Estado de naturaleza

Mark Cartwright
por , traducido por Diego Villa Caballero
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The Garden of Eden by Thomas Cole (by Thomas Cole, Public Domain)
El Jardín del Edén, por Thomas Cole Thomas Cole (Public Domain)

El estado de naturaleza o natural es una idea que se hizo especialmente popular entre ciertos filósofos durante la Ilustración, en particular Thomas Hobbes (1588-1679), John Locke (1632-1704) y Jean-Jacques Rousseau (1712-1778). Se refiere al estado de existencia anterior a la unión de los seres humanos para formar sociedades formales, cuando renunciaron a ciertos derechos individuales en favor de un Gobierno colectivo mediante la formación de un contrato social.

Aunque filósofos de diferentes culturas, desde la antigüedad hasta la actualidad, han reflexionado sobre cómo podrían haber interactuado los seres humanos antes de que se formaran las sociedades, muchos otros pensadores, entre los que destaca David Hume (1711-1776), han sostenido que el estado de naturaleza nunca ha existido y que es simplemente una construcción artificial para facilitar el debate sobre los derechos que deben mantener los ciudadanos en la sociedad política contemporánea. No obstante, la idea del estado de naturaleza puede ser útil para contrastar las ventajas de determinados sistemas políticos y demostrar por qué los ciudadanos deben cumplir con las exigencias de la ciudadanía, ya que la alternativa podría ser el caos o, al menos, una sociedad menos deseable que la actual. En resumen, los derechos que las personas pueden o no haber disfrutado en un estado de naturaleza (por ejemplo, la propiedad) han influido en la forma en que las autoridades políticas deben tratar esos derechos, en particular en la elaboración de la Constitución de los Estados Unidos. El estado de naturaleza aparece en los sistemas de muchos filósofos diferentes, pero especialmente en tres. A continuación se analizan estos tres sistemas.

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El estado de naturaleza de Hobbes

El filósofo inglés Thomas Hobbes puede presumir de haber creado algunas de las afirmaciones más distintivas y memorables sobre el estado de naturaleza. Para Hobbes, los seres humanos en estado de naturaleza solo se preocupan por una cosa: su propia supervivencia. Tienen necesidades esenciales, como alimento y refugio, pero también necesidades secundarias, como el deseo de riqueza y honor, y harán cualquier cosa para conseguirlas, incluso si otras personas deben sufrir por ello. Como consecuencia, existe una competencia constante en el estado de naturaleza, lo que finalmente conduce a una guerra continua (o lo que Hobbes definió más específicamente como la amenaza perpetua de violencia). Su visión pesimista de los seres humanos en estado natural se resume en la famosa frase: «La vida del hombre [es] solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta» (Leviatán, cap. 13). En lo que respecta al pesimismo de Hobbes, quizá merezca la pena señalar que su experiencia vital incluyó crecer durante la agitada época de las guerras civiles inglesas (1642-1651).

PARA ESCAPAR DEL ESTADO DE NATURALEZA, LOS SERES HUMANOS CREARON UN CONTRATO SOCIAL O «PACTO»; ES DECIR, UNA PROMESA COLECTIVA DE CUMPLIR CIERTAS REGLAS.

Hobbes creía que el despiadado interés propio de la humanidad requería una autoridad política muy fuerte, a la que llamó el Leviatán (por el monstruo marino del libro de Job de la Biblia) y que fue el título de su obra más famosa, publicada en 1651. Esta autoridad suprema, que Hobbes concibe como un monarca absoluto, actuaría en beneficio de todos y garantizaría que todos siguieran las normas de la sociedad. Por lo tanto, incluso para Hobbes existe la esperanza de que la humanidad pueda convivir en relativa paz, sobre todo teniendo en cuenta que la alternativa es la guerra desenfrenada, propia del estado de naturaleza. Para escapar del estado de naturaleza, los seres humanos formaron un contrato social o «pacto», es decir, una promesa colectiva de cumplir ciertas normas de comportamiento; renunciaron a ciertas libertades individuales para poder disfrutar de otras libertades y de seguridad personal. Quizás sea importante señalar que, para Hobbes, el contrato social no se establece entre los ciudadanos y la autoridad gobernante, sino entre los propios ciudadanos (otros pensadores ampliarían la idea de contrato social a un acuerdo vinculante entre gobernantes y gobernados).

