Margaret Thatcher

La Dama de Hierro de la política británica
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por , traducido por Silvia Campos
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Margaret Thatcher (by unknown photgrapher, Copyright, fair use)
Margaret Thatcher unknown photgrapher (Copyright, fair use)

Margaret Thatcher fue primera ministra del Reino Unido desde el 4 de noviembre de 1979 hasta el 28 de noviembre de 1990. Aunque el Reino Unido salió victorioso militarmente de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el país seguía lidiando con la deuda y la inflación. En la década de 1970, las ideas neoliberales que defendían la privatización y el monetarismo ganaron popularidad en todo el mundo, y Thatcher fue una de sus principales representantes. Como primera mujer en ocupar el cargo de primera ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher sigue siendo, incluso hoy, una de las figuras más polémicas de la política británica.

Primeros años

Margaret Hilda Roberts nació el 13 de octubre de 1925 en el número 1 de North Parade, en Grantham, Lincolnshire. Durante el período de entreguerras, Grantham tenía una población de unos 20.000 habitantes. Su padre, Alfred Roberts, era comerciante y propietario de dos tiendas de comestibles en Grantham. Fue él quien inculcó a Margaret la cultura del esfuerzo, la autosuficiencia y los principios del libre mercado. Más adelante, cuando llegó a ser primera ministra, describiría estos ideales como los «valores victorianos» que hicieron «grande» a Gran Bretaña (Cannadine, 4). Su madre, Beatrice Ethel Roberts, trabajó como costurera antes de casarse con Alfred. Margaret no la consideraba tan intelectualmente interesante como a su padre, y su relación estaba más basada en la disciplina doméstica.

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Educación y matrimonio

Aunque se graduó en Química, Margaret veía su futuro en la política y fue elegida como candidata parlamentaria en 1950.

En 1943, mientras aún continuaba la Segunda Guerra Mundial, Margaret Thatcher fue admitida en el departamento de Química del Somerville College, en Oxford. En aquella época, era poco habitual que una mujer estudiara química en Oxford. Durante sus estudios, Margaret también comenzó su carrera política en Oxford. Se unió a la Oxford University Conservative Association (OUCA). Tras graduarse, encontró trabajo como química investigadora en Manningtree, en Essex. Aunque se había formado como química, Margaret veía su futuro en la política y, en 1950, fue seleccionada como candidata parlamentaria por la circunscripción de Dartford, en Kent. A pesar de perder aquellas primeras elecciones, logró reducir el porcentaje de votos del Partido Laborista en la región.

En 1951, conoció a Denis Thatcher, a quien describiría como «muy reservado, pero bastante agradable», con «mucho dinero» y además como «un auténtico caballero» (Cannadine, 10). Cuando conoció a Margaret, Denis dirigía una empresa dedicada a la producción de conservantes para madera, limpiadores para cubiertas y productos químicos industriales. Apoyó las ideas de Margaret y también le proporcionó apoyo financiero. La pareja se casó el 13 de diciembre de 1951 y, gracias al respaldo económico de su marido, Margaret —ya conocida como Margaret Thatcher— ingresó en la Inns of Court School of Law (asociaciones profesionales históricas de abogados en Inglaterra y Gales), donde se especializó en derecho tributario.

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Entrada en la política y primer cargo

En 1959 se convirtió en una de las 12 diputadas del Partido Conservador. En 1961, el primer ministro Harold Macmillan nombró a Thatcher ministra de Pensiones. Este nombramiento se debió a la percepción de la época de que las pensiones, al igual que la educación, eran asuntos considerados «propios de mujeres» (Cannadine, 14). Entre 1964 y 1970, el Partido Conservador estuvo en la oposición, lo que le dio a Thatcher la oportunidad de viajar a la Unión Soviética, Israel, Suecia y en dos ocasiones a Estados Unidos. A partir de estos viajes, especialmente a América, Thatcher fue adoptando la idea de que los valores asociados a Estados Unidos —como el libre mercado, el libre comercio y los bajos impuestos— deberían aplicarse también en su propio país.

