Rudolf Hess (1894-1987) fue el lugarteniente del Partido Nazi alemán y una figura clave en el régimen fascista de Adolf Hitler (1889-1945) hasta que, en 1941, tomó la insólita decisión de volar a Escocia. Hess creía que podría convencer a Gran Bretaña de retirarse de la Segunda Guerra Mundial (1939-45), lo que permitiría a Alemania concentrarse en la lucha contra la URSS.
Las gestiones diplomáticas de Hess fueron descartadas como un disparate tanto por el Gobierno británico como por Hitler. Hess había actuado sin el consentimiento de Hitler y fue repudiado como un lunático. Permaneció prisionero, primero en Gran Bretaña y, posteriormente, tras ser declarado culpable en los juicios de Núremberg, en Alemania. Se suicidó a los 93 años, aunque su frágil estado físico dio lugar a especulaciones sobre cómo había logrado ahorcarse en el jardín de la prisión de Spandau.
Rudolf Richard Hess nació en Alejandría, Egipto, el 26 de abril de 1894. Su padre era dueño de una próspera empresa de exportación en esa ciudad portuaria, pero insistió en que su hijo estudiara en Alemania desde los 14 años. Rudolf trabajó luego en el negocio de su padre hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial (1914-18), cuando se alistó como voluntario. Se incorporó al mismo regimiento del ejército bávaro en el que sirvió Adolf Hitler, el 1.er Regimiento de Infantería de Baviera. Obtuvo su nombramiento como teniente, pero tras ser herido en dos ocasiones y recibir la Cruz de Hierro de segunda clase, decidió unirse a la Fuerza Aérea alemana, aunque la guerra terminó apenas unos meses después.
Hess se mudó a Múnich, donde estudió historia, economía y política en la universidad de la ciudad. Aunque nunca terminó su carrera, quedó cautivado por el influyente profesor de geopolítica Karl Haushofer. En la Alemania de la posguerra, la situación política de la República de Weimar, como se la llamaba entonces, era volátil. Él culpaba al régimen socialista de los problemas económicos de Alemania y buscaba un cambio radical en la política alemana. Hess «se unió al Freikorps Epp y participó en la liberación de Múnich de los revolucionarios comunistas en la primavera de 1919» (Gellately, 62). Posteriormente, en el verano de 1920, se unió al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP, o Partido Nazi, para abreviar), de ideología fascista, que se fundó en 1920 como el Partido Obrero Alemán.
Desde 1921, Hitler fue el líder del Partido Nazi ultranacionalista. Hess se convirtió en la mano derecha de Hitler y participó directamente en el Putsch de la cervecería (también conocido como el Putsch de Múnich) de noviembre de 1923. Este improvisado intento de tomar el poder por la fuerza fue frenado sin dificultad por las autoridades, y los principales dirigentes nazis, entre ellos Hess, fueron arrestados, juzgados y declarados culpables de traición. Hess fue condenado a dieciocho meses de prisión. Él y Hitler fueron encarcelados en la prisión de Landsberg, donde compartieron la misma celda. Hitler aprovechó ese tiempo para escribir Mein Kampf (Mi Lucha), en el que expuso sus ideas sobre el arte de gobernar y cómo cambiaría Alemania si fuera su líder. A Hess se le atribuye la corrección del texto de Hitler y la incorporación del concepto de Lebensrauma la visión hitleriana de un Tercer Reich todopoderoso. El Lebensraum, que significa «espacio vital» para el pueblo alemán, no era un concepto nuevo, pero en la Alemania de la posguerra, marcada por la hiperinflación y el elevado desempleo, la idea de conquistar nuevos territorios y acceder a nuevos recursos para impulsar la economía alemana resultó atractiva para muchos votantes.
A HESS SE LE OTORGÓ LA FACULTAD DE APROBAR TODOS LOS NOMBRAMIENTOS DE FUNCIONARIOS NAZIS.