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Thomas Hobbes by Faithone
Thomas Hobbes por Faithone Wellcome Images (CC BY)

Los críticos de las opiniones de Hobbes sobre el estado de naturaleza señalan que su pesimismo sobre la naturaleza humana es bastante extremo y tal vez incorrecto (René Descartes fue uno de esos críticos). Hobbes también rechaza la religión como guía moral para el buen comportamiento y la buena ciudadanía. Por lo tanto, su visión de la naturaleza humana molestó a muchos cristianos, ya que eliminaba un papel importante de la Iglesia y sugería que Dios era un creador incompetente. Otra crítica es que, si el estado de naturaleza no es tan malo como afirma Hobbes, entonces las instituciones políticas tienen una obligación mucho mayor de proporcionar una sociedad más justa y segura en la que vivir, una obligación mayor que la que tal vez Hobbes admite. De lo contrario, los ciudadanos (o al menos algunos de ellos) podrían estar mejor en el estado de naturaleza. Un pensador que ofreció una visión más positiva de la naturaleza humana fue John Locke.

El estado de naturaleza de Locke

ASÍ COMO TODOS TIENEN LOS MISMOS DERECHOS EN EL ESTADO DE NATURALEZA, TODOS DEBERÍAN TENER LOS MISMOS DERECHOS EN UNA SOCIEDAD POLÍTICA.

El filósofo inglés John Locke publicó Dos tratados sobre el gobierno civil en 1689. Locke presentó aquí la idea de que, en el estado natural, los seres humanos eran capaces de trabajar juntos siguiendo la ley universal de que «nadie debe atentar contra otro en su vida, salud, libertad o posesiones» (citado en Popkin, 77). Locke admite que los seres humanos son inherentemente egoístas en sus acciones, pero, a diferencia de Hobbes, cree que entra en juego una autocontención natural, al igual que el uso de la razón, lo que garantiza que todos persigan el bien común. En resumen, la naturaleza humana está predispuesta al bien.

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De nuevo, como en Hobbes, las personas se reúnen y abandonan el estado de naturaleza para formar un contrato social y establecer un Gobierno que proteja mejor sus derechos. Locke creía que solo las democracias pueden proteger plenamente los derechos de los ciudadanos. En el estado de naturaleza se disfrutaba de ciertos derechos (el derecho a la propiedad era el más importante de todos) y, por lo tanto, ningún Gobierno debía interferir en ellos ni suprimir estos derechos naturales si no ponían en riesgo el bien común. Además, dado que todos tienen los mismos derechos en el estado de naturaleza, todos deberían tener los mismos derechos en una sociedad política.

John Locke
John Locke Godfrey Kneller (Public Domain)

Las opiniones de Locke sobre la naturaleza humana y el estado de naturaleza influyen directamente en sus ideas sobre la función del Gobierno. Para Locke, la función del Gobierno es servir al pueblo y no a sí mismo. Cualquier Gobierno que no cumpla con su función puede ser derrocado. Para evitar el peligro real de que los Gobiernos se vuelvan despóticos, debe existir una separación de poderes entre el ejecutivo (monarca), el legislativo (cámaras alta y baja del Parlamento) y el federativo (que se ocupa de la política exterior). Una cuarta rama, el poder judicial, está ahí para castigar a cualquiera que infrinja la ley. Un Gobierno debe fomentar el buen comportamiento de sus ciudadanos a través de la educación, sacando a relucir la tendencia natural de las personas a hacer el bien.