Cuando los conservadores volvieron al poder en 1970, Thatcher asumió el cargo de ministra de Educación. Su nombramiento estuvo acompañado de una polémica que la perseguiría durante el resto de su vida. Como ministra de Educación, se enfrentó por primera vez a una fuerte reacción mediática cuando decidió suprimir la distribución de leche a los niños mayores de siete años. A raíz de esta medida, Thatcher pasó a ser conocida como «Thatcher, la ladrona de la leche». El motivo de esta decisión era evitar el cierre de la Open University, una universidad pública fundada en 1969 en el Reino Unido, considerada pionera en la educación a distancia y el acceso abierto a nivel mundial (que en aquel momento estaba amenazada por problemas presupuestarios y que actualmente cuenta con unos 170.000 estudiantes).

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Margaret Thatcher and Gerald Ford
Margaret Thatcher y Gerald Ford White House Photographic Office (Public Domain)

En las elecciones de 1974, los conservadores perdieron, lo que creó las condiciones necesarias para el ascenso de Thatcher. Edward Heath, líder del Partido Conservador, no había tenido un desempeño destacado durante sus cuatro años como primer ministro. Aunque al llegar al poder en 1970 había prometido una economía de libre mercado, ante las dificultades económicas optó por una línea intervencionista y terminó siendo un primer ministro que realizó concesiones a los sindicatos. Sus sucesivas derrotas electorales en febrero y octubre de 1974, junto con su actitud distante dentro del partido, provocaron que perdiera la elección interna del liderazgo frente a la enérgica Margaret Thatcher, que mantenía una postura intransigente respecto al libre mercado y los sindicatos. Thatcher obtuvo 130 votos, mientras que Heath solo alcanzó 119.

La Sra. Thatcher se convirtió en líder del Partido Conservador en febrero de 1975 principalmente porque no era Edward Heath, no debido a un amplio respaldo a sus ideas. Fue la única candidata de alto rango dispuesta a desafiar a Heath en un momento en que la mayoría de los diputados conservadores quería un cambio.

(Seldon & Collings, 29)

El ascenso al poder

Tras la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido estaba fuertemente endeudado, los días de gloria del Imperio británico habían quedado atrás y lo que permanecía era un país que luchaba contra la inflación. Los primeros ministros anteriores a Thatcher habían aumentado el gasto público, lo que supuso una pesada carga tanto para el Estado como para los contribuyentes. James Callaghan, que fue primer ministro entre 1976 y 1979, aparentemente ajeno a la crisis económica que el país llevaba años sufriendo, fue uno de los factores que empujaron a la población hacia Margaret Thatcher, quien ofrecía nuevas soluciones. En una entrevista llegó a decir: «¿Crisis? ¿Qué crisis?», lo que, como era de esperar, provocó una fuerte reacción y contribuyó a la pérdida de votos del Partido Laborista.

el programa de thatcher prometía la privatización, la reducción del gasto público, la limitación del poder sindical y la aplicación del monetarismo.

En las elecciones de 1979, Thatcher, en su programa electoral The Conservative Manifesto 1979 (El Manifiesto Conservador), explicó al público qué tipo de políticas económicas aplicaría si llegaba al poder. El manifiesto prometía privatizaciones, reducción del gasto público, limitación del poder sindical y control de la oferta monetaria (monetarismo). El lema electoral de los conservadores fue «Labour isn’t working» («El Partido Laborista no funciona»). Las elecciones se celebraron en mayo y los conservadores obtuvieron la victoria con 339 escaños frente a los 269 del Partido Laborista. El 4 de mayo de 1979, Margaret Thatcher fue convocada al Palacio de Buckingham por la reina Isabel II (reinado 1952-2022) para formar gobierno.

