuel Miller, en esencia, condujeron a una forma de esclavitud bajo otro nombre. Junto con el auge de los códigos negros en 1865 y 1866, también se produjo un aumento marcado de la violencia contra las personas liberadas, que adoptó la forma de golpes, azotes, violaciones y asesinatos.
Los códigos negros provocaron indignación entre los republicanos y los habitantes del norte, ya que quedó claro que los antiguos confederados intentaban resucitar el fantasma de la esclavitud. Un abolicionista se preguntó cómo creía el sur que podría salirse con la suya y afirmó que era «poco menos que una locura» que los legisladores sureños pensaran que «el norte triunfante… toleraría este nuevo código esclavista» (citado en Foner, 209). Los líderes sureños protestaron que no intentaban socavar la Reconstrucción y afirmaron que las personas liberadas nunca trabajarían voluntariamente y que era necesario obligarlas a hacerlo. Según un periódico favorable a su causa, los legisladores sureños estaban haciendo «lo que era mejor para el estado y para la sociedad; sin olvidar nunca que estaban legislando para un estado de hombres blancos» (ibidem).
La implementación de los códigos negros aumentó las tensiones en un momento en el que el país se preparaba para las elecciones de mitad de mandato de 1866. El futuro de la Reconstrucción estaba en juego, ya que los resultados determinarían si los republicanos radicales podrían mantener el control del Congreso. Mientras el presidente Johnson emprendía una gira por el país en la que arremetía contra sus adversarios radicales, se produjeron dos episodios importantes de violencia en el sur. El primero tuvo lugar en Memphis, donde los disturbios del 1 al 3 de mayo de 1866 comenzaron con un enfrentamiento entre policías blancos y veteranos negros que habían sido dados de baja recientemente del ejército federal. La situación derivó en una masacre: los policías blancos, respaldados por turbas de inmigrantes irlandeses, irrumpieron en barrios negros, incendiaron viviendas y escuelas y agredieron a personas liberadas. Para cuando las tropas federales llegaron para restablecer el orden, 46 personas negras habían muerto y 75 habían resultado heridas. El segundo episodio importante fue la masacre de Nueva Orleans del 30 de julio de 1866, cuando una turba de blancos, muchos de ellos antiguos confederados, atacó una manifestación pacífica de personas liberadas. Al menos 34 personas negras murieron y 119 resultaron heridas a manos de los atacantes.
Estos episodios, junto con los propios códigos negros, le demostraron al Congreso que, si no se tomaban medidas, el sur volvería al orden que había imperado antes de la guerra. La decimotercera enmienda, que abolía la esclavitud, ya se había aprobado, pero el Congreso liderado por los republicanos radicales fue aún más lejos. El 9 de abril aprobó la Ley de Derechos Civiles de 1866 y, unos meses después, la decimocuarta enmienda. Estas dos medidas legislativas fundamentales definieron la ciudadanía y establecieron la protección de los derechos civiles de los ciudadanos. En esencia, dejaron sin efecto muchos de los códigos negros. Tras conseguir una amplia victoria en las elecciones de mitad de mandato, los republicanos radicales redoblaron sus esfuerzos y aprobaron las leyes de la Reconstrucción, que impusieron la ley marcial en cada uno de los antiguos Estados Confederados, excepto Tennessee. Así, los códigos negros impulsaron la etapa más progresista e importante de la Reconstrucción. Sin embargo, no duraría. Con el tiempo, el entusiasmo por la Reconstrucción se desvaneció hasta que, para 1877, había llegado prácticamente a su fin. A partir de algunos aspectos de los códigos negros, el sur creó las nuevas políticas segregacionistas de la era de Jim Crow, que se mantendrían hasta mediados del siglo XX.
Los códigos negros fueron leyes racistas y discriminatorias que aprobaron muchos de los antiguos estados esclavistas en 1865 y 1866, durante los primeros años de la Reconstrucción.
¿Cómo afectaron los códigos negros a la Reconstrucción?
La implementación de los códigos negros por parte de los antiguos estados confederados llevó a los republicanos radicales del Congreso a responder con la aprobación de la Ley de Derechos Civiles de 1866, la decimocuarta enmienda y las leyes de Reconstrucción.
¿Cuál fue el primer estado en implementar los códigos negros?
Misisipi fue el primer estado en promulgar un código negro, seguido poco después por Carolina del Sur.
Manuela del Campo es una traductora literaria y técnico-científica, actriz con diez años de experiencia en teatro, líder del área educativa de una ONG dedicada a los derechos de los animales, y cofundadora de una productora audiovisual.
Harrison Mark es un investigador histórico y escritor para World History Encyclopedia. Se graduó de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Oswego, donde estudió Historia y Ciencias Políticas.
Escrito por Harrison W. Mark, publicado el 22 junio 2026. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.