Otros pensadores jugaron con la idea del estado de naturaleza, sobre todo en su búsqueda de una sociedad más justa. Quizá el más eficaz de estos filósofos fue Jean-Jacques Rousseau, quien sugirió un modelo más sutil en el que la propia sociedad política crea ciertas motivaciones y derechos.

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El estado de naturaleza de Rousseau

Rousseau publicó su Segundo discurso en 1755. En él, Rousseau investigaba el origen de las evidentes desigualdades de la sociedad. Consideraba que el estado natural era totalmente primitivo, un lugar en el que no existían conceptos como la propiedad, el orgullo y la envidia, ya que estos solo llegaron a la humanidad cuando esta comenzó a formar sociedades. Rousseau se remonta a los simios humanoides (y así sugiere indirectamente una teoría de la evolución) para ver qué salió mal. Rousseau sugiere que los seres humanos en estado natural son libres, iguales y tienen dos instintos básicos: el instinto de autoconservación y la compasión por los demás. A medida que los seres humanos se reunieron en sociedades más sofisticadas, su moralidad decayó. La búsqueda del interés propio y la riqueza se impone. Rousseau dijo: «El hombre que por primera vez tuvo la idea de cercar un campo, decir que era suyo y encontró gente lo suficientemente ingenua como para creerle, fue el verdadero fundador de la sociedad civil» (Hampson, 210).

Para Rousseau, la sociedad se había vuelto tan corrupta, desigual e inmoral que incluso sugiere que muchos individuos estarían mejor volviendo al estado natural. Los seres humanos civilizados son infelices, egoístas y no son libres, decía. Esta visión negativa puede provenir de las propias experiencias vitales de Rousseau y de su gusto por la soledad. Una vez dijo: «Nunca he encajado realmente en la sociedad civil, donde no hay más que irritación, obligaciones y deberes, y... mi naturaleza independiente siempre me ha hecho incapaz de soportar las restricciones que se exigen a cualquiera que quiera convivir con otros hombres» (Gottlieb, 232). Incluso la casa del filósofo se llamaba Ermitage, un lugar para un ermitaño.

Rousseau ofrece una esperanza. Sus planes para una sociedad más justa se exponen en su Contrato social, publicado en 1762. El Gobierno ideal de Rousseau se preocupa por limitar los excesos de la desigualdad (reconoce que la igualdad absoluta es imposible). Las personas deben reunirse en una comunidad basada en el consentimiento y formar un contrato social entre ellas con el máximo objetivo de que esa sociedad sea para el bien común. Se necesitan leyes y un Gobierno fuerte para guiar la voluntad general del pueblo cuando este pueda cometer errores involuntarios, para educarlo a fin de reducir su tendencia a actuar en función de sus propios intereses y para proteger la propiedad, la cual es una creación de la sociedad. Para Rousseau, la voluntad general es un compromiso, en el que los individuos sacrifican la libertad total para alcanzar la mejor opción posible: una restricción de la libertad con el fin de evitar una situación de ausencia total de libertad. Sea cual sea la voluntad general, esa es la correcta. La consecuencia de esto, como han señalado algunos críticos, es que el Gobierno de Rousseau tiene un poder tremendo, ya que, en la práctica, el Estado puede obligar a las personas a ser libres.

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Jean-Jacques Rousseau Portrait
Retrato de Jean-Jacques Rousseau Maurice Quentin de La Tour  (Public Domain)

Legado

El debate filosófico sobre los derechos que poseían las personas en el estado natural influyó en las ideas sobre cuáles de esos derechos debían ser protegidos por los Gobiernos, como hemos visto. Esto no solo se aplicaba en la teoría, sino también en la práctica. El ejemplo más claro se encuentra en los Estados Unidos, cuando las Trece Colonias británicas declararon su independencia y redactaron su Constitución propia y totalmente nueva en 1789. Muchas de las ideas de esta Constitución, así como las de la Carta de Derechos, se inspiraron en las ideas sobre la libertad y la felicidad expuestas por pensadores como Hobbes, Locke y Rousseau.

