El Códice Florentino es un registro enciclopédico sobre la vida en México en el siglo XVI y un recurso invaluable para comprender el intercambio entre las culturas indígenas y europeas durante la conquista española. El códice, surgido en una época de conmoción social, se propuso recoger las creencias y la cultura de los pueblos aztecas que vivían en los alrededores de la otrora gran ciudad de Tenochtitlán. La obra aborda un amplio espectro de temas, entre los cuales se encuentran la religión, la vida cotidiana, la flora y la fauna nativas, y las perspectivas indígenas sobre la conquista.
Escrito en una época en que las autoridades españolas socavaban y destruían de manera activa la cultura y creencias aztecas, el Códice Florentino representa un intento de documentar y preservar un pasado y un pueblo sometidos a la censura sistemática. Fruto de la colaboración de muchas mentes, numerosos escribas y artistas redactaron el texto en dos idiomas distintos y lo ilustraron con dibujos de un singular estilo sincrético. El conjunto configura una imagen multifacética de la cultura, el lenguaje y la historia de la civilización azteca en el período inmediato posterior a la caída del imperio.
El Códice Florentino se completó entre el otoño de 1575 y la primavera de 1577, tras casi treinta años de elaboración. Compuesto por 12 libros ilustrados, con un total de 2446 páginas y 2472 ilustraciones, se atribuye en gran medida al fraile franciscano Bernardino de Sahagún (1499-1590). Aunque el nombre moderno del códice proviene de la Biblioteca Medicea Laurenziana de Florencia, donde se conserva en la actualidad, los investigadores desconocen el título original con que fue completado. El propio Sahagún se refiere de distintas formas al texto español como «doze libros», «obra» y quizá de manera más amplia, como Historia general de las cosas de la Nueva España. Si bien el códice contiene material histórico, su alcance supera incluso lo que el abarcador título sugiere.
A continuación se resume el contenido del Códice Florentino:
Libro 7: filosofía natural y fenómenos celestiales (el Sol, la Luna y las estrellas),
Libro 8: señores de Tenochtitlán, Tlatelolco, Tetzcoco y Huexotla; la educación y costumbres de estos señores,
Libro 9: comerciantes, artistas y artesanos,
Libro 10: las personas, ocupaciones y anatomía,
Libro 11: cosas terrenales, historia natural,
Libro 12: la conquista de Tenochtitlán y Tlatelolco desde la perspectiva indígena.
Los folios de esta impresionante obra incluyen escritos en dos idiomas: el español, lengua del público al que se dirige el códice, y el náhuatl, lengua de los pueblos indígenas de México. Aunque la obra es bilingüe, ninguno de los dos idiomas traduce al otro. Los textos existen en paralelo: con frecuencia el español interpreta, abrevia, añade u omite información de los temas tratados en el idioma indígena. Por esta causa, los estudiosos contemporáneos insisten en la necesidad de leer los dos escritos de manera conjunta, no uno en sustitución del otro. Aunque los pasajes pueden leerse en yuxtaposición, sus significados no siempre están en armonía. El equilibrio entre los textos en español y náhuatl varía; en ocasiones el escrito es menos extenso en un lenguaje que en el otro, a veces una de las lenguas está ausente del folio e, incluso con ambas presentes, el lector puede identificar inconsistencias de tono, significado o contenido.
las imágenes del códice Florentino integran elementos artísticos de las tradiciones nativas y las convenciones de estilos tradicionales europeos.
Además de presentarse en dos idiomas, el Códice Florentino se caracteriza por sus ilustraciones. Las imágenes del códice incluyen ornamentaciones y composiciones; muchas están pintadas con colores brillantes, mientras otras son solo trazados en tinta, pero todas se realizaron por artistas nativos a lo largo de años. En el siglo XVI las imágenes eran un medio eficiente e impactante de transmitir información a través de barreras ideológicas y lingüísticas, y pasaron a ser un medio habitual para comunicar mensajes en el incipiente mundo colonial. Telas pintadas, murales, grabados, estandartes, y otras expresiones pictóricas se convirtieron en herramientas de comunicación religiosa, política y social, sobre todo al inicio, cuando apenas unos pocos individuos podían traducir del náhuatl al español, y menos aún de las otras lenguas mesoamericanas. Las imágenes del Códice Florentino constituyen un modo de comunicación distintivo con el que ambas culturas estaban muy familiarizadas, aunque de maneras distintas.
