Trece Colonias

Harrison W. Mark
por , traducido por Camila Mariscal Barrón
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Mapa de la colonización europea de Norteamérica, 1492-1750 (by Simeon Netchev, CC BY-NC-ND)
Colonización europea de Norteamérica, 1492-1750 Simeon Netchev (CC BY-NC-ND)

Las Trece Colonias eran un conjunto de colonias británicas ubicadas a lo largo de la costa atlántica de Norteamérica. Fundadas por diversas razones —económicas, políticas y religiosas—, las colonias surgieron con sus propios Gobiernos, cartas coloniales y culturas, pero estaban unidas por su idioma, historia, religión (protestantismo) y lealtad a la Corona británica en común. Durante la Revolución de las Trece Colonias (1765-1789), estas colonias se unieron para librarse del dominio británico y emergieron como una nueva nación: los Estados Unidos de América.

Tradicionalmente, se han agrupado en tres categorías, divididas tanto por su geografía como por su cultura. Las colonias de Nueva Inglaterra, que comprenden la parte más nororiental del mapa, fueron fundadas principalmente por puritanos en busca de libertad religiosa, e incluían las colonias de Massachusetts, Nuevo Hampshire, Rhode Island y Connecticut. Las colonias centrales, entre ellas Nueva York, Nueva Jersey, Pensilvania y Delaware, eran conocidas por sus economías diversas y sus poblaciones igualmente diversas y a veces se las llamaba las «colonias del granero». La última categoría fueron las colonias del Sur, que se fundaron como sociedades agrarias basadas en cultivos comerciales como el tabaco y el arroz e incluían Maryland, Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia.

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Fundaciones: Chesapeake y Nueva Inglaterra

A finales del siglo XVI, impulsado por sus recientes éxitos coloniales en Irlanda, el Reino de Inglaterra dirigió su atención hacia el Nuevo Mundo. Para entonces, los ingleses llevaban casi un siglo de retraso con respecto a otras potencias europeas, como España, Portugal y Francia, que ya habían establecido colonias permanentes y temporales en América. Habiendo tomado nota de las riquezas que fluían a través del Atlántico y llenaban las arcas de estos países —así como los bolsillos de los hombres que financiaban tales empresas coloniales—, un grupo de prominentes nobles ingleses aunó sus recursos para financiar una expedición colonial propia en la década de 1580. Su primer intento, la colonia de Roanoke, fue un fracaso desastroso. Ubicada frente a la costa de la actual Carolina del Norte, la colonia se fundó en un suelo infértil y se vio acosada por vecinos nativos americanos hostiles. Para 1590, había sido inexplicablemente abandonada, y hasta el día de hoy se desconoce el destino de sus colonos. El fracaso de Roanoke paralizó todos los intentos ingleses de colonizar el Nuevo Mundo durante la siguiente década y media. Posteriormente, en 1606, el rey Jacobo I de Inglaterra (reinado 1603-1625) otorgó cartas a dos compañías: la Compañía de Plymouth y la Compañía de Virginia de Londres, para fundar colonias en Norteamérica.

La producción de tabaco era increíblemente lucrativa, lo que llevó a fundar una segunda colonia tabaquera en Chesapeake, Maryland, en 1632.

En 1607, la Compañía de Plymouth fundó la colonia Popham en el actual Maine, que duró cerca de un año antes de fracasar. Por un tiempo, pareció que la colonia establecida ese mismo año por la Compañía de Virginia —Jamestown— sufriría la misma suerte. Ubicada a lo largo de la bahía de Chesapeake, la colonia de Jamestown, en Virginia, luchó por sobrevivir mientras el hambre, las enfermedades y la guerra con los nativos americanos acababan con sus colonos en gran número. Durante el brutal invierno de 1609-10, conocido como «el tiempo de hambre», murieron 350 de los 500 colonos de Jamestown, y los sobrevivientes se vieron obligados a comer ratas, perros, caballos y, finalmente, los cadáveres de los muertos. Esta lamentable situación se revirtió en 1611 cuando un recién llegado, John Rolfe (1585-1622), experimentó con una nueva variedad de semillas de tabaco que había traído de Bermudas. La semilla se adaptó bien al suelo fértil de Chesapeake y, en poco tiempo, el tabaco se había convertido en el cultivo comercial de Virginia. Para 1624, la colonia estaba produciendo 200.000 libras de la planta, cifra que se disparó hasta los 3 millones de libras en 1638. Para entonces, Virginia había superado a las Indias Occidentales como principal exportador de tabaco a Europa. Esta empresa fue increíblemente lucrativa, lo que llevó a fundar una segunda colonia tabaquera en Chesapeake, Maryland, en 1632.

