Sleipnir es el caballo de ocho patas que monta Odín principalmente en la mitología nórdica. Es hijo del dios Loki (en forma de yegua) y del semental Svadilfari, que pertenecía al jötunn que construyó las murallas de Asgard. En Islandia, el cañón glacial Ásbyrgi se conoce como la pisada de Sleipnir en honor al caballo.
Según la leyenda, el gran caballo en el que montaba Odín cabalgó por esta zona y una de sus pezuñas aterrizó en medio de un bosque, creando el cañón. Esta historia es típica de los cuentos relativos a Sleipnir, que a menudo lo presentan como un caballo inmenso que transporta a Odín por los reinos donde queda evidencia de su paso. En otras historias, parece que tan solo es un poco más grande que un caballo normal, pero con ocho patas.
Sleipnir siempre se representa como un caballo increíblemente rápido y como «el mejor de todos los caballos», simbolizado por sus ocho patas que llevan al jinete a cualquier parte de los nueve reinos de la cosmología nórdica en un tiempo récord. Como es descendiente de dos entidades sobrenaturales, tiene la capacidad de moverse entre los reinos, incluido el reino de los muertos, que es de donde viene su nombre, que significa «el que se desliza».
Aunque casi siempre lo monta Odín, en la historia de la muerte de Baldr, es el hermano de Baldr, Hermodr, quien se dirige al reino de Hel a lomos del caballo. Sleipnir es capaz de saltar la valla alta que rodea Hel y volver con Hermodr sano y salvo a Asgard. Este magnífico caballo también aparece en la historia de la carrera de Odín contra el gigante Hrungnir, a quien Thor mata cuando amenaza a los asgardianos.
El último viaje de Sleipnir consiste llevar a Odín al campo de batalla de Vigrid para el Ragnarök, el ocaso de los dioses. En la batalla final entre las fuerzas del caos que, en la que participan Loki y sus hermanastros Fenrir, Jörmungandr y Hel, entre otros, de parte del caos, la mayoría de los dioses nórdicos muere, incluido Odín y su fiel caballo. Después, se cree que Sleipnir lleva a Odín a la otra vida de acuerdo con la creencia de que el caballo era un ser liminar en la mitología nórdica.
Los caballos en las creencias nórdicas
En la cultura escandinava, el semental sustituyó al toro como símbolo de virilidad y poder, pero en general se entendía que los caballos tenían capacidades sobrenaturales que los situaban en comunión con los dioses y los espíritus. En la práctica religiosa nórdica no había clero, pero sí que estaba la figura de la völva, una vidente, que recibía mensajes de los dioses, podía predecir el futuro y presidía sobre los rituales comunitarios. La völva era venerable, pero se reconocía que los caballos estaban más próximos a los dioses y podían entenderlos mejor que ninguna völva. El experto H. R. Ellis Davidson comenta:
El caballo era un animal que podía asociarse con el sol que viajaba y fue un símbolo religioso importante en el norte a partir de la Edad de Bronce. Un caballo podía llevarse a un héroe muerto al reino de los muertos y se lo ve haciendo esto mismo en muchas piedras conmemorativas dispuestas en Gotland durante la era vikinga. Igual que el jabalí de Freyr, el caballo de Odín viajaba con rapidez por el cielo y podía descender al reino de la muerte. En el siglo I d.C. se creía que los caballos sagrados de los germanos podían entender la voluntad de los dioses con mayor claridad que los sacerdotes, según Tácito, así que los usaban para la adivinación. (53)
La adivinación empezaba por atar a un caballo, o caballos, a un carro o vagón y luego observar el camino que tomaban, generalmente entre lanzas u otros proyectiles colocados en el suelo frente a ellos. Aunque no hay historias de Sleipnir en las que prediga el futuro abiertamente, se cree que es bastante intuitivo y que sabe la forma más rápida de llegar a un destino para minimizar los riesgos para su jinete.
Las ocho patas de Sleipnir
Sleipnir se menciona por primera vez por nombre en la poesía édica del siglo X, que fue una de las fuentes utilizadas por el historiador y mitógrafo islandés Snorri Sturluson (1179-1241) para la Edda prosaica, una narrativa unificada de los mitos nórdicos escritos en el siglo XIII. Sin embargo, el caballo de ocho patas como símbolo chamánico de transformación es anterior al nombre de Sleipnir, al menos por escrito, ya que las runas de Gotlandia presentan la imagen de Odín a lomos del caballo de ocho patas llegando a la otra vida ya en el siglo VIII.