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La política económica de Thatcher

Pagar las deudas pendientes de la Segunda Guerra Mundial fue una tarea que llevaría décadas y, para que el estado de bienestar pudiera mantenerse, era necesario gravar a la población trabajadora. Las tasas de natalidad en los países de Europa Occidental eran insuficientes y, en consecuencia, la incapacidad de recaudar impuestos de un número suficiente de personas condujo a la imposición de impuestos más altos sobre la población que ya trabajaba. Los neoliberales encontraron la solución en la reducción de las prestaciones proporcionadas por el estado de bienestar. Según ellos, el Estado intervencionista era uno de los mayores obstáculos para el desarrollo económico. Creían que el Estado no debía poseer los medios de producción ni fijar los precios, y que sería más apropiado que el sector privado, y no el Estado, se hiciera cargo de ámbitos como los seguros, la vivienda, las pensiones, la sanidad y la educación. Estas ideas se popularizaron en la década de 1970, y Margaret Thatcher fue partidaria de esta corriente de pensamiento.

Milton Friedman (1912-2006), economista estadounidense y representante del neoliberalismo, fue galardonado con el Premio Nobel de Economía en 1976 y se convirtió en uno de los defensores más firmes del capitalismo de libre mercado en el siglo XX. Friedman fue el principal arquitecto intelectual de las políticas monetaristas de Margaret Thatcher, las cuales restringían la oferta monetaria para controlar la inflación, así como de las reformas de libre mercado que promovían la reducción del papel del Estado en la economía.

Milton Friedman
Milton Friedman Bachrach Studios (Public Domain)

En la década de 1970, la economía británica afrontaba tres problemas principales: la inflación, el bajo crecimiento de la productividad y un desempleo persistentemente creciente. Margaret Thatcher atribuía estos problemas a una política monetaria deficiente, a los elevados impuestos y a unos amplios programas de bienestar social que desincentivaban la aceptación de empleos remunerados. Con el fin de reducir el impuesto sobre la renta y, de este modo, estimular el sector privado mediante el control de la oferta monetaria, el tipo máximo del impuesto sobre la renta se redujo de 83 a 60 peniques por libra, mientras que el tipo básico se redujo de 33 a 30 peniques. Esto supuso una reducción de 4.000 millones de libras en el gasto público. La inflación siguió aumentando durante su primer año en el poder. No sería hasta 1982 cuando la inflación descendió del 10,5 % en 1979 al 5,4 %. Sin embargo, esto no representó un problema para la señora Thatcher, conocida por su firmeza inquebrantable y su determinación para llevar adelante sus decisiones hasta el final:

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No me preocupa demasiado lo que la gente diga de mí... Este es el camino que he decidido seguir. Este es el rumbo que debo tomar. (...) Ustedes pueden dar marcha atrás si así lo desean. Esta dama no está dispuesta a hacerlo.

(Cannadine, 28-32)

Una de las políticas más significativas que puso en marcha Margaret Thatcher durante su primer mandato fue la Ley de Vivienda de 1980 (Housing Act 1980). Esta ley permitía a los inquilinos de viviendas municipales comprar sus casas o apartamentos con descuentos del 33 % o del 50 % (hasta un 70 % en el caso de los apartamentos) tras dos o tres años de residencia, una práctica conocida como el «derecho a comprar» («right to buy»). Para 1984, medio millón de personas se habían convertido en propietarias de sus viviendas. Thatcher creía que aumentar la propiedad de la vivienda entre la población, especialmente entre la clase trabajadora, haría que estas personas se identificaran más con su ideología conservadora y de libre mercado. Asimismo, pretendía reducir el coste económico que suponía para el sector público la propiedad de viviendas por parte de los ayuntamientos.

La privatización fue uno de los fenómenos económicos más importantes de la era Thatcher. Empresas estatales como British Telecom (BT), British Gas, British Airways, así como las compañías de suministro eléctrico y de agua, fueron vendidas al sector privado mediante procesos de privatización.