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A medida que las colonias de Chesapeake comenzaron a florecer, un nuevo conjunto de colonias se estaba desarrollando en el norte. Expulsados de Inglaterra por la persecución religiosa de la Iglesia anglicana, 102 separatistas religiosos puritanos —más conocidos hoy como los «peregrinos»— anclaron frente a las costas de Massachusetts en noviembre de 1620, a bordo del barco Mayflower. Inicialmente, se dirigían a las tierras fértiles del norte de Virginia, pero se desviaron de su ruta y se encontraron en un clima más frío, con suelos pedregosos y densos bosques. En el crudo invierno que siguió al establecimiento de la colonia de Plymouth, casi la mitad de estos colonos murieron. Luego, en la primavera de 1621, los colonos supervivientes se salvaron gracias a la intervención de nativos americanos como Squanto (1585-1622) y Samoset (1590-1653), que les enseñaron a plantar maíz, judías y calabaza, una trifecta de cultivos a la que los indígenas se referían como las «tres hermanas». Estos nuevos conocimientos agrícolas permitieron a Plymouth sobrevivir y, en poco tiempo, expandirse. En 1630, una gran oleada de colonos puritanos, llamada la «Gran Migración», llegó desde Inglaterra. Liderados por John Winthrop (1588-1649), estos recién llegados establecieron la colonia de la Bahía de Massachusetts, con la esperanza de construir una sociedad basada en estrictos valores puritanos. Con el tiempo, Massachusetts absorbería la colonia original de Plymouth.

Landing of the Pilgrims at Plymouth
Desembarco de los peregrinos en Plymouth Currier & Ives (Public Domain)

Crecimiento y población

Para mediados de siglo, tanto las colonias de Chesapeake como las de Nueva Inglaterra habían empezado a prosperar, lo que, a su vez, propició su expansión. En el primer caso, 120.000 emigrantes vinieron de Inglaterra durante el siglo XVII, seducidos por la promesa de riqueza que ofrecía el lucrativo comercio del tabaco. La mayoría de estos buscadores de fortuna eran jóvenes pobres que no podían permitirse pagar las 6 libras que costaba la travesía transatlántica. En su lugar, llegaron como siervos contratados, con la promesa de trabajar durante un periodo de tiempo determinado (normalmente siete años) a cambio de un pasaje a Virginia y de «cuotas de libertad», como dinero o tierras, una vez expirado su contrato. Aunque los siervos contratados no eran esclavos, sus libertades estaban limitadas durante su servicio, y a menudo trabajaban en exceso y estaban expuestos a duras condiciones. También tenían que preocuparse por el clima templado de Chesapeake, que albergaba enfermedades como la fiebre tifoidea, la malaria y la disentería, a las que sus sistemas inmunológicos ingleses no estaban acostumbrados. Un gran porcentaje de ellos murió antes de finalizar su contrato. Pero los que sobrevivieron recibieron granjas propias, y sus hijos nacieron con mejor inmunidad al clima. Poco a poco, las colonias de Chesapeake se fueron expandiendo hasta que su población libre ascendió a 85.000 personas en 1700.