En lengua náhuatl los escritores-ilustradores indígenas se nombran tlacuiloque (tlacuilo en singular), y eran herederos de una tradición artística desarrollada a lo largo de siglos antes de la colonización europea de las Américas. Creadas por estos hábiles artesanos, las imágenes del Códice Florentino integran en su estilo elementos artísticos de las tradiciones nativas con los formatos y convenciones de usanza europea, en particular el criterio que favorecía el aislamiento formal de los sujetos en el espacio de una página. Aunque por lo general en la presentación de las imágenes predomina el estilo europeo, el Códice Florentino exhibe varios ejemplos de convenciones artísticas aztecas. Entre ellas figuran el empleo de símbolos en forma de volutas llamados «rollos discursivos», para indicar que la imagen estática de un individuo está hablando, y la representación de conchas marinas en los bordes de corrientes de agua. Ambos elementos estilísticos aparecen en la imagen de Chalchiuhtlicue del Códice Borbónico, elaborado por sacerdotes aztecas, el cual conserva numerosas formas pictóricas prehispánicas.
Aunque los textos se dirigen a públicos que hablan las lenguas de ambas culturas, las imágenes del Códice Florentino constituyen claros ejemplos del sincretismo cultural en acción durante el México del siglo XVI:
Una obra así solo pudo haberse producido en Mesoamérica, donde la introducción del alfabeto romano y del estilo artístico europeo resultaban comprensibles para pueblos que llevaban siglos escribiendo y pintando con tinta y pigmentos naturales. Es uno de los escasos manuscritos iniciales que describen culturas indígenas en los que participaron los propios pueblos que las originaron. (Peterson & Terraciano, 13)
Colaboradores de Sahagún
Aunque se reconoce a Fray Bernardino de Sahagún como el autor del Códice Florentino, la obra fue producto de un importante esfuerzo colaborativo que presentó las contribuciones de los habitantes de las comunidades indígenas mexicanas como contenido principal. Dicho esto, habría sido imposible elaborar el códice sin Sahagún; su labor abarcó la escritura, la coordinación, la edición, y la traducción de los textos, además de la propuesta de la idea original y la defensa del proyecto. Dada la amplitud temática, el volumen de la escritura, y el trabajo artístico implicados, no resulta plausible que un solo hombre, por ambicioso que fuera, materializara por sí solo un proyecto de tal envergadura.
Sahagún fue un maestro y misionero dedicado por completo a la conversión de los pueblos nativos de México al cristianismo católico. Creía que para cumplir con su objetivo debía comprender los sistemas de creencias, la cultura y el idioma que precedían a la influencia colonial española. Entendía que los misioneros no podían desplazar la ideología de una religión que no lograban reconocer, ni podían difundir el cristianismo sin compartir un lenguaje común con sus potenciales conversos. Sin embargo, Sahagún y sus pares de la Iglesia habían venido a México tras la conquista, y poseían poco o ningún conocimiento de la civilización azteca. Para lograr su objetivo principal de evangelización, tenía que recurrir a la información proporcionada por aquellos a quienes intentaba convertir.
Más allá del contenido, Sahagún necesitaba ayuda con el proceso de recopilación. Las casi 2500 páginas del Códice Florentino se redactaron en múltiples ocasiones a lo largo de tres décadas, mediante el esfuerzo concertado de numerosos hombres cultos y de pulso firme. Estos eran intelectuales nacidos en México de padres indígenas, luego formados en academias patrocinadas y administradas por la Iglesia española. Como el propio Sahagún, hablaban náhuatl, español y latín con fluidez, y fueron agentes clave en la creación del códice, proceso que en lo fundamental se llevó a cabo durante los últimos años de su vida, cuando la edad lo incapacitó para escribir por sí mismo debido al temblor de sus manos. Aunque Sahagún redactó los prólogos y partes del texto en español, esas secciones representan menos de la mitad del contenido del Códice Florentino.
Creación del códice
Entre 1559 y 1565 Sahagún y sus colaboradores recopilaron las conversaciones sostenidas con ancianos de los asentamientos de Tepeapulco y Tlatelolco que se convertirían en el Códice Florentino. Durante su estancia en Tepeapulco, coordinó con las autoridades locales para organizar un grupo de unos doce ancianos. Todos habían vivido la llegada cataclísmica de Hernán Cortés y sus fuerzas, y podían aportar al proyecto conocimientos acerca de la cultura azteca prehispánica. Tras registrar los testimonios orales, el fraile y su equipo de escribas letrados, recibieron de los ancianos imágenes que representaban lo narrado. Conforme se ha mencionado, los tlacuilo aztecas habían plasmado su historia y cultura en representaciones pictóricas desde mucho antes de la llegada del alfabeto romano a México.
