El mal del rey (del latín morbus regius), más conocida como escrófula o linfadenitis cervical tuberculosa, es una enfermedad dermatológica que supuestamente se curaba con el toque de un monarca, cualidad que formaba parte de sus poderes divinos heredados. La idea de que un toque real, una simple imposición de manos del rey al enfermo, podía curar la infección se mantuvo en algunos países europeos durante 1.200 años, hasta el siglo XVIII. La causa de la infección no se conoció hasta el siglo XIX. Históricamente, la enfermedad se denominaba consunción, tisis, escrófula, toque del rey o peste blanca. En 1839, el médico alemán Johann Lukas Schönlein acuñó el término «tuberculosis» para designar de forma genérica cualquier manifestación tuberculosa, puesto que los tubérculos pulmonares eran la base anatómica de la enfermedad.
Escrófula (tuberculosis)
Keith Manchester, en Tuberculosis and Leprosy in Antiquity: An Interpretation (Tuberculosis y lepra en la Antigüedad: una interpretación), describe el papel que la tuberculosis ha desempeñado en la historia de la humanidad. Manchester comienza identificando la tuberculosis (TB) como una enfermedad crónica causada por una bacteria del género mycobacterium y la especie Mycobacterium tuberculosis. Dos de sus formas afectan a los humanos: la humana y la bovina. El tipo humano de TB suele contraerse por vía respiratoria a través de los pulmones, por contacto con la respiración de otra persona afectada. Esta forma de TB es especialmente virulenta en densas zonas urbanas. La forma bovina comienza en los intestinos y suele contraerse al ingerir leche o carne infectada. La forma bovina es probablemente la que antes afectó a los humanos, pues estaba presente en los primeros rebaños domesticados, o infectaba a las manadas que se cazaban para carne.
En este escenario social, la gente infectada de tuberculosis, sin poder contar con la medicina, recurrió a un remedio supersticioso, el toque del rey.
Los científicos han datado los primeros casos de TB a partir de una momia de la dinastía XXI del Tercer Periodo Intermedio en Egipto (1071-946 a.C.).Europa probablemente experimentó los primeros brotes de TB en el periodo posromano. En particular, en Gran Bretaña sucedió en algún momento entre el siglo II y el V d.C. La propagación de la enfermedad en Europa fue el resultado del creciente establecimiento de pueblos y ciudades, con una mayor densidad de población, y de la expansión del comercio. Manchester también argumenta que, probablemente, los índices de TB disminuyeron durante el brote de peste bubónica, la peste negra, en la década de 1340, al tiempo que la población moría, mientras que unos peores estándares de vida y un deficiente estado de salud en general contribuyeron a extender aún más la TB. En el siglo XV, el aumento de la cabaña pecuaria condujo al surgimiento de la tuberculosis bobina. También se sabe que se propagó durante el periodo medieval, en el que la gente vivía en los mismos espacios con sus animales, con los que tenía un estrecho contacto, aumentando así la transmisión de la TB bovina. En este escenario social, la gente infectada de tuberculosis, sin poder contar con la medicina, recurrió a un remedio supersticioso, el toque del rey.
Síntomas
La bacteria de la tuberculosis lymphadenitis entraba en las personas cuando respiraban aire contaminado. La escrófula presentaba diversos síntomas: causaba escalofríos, sudores, infecciones de la piel y úlceras en el cuello, cabeza y cara, dando a los enfermos un aspecto de cerdo (descrito por primera vez por Aristóteles). Una vez infectados por la bacteria, las úlceras crecían lentamente, y en ocasiones duraban meses e incluso años. Se creía que estas lesiones eran la prueba fehaciente del pecado. A lo largo del tiempo, la escrófula presentaba tres formas: aguda, crónica y mortal. En la fase aguda emergían los síntomas, después desaparecían y volvían a aparecer. La fase crónica estaba marcada por la presencia constante de síntomas y úlceras. La fase mortal conducía a la muerte.
La aparición de la escrófula se asociaba a menudo con la glotonería, sobre todo en los niños. Uno de los primeros tratamientos que se probó fue el de cambiar la dieta de los pacientes, restringiendo cualquier alimento que emitiera olor, como el ajo, la cebolla y el vino. También se creía que un cambio en el comportamiento reduciría o curaría el problema, por lo que a menudo se prescribía limitar o reducir los gritos, la cólera o las preocupaciones.
Médicamente, se aplicaron varios métodos para combatir la enfermedad. Los antiguos egipcios trataban la enfermedad con cirugía y diversos vendajes.Hipócrates recomendaba reposo, oración, beber leche, dieta y evitar la meteorología extrema. Los chinos intentaron la acupuntura, y los anglosajones utilizaban hierbas, sanguijuelas y amuletos. Si esos remedios no funcionaban, los doctores probaban la cirugía: cortaban la capa exterior de la piel, raspaban la carne y retiraban la pústula escrofulosa. Si sangraba demasiado, el procedimiento se llevaba a cabo a lo largo de varios días, extrayendo solo unas cuantas pústulas cada día. Si fallaban todos estos intentos, quirúrgicos o no, el paciente se enviaba a visitar al rey.
A imitación de los poderes curativos de Cristo, los reyes ingleses y franceses practicaban un ritual conocido como «toque» con el fin de curar a los enfermos de escrófula.