El Partido Nazi fue prohibido por un breve período, pero se recuperó progresivamente de la debacle del Putsch, ganando popularidad a lo largo de la década de 1920 y principios de la de 1930, hasta que Hitler fue nombrado canciller en 1932. De 1925 a 1932, Hess se desempeñó como secretario privado de Hitler, un cargo de gran importancia ya que le permitía interceptar toda la correspondencia y filtrar exactamente quiénes se reunían con Hitler. Hess participó directamente en todas las políticas nazis, incluidas las raciales, como la persecución de la población judía, que quedó institucionalizada con la promulgación de las Leyes de Núremberg de 1935. También organizaba las conferencias de Hitler y él mismo dio discursos en lugar del Führer en muchas ocasiones importantes.
A pesar de su larga historia personal tanto con Hitler como con el Partido Nazi, a principios de la década de 1930, se enfrentaba a una competencia cada vez mayor dentro de las altas esferas del movimiento nacionalsocialista. En diciembre de 1932 fue nombrado jefe del Comité Político Central del Partido Nazi, con la misión de aumentar la centralización del partido. Hess también fue nombrado general de las SS (Schutzstaffel), la organización paramilitar nazi. Luego, en abril de 1933, fue incluso nombrado lugarteniente del Führer. En diciembre de 1935, a Hess se le otorgó la facultad de aprobar todos los nombramientos de funcionarios Nazis. Entonces, algo cambió entre el líder nazi y su lugarteniente más servil. Hitler reconocía la absoluta devoción de Hess por la causa, pero también había llegado a la conclusión de que no estaba especialmente preparado, ni física ni mentalmente, para afrontar los desafíos que se avecinaban mientras los nazis se esforzaban por dominar Europa. La lealtad inquebrantable de Hess había servido a los propósitos de Hitler durante su ascenso al poder, pero a medida que la década de 1930 entraba en su etapa final y la guerra se avecinaba, Hess se vio cada vez más al margen del poder real. Como señala el historiador J. Dülffer, Hess «nunca alcanzó una importancia acorde con su título» (95).
Hess había sido elegido diputado del Reichstag (el Parlamento alemán) y nombrado ministro de Estado o Reichsminister, pero Hitler dejó al Parlamento prácticamente sin funciones al promulgar la Ley Habilitante de 1933. Hess sí logró hacerse un lugar en el ámbito de las relaciones internacionales, en particular al coordinar a grupos nazis en Austria para crearle problemas al Gobierno como preparación para el Anschluss(unión) con Alemania en 1938. Un año después, Hitler lo designó su sucesor oficial, por detrás de Hermann Göring (1893-1946). Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939, Hess siguió enfocándose en la política exterior, convencido de que podría establecer contacto con el Gobierno británico a través de intermediarios y lograr un gran éxito diplomático.
Personalidad
Hess era conocido por su lealtad a Hitler, pero su carácter reservado le ganó pocos amigos verdaderos dentro del movimiento nazi. También parecía desorientado intelectualmente o, como lo expresó de manera más directa el historiador W. L. Shirer, era «un hombre confundido» (835) y «nunca había logrado superar la adolescencia mental» (837). Albert Speer (1905-1981), principal arquitecto de Hitler y ministro de Armamento describe sus intereses de la siguiente forma: «Hess se ocupaba de problemas de medicina homeopática, le encantaba la música de cámara y tenía conocidos excéntricos pero interesantes» (Speer, 83). Las numerosas excentricidades de Hess iban desde una firme creencia en la astrología hasta la necesidad de pasar una varilla de radiestesia cada noche por debajo de su cama antes de acostarse. Tenía una salud frágil y consumió comidas vegetarianas especialmente preparadas durante la mayor parte de su vida, un hábito que molestaba a Hitler y que hizo que no fuera invitado a las cenas nazis con el Führer. Su salud mental también fue motivo de preocupación constante. Speer señala que Hess era «demasiado sensible, demasiado receptivo [y] demasiado inestable» (Speer, 252). Ya fuera excéntrico o simplemente extraño, el historial de comportamiento errático de Hess no preparó a Hitler ni a nadie más para uno de los sucesos más extraños de la Segunda Guerra Mundial.
