Juvenal

Donald L. Wasson
por , traducido por Rosa Baranda
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Juvenal (by The Trustees of the British Museum, Copyright)
Juvenal The Trustees of the British Museum (Copyright)

Décimo Junio Juvenal (en torno a 55-138 d.C.), más conocido simplemente como Juvenal, fue un satírico romano. Escribió cinco libros, que contienen 16 sátiras, cada una de las cuales criticaba un aspecto diferente de la sociedad romana, ya fuera las malas condiciones de vivienda, las relaciones entre patrón y cliente, la presencia de griegos en la ciudad, la crianza de los hijos, la oración o la arrogancia y la vanidad de las mujeres de la urbe. Aunque poetas anteriores como Horacio (Quinto Horacio Flaco, 65-8 a.C.) y Cayo Lucilio (180-103 a.C.) escribieron sátiras, Juvenal fue el primer autor en dedicarse por completo a este género. Escritas entre los años 110 y 130 d.C., aproximadamente en la misma época que los Anales de Tácito, las sátiras están llenas tanto de odio como de ira: odio hacia los antiguos aristócratas que controlaban la ciudad e ira por el trato que recibían los más desfavorecidos. Sus arremetidas contra la corrupción que veía imperar en la sociedad romana y contra la crueldad humana son temas recurrentes a lo largo de su obra. A ojos de Juvenal, Roma estaba habitada por degenerados y su virtud prácticamente había desaparecido.

Primeros años

Juvenal nació alrededor del año 55 d.C. en el seno de una familia de clase media en la pequeña localidad de Aquino, cerca de Roma. Aunque se sabe poco de su infancia, se cree que pudo haber iniciado una carrera administrativa, llegando a convertirse en soldado durante el reinado del emperador romano Domiciano (que reinó de 81-96 d.C.). Por desgracia para Juvenal, se ganó la antipatía del temperamental emperador al insultar a uno de los favoritos de la corte de Domiciano. Por este delito, lo exiliaron a Siene, en Egipto. Cuando regresó a Roma en el año 96 d.C., tras el asesinato de Domiciano, centró sus energías en la escritura. Sería en sus cinco libros de sátira donde descargaría su ira contra Roma y sus ciudadanos.

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Su resentimiento influyó en su percepción tanto de la ciudad como de su gente. Esta perspectiva queda patente a lo largo de sus dieciséis sátiras.

Su resentimiento influyó en su percepción tanto de la ciudad como de su gente. Al carecer de medios para mantenerse, se vio obligado a buscar la ayuda de un mecenas como cliente. Más tarde, se preguntaría si merecía la pena soportar los insultos que recibía durante la cena. Durante el reinado del emperador Adriano (r. 117-138 d.C.), consiguió salir de la pobreza y se compró una finca cerca de Tívoli, pero el dinero, las tierras y los sirvientes no alteraron su actitud, y su valoración de la ciudad y sus ciudadanos no cambiaría. Esta perspectiva es evidente a lo largo de sus dieciséis sátiras.

Obras

Juvenal escribió cinco libros de sátira:

  • Libro I - Sátiras 1-5,
  • Libro II - Sátira 6,
  • Libro III: Sátiras 7-9,
  • Libro IV: Sátiras 10-12,
  • Libro V - Sátiras 13-16 (la última está incompleta).

En su primer libro, compuesto por cinco sátiras y escrito alrededor del año 110 d.C. durante el reinado de Trajano (que reinó de 98-117 d.C.), condenó el vicio y el crimen que imperaban en Roma, la relación entre patrón y cliente y la decadencia y la riqueza de la élite de la ciudad. Aunque intentó evitar hablar de quienes ostentaban el poder, en ocasiones se apartó de este ideal: se cree que las referencias veladas de su primera sátira se refieren a Domiciano.

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En la Sátira 3, Juvenal se expresó a través de un amigo llamado Umbricio. Atacó una multitud de problemas diferentes: la corrupción de la ciudad, sus malas condiciones de vivienda y la presencia de extranjeros engañosos, sobre todo los griegos:

Ahora déjenme hablar de la raza por la que nuestros ricos sienten la mayor predilección. A estos los evito como a la peste, no nos andemos con rodeos. Ciudadanos, no soporto una Roma helenizada. (Gochberg, 500)

Juvenal's Satires
Sátiras de Juvenal The Trustees of the British Museum (Copyright)

A ojos de Juvenal, la pobreza obstaculizaba el mérito de un hombre. Escribió:

La mayor maldición de la pobreza, mucho peor que el hecho de sufrirla, es que convierte a los hombres en objeto de burla, de ridículo, de humillación y de vergüenza. (Gochberg, 504)

En su tercera sátira, también criticó las horribles condiciones de vivienda de la ciudad, donde quienes vivían en los pisos superiores tenían poca o ninguna protección contra la lluvia y el fuego. Sobre esto escribió:

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… Roma se sostiene sobre palos de pipa y cerillas; así le sale más barato al casero apuntalar sus ruinas, apañar las viejas paredes agrietadas y comunicarles a todos los inquilinos que pueden dormir tranquilos, aunque las vigas sobre sus cabezas estén en ruinas. (Gochberg, 505)

Aunque con el tiempo lograría salir de su propia pobreza, nunca olvidó el tiempo que pasó dependiendo de las limosnas de otros, precisamente aquellas personas a las que aprendió a despreciar. Más tarde, escribiría sobre esta humillante experiencia en una de sus sátiras. En los primeros versos de su quinta sátira, preguntaba:

Si aún no te avergüenzas de cómo vives. Si crees que el bien supremo sigue siendo vivir de las sobras de los demás… (Sátira 5, versos 1-2).

