El castillo de Amboise, situado en el valle del Loira, en la región central de Francia, fue construido en el transcurso de varios siglos y fue el centro del poder real durante el Renacimiento (del siglo XV hasta principios del siglo XVII). Testigo del auge de la monarquía francesa, pero también de grandes tragedias, el castillo le dio la bienvenida a figuras famosas tales como Leonardo da Vinci (1452-1519), el caballero d’Artagnan (en torno a 1611 – 1673) y Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (1500-1558), por mencionar solo algunos nombres. Su arquitectura evolucionó a lo largo de los siglos y refleja su historia llena de acontecimientos.
Aspectos arquitectónicos destacados
Situado en un promontorio rocoso con vista al pueblo y al río real, el Loira, la zona del castillo de Amboise cubre un área de aproximadamente dos hectáreas. Habitado desde tiempos neolíticos, en el siglo IV se transformó en una estructura defensiva y la primera fortaleza se construyó allí en el siglo V. Hoy, solo existen unas cuantas partes del castillo, pero los visitantes todavía pueden admirar la belleza de la capilla de San Huberto, completamente restaurada entre los años 2021 y 2024, la torre Minimes y la torre Heurtault, la residencia real y los magníficos jardines.
CARLOS VIII CREÓ NUEVOS IMPUESTOS QUE LE PERMITIERON CONSTRUIR NO SOLO NUEVOS APOSENTOS, SINO TAMBIÉN CASI TODOS LOS EDIFICIOS QUE PODEMOS VER HOY.
La rampa de entrada lleva directamente a la capilla de San Huberto, a la izquierda. Esta flamígera capilla gótica con un chapitel dorado fue construida bajo Carlos VIII (reinó de 1483 a 1498) y sirvió de capilla para su esposa, la reina Ana de Bretaña (1477-1514). Construida en piedra toba, típica del valle de Loira, esta contiene algunos vitrales muy bellos. En esta capilla es donde está enterrado Leonardo da Vinci. De acuerdo a la tradición, según declaraciones de Giorgio Vasari, da Vinci murió en los mismos brazos del rey Francisco I (reinó de 1515 a 1547). En 1930, su tumba fue reconstruida por el escultor italiano Francesco La Monaca (1882-1937) y el medallón creado por el escultor Jean Cardot se añadió en el siglo XXI.
El ala renacentista también fue construida durante el reinado de Carlos VIII. Para ofrecerle a la reina nuevos edificios merecedores de su amor, el rey hizo que gran parte del patio del castillo fuera desocupado y la tierra que fue arrojada al pie del promontorio ayudó a drenar parte de las zonas pantanosas circundantes. Para financiar sus ambiciones arquitectónicas, Carlos VIII creo nuevos impuestos, que le permitieron construir no solo aposentos nuevos, sino también casi todos los edificios que podemos ver hoy. De hecho, el 75% del castillo de Carlos todavía sobrevive hoy día. El historiador André Castelot da una breve descripción del interior:
Gracias a que el ‘registro de cuentas durante la época del rey’ se conservó sabemos que las paredes interiores, decoradas con la flor de lis francesa y con armiños bretones, desaparecieron debajo de una profusión realmente sorprendente de tapices, algunos de los cuales (tales como aquellos que representaban la vida de Moisés, el romance de la rosa o Ester y Asuero), estaban compuestos de fragmentos que miden un total de ciento cincuenta anas francesas o más de 175 metros de largo. (página 63)
Ahora, la residencia real se compone de tres niveles: la planta baja y el primer piso evocan el período del Renacimiento y el segundo piso, que data del siglo XIX (el reinado de Luis Felipe I de Francia, 1830-1848). El recorrido también os llevará a través de los cuartos de los guardias, del paseo de la guardia con sus balaustradas con vista al Loira, de la gran sala del consejo, del dormitorio del rey y de la torre Minimes.