Hess voló a Escocia el 10 de mayo de 1941 con la intención de negociar un cambio radical en la política exterior de Gran Bretaña y Alemania. Deseaba la paz entre Gran Bretaña y Alemania y pensaba ingenuamente que el Gobierno británico perdonaría y olvidaría sin más lo ocurrido hasta ese momento en la Segunda Guerra Mundial, como la evacuación de Dunkerque, la batalla de Inglaterra, el Blitz de Londres y la campaña del Norte de África. Los planes de Hitler de atacar a la URSS en la Operación Barbarroja significaban que Alemania bien podría encontrarse luchando en dos frentes si las potencias aliadas occidentales finalmente desembarcaban tropas en el continente. Sin embargo, no está claro si Hess estaba al tanto de la fecha de inicio de la Operación Barbarroja, que estaba prevista para un mes después de su vuelo a Escocia. No obstante, parte del plan de Hess para hacer que sus propuestas de paz resultaran aún más atractivas para Gran Bretaña consistía en enfatizar que, si a Alemania se le permitía concentrarse en su batalla contra la URSS, entonces el enemigo común, el comunismo, sería derrotado.
Al verse alejado del centro del poder nazi, es posible que Hess tuviera una motivación mucho más personal que explicara su particular aventura aérea: «…es posible que tuviera un deseo desesperado de volver a ganarse el reconocimiento de Hitler» (Dear, 415). Speer respaldó esta opinión al escribir en sus memorias: «Probablemente, después de tantos años de haber sido mantenido al margen, Hess intentaba ganar prestigio y alcanzar cierto éxito» (Speer, 252). El propio Hitler le dijo a Speer que sus reuniones con Hess eran tediosas y que «siempre viene a verme con asuntos desagradables y no deja de insistir» (ibidem).
Hess voló desde Augsburgo, en Baviera, hasta Escocia en un Messerschmitt 110 biplaza y aterrizó en paracaídas. Había elegido con cuidado el lugar de aterrizaje, ya que se encontraba cerca de la residencia del antiguo duque de Hamilton, ahora lord Stewart, un hombre que simpatizaba en cierta medida con Alemania y que, quizá, se encontraba en posición de organizar un encuentro entre Hess y el rey Jorge VI (que reinó en 1936-1952). El paracaidista nazi aterrizó sano y salvo y pidió a un granjero que lo llevara ante lord Stewart. Hess se negó a revelar su identidad hasta haber hablado personalmente con él. Cuando al fin se reunió con lord Stewart, Hess reveló quién era y explicó el propósito de su misión, afirmando que estaba «en una misión humanitaria y que el Führer no quería derrotar a Inglaterra, sino que deseaba poner fin a los combates» (Shirer, 835). Hess hizo hincapié en que, en cualquier caso, Alemania tenía asegurada la victoria en la guerra. Su actitud reflejaba claramente que él, un nazi tan distinguido, le estaba haciendo un gran favor a Gran Bretaña al aparecer de la nada para ofrecerle el ramo de olivo de la paz.
CHURCHILL NO QUERÍA TENER NADA QUE VER CON HESS NI CON SUS PLANES PARA UN ACUERDO DE PAZ.