En la Sátira 6 criticó a las mujeres de Roma, su arrogancia, vanidad y crueldad a lo largo de unos 600 versos. Otras sátiras atacaban la miseria y la pobreza de los intelectuales de la ciudad, que no lograban obtener una recompensa digna por su trabajo (Sátira 7), así como el culto a la nobleza hereditaria (Sátira 8). Al criticar los orígenes legendarios de la ciudad y la naturaleza pomposa de sus ciudadanos, arremetió contra los aristócratas de la ciudad, concretamente contra los patricios, que se jactaban de sus árboles genealógicos que se remontaban siglos atrás hasta la fundación de la ciudad.

Aunque puedas desplegar el árbol genealógico y remontarte hasta el origen de tu apellido… fuera quien fuese tu primer antepasado, también era un pastor, o se dedicaba a alguna otra tarea que prefiero no mencionar. (Sátira 8, versos 272-275).

En la Sátira 10, habló de las ambiciones humanas, la riqueza, el poder y la gloria, y de cómo, en lugar de ello, deberíamos aspirar a tener un cuerpo, una mente y un corazón sanos. Tras hablar de las extravagancias insensatas de los ricos en la Sátira 11, en la Sátira 14 reprendía a los padres que enseñaban a sus hijos a ser codiciosos. En la Sátira 15, tras enterarse de unos disturbios en Egipto, habló de la crueldad humana y llegó a la conclusión de que el ser humano es mucho más cruel que los animales. En la última Sátira, la 16, que quedó inconclusa, esperaba abordar los privilegios de los soldados profesionales.

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Estilo de escritura

Juvenal era un genio sensato que se odiaba a sí mismo por aceptar las migajas que le arrojaban los hombres a los que odiaba.

La clasicista Edith Hamilton, en su libro The Roman Way (El camino de los romanos), escribió sobre Juvenal y su contemporáneo Publio Cornelio Tácito (en torno a 56 - alrededor de 118 d.C.). En su opinión, la gran literatura de los dos primeros siglos provocó su propia destrucción. Durante esta época, cuando Roma era una ciudad moribunda, la literatura romana del periodo estaba prácticamente muerta, salvo por las obras de tres personas: Tácito, el historiador; Séneca (4 a.C. – 65 d.C.), el filósofo estoico y dramaturgo; y Juvenal, el satírico brillante pero amargado. A diferencia de Séneca, que veía pureza y bondad, tanto Tácito como Juvenal veían a Roma como malvada, sin un solo factor atenuante. Hamilton vio a Juvenal como un hombre orgulloso pero pobre que vivía en una ciudad donde a los pobres se les trataba con insolencia, incluso por parte de los esclavos. Escribió que era un genio sensato que se odiaba a sí mismo por aceptar las migajas que le arrojaban los hombres a los que odiaba.

Al leer los cinco libros de sátira, resulta fácil percibir la ira que embargaba a su autor. Tras regresar a Roma de su exilio en Egipto, un hombre ya de por sí enfadado ve su Roma con una nueva perspectiva. Habiendo lo perdido todo, se ve obligado a vivir en viviendas peligrosas y en ruinas y a alimentarse de limosnas de personas a las que había llegado a detestar. Con el tiempo, logró escapar de su propia pobreza, pero su odio hacia la ciudad y sus habitantes se mantuvo hasta su muerte, alrededor del año 138 d.C. Como queda patente a lo largo de toda su obra, su odio hacia las mujeres de la ciudad explica claramente por qué nadie puede encontrar mención alguna de una esposa o una familia.

Legado

Independientemente de si sus amargas sátiras alejaron o no a la comunidad literaria, no fue bien recibido por otros poetas de su época. No fue hasta la época del autor cristiano Tertuliano (en torno a 155 - alrededor de 240 d.C.) cuando se leyeron y citaron sus obras. Alcanzó una notoriedad tardía en la Edad Media y el Renacimiento. Más tarde, otros autores, como Giovanni Boccaccio (1313-1375), autor del Decamerón, y el poeta inglés lord Byron (1788-1824), comenzaron a leerlo e imitarlo. Aunque cayó en el olvido en su época, su recuerdo se ha conservado gracias a muchas de sus frases célebres, como «… una mente sana en un cuerpo sano», «¿Quién vigilará a los vigilantes?», «… las ganas de escribir» y «La mayor reverencia se debe a un niño».

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Sobre el traductor

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Cita este trabajo

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Wasson, D. L. (2026, julio 31). Juvenal. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-19259/juvenal/

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Wasson, Donald L.. "Juvenal." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, julio 31, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-19259/juvenal/.

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Wasson, Donald L.. "Juvenal." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, 31 jul 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-19259/juvenal/.

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