Los sindicatos

Cuando Margaret Thatcher llegó al poder, los sindicatos gozaban de una gran influencia y podían ejercer una fuerte presión sobre el Gobierno para conseguir sus demandas. Los años 1978 y 1979 fueron especialmente convulsos en Gran Bretaña, con huelgas en numerosos sectores, desde los servicios de recogida de basura hasta los enterradores, lo que provocó calles llenas de residuos y dificultades para enterrar a los fallecidos. Esta situación contribuyó a la percepción pública de que los sindicatos habían adquirido un poder excesivo. Por ello, aquel periodo pasó a conocerse como el «Invierno del Descontento». Thatcher decidió abordar el problema sindicato por sindicato. Se aprobaron leyes que impedían que sindicatos de un mismo sector convocaran huelgas de manera simultánea. Además, se estableció la obligatoriedad del voto secreto en las consultas para aprobar una huelga, lo que redujo el poder de los dirigentes sindicales.

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Uncollected Trash During Dustmen's Strike, Camden
Basura sin recoger durante la huelga de basureros, Camden Henry Grant (CC BY-NC)

El Gobierno de Margaret Thatcher, consciente de la importancia del carbón para el sector energético y de la presencia de uno de los sindicatos más poderosos del país, se propuso limitar su influencia. Para ello, acumuló reservas de carbón para abastecer a las centrales eléctricas durante varios años. En 1984-1985, cuando el Gobierno de Thatcher intentó cerrar veinte minas de carbón que no eran rentables, los sindicatos decidieron enfrentarse nuevamente al Gobierno y convocaron una huelga. Durante el conflicto se produjeron graves enfrentamientos entre la policía y los manifestantes. Sin embargo, Thatcher nunca cedió ante las presiones y los sindicatos se vieron finalmente obligados a poner fin a la huelga.

Política exterior

Cuando Margaret Thatcher llegó al poder, carecía de experiencia directa en diplomacia de alto nivel. Si había algo de lo que estaba segura y que deseaba firmemente, era hacer que Gran Bretaña realmente fuera «grande», y creía que esto debía lograrse tanto a través de la política interior como de las relaciones internacionales. Quienes la rodeaban describían sus ideas como un «pensamiento dicotómico», ya que dividía el mundo en «el mundo político dividido en amigos y enemigos, buenos y malos» (Dyson, 38). Según ella, Reino Unido solo podía tener amigos y enemigos. Se oponía a la Unión Soviética y al comunismo, y «no le impresionaba la Organización de las Naciones Unidas, a la que despreciaba por considerarla poco más que un foro de debate».

Reino Unido buscó ingresar en las Comunidades Europeas (CE) en la década de 1960, pero el presidente francés Charles de Gaulle rechazó su entrada, ya que no quería ver a Gran Bretaña como parte de Europa. En 1973, durante el mandato de Edward Heath, y tras la retirada de de Gaulle de la escena política, Reino Unido se incorporó a la Unión Europea. Cuando Margaret Thatcher llegó al cargo de primera ministra, afirmó que la contribución británica al presupuesto de la Unión Europea (800 millones de libras en 1978) superaba la ayuda que el país recibía de la UE (especialmente en forma de subvenciones agrícolas), lo que dio lugar a su famosa declaración: «Quiero que me devuelvan mi dinero», y a una reducción de las contribuciones británicas al presupuesto comunitario. Por ello, las relaciones con la Unión Europea fueron bastante tensas.

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Margaret Thatcher and Ronald Reagan
Margaret Thatcher y Ronald Reagan White House Photographic Office (Public Domain)

La única nacionalidad no británica con la que Margaret Thatcher podía llevarse bien era la estadounidense, ya que «no los consideraba extranjeros» (Dyson, 39). Cuando llegó al poder, el presidente de Estados Unidos era Jimmy Carter y, para 1980, había llegado al cargo Ronald Reagan, con quien compartía en gran medida sus ideas. Ambos coincidían en la reducción de impuestos, la generación de ingresos y la adopción de medidas firmes frente a la Unión Soviética.