La idea del estado de naturaleza ha seguido dividiendo a la filosofía. Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) y Karl Marx (1818-1883) consideraban que el estado de naturaleza era un concepto inútil, ya que veían la naturaleza humana como un producto de la sociedad, incluso más que Rousseau. Sin embargo, el estado de naturaleza sí atrajo a algunos filósofos del siglo XX, ya fuera como idea en sí misma o como una situación hipotética que aporta más claridad sobre los derechos que los ciudadanos deben y no deben tener en una sociedad política. Un pensador famoso por adoptar este último enfoque fue John Rawls (1921-2002).

En su obra Teoría de la justicia, publicada en 1971, Rawls intenta construir un modelo de sociedad más justa examinando cuáles son los principios de la justicia y cómo estos principios atraerían a las personas recién salidas del estado de naturaleza (aunque él negaba que tal cosa hubiera existido jamás). En otras palabras, si el modelo actual de sociedad desapareciera repentinamente y todos los derechos se esfumaran de golpe, ¿cómo decidiríamos qué derechos deberían restablecerse para construir una sociedad nueva y más justa? Rawls, por tanto, utiliza la idea de un estado de naturaleza, lo que él denomina «velo de ignorancia», como un espejo hipotético que le permite reflexionar sobre qué derechos deberían establecerse en una sociedad justa.

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Dado que ni Rawls ni ningún otro filósofo ha podido ver sus ideas plenamente puestas en práctica, y dado que lamentablemente, somos plenamente conscientes de que nuestras sociedades siguen mostrando grandes injusticias, y a medida que surgen nuevas cuestiones relacionadas con los derechos (el derecho a poseer armas, los derechos de género o el derecho a la eutanasia, por nombrar algunos), parece probable que los pensadores del futuro volverán a la idea del estado de naturaleza para ayudar a aclarar el enigma de cuáles son exactamente los derechos de los ciudadanos.

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Preguntas y respuestas

¿Qué se entiende por estado de naturaleza?

El estado de naturaleza es un estado real o imaginario de la existencia humana antes de que las personas se unieran y formaran un contrato social para vivir en una sociedad política. A menudo se utiliza como recurso filosófico para examinar qué derechos deben tener o no las personas en la sociedad.

¿Cuál es la diferencia entre el estado de naturaleza de Hobbes y el estado de naturaleza de Locke?

La diferencia entre los estados de naturaleza propuestos por Hobbes y Locke es que el primero tenía una visión muy pesimista basada en la creencia de que las personas solo actúan por interés propio, mientras que el segundo tenía una visión más positiva, según la cual los seres humanos son naturalmente capaces de utilizar su autocontrol y su razón para perseguir el bien común.

¿Todos los filósofos creen en un estado de naturaleza?

No todos los filósofos creen en un estado de naturaleza; entre los críticos más destacados de esta idea se encuentran David Hume, Hegel y Marx. Además, incluso aquellos filósofos que sí proponen un estado de naturaleza suelen hacerlo únicamente como un examen hipotético de los derechos y motivaciones previos al establecimiento de la sociedad.

Sobre el traductor

Diego Villa Caballero
Profesional en lenguas con estudios literarios. Profesor de castellano, escritor, traductor y entusiasta de la historia. Áreas de interés: literatura, artefactos antiguos, la historia de las religiones, la astrología, la arquitectura, la historia militar y del arte.

Sobre el autor

Mark Cartwright
Mark es el director de Publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.

Cita este trabajo

Estilo APA

Cartwright, M. (2025, diciembre 15). Estado de naturaleza. (D. V. Caballero, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-22617/estado-de-naturaleza/

Estilo Chicago

Cartwright, Mark. "Estado de naturaleza." Traducido por Diego Villa Caballero. World History Encyclopedia, diciembre 15, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-22617/estado-de-naturaleza/.

Estilo MLA

Cartwright, Mark. "Estado de naturaleza." Traducido por Diego Villa Caballero. World History Encyclopedia, 15 dic 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-22617/estado-de-naturaleza/.

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