Algunos escritores modernos han dicho que las famosas ocho patas de Sleipnir son una deformación, resultado de su nacimiento mágico, pero los estudiosos rechazan esta afirmación y apuntan a que probablemente se imaginaron como una idea para transmitir el concepto de velocidad. El estudioso Rudolf Simek, por ejemplo, señala que «en las piedras de Gotlandia, las ocho patas no sirven más que para dar la impresión de velocidad, y la tradición pictórica generó el caballo de ocho patas en la tradición literaria» (293-294). Simek también afirma que la historia del nacimiento mágico de Sleipnir es probablemente una invención de Sturluson que añadió sus propios toques de imaginación a muchos mitos nórdicos.
También se ha sugerido que las ocho patas simbolizan el equilibrio y la transformación a la vez que sugieren estabilidad y, mientras que esto bien puede ser cierto, la intención original no parece haber sido más que transmitir esa idea de velocidad. Más tarde a Sleipnir se lo conoce como el ancestro del caballo del gran héroe Sigurd, Grani, que también es famoso por su velocidad y del que se dice que es «el mejor de los caballos», de manera que la velocidad es obviamente central en los atributos del caballo.
Nacimiento mágico
Sleipnir también se menciona en las diferentes obras que componen la Edda poética, de entre las que destacan Baldrs Draumar («Los sueños de Baldur»), donde Odín cabalga con él al reino de Hel para preguntarle al espíritu de una bruja lo que presagian los sueños de su hijo. La historia sobre su origen proviene de la Edda prosaica, en la historia de la construcción de las murallas de Asgard y Valhalla.
Después de crear los Nueve Reinos, los dioses se disponen a construir una muralla protectora en torno a su hogar en Asgard y el salón de los héroes, Valhalla. Mientras están discutiendo cuál será la mejor manera de hacerlo, un hombre desconocido aparece y se ofrece a hacerlo a cambio de la diosa Freyja, el sol y la luna. Los dioses no tienen mucho interés en aceptar la propuesta, pero Loki, el dios embaucador, los convence. Sin embargo, los dioses establecen ciertas estipulaciones sobre el acuerdo: el constructor tiene que completar las murallas en tres estaciones (primavera, verano, otoño) y tiene que hacerlo sin ayuda alguna de nadie más. El constructor pregunta si puede usar su caballo, Svadilfari, para que lo ayude y otra vez Loki influye en la conversación y los dioses aceptan.
Sin embargo, pronto se hace aparente que Svadilfari no es un caballo cualquiera y que puede mover piedras desde grandes distancias más rápido de lo que podría cualquier hombre. Con la ayuda del caballo, el constructor tiene las murallas casi completas antes de la fecha límite. Los dioses no tienen intención alguna de pagar lo que han acordado, así que se vuelven contra Loki porque es el responsable del acuerdo. Le dicen que tiene que arreglar el problema o enfrentarse a la peor muerte que puedan idear.
Loki se transforma en una hermosa yegua y, por la noche, se acerca trotando a donde Svadilfari está moviendo piedras. El semental se siente atraído al instante por la yegua y corre hacia ella, pero la yegua Loki se escapa hacia el bosque. El constructor corre tras Svadilfari, lo persigue toda la noche y al final no consigue terminar la muralla a tiempo. Los dioses descubren que el constructor es un jötunn, un habitante del reino de Jotunheim, la tierra de los gigantes del hielo, enemigos de los dioses de Asgard (o como mínimo no se llevan bien). Llaman a Thor para que se haga cargo del problema y el dios aparece, le aplasta el cráneo con su martillo y así termina el problema al que se enfrentaban los dioses con el constructor si se negaban a pagarle. Mientras tanto, Svadilfari ha conseguido alcanzar a la yegua Loki; la embaraza y al final da a luz a Sleipnir.
La carrera de Odín
Odín se quedó con Sleipnir para sí, como jefe de los dioses, y en sus diversos viajes por los Nueve Reinos iba montado en este caballo. Un día cabalga a Jotunheim y se encuentra con el gigante Hrungnir, que admira a Sleipnir. Odín presume de que su caballo es el mejor que se puede encontrar en cualquier lugar y Hrungnir, molesto, afirma que su propio caballo, Gullfaxi («Crin dorada») es mejor y más rápido.