Las Malvinas

La guerra de las Malvinas fue el punto de inflexión más arriesgado en la carrera política de Margaret Thatcher, una guerra en la que se ganó el apodo de «Dama de Hierro» por su dureza, determinación y convicción inquebrantable. Las islas Malvinas habían permanecido bajo dominio británico desde 1833 bajo el nombre de Falklands. No obstante, en 1982 Argentina se encontraba bajo el control de una junta militar liderada por el general Leopoldo Galtieri, quien con el objetivo de desviar la atención pública de los problemas económicos por los que atravesaba el país, ordenó la invasión del archipiélago. Galtieri consideraba las islas parte del territorio argentino.

British Troops Landing on the Falklands
Tropas británicas desembarcando en las Malvinas Graham Colbeck (CC BY-NC)

El 2 de abril de 1982, las tropas argentinas desembarcaron en las islas Malvinas y neutralizaron la pequeña guarnición británica allí estacionada. Mientras la mayoría de los dirigentes aconsejaban a Thatcher ceder, ella se mantuvo firme y se negó a hacer concesiones. Acudió a las Naciones Unidas y logró la aprobación de una resolución que declaraba injustificada la invasión y respaldaba la posición británica. Argentina, sin embargo, no dio marcha atrás. Para entonces, el Reino Unido ya había enviado una fuerza de tareas naval con el objetivo de recuperar las islas, situadas a más de 13.000 kilómetros de distancia. La primera gran pérdida del conflicto se produjo el 2 de mayo, con el hundimiento del crucero argentino General Belgrano. Dos días después, el HMS Sheffield fue hundido, por lo que parecía cada vez más improbable una solución diplomática. El 21 de mayo, las tropas británicas desembarcaron en la bahía de San Carlos, en las Malvinas, y la guerra concluyó el 14 de junio con la rendición de Argentina.

La guerra demostró que Gran Bretaña seguía siendo «grande» y también puso de manifiesto el liderazgo firme e inquebrantable de Thatcher. Uno de los factores clave que le permitió ganar nuevamente las elecciones en 1983 fue la popularidad que había alcanzado durante la guerra de las Malvinas.

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El atentado del Hotel Brighton (1984)

El atentado del Hotel Brighton, ocurrido el 12 de octubre de 1984 a las 2:54 de la madrugada, ha pasado a la historia como uno de los intentos de asesinato más importantes de la historia británica contemporánea. El objetivo del Ejército Republicano Irlandés (IRA) era eliminar directamente a Margaret Thatcher y a los miembros de su gabinete. La muerte de Bobby Sands y de otros presos irlandeses en 1981, tras una huelga de hambre en prisión, alimentó el resentimiento de numerosos simpatizantes del IRA hacia Thatcher. En aquel momento, el Partido Conservador celebraba su conferencia anual en el Hotel Brighton. La presencia de numerosas figuras destacadas del conservadurismo británico convirtió el evento en una oportunidad excepcional para que el IRA intentara acabar de una sola vez con la cúpula conservadora.

Brighton Hotel After IRA Bombing
Hotel Brighton tras el atentado del IRA Unknown Photographer (CC BY-SA)

Meses antes, el IRA había colocado un explosivo oculto en la pared de la habitación de Thatcher. Aunque la explosión causó graves daños en todo el edificio, la señora Thatcher y su esposo sobrevivieron al atentado sin heridas. Cinco personas murieron y 30 resultaron heridas en el ataque. En 1985 se firmó el Acuerdo anglo-irlandés, mediante el cual «la República de Irlanda había aceptado, en un tratado internacional, que no podría producirse ningún cambio en el estatus de Irlanda del Norte sin el consentimiento de la mayoría de sus habitantes» (Seldon & Collings, 79). Este acuerdo se consideró un hito de las relaciones angloirlandesas, las cuales han sido estables desde 1985.