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Silver Shilling From the Massachusetts Bay Colony
Chelín de plata de la colonia de la Bahía de Massachusetts John Hull and Robert Sanderson (Public Domain)

Nueva Inglaterra también experimentó un crecimiento significativo durante este periodo. Sin embargo, a sus colonos no les preocupaban tanto las riquezas terrenales como la mejora de sus almas, por lo que la mayoría eran fabricantes, comerciantes o agricultores de clase media que podían pagarse el pasaje para cruzar el océano. El clima más fresco del norte les proporcionó una vida más larga y saludable que a los colonos de Chesapeake, lo que permitió que su población creciera a un ritmo más rápido y generara un grupo de nuevas colonias. Fanáticos puritanos, quienes pensaban que el Gobierno de Massachusetts no había ido lo suficientemente lejos en su devoción, fundaron la colonia de Connecticut. En el extremo opuesto del espectro, Roger Williams (1603-1683), tras haber sido desterrado de Massachusetts por sus magistrados teocráticos, fundó la colonia de Rhode Island como refugio para todas las religiones. La última colonia de Nueva Inglaterra, Nuevo Hampshire, surgió como centro pesquero y comercial. Los habitantes de Nueva Inglaterra conformaban un pueblo laborioso que prosperó gracias a la agricultura, la pesca y el comercio a pequeña escala, y Boston se convirtió en una importante ciudad portuaria. En 1700, la región ya contaba con 91.000 habitantes y superaba a las demás colonias inglesas.

Colonias centrales y sureñas

En 1664, Inglaterra adquirió las colonias holandesas situadas a lo largo del río Hudson, que se reorganizaron como la provincia de Nueva York. La provincia tomó su nombre del duque de York —futuro rey Jacobo II de Inglaterra (reinado 1685-1688)—. Comerciantes holandeses y poderosos terratenientes llamados patronos habían ocupado previamente la región, y se les permitió permanecer allí debido a la riqueza que generaban. Nueva York también atrajo a grandes grupos de colonos alemanes, escandinavos, hugonotes franceses (protestantes) y flamencos, lo que la convirtió en una de las poblaciones más diversas de la América británica.

Las cuatro Colonias centrales producían cereales como el trigo y el centeno, lo que les valió el sobrenombre de «colonias del granero».

Ese mismo año se fundó la provincia de Nueva Jersey, aunque en un inicio se dividió en dos partes. Protestantes escoceses colonizaron Jersey Oriental, mientras que Jersey Occidental acogió a cuáqueros ingleses. No fue hasta 1702 que las dos Jerseys se unieron bajo un solo Gobierno colonial. En 1680, el rey le concedió 45.000 millas cuadradas (116.550 km²) de tierra a lo largo del río Delaware a William Penn (1644-1718), un cuáquero que poseía grandes extensiones de tierra en Irlanda. Penn estableció su colonia, Pensilvania, como refugio para sus compatriotas cuáqueros y la administró él mismo. Abogó por la tolerancia religiosa y el Gobierno representativo y se lo conoció por fomentar las buenas relaciones con los nativos americanos lenape. En 1702, la colonia semiautónoma de Delaware se separó de Pensilvania. Estas cuatro colonias centrales producían cereales como el trigo y el centeno, lo que les valió el sobrenombre de «colonias del granero». También se convirtieron en el centro de la construcción naval y la fabricación textil estadounidenses, mientras que las ciudades de Nueva York y Filadelfia se convirtieron en importantes centros de comercio.