Después de pasar tres años en Tepeapulco, Sahagún trasladó su naciente códice a Tlatelolco, donde una vez más manifestó sus intenciones y solicitó líderes provenientes de los pueblos nativos. Con alrededor de diez ancianos más, todos expertos conocedores del náhuatl y de las costumbres aztecas anteriores a la conquista, Sahagún y su equipo procedieron a ampliar, aclarar y revisar la obra.
Alrededor de 1565 concluyeron las entrevistas del fraile en Tlatelolco; la colaboración había producido lo que hoy se conoce como Códices matritenses o Códices de Madrid; una primera redacción del Códice Florentino. Al igual que su versión posterior, el Códice de Madrid está escrito en español y náhuatl, pero a diferencia del Códice Florentino, la redacción de 1565 no contiene ilustraciones y presenta los textos en un formato de tres columnas. Las columnas de la izquierda, escritas en español, recogen las notas de Sahagún sobre los mismos temas específicos escritos en náhuatl en las columnas centrales. Las columnas de la extrema derecha, ausentes en el Códice Florentino, contenían notas léxicas relativas al idioma náhuatl. Sahagún había previsto incluir la tercera columna en el Códice Florentino, pero según él mismo expresó, la falta de tiempo y de apoyo impidieron que su obra culminante constituyera el recurso lingüístico que había proyectado.
En este punto Sahagún describe la edición y división del contenido en doce libros, y la organización del texto en capítulos y párrafos. Sobre esto escribe:
Los mexicanos emendaron y añadieron muchas cosas a los doce libros cuando se iba sacando en blanco, de manera que el primer cedazo por donde mis obras se cernieron fueron los de Tepepulco; el segundo, los del Tlatilulco; el tercero, los de México… (transcrito por López Austin y García Quintana 2000 libro 2, fol 1v-2r)
Sahagún solo menciona por nombre a algunas de las manos y mentes que tamizaron sus textos. Aunque no constituye una lista completa de sus colaboradores indígenas, entre ellos se encuentran Martín Jacobita, director del colegio de Tlatelolco; Antonio Valeriano, oriundo de Azcapotzalco; y dos nativos de Cuauhtitlán, llamados Alonso Vegerano y Pedro de San Buenaventura, todos expertos en latín, español, y náhuatl. De los escribas cita a Diego de Grado y a Bonifacio Maximiliano, ambos originales de Tlatelolco, y a Mateo Severino, de Xochimilco. Peterson y Terraciano, sostienen que muchos otros colaboradores anónimos de las comunidades que rodeaban al lago Texcoco hicieron aportes a la obra final. En última instancia, Sahagún entregó un libro que excedía con creces lo necesario para convertir a la población indígena al cristianismo. Creó un vehículo a través del cual los autores y artistas náhuatl del siglo XVI pueden ser escuchados y vistos en la actualidad.
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En su prólogo al Libro 1, Sahagún expone los múltiples fines prácticos del Códice Florentino. El primero de sus objetivos se centra, como es natural, en la conversión de la población indígena. Compara el trabajo de los misioneros al de los médicos que cuidan del cuerpo, y afirma que el propósito de los sacerdotes y confesores es ministrar las almas de quienes aspiran a convertir al cristianismo. Para ello, sostiene que era necesario registrar relatos precisos sobre la lengua y las creencias de los pueblos indígenas de México anteriores a la conquista. Estos empeños lingüísticos y antropológicos constituyen los otros objetivos declarados del códice.
sahagún deja claro que uno de sus objetivos es demostrar la valía de los pueblos devastados por cortés.
La abundante presencia del lenguaje náhuatl en el códice muestra la magnitud de la dedicación de Sahagún a este objetivo. En 1540, mucho antes de iniciar el proyecto que daría lugar al Códice Florentino, había escrito numerosos sermones en náhuatl, suficientes como para ser predicados en todas las conmemoraciones de santos y cada domingo del año. Adaptó el lenguaje de los sermones tanto para los nobles como para las clases más bajas de los pueblos indígenas, y los ajustó a las aptitudes que reconocía en ellos en esa época. A medida que ganaba en conocimientos, el fraile descubrió que las capacidades de los nativos no solo superaban sus expectativas, sino que además evocaban en él un profundo respeto por su modo de vida, aspecto que influiría y enriquecería sus convicciones respecto a sus objetivos antropológicos.