Big Bang

El término Big Bang hace referencia a la desregularización de la Bolsa de Londres (London Stock Exchange, LSE) llevada a cabo el 27 de octubre de 1986, una reforma que transformó a Londres en el principal centro financiero del mundo. Este acontecimiento recibió el nombre de Big Bang porque las antiguas normas que regían la bolsa fueron eliminadas y sustituidas prácticamente de la noche a la mañana por un nuevo marco regulatorio. Antes de esta reforma, las operaciones bursátiles estaban sujetas a elevadas comisiones y se realizaban mediante métodos tradicionales basados en documentación en papel. El Gobierno de Thatcher liberalizó las comisiones, permitiendo que fuera el propio mercado quien determinara sus condiciones. Esta medida facilitó la adquisición de instituciones financieras británicas por parte de bancos extranjeros y atrajo miles de millones de dólares procedentes de grandes entidades estadounidenses y europeas. Al mismo tiempo, las transacciones financieras comenzaron a digitalizarse. Sin embargo, esta flexibilización regulatoria también abrió la puerta a que los bancos asumieran riesgos cada vez mayores. Por ello, numerosos economistas sostienen que los orígenes de la crisis financiera de 2008 se encuentran en esta liberalización descontrolada.

Impuesto de capitación y caída del poder

Tras ser reelegida como primera ministra del Reino Unido en 1987, en su tercer mandato, Thatcher impulsó una medida que acabaría marcando el final de su carrera política. Hasta entonces, los impuestos se calculaban en función del valor de las viviendas, un sistema que ella consideraba injusto, ya que todos los ciudadanos se beneficiaban por igual de servicios como la recogida de basuras, la limpieza de calles o las bibliotecas. Su propuesta consistía en el pago de un tributo igual a cada ciudadano, independientemente de su renta. Sin embargo, millones de personas se negaron a abonarlo y el conflicto derivó en protestas masivas en las calles. Trafalgar Square se convirtió en escenario de disturbios, hubo saqueos de tiendas y numerosas personas resultaron heridas.

Sin embargo, la caída del Gobierno de Thatcher no se debió directamente a las manifestaciones, sino a la pérdida de popularidad dentro de su propio partido. En noviembre de 1990, el viceprimer ministro Geoffrey Howe desencadenó la oposición interna al criticar la política europea de Thatcher. Se convocó entonces una contienda por el liderazgo y, aunque Thatcher obtuvo la mayoría de los votos, no logró alcanzar el respaldo suficiente para asegurar su continuidad. En ese mismo mes de noviembre de 1990, al constatar que había perdido el apoyo de su partido, presentó su dimisión.

Poll Tax Riot at Trafalgar Square
Disturbios contra el impuesto de capitación en Trafalgar Square James Bourne (CC BY-SA)

Conclusión

Margaret Thatcher es una de las figuras más admiradas y, al mismo tiempo, más controvertidas de la historia moderna de Gran Bretaña. Antes de su llegada al poder, el país se encontraba afectado por huelgas, inflación y un progresivo declive económico. Durante su mandato, privatizó empresas estatales, aumentando de forma constante la participación del sector público en la economía, y transformó Londres de un centro industrial en un centro financiero, una tendencia que perdura hasta hoy. Asimismo, dio prioridad al individualismo frente al colectivismo. En su opinión, las personas debían ser capaces de valerse por sí mismas en lugar de depender de la ayuda del Estado. Esta visión contribuyó a debilitar el sentido de solidaridad social.

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En el sur de Inglaterra se la considera más bien una primera ministra que modernizó y enriqueció el país, mientras que en el norte de Inglaterra, Escocia y Gales se la recuerda como alguien que destruyó la industria y desintegró comunidades. Cuando Margaret Thatcher murió en 2013, mientras en Londres se celebraba una ceremonia solemne y de gran pompa, su fallecimiento fue recibido con celebraciones y fiestas en las regiones mencionadas.

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Bibliografía

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Mert, R. (2026, junio 18). Margaret Thatcher: La Dama de Hierro de la política británica. (S. Campos, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-26202/margaret-thatcher/

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Mert, Reha. "Margaret Thatcher: La Dama de Hierro de la política británica." Traducido por Silvia Campos. World History Encyclopedia, junio 18, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-26202/margaret-thatcher/.

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Mert, Reha. "Margaret Thatcher: La Dama de Hierro de la política británica." Traducido por Silvia Campos. World History Encyclopedia, 18 jun 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-26202/margaret-thatcher/.

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