Odín reta a Hrungnir a una carrera y los dos salen al galope con sus caballos hacia Asgard. Los asgardianos no tienen interés alguno en dejar que un jötunn entre en su reino, pero Gullfaxi es tan rápido que viene pisándole los talones a Sleipnir y Odín gana por muy poco. Como cree que tiene que ofrecerle su hospitalidad, le ofrece una bebida a Hrungnir; este se la bebe rápidamente y pide otra.
Hrungnir se emborracha y empieza a amenazar a los asgardianos. Brama que los matará a todos, destruirá Asgard y se llevará el Salón de Odín a Jotunheim como premio junto con las hermosas diosas Freyja y Sif, esposa de Thor. En algún momento Hrungnir ya ha secuestrado a la hija de Thor, Thrud (que después devuelve, o puede que ella se escape), así que ya antes siquiera de que empiece con su diatriba de borrachera los dioses no tienen una buena opinión de él. Los dioses llaman a Thor y este lo reta a un duelo y le aplasta el cráneo con el martillo, igual que había hecho con el constructor de las murallas de Asgard.
El gigante se cae y su pierna acaba sobre la garganta de Thor. Ninguno de los asgardianos tiene la fuerza suficiente como para levantarla, excepto el hijo de tres años de Thor, Magni, que rescata a su padre. Como recompensa, Thor le da Gullfaxi a Magni, de manera que los dos mejores caballos de los Nueve Reinos residen en Asgard.
La muerte de Baldr
Sleipnir también aparece en una de las historias más famosas de la mitología nórdica, la historia de la muerte de Baldr. Baldr era hijo de Odín y su esposa Frigg y estaba considerado el más guapo, amable y sabio de los dioses. En el poema de Baldrs Draumar de la Edda poética, Baldr empieza a tener pesadillas sobre una fatalidad inminente.. Odín se monta en Sleipnir y viaja a Hel, el reino de los muertos, para descubrir lo que significan los sueños.
Hel está rodeado de una muralla alta para mantener a los muertos dentro y a los vivos fuera, pero Sleipnir puede viajar fácilmente entre un reino y otro y lleva a Odín directamente dentro. Allí ve que han limpiado y barrido Hel, que el suelo está cubierto de oro y que han puesto heno fresco en los bancos. Invoca al espíritu de una völva (según algunas traducciones, una bruja) y le pregunta lo que significa. La völva le dice que han preparado Hel para darle la bienvenida al alma de Baldr que va a llegar dentro de poco.
El poema termina cuando la völva le dice a Odín que regrese a Asgard, ya que él mismo irá a Hel dentro de poco tras Ragnarök, pero la historia continúa en la Edda prosaica en la Sección 49 de la Gylfaginning donde Frigg, preocupada ante la perspectiva de perder a su hijo, recorre los Nueve Reinos haciéndoles prometer a todas las cosas animadas e inanimadas que no dañarán a Baldr.
Todo el mundo quiere a Baldr, así que a nadie le cuesta hacer la promesa. Después, los dioses de Asgard adoptan el deporte de arrojarle cosas a Baldr para ver cómo rebotan y no le hacen daño, según lo que han prometido. Un día, Loki está viendo este pasatiempo y decide causar problemas; se transforma en mujer y va a visitar a Frigg en su palacio de Fensalir.
Frigg le pregunta a la visitante qué están haciendo los dioses en Asgard y la mujer le cuenta que están practicando su pasatiempo común de arrojarle objetos a Baldr. La visitante después le pregunta a la reina si es verdad que todas las cosas de los Nueve Reinos han prometido protegerlo y Frigg, inocente, responde que nunca se lo hizo prometer al muérdago porque era tan pequeño e inofensivo. Loki se marcha inmediatamente, encuentra un muérdago al oeste de Valhalla y se lo lleva a Asgard, donde se encuentra a Hodr, el hermano ciego de Baldr, apartado de la fiesta y triste porque no puede participar. Loki le dice que él le guiará y Hodr arroja el muérdago, que atraviesa a Baldr y lo mata al instante.