La torre Minimes, con vista al Loira, es un edificio de 21 metros de diámetro. Tiene una rampa ligeramente inclinada que les permitía a los caballos y carros el acceso a las terrazas y jardines. Su contraparte, la torre Heurtault, situada al norte de la zona, tiene 24 metros de diámetro y también tiene una rampa para facilitar el acceso al castillo viniendo desde el pueblo. Con la guerra de los Cien Años (1337-1453) finalmente terminada, la defensa de la zona ya no se consideraba una prioridad y la arquitectura práctica y estética terminó tomando precedencia.
Los jardines ocupan solo un poco más de dos hectáreas y ahora están divididos en dos partes distintas. La bien definida Terraza de Nápoles fue diseñada por el artista italiano Dom Pacello da Mercogliano (1453-1534) por encargo de Carlos VIII. La otra sección es un jardín paisajístico más contemporáneo al estilo inglés, concebido por el rey Luis Felipe I en el siglo XIX. Mientras os paseáis a través de los senderos de este parque, puede que os encontréis frente a frente con el busto de mármol de Carrara realizado por Henri de Vauréal, que representa al hombre que fue testigo del auge de esta propiedad real, el artista y genio Leonardo da Vinci.
Durante su larga historia, el castillo de Amboise fue moldeado por muchos conflictos, escándalos y tragedias, pero también por nacimientos y recepciones fastuosas organizadas para entretener a la nobleza del reino, antes de caer en desuso gradualmente a favor de palacios más al gusto de los soberanos posteriores o situados más cerca de París.
Siendo una fuente de conflicto entre los señores locales a lo largo de la Edad Media, el rey Carlos VII de Francia (reinó de 1422 a 1461) lo tomó por la fuerza en 1431, convencido por su chambelán de que el duque de Amboise, y quizás hasta Juana de Arco (en torno a 1412-1431), estaban complotando contra él. Fue su hijo, Luis XI de Francia (1423-1483), pero sobre todo su nieto Carlos VIII, originario de Amboise, el que le dio al castillo la mayor parte de su renombrado esplendor. Luis XI transformó la fortaleza original en una residencia real con decoración gótica e hizo construir aposentos espaciosos y mejor amueblados para su esposa Carlota de Saboya (en torno a 1441-1483), que dio luz allí a su hijo Carlos de Valois. Carlos (el futuro Carlos VIII) tuvo una infancia protegida, hasta recluida, en el castillo, a salvo de ataques, pero sobre todo de la peste negra, que todavía estaba amenazando el país en esa época.
Años más tarde, mucho después de la muerte de Luis XI, el joven Carlos regresó allí con su joven esposa Ana de Bretaña y parece haber querido deshacerse de la atmósfera sofocante que había plagado su infancia. Desde 1492 hasta 1497, hizo construir nuevos edificios y, después de una visita a Italia en 1495, se rodeó de artistas italianos, muebles y suntuosas telas para embellecer no solo el castillo, sino también los jardines. «Quiere convertir el castillo en un pueblo» es lo que se dice que el embajador italiano comentó durante una visita en 1493. El rey tenía prisa: las obras continuaron aun de noche, a luz de velas.
Fue Carlos el que hizo construir la torre Minimes (una rampa accesible a los caballos que da vueltas alrededor de un núcleo central) y el que encargó la construcción de la torre Heurtault (terminada después de su muerte), al igual que la capilla de San Huberto, construida entre 1491 y 1496.
Luego, el 7 de abril de 1498, un Domingo de Ramos, mientras que pasaba a través de un pasillo estrecho en su camino hacia el salón donde se estaba jugando un partido de tenis verdadero, el rey se golpeó la frente con el dintel de una puerta (que eran muy bajas en esa época). Murió horas más tarde de una hemorragia cerebral. Entonces, su paraíso italiano sucumbió en el luto. Al no tener heredero directo, el castillo pasó a manos de uno de sus primos, Luis de Orleans, que en 1498 se convirtió en el rey Luis XII de Francia. Paró todas las obras en Amboise para dedicarse al castillo de Blois, justo a unas 20 millas (35 kilómetros) de distancia. Cedió el castillo a su prima Luisa de Saboya, que en 1501 se fue a vivir allí con sus hijos, Margarita y Francisco de Angulema. El joven Francisco disfrutó de una maravillosa adolescencia allí, recibiendo una educación intelectual y deportiva.