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Hacia el sur, un grupo de ricos plantadores ingleses procedentes de Barbados fundó la colonia de Carolina en 1663. Al encontrar aquella isla caribeña demasiado poblada, decidieron asentarse en las tierras fértiles bajo el Chesapeake, e inicialmente se dedicaron a productos básicos como el maíz, la madera y la carne de cerdo. No fue hasta la década de 1690 que los habitantes de Carolina descubrieron por casualidad su propio cultivo comercial: el arroz. Después, la prosperidad de Carolina se disparó y se importaron esclavos de las Antillas para trabajar en las plantaciones de arroz. Más que ninguna otra colonia, Carolina se fundó a base de mano de obra esclava. En 1729, las diferencias políticas entre la clase dirigente de Carolina llevaron a la colonia a dividirse en Carolina del Norte y Carolina del Sur. En 1732, Georgia se estableció como una especie de zona de amortiguamiento entre las Carolinas y los asentamientos españoles hostiles de Florida. Fue fundada por James Oglethorpe (1696-1785), quien esperaba convertirla en una utopía sin esclavos basada en la libertad religiosa y la igualdad social. La visión de Oglethorpe no tardó en desmoronarse, ya que los colonos de Georgia deseaban emular el éxito de las Carolinas, que, según sostenían, solo podía lograrse con mano de obra esclava. En 1751, Georgia decidió permitir la esclavitud y empezó a emular la sociedad basada en plantaciones de las Carolinas.

Powder Horn Depicting Charles Town, South Carolina, 1770
Cuerno de pólvora con la representación de Charles Town, Carolina del Sur, 1770 The Metropolitan Museum of Art (Public Domain)

Gobiernos

Por lo general, cada una de las Trece Colonias pertenecía a una de las tres categorías administrativas siguientes: colonia con carta de naturaleza, colonia real o colonia propietaria. Sociedades anónimas establecieron las colonias con carta de naturaleza —también llamadas colonias corporativas— después de recibir cartas legales concedidas por la Corona. Estas sociedades, como la Compañía de Virginia, gozaban de un alto grado de autonomía en la gestión de sus colonias y podían elegir a los gobernadores coloniales, promulgar leyes e incentivar los asentamientos. Funcionarios nombrados por la Corona, como su nombre lo indica, administraban las colonias reales. Virginia, por ejemplo, se convirtió en la primera colonia real tras la quiebra de la Compañía de Virginia en 1624. Por último, particulares o grupos de particulares llamados «propietarios» dirigían las colonias propietarias, pues la Corona les había concedido las tierras y podían administrarlas a su antojo. Las colonias propietarias incluían Maryland, concedida a Lord Baltimore, y Pensilvania, propiedad de la familia Penn.

Los colonos valoraban el autogobierno y a menudo recurrían a sus asambleas representativas para proteger sus derechos.

Un gobernador con autoridad ejecutiva supervisaba cada colonia, y lo nombraba la Corona o el propietario de la colonia. Dependiendo de la época y el lugar, un gobernador colonial podía ser muy poderoso. Edmund Andros (1637-1714), por ejemplo, causó controversia cuando gobernó Nueva York sin legislatura, y ejerció un control autoritario como gobernador del efímero dominio de Nueva Inglaterra (1686-1689). Los gobernadores tenían la facultad de vetar los proyectos legislativos, así como para convocar o disolver las legislaturas. Contaban con el apoyo del Consejo del Gobernador, un órgano consultivo compuesto por destacados ciudadanos coloniales, que también funcionaba como cámara alta de la legislatura colonial. Los funcionarios elegidos por los ciudadanos propietarios de la colonia conformaban la cámara baja, la asamblea representativa, que se reunía al menos una vez al año. La Cámara de Burgueses de Virginia, creada en 1619, fue la primera de estas asambleas y sirvió de modelo para las demás colonias. Los colonos valoraban el autogobierno y a menudo recurrían a estas asambleas representativas para proteger sus derechos, especialmente en los primeros años de la Revolución. En algunos casos, estas asambleas ejercían más poder que los gobernadores coloniales, lo que provocaba luchas de poder.