Aunque no resulta claro cuándo se forma este sentimiento en Sahagún, el fraile hace patente que uno de sus objetivos es demostrar la valía de los pueblos que habían sufrido devastación a manos de Cortés y sus fuerzas. En la parte inicial del Códice Florentino, Sahagún cita una profecía del Antiguo Testamento atribuida a Jeremías, que subraya la semejanza entre los portentos proféticos y el destino de los pueblos indígenas durante la conquista de México:
Yo haré que venga sobre vosotros, yo traeré́ contra vosotros una gente muy de lejos, gente muy robusta y esforzada, gente muy antigua y diestra en el pelear, gente cuyo lenguaje no entenderás ni jamás oíste su manera de hablar, toda gente fuerte y animosa, codiciosísima de matar. Esta gente os destruirá a vosotros y a vuestras mujeres y hijos, y todo cuanto poseéis, y destruirá todos vuestros pueblos y edificios. Esto a la letra ha acontecido a estos indios con los españoles. Fueron tan atropellados y destruidos ellos y todas sus cosas, que ninguna apariencia les quedó de lo que eran antes. (Libro 1, folio vir, transcrito por López Austin y García Quintana 2000)
Sahagún lamenta que los pueblos nativos se perciban como bárbaros, pese a que sus estilos de gobierno, según él mismo expresa, «... en las cosas de política echan el pie delante a muchas otras naciones que tienen gran presunción de políticos…». (Libro 1, folio vir, transcrito por López Austin y García Quintana 2000)
A lo largo del Códice Florentino Sahagún elogia los sistemas de educación, la retórica, y los logros en las artes, las ciencias y la tecnología de los pueblos indígenas. Incluso compara las culturas mesoamericanas con Troya, Roma, Cartago y Venecia, y resalta sus semejanzas con esas admirables civilizaciones europeas. Aunque matiza todos estos encomios con la idea de que Mesoamérica era un lugar apartado de la influencia de Dios, donde el diablo había disfrutado de prosperidad, aún así califica a los pueblos nativos de América como parientes de los españoles y como descendientes comunes de Adán.
Supresión del códice
Al dirigirse a un público español, cuyas perspectivas con toda probabilidad habrían estado influidas por los sesgados recuentos de los conquistadores, Sahagún reivindicó con firmeza el valor de la cultura y el legado de la población indígena. En cierta forma, fue mucho más lejos que lo que habría resultado cómodo para sus compatriotas españoles:
Para los funcionarios españoles, en particular para las autoridades eclesiásticas, las palabras en lenguas indígenas eran de inherente naturaleza sospechosa y las imágenes, en potencia, idólatras: la traducción de por sí podría camuflar ideas heréticas y albergar peligrosas connotaciones políticas. (Peterson y Terraciano, 14)
A pesar de ser consciente de este potencial idólatra, Sahagún defendió un texto escrito en su mayor parte en la lengua nativa de México, ilustrado con profusión por artistas indígenas. Cuando en 1577 el rey Felipe II de España (reinó 1556-1598), ordenó la confiscación de todos los manuscritos relacionados con la historia y la religión indígenas, Sahagún pudo haber retenido una copia de su códice en desafío a la corona, y ofrecido copiarlo y reenviarlo para asegurarse de su recepción. El códice fue enviado a Europa el mismo año del decreto, la familia Medici lo adquirió en 1587, y desapareció de los registros históricos durante casi dos siglos. Se redescubrió en 1793, pero no fue estudiado hasta 1879, y se inscribió en el Registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO en 2015.
Interesado en el estudio de las migraciones, costumbres, las artes y religiones de distintas culturas; descubrimientos geográficos y científicos. Vive en La Habana. En la actualidad traduce y edita libros y artículos para la web.
Jordy es bibliotecaria, apasionada de la historia y una persona de curiosidad incansable. Le fascinan los mitos y el estudio de los sistemas de creencias, disfruta de las novelas gráficas, la cocina, contemplar el cielo entre nubes y aprender de otras personas curiosas, especialmente de los niños.
Escrito por Jordy Samuels, publicado el 07 noviembre 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.