Los dioses se quedan horrorizados por la muerte y Frigg aparece, llorando por su hijo y pide que alguien vaya a Hel y pida que le devuelvan a Baldr. Hermodr, el hermano de Baldr, se ofrece voluntario y Odín prepara a Sleipnir para el viaje. Hermodr cabalga durante nueve noches por el camino que desciende a Hel, cruza el puente sobre el río de lanzas y le dicen que no puede entrar porque es un ser vivo. Sin embargo, Sleipnir salta sin problemas las murallas de Hel y Hermodr se encuentra al espíritu de Baldr entre la opulencia con la que le han dado la bienvenida en el gran salón, en presencia de Hel, la reina de los muertos y Nanna, la esposa de Baldr, que se ha muerto de pena después de que Hermodr saliera de Asgard.
Hermodr hace su petición y Hel acepta devolver a Baldr y Nanna si todos los Nueve Reinos lloran por él. Hermodr parte a lomos de Sleipnir y regresa a Asgard, y todos los reinos lloran por Baldr excepto por la giganta Thokk (que en realidad es Loki transformado), que dice que los muertos tienen que estar con los muertos. Así que Baldr tiene que quedarse en el reino de Hel hasta el final del mundo actual, en Ragnarök.
Ragnarök
Las nornas, los destinos cuyas visiones no se podían alterar, habían predicho Ragnarök y constituía el final de los Nueve Reinos y de muchos de los que habitaban en ellos. Era la batalla final entre las fuerzas del caos y las del orden y vendría de la mano del hermanastro de Sleipnir, Fenrir, el gran lobo. Primero vendría una ruptura de las relaciones humanas y se dejarían de cumplir las costumbres tradicionales y luego habría tres inviernos severos, sin verano entre medias, que traerían hambrunas. Fenrir, encadenado por Odín y los asgardianos a una roca en una isla, rompería las cadenas y arrasaría los reinos mientras su hijo Sköll se tragaría el sol y su otro hijo Hati la luna.
El otro hermanastro de Sleipnir, Jörmungandr, la serpiente del mundo, surgiría del mar y causaría olas que barrerían los reinos mientras su hermanastra, Hel, le proporcionaría un ejército de muertos a su padre, Loki, que traería a Surtr y los demás gigantes a la batalla. Los dioses de Asgard con los héroes caídos de Valhalla se enfrentarían a las fuerzas del caos en la gran batalla en la que Odín cargaría contra Fenrir a lomos de Sleipnir. El gran lobo los devoraría a ambos y luego Vidarr, hijo de Odín, lo mataría a él. La mayoría de los dioses morirían en la batalla, incluidos Thor y Loki, pero las fuerzas del orden saldrían victoriosas, incluso después de que Surtr y sus gigantes prendiesen fuego a los Nueve Reinos y un nuevo mundo saldría de las cenizas.
Conclusión
Sleipnir nunca se presenta simplemente como el caballo de Odín, sino que es su compañero, con quien comparte aventuras. Su muerte junto a Odín en la última gran batalla refleja no solo su relación sino también la manera en que las audiencias escandinavas o islandesas habrían entendido los caballos: como seres liminares capaces de cruzar el espacio entre la tierra de los vivos y la de los muertos.
Los nórdicos solían incluir caballos en los enterramientos porque los consideraban esenciales para la otra vida, pero, al igual que con los perros, también se entendían como guías que podían llevar al alma del difunto a su destino de manera segura. Lindow apunta que este concepto queda claro no solo gracias a las tumbas que se han excavado sino también a las piedras en Gotlandia:
Algunas de las piedras con imágenes del siglo VIII de la isla de Gotlandia muestran caballos de ocho patas y la mayoría de los estudiosos aceptan que son representaciones de Sleipnir. Todos los caballos están representados con un jinete, y algunos estudiosos creen que es Odín; de hecho, en la piedra Alskog Tjangvide hay una figura horizontal sobre el caballo y el jinete con una lanza que puede que sea una valkiria. Una mujer le da la bienvenida al jinete que sostiene una copa y la escena entera se ha interpretado como la llegada del caballero al mundo de los muertos. (277)
Sleipnir cae en la batalla con Odín porque era necesario para que su amigo llegara al otro reino a salvo. El caballo siempre se entendía como un ser en sintonía con la voluntad de los dioses y, a través de ellos, con las vibraciones del universo; siempre sabía la manera más rápida de llegar a cualquier destino y siempre cuidaba de la seguridad de su jinete. Sleipnir es un epítome de esta visión idealizada del caballo y por eso se lo elogia como el mejor de todos los caballos, no solo por su velocidad sino por su devoción al jinete que transporta.