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Guerra y esclavitud india

A medida que las colonias crecían, inevitablemente entraban en conflicto con los pueblos indígenas cuyas tierras invadían. Desde los primeros días de Jamestown, los colonos ingleses libraron una guerra con los nativos americanos. Como luchaban por la misma tierra y por unos recursos limitados, esta guerra adquirió un carácter especialmente brutal, ya que ambos bandos luchaban por la supervivencia. La quema de aldeas, la destrucción de cosechas y la masacre de familias se convirtieron en algo habitual, lo que dio lugar a un ciclo de violencia de ojo por ojo. Uno de los conflictos más sangrientos fue la guerra del rey Felipe (1675-1678), en la que una coalición de naciones nativas americanas bajo el mando de Metacomet (también conocido como rey Felipe) intentó resistirse al creciente poder de Nueva Inglaterra. Miles de personas murieron en el conflicto y Nueva Inglaterra quedó devastada. La guerra terminó tras la muerte de Metacomet, cuando los ingleses asesinaron, esclavizaron o expulsaron a sus seguidores. Otras naciones nativas americanas se aliaron con las colonias inglesas, con la esperanza de utilizar su poder para aplastar a sus propios rivales indígenas. La Confederación Iroquesa formó una famosa alianza con Nueva York, conocida como la «Cadena del Pacto», contra sus enemigos algonquinos.

Slave Trade
Comercio de esclavos George Morland (Public Domain)

Al igual que el crecimiento colonial condujo a la guerra con los nativos americanos, también condujo al auge de la esclavitud. Los primeros esclavos africanos pisaron suelo virginiano en 1619, y la institución se extendió de forma gradual por las Trece Colonias en las décadas siguientes. Si bien es cierto que los ricos de Nueva Inglaterra poseían esclavos, la institución era mucho más prominente en las colonias del Sur, donde el trabajo esclavo acabó siendo preferible a la servidumbre por contrato. Al principio, los plantadores trataban a sus esclavos como si fueran criados, permitiéndoles administrar sus propiedades y, en ocasiones, incluso liberándolos después de un cierto número de años. Pero a medida que la esclavitud se arraigaba y la población esclavizada se multiplicaba, los esclavistas se aterrorizaban cada vez más ante posibles revueltas de esclavos. En consecuencia, imponían mayores restricciones a sus esclavos, a quienes trataban con un mayor grado de brutalidad. Se calcula que en 1700 había 27.000 africanos esclavizados en la Norteamérica británica. Para 1775, en vísperas de la Revolución de las Trece Colonias, esa cifra se había disparado a 460.000, cerca de una quinta parte de toda la población colonial. La institución estaba, por tanto, profundamente arraigada en la sociedad estadounidense y no se eliminaría hasta la guerra de Secesión (1861-1865).

Mercantilismo y desatención sanitaria

El mercantilismo definió la relación económica entre Gran Bretaña y sus colonias. Tal como lo practicaba Gran Bretaña, el mercantilismo se refería a la idea de que la riqueza de una nación se medía por la acumulación de oro y plata en sus reservas, así como por una balanza comercial favorable. Para lograrlo, Gran Bretaña utilizaba sus colonias como fuente de materias primas y como mercado de productos acabados. Por ejemplo, los colonos enviaban tabaco o madera a Gran Bretaña, que los procesaba y se los volvía a vender. En 1660, el Parlamento aprobó las Leyes de Navegación, que restringían el comercio colonial con comerciantes extranjeros, lo que promovió la navegación inglesa y fomentó una relación mercantilista. Sin duda, esto provocó un resentimiento entre los comerciantes coloniales que se mantendría latente hasta la Revolución. Sin embargo, la mayoría de los colonos se apaciguaron con la política de negligencia saludable del Parlamento; es decir, el Parlamento se contentó con permitir que las colonias se administraran a sí mismas mientras siguieran siendo rentables para la madre patria. El siglo anterior a la Revolución se caracterizó por la negligencia saludable y las políticas comerciales mercantilistas, un acuerdo que muchos consideraban beneficioso para ambas partes.