Se llevaron a cabo más entrevistas oficiales, supervisadas por el diplomático Ivone Kirkpatrick, ex primer secretario de la embajada británica en Berlín. Hess explicó con detalle su plan de paz. Propuso que Gran Bretaña permitiera a Alemania actuar libremente en Europa y, a cambio, Alemania permitiría a Gran Bretaña actuar con libertad en los territorios de su propio imperio. Hess también insistió en que las negociaciones para dicho tratado de paz solo podrían llevarse a cabo si se cambiaba por completo al Gobierno británico y el primer ministro, Winston Churchill (1874-1965), no participaba. Planteó esta última exigencia porque consideraba que el Gobierno actual era el único culpable de la guerra. Hess ya estaba volando solo en el reino de la fantasía absoluta.
No está claro hasta qué punto Hitler estuvo involucrado en el plan antes del vuelo de Hess. Es posible que el líder nazi estuviera al tanto, ya que un asistente de Hess afirmó más tarde que había oído a Hitler y a Hess hablar al respecto. Sin embargo, es posible que Hitler lo hubiera descartado como una simple idea descabellada que solo debía considerarse de manera hipotética. Sin duda, cuando Hitler se enteró de que Hess se dirigía a Gran Bretaña, se enfureció. El Führer también estaba seriamente preocupado: «¿Quién me creerá cuando diga que Hess no voló allí en mi nombre, que todo esto no es algún tipo de conspiración a espaldas de mis aliados?» (Speer, 251). Los informes meteorológicos sugerían que Hess tendría dificultades para llegar a su destino, lo que llevó a Hitler a desear con esperanza: «¡Ojalá se ahogara en el Mar del Norte! Así desaparecería sin dejar rastro, y podríamos idear alguna explicación inofensiva a nuestra conveniencia» (ibidem).
Hess le había dejado una carta a Hitler en la que reconocía las escasas posibilidades de éxito y en la que indicaba que, si todo fracasaba, Hitler debía distanciarse por completo del plan y asegurar que Hess estaba loco. Esto fue exactamente lo que hizo Hitler, emitió un comunicado por radio dirigido al pueblo alemán en el que afirmaba que Hess estaba loco y que había actuado por iniciativa propia. Quizás esa declaración no estuviera muy lejos de la verdad, pues incluso los funcionarios que tuvieron contacto directo con Hess en Gran Bretaña consideraron que mostraba síntomas de gran inestabilidad. Hitler describió a Hess como un traidor e insistió que sería ejecutado si alguna vez regresaba a Alemania. A partir de entonces, casi nunca volvió a ser mencionado en los círculos del partido.
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Del mismo modo, Churchill no quiso tener nada que ver con Hess ni con su plan de paz. Nunca le concedieron una audiencia con ningún miembro del Gobierno británico ni de la monarquía. La población británica, aunque se le informó del aterrizaje de Hess en Gran Bretaña, no fue informada de sus objetivos de negociación. Al menos, la situación fue un éxito propagandístico que indicaba que los nazis no estaban tan unidos como parecía desde afuera. Mientras tanto, en Alemania, el puesto de Hess fue ocupado por su adjunto Martin Bormann (1900-1945), un hábil conspirador que ya había estado usurpando muchas de las funciones de Hess dentro del partido. A la esposa de Hess, Ilse (de soltera Pröhl), quien había sido abandonada por su esposo y se convirtió prácticamente en una marginada a pesar de su propia dedicación al nazismo, la amante de Hitler, Eva Braun (1912-1945), le proporcionaba en secreto una pequeña asignación económica.
Mientras tanto, Hess fue tratado como prisionero de Estado en un hospital militar ubicado en el castillo de Buchanan, en Escocia. El nazi renegado fue sometido a pruebas psiquiátricas, y su inestabilidad mental quedó aún más de manifiesto tras dos intentos fallidos de suicidio. Finalmente, a Hess se lo «diagnosticó como psicópata... [pero] nadie consideró jamás que Hess estuviera clínicamente demente» (Dear, 415). Fue trasladado a una sucesión de centros de detención: primero a la Torre de Londres, luego a Mytchett Place, cerca de Aldershot, en Hampshire, y posteriormente a Maindiff Court, en Abergavenny, Gales.