A imitación de los poderes curativos de Cristo, los reyes ingleses y franceses practicaban un ritual conocido como «toque» con el fin de curar a los enfermos de escrófula. El ritual surgió de los clérigos que practicaban la cura por contacto. El ritual del toque real data de la época de Clodoveo I de Francia en 496, y su primera aparición en Inglaterra se produjo durante el reinado de Eduardo el Confesor (que reinó de 1042-1066). El ritual se oficializó durante los reinados de Luis IX de Francia (que reinó de 1226-1270) y Eduardo II de Inglaterra (que reinó de 1327-1377) respectivamente.
El proceso de este ritual ha quedado bien descrito en el relato de primera mano de John Evelyn (1620-1706), escritor y jardinero inglés, que lo plasmó en su diario el 6 de julio de 1660.William Shakespeare también describe el ritual en su obra Macbeth, acto IV, escena III:
(...) hay una turba de almas míseras que aguardan a su cura. Su dolencia deja la práctica del arte vana; pero al toque del rey —tal santidad el cielo dio a su mano— en un momento sanan.
Aquí se llama el mal:
Gran obra de milagro en este buen monarca; que a menudo aquí, desde mi estancia en Inglaterra, le he visto hacerlo. Cómo solicita al cielo, él lo sabrá; pero a gente visitada de una extraña plaga, hinchados y ulcerosos, lastimosos a la vista, la desesperación del arte médico, los cura, colgando un sello de oro en torno a sus cuellos, cargado de sagrados rezos; y se dice que a sus reales descendientes les trasmite la sanadora bendición.
El enfermo se presentaba al rey y se arrodillaba ante él. El rey tocaba el rostro y las mejillas de la persona afectada mientras un capellán anunciaba que «Pone su mano sobre ellos y los cura». Las palabras del capellán se refieren a un pasaje del Evangelio, Marcos 16:18, en el que Jesús habla a sus discípulos tras la resurrección y les confiere poderes curativos. Mucha gente creía que la enfermedad era consecuencia del pecado, por lo que las oraciones eran esenciales en la ceremonia. El pecado que causaba la enfermedad no se limitaba al enfermo: también era resultado de los pecados colectivos de una familia, un pueblo, una ciudad o un reino.
Junto con las oraciones era necesaria la redención para invocar los poderes curativos de Dios, ya que el rey actuaba en su lugar. El conjunto del ritual público producía un incremento en la popularidad del rey, sobre todo si la gente creía que el toque del rey tenía éxito, y al mismo tiempo permitía que el monarca se atribuyera poderes divinos, reforzando la legitimidad del trono. Tras la ceremonia, el enfermo al que había tocado el rey recibía una moneda de oro llamada «moneda de toque» (en Inglaterra se denominaba «ángel»). La cura también podía administrarse rociando al enfermo con agua en la que el rey se había enjuagado las manos.
El ritual se hizo aún más popular durante el reinado de Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra (que reinó de 1603-1625), que abandonó la tradición de hacer el signo de la cruz sobre las úlceras, por parecer demasiado católico, dándole así a la ceremonia una imagen más protestante. El ritual alcanzó su apogeo durante el reinado de Carlos II de Inglaterra (que reinó de 1660-1685), que lo practicó profusamente: tocaba hasta 6.000 personas al año, y a lo largo de todo su reinado, se sabe que ejecutó la ceremonia con unas 96.000 personas.Guillermo de Orange (que reinó de 1689-1702) acabó con la práctica porque simplemente no creía que el ritual funcionase, aunque se recuperó brevemente durante el reinado de la reina Ana (que reinó de 1702-1714).
El toque del rey, por supuesto, no curaba a nadie. Los reyes no tenían poderes curativos divinos, pero el público pensaba que podían realizar esas curas. Cualquier persona que fuera tocada por el rey podía regresar a su vida normal en la sociedad, lo que probablemente ayudaba a propagar la enfermedad a otros que no estaban infectados. Los poderes del rey iban más allá de un simple remedio para la enfermedad: los miles de rituales realizados también ayudaban a curar los pecados de la nación y a acercar la sociedad a Dios.
No hay manera de saber cuánta gente murió de tuberculosis durante esos años. Si nos remontamos a 8000 años a.C., han perecido millones de personas, y se cree que la tuberculosis ha matado a más gente que ninguna otra enfermedad. En 1882, el médico alemán Robert Koch descubrió la bacteria que causaba la tuberculosis, y el desarrollo de los rayos X en 1895 por el ingeniero y físico alemán Wilhelm Konrad von Röntgen fue una gran ayuda para que la medicina consiguiera detectar la TB en los pulmones. La primera vacuna para prevenir la tuberculosis fue desarrollada en 1908 por dos bacteriólogos franceses, Albert Calmette y Camille Guérin. Hacia 1945 se comenzó a disponer de una amplia gama de antibióticos, especialmente la estreptomicina, para tratar a los enfermos de TB. Durante la última década ha surgido una forma de tuberculosis resistente a los fármacos (MDR-TB), que según la Organización Mundial de la Salud, ya ha causado medio millón de casos en el mundo.
Actualmente es profesor adjunto de Historia en Concordia University Wisconsin, en Estados Unidos. Sus intereses de lectura e investigación actuales incluyen las plagas, enfermedades y la alimentación en la historia del mundo.
Escrito por John Horgan, publicado el 20 abril 2021. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.