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Philadelphia Panorama, 1752
Panorama de Filadelfia, 1752 John Carwitham (Public Domain)

El camino hacia la unificación

A lo largo del siglo XVII, las colonias se consideraban entidades políticas separadas, vinculadas entre sí únicamente por su lealtad común a la Corona británica. Pero esto cambiaría en las cuatro grandes guerras coloniales de finales del siglo XVII y XVIII, que incluyeron la guerra del rey Guillermo (1689-1697), la guerra de la reina Ana (1702-1713), la guerra del rey Jorge (1744-1748) y la guerra franco-india (1754-1763). Estas guerras dieron a los colonos un enemigo común —Francia— y los unieron a través de su servicio militar a la Corona. De hecho, fue durante el último de estos conflictos cuando Benjamin Franklin (1706-1790) realizó su famosa caricatura política «Únanse o mueran», en la que instaba a las colonias a unirse contra el enemigo francés. Los colonos, por supuesto, también estaban unidos por una identidad común. Aunque muchos de ellos llevaban generaciones en el Nuevo Mundo, seguían considerándose británicos con todos los «derechos constitucionales de los ingleses».

Join or Die
Únanse o mueran Benjamin Franklin (Public Domain)

El más importante de estos «derechos» era el de autogobierno. Este pareció violarse tras la guerra franco-india, cuando el Parlamento impuso una serie de impuestos a las colonias. Esto indignó a muchos colonos, incluidos incendiarios como Samuel Adams (1722-1803), quien argumentaba que, dado que ningún estadounidense estaba representado en el Parlamento, este carecía de autoridad constitucional para gravarlos; cualquier intento de hacerlo equivalía a una «esclavitud tributaria». El Parlamento no estuvo de acuerdo, y alegó que los colonos estaban prácticamente representados de la misma manera que aquellos ingleses que no poseían propiedades y no podían votar. A medida que esta lucha continuaba durante la década de 1760, las colonias se unían más estrechamente en oposición a las políticas «tiránicas» del Parlamento. En 1774, cuando el Parlamento aprobó las Leyes Intolerables para castigar a Massachusetts por el Motín del Té de Boston, las colonias se solidarizaron con su prima Nueva Inglaterra y formaron el Primer Congreso Continental para coordinar una resistencia. Fue esta unificación la que condujo a la Revolución de las Trece Colonias y, en última instancia, a la transformación de las Trece Colonias en Estados Unidos.

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Preguntas y respuestas

¿Qué fueron las Trece Colonias?

Las Trece Colonias fueron un conjunto de colonias británicas ubicadas a lo largo de la costa este de Norteamérica. Se agrupaban en tres regiones principales: las colonias de Nueva Inglaterra, las colonias centrales y las colonias del Sur.

¿Por qué se fundaron las Trece Colonias?

Las Trece Colonias se fundaron por una variedad de motivos: religiosos, económicos y políticos. Por ejemplo, las colonias de Nueva Inglaterra fueron establecidas por puritanos que buscaban libertad religiosa, mientras que las colonias del Sur desarrollaron sociedades agrícolas basadas en el cultivo de productos comerciales como el tabaco y el arroz.

¿Qué tenían en común las Trece Colonias?

Aunque cada una de las Trece Colonias se consideraba una entidad política distinta, todas compartían el idioma (inglés), la religión (protestantismo), los lazos culturales y la lealtad a la Corona británica. Estos factores facilitaron su unión en los años previos a la Revolución de las Trece Colonias.

Bibliografía

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Sobre el traductor

Camila Mariscal Barrón
Camila es traductora certificada de inglés, francés y español se especializa en textos jurídicos y académicos. Le interesan la cultura, el arte, los viajes y la historia, y disfruta colaborar como intérprete voluntario en misiones médicas.

Sobre el autor

Harrison W. Mark
Harrison Mark es historiador y escritor en World History Encyclopedia. Se graduó de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Oswego, donde estudió historia y ciencias políticas.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, H. W. (2025, noviembre 09). Trece Colonias. (C. M. Barrón, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-22360/trece-colonias/

Estilo Chicago

Mark, Harrison W.. "Trece Colonias." Traducido por Camila Mariscal Barrón. World History Encyclopedia, noviembre 09, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-22360/trece-colonias/.

Estilo MLA

Mark, Harrison W.. "Trece Colonias." Traducido por Camila Mariscal Barrón. World History Encyclopedia, 09 nov 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-22360/trece-colonias/.

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