Después de convertirse en rey, Francisco I vivió allí de 1515 a 1519 y esta fue una época de oro para el castillo: organizó fiestas fastuosas donde sus invitados, incluido el emperador Carlos V, que lo visitó en diciembre de 1539, fueron tratados con toda clase de deleites que iban más allá de simples placeres visuales o culinarios. Fue gracias a su invitación que en 1516, Leonardo da Vinci se mudó a la casa solariega de Clos-Lucé, a unos pasos del castillo (ambos están conectados por un impresionante pasaje subterráneo) y fue Francisco I el que hizo los arreglos para que Leonardo fuera enterrado en los terrenos del palacio real, donde hoy continúa descansando. Francisco I completó la obra comenzada por su predecesor. Realizó numerosas mejoras a la residencia real, terminó el ala que Luis XII había comenzado y la decoró con numerosas esculturas de salamandras, su animal tótem.
Sin embargo, la vida no siempre fue pasible para Francisco I en Amboise. En 1534 tuvo que enfrentarse a lo que llegó a conocerse como el «Asunto de los pasquines». Mientras la Reforma protestante de Martín Lutero estaba creciendo gradualmente en popularidad, en la noche del 17 al 18 de octubre de 1534, se publicaron panfletos anticatólicos a través del reino; hasta los pusieron en la puerta de la cámara del rey en el palacio real. Lo que el rey consideró como escritos ofensivos y sediciosos eran una afrenta a su autoridad y endurecieron su posición contra los partidarios de la Reforma, hacia quienes él había mostrado previamente tolerancia. El rey no solo terminó haciendo una profesión de fe públicamente, sino que también ordenó una serie de ejecuciones para castigar este acto de lesa majestad (traición), que ni él ni sus herederos olvidarían fácilmente.
El Tumulto de Amboise
FUE EN EL CASTILLO DE AMBOISE DONDE catalina de médici y el príncipe de condé firmarían finalmente LA PAZ DE AMBOISE EN 1563.
En 1560, mientras el nieto de Francisco I, el joven Francisco II de Francia (reinó de 1559 a 1560), estaba gobernando el país después de la muerte accidental de su padre, Enrique II de Francia (reinó de 1547 a 1559), un nuevo peligro amenazó la tranquilidad del castillo durante un torneo. Se produjo una conjura, conocida como la conjura de Amboise o el «Tumulto de Amboise», cuyo objetivo era el de secuestrar al monarca. Francisco II estaba casado con María, reina de Escocia (1542-1587), y estaba bajo la influencia de la muy católica familia Guisa. Sin embargo, los príncipes de sangre, Antonio de Borbón y Luis I de Condé, que eran protestantes acérrimos, querían retomar el control del poder. Hasta se sospecha que la reina Isabel I de Inglaterra (reinó de 1558 a 1603), cabeza de la Iglesia anglicana, proporcionó apoyo económico para la conjura, mientras que Juan Calvino y las iglesias anglicanas negaron tal empresa. Entonces, le pidieron a George Barré de la Renaudie, un caballero de la región de Périgord, que hiciera todo lo que estuviese en sus manos para entregarle al rey un texto que denunciaba la tiranía de la familia Guisa y alejarlo de su influencia dañina. El 17 de marzo, 200 conspiradores trataron en vano de forzar su entrada en el castillo. El historiador Jean des Cars nos cuenta brevemente lo que sucedió después:
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Después de un breve combate, los reformistas fueron hechos prisioneros y ejecutados y el cuerpo de Renaudie fue colgado en un puente. La represión fue particularmente violenta: los hugonotes [protestantes] fueron ahorcados en el balcón grande de hierro forjado y en las almenas o tirados al río Loira en sacos después de haber sido decapitados y descuartizados. Solo Condé, el instigador de la conjura, escapó a este nefasto «baile de los ahorcados» que podía verse desde la torre Minimes. Los cuerpos de algunos hugonotes fueron colgados en los muros de la ciudad, lo que dejó a la población traumatizada en estado de choque. Casi 1.200 personas fueron asesinadas…
(páginas 75-76)
Francisco II estaba a salvo, por el momento, pero solo por corto tiempo. Murió en diciembre de 1560 de una infección en el oído tratada inadecuadamente mientras que estaba alojado en el Hotel Groslot en Orleans. Fue en el castillo de Amboise donde la Paz de Amboise sería firmada finalmente en 1563 entre Catalina de Médici, la madre de Francisco II que estaba actuando como regente, y el príncipe de Condé para terminar con años de conflicto y permitir la libertad de culto para la aristocracia protestante.