Dado que Hess había sido en su momento el tercer nazi más poderoso, se encontraba entre las figuras nazis de alto rango sobrevivientes que fueron llevadas ante la justicia en los Juicios de Nuremberg, los cuales comenzaron en noviembre de 1945 tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Göring también fue juzgado en Núremberg, pero solicitó no sentarse junto al inquieto Hess, quien no paraba de moverse y mostraba un comportamiento tan extraño como contar repetidamente con los dedos y, en ocasiones, estallar en carcajadas. La solicitud de Göring fue rechazada. Durante el juicio, Hess afirmó en un principio que padecía amnesia total y que no recordaba nada de su pasado, pero más tarde cambió de discurso y admitió que estaba fingiendo su pérdida de memoria.
Fue declarado culpable de conspiración y de crímenes contra la paz, pero absuelto de crímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad. A diferencia de la mayoría de los acusados, Hess se libró de la pena de muerte, probablemente debido a que se tomó en cuenta su fragilidad mental. En su lugar, fue condenado a cadena perpetua.
Hess, al igual que otros altos funcionarios nazis como Speer, fue enviado a la prisión de Spandau, en Berlín. Fue en Spandau donde le confió a Speer el motivo de su insólito vuelo a Gran Bretaña en 1941 y su convicción de que había hecho lo correcto al solicitar la paz. Speer escribió:
Hess me aseguró, con toda seriedad que la idea había sido inspirada en él en un sueño de fuerzas sobrenaturales. Dijo que no había tenido en absoluto la intención de oponerse a Hitler ni de ridiculizarlo. «Le garantizaremos a Inglaterra su imperio; a cambio, ella nos dará vía libre en Europa» … «Él [Hitler] se habría reconciliado conmigo. Estoy seguro de ello. ¿Y no crees que, en 1945, cuando todo estaba a punto de derrumbarse, a veces pensaba: "Después de todo, Hess tenía razón"?»
(Speer, 252-3)
Aunque todos los demás nazis en Spandau fueron finalmente liberados, la URSS, tal vez debido a la creencia de que Hess había tenido la intención de involucrar a Gran Bretaña en un ataque contra territorio soviético durante la Segunda Guerra Mundial, se negó a autorizar su liberación. Hess permaneció como el único preso en Spandau desde 1966 hasta su muerte, el 17 de agosto de 1987. Los registros oficiales señalaron que se había suicidado ahorcándose con un trozo de cable eléctrico. Este último acto de rebeldía lo cometió en un cobertizo del jardín de la prisión. Dada la fragilidad de Hess, tenía entonces 93 años, se difundieron rumores de que no podría haberse ahorcado sin ayuda. Incluso hubo rumores de que había sido asesinado. Tras la muerte de Hess, la prisión de Spandau fue demolida. Hess fue enterrado en Wunsiedel, en Baviera, pero cuando la tumba se convirtió en un punto de encuentro para grupos pronazis, sus restos fueron exhumados, incinerados y esparcidos en secreto.
Rudolf Hess era famoso por ser el lugarteniente de Adolf Hitler y, posteriormente, por volar a Escocia con el objetivo de negociar la paz con Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial. Su misión en solitario fracasó y Hess fue encarcelado por el resto de su vida.
¿Qué le ocurrió a Rudolf Hess en Escocia?
En mayo de 1941, Rudolf Hess se lanzó en paracaídas sobre Escocia con la esperanza de negociar un acuerdo de paz con el Gobierno británico. Su misión fracasó y fue encarcelado.
Interesada en la historia, las lenguas y el patrimonio cultural, actualmente se encuentra finalizando la carrera de Traductorado de Inglés al Español. Originaria de Argentina, ha vivido en Australia, los Países Bajos y Alemania, experiencias que ampliaron su interés por diferentes culturas y fortalecieron sus conocimientos de inglés y alemán.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 09 enero 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.