Historia posterior
El castillo cayó gradualmente en el olvido, con monarcas posteriores que prefirieron otras residencias tales como el castillo de Blois y el palacio de Louvre en París. Pasó de un propietario a otro y hasta fue convertido en una prisión bajo el reinado de Luis XIV de Francia (reinó de 1643 a 1715). Después de acoger a prisioneros famosos, tales como el cardenal Borbón y dos de los hijos de Enrique IV de Francia, Luis XIV envió allí a Nicolás Fouquet (1615-1680), su ministro de finanzas, que fue escoltado por nada menos que d’Artagnan (1611-1673), el famoso compañero de los Tres Mosqueteros. Amboise le daría la acogida a otros prisioneros de renombre, en particular en 1848, al emir argelino Abdelkader (1808-1883), que resistió tan enérgicamente la conquista francesa de Argelia. El emir y su séquito transformaron la atmósfera del castillo en un palacio musulmán hasta 1852, fecha en la que fue puesto finalmente en libertad después del clamor público contra las terribles condiciones de vida del prisionero y del estado dilapidado de los edificios, y a partir del momento en el que prometió no causar más problemas para Francia. Todavía, su retrato, junto al de Luis XIV de niño, adorna orgullosamente el salón principal.
Desde 1974 es la Fondation Saint Louis, actualmente encabezada por Juan de Orleans (nacido en 1965), conde de París y heredero presunto al trono francés (si todavía hubiese uno, por supuesto), la que continúa infatigablemente con las obras de restauración y, con un presupuesto anual de alrededor de 300.000 euros (unos 350.000 dólares), asegura que esta joya del valle de Loira siga atrayendo a miles de turistas cada año y pueda continuar brillando con toda su gloria.
André Castelot. Les grandes heures des cités et des châteaux de la Loire. LIBRAIRIE ACADEMIQUE PERRIN, Paris, 1962, 63-69.
Florence Macquarez. Guide secret des châteaux de la Loire. OUEST-FRANCE, 2016, 50-55.
Jean des Cars. Les châteaux de la Loire. Tempus Perrin, Paris, 2022, 65-82.
Jean Vassort. L'Histoire des châteaux de la Loire. Éditions OUEST-FRANCE, 2018, 19-21.
Lucie Gaugain. "Charles VIII à Amboise." 250 lieux, personnages, moments. Patrimoine en Beauce, Berry, Gâtinais, Perche, Sologne, Touraine, edited by Pierre Allorant, Jean Garrigues et Alexandre Borrell. Presses Universitaires François-Rabelais, 2018, 279.
Simone D'HUART, Jean SAINT-BRIS, Henri DE LINARES. Art and History Chateaux and Cities of the Loire. Casa editrice Bonechi, Firenze, 2000, 97-102.
Éditions Valoire-Estel. Châteaux de la Loire. Éditions Valoire-Estel, Blois, 2004, 58-67.
Edilsa Sofía es una antigua diplomática y educadora, especialmente interesada en las Artes y los asuntos culturales. Además de otros grados, tiene una maestría en traducción literaria.
Babeth ha enseñado inglés en el British Council de Milán. Habla con fluidez francés, inglés e italiano y tiene 25 años de experiencia en el campo de la educación. Le encanta viajar y descubrir la historia y el patrimonio de otras culturas.
Escrito por Babeth Étiève-Cartwright, publicado el 11 agosto 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.