Durante la rebelión de Wyatt de enero y febrero de 1554, sir Thomas Wyatt el Joven lideró a un grupo de varios miles de rebeldes de Kent en una marcha hacia Londres con el objetivo principal de impedir que María I de Inglaterra (que reinó de 1553 a 1558) se casara con el príncipe Felipe de España (1527-1598). También había un objetivo secundario (aunque nunca declarado abiertamente) de reemplazar a María con su media hermana Isabel Tudor (nacida en septiembre de 1533). Los rebeldes también estaban motivados por la caída de la calidad de vida en Inglaterra causada por la inflación, la escasez de alimentos, la declinación del comercio (sobre todo de paños) y varias olas de epidemias mortales. La rebelión fracasó debido a la respuesta armada de María y a una falta general de apoyo por parte del pueblo de Londres. Los líderes, incluido Wyatt, fueron ejecutados, al igual que la prima de María, Juana Grey (nacida en octubre de 1537), para que no se volviera la representante de rebeliones futuras. Por el mismo motivo, Isabel fue encarcelada en la Torre de Londres. Luego, María se dedicó a perseguir con vehemencia a sus enemigos, a quienes identificó como herejes protestantes, y por lo tanto se ganó el apodo de «María la Sanguinaria».
Sucesión de María I
María I de Inglaterra había sucedido a su hermano Eduardo VI de Inglaterra (que reinó de 1547 a 1553), aunque casi había sido víctima de un golpe de Estado en julio de 1553, cuando Juan Dudley, el conde de Northumberland (1504-1553) intentó instaurar a la prima de María, Juana Grey (1537-1554), como reina. Juana era protestante y María, católica, de modo que cada una representaba los intereses de los dos lados que habían dividido a Inglaterra desde que el padre de María,Enrique VIII de Inglaterra (que reinó de 1509 a 1547), había separado la Iglesia en Inglaterra de Roma y el papa. Al final, la gran mayoría de los nobles y plebeyos prefirió honrar el deseo de Enrique VIII de que María sucediera a Eduardo si este no tenía hijos. La legitimidad y los lazos directos de sangre monárquica triunfaron sobre cualquier consideración religiosa. Sin embargo, María se convenció de que su popularidad inicial se debía a su propuesta de devolver a su reino al catolicismo revirtiendo la Reforma inglesa que había estado en curso bajo sus dos predecesores, empezando con la Primera Ley de Derogación de 1553; María pensaba que la había elegido tanto el pueblo como Dios. Sin embargo, el aire de optimismo que había rodeado a la sucesión de María pronto empezaría a apestar debido al hedor traicionero de la rebelión.
Las causas de la rebelión de Wyatt se pueden resumir como el deseo de:
impedir que la reina María I se casara con el príncipe Felipe de España,
remediar agravios causados por el mal estado de la economía,
mejorar la riqueza y el estatus personales de ciertos nobles,
reemplazar a la María católica con su media hermana protestante Isabel.
Una de las causas subyacentes de la rebelión de Wyatt, así llamada por su líder principal, sir Thomas Wyatt (nacido en 1521), fue el creciente sentido de nacionalismo en Inglaterra. Cuando, el 29 de octubre de 1553, la reina anunció su compromiso con el príncipe Felipe, hijo del rey Carlos I de España y V de Alemania (que reinó de 1516 a 1556), algunas personas lo consideraron una capitulación de la independencia de Inglaterra y un insulto a su identidad nacional aún joven. España era un país católico y el enemigo número uno de Inglaterra. También se estaba volviendo cada vez más poderoso gracias a las riquezas que saqueaba del Nuevo Mundo. Además, la gente recordaba la incómoda verdad de que la madre de María, Catalina de Aragón (1485-1536), era la hija del rey Fernando II de Aragón (que reinó de 1479 a 1516) y de la reina Isabel de Castilla (1451-1504). Había rumores de que un príncipe español se convertiría un día en rey de Inglaterra y luego vaciaría a su país adoptado de todas sus riquezas meramente por sus propias ambiciones imperiales. Incluso podría haber una invasión de Inglaterra. En pocas palabras, el inminente «matrimonio español» era poco popular.
Los conspiradores también querían reemplazar a María con Isabel como reina, aunque este objetivo no se había declarado abiertamente, tal vez porque era necesario mantenerlo en secreto para lanzar la rebelión con éxito, porque hacer tal reclamo llevaría a ejecuciones posteriores si la rebelión fracasaba, y porque es posible que no todos los líderes (o seguidores) de la rebelión estuvieran de acuerdo con este objetivo radical. También está el problema de que, una vez capturados, los líderes rebeldes sencillamente mintieran sobre sus objetivos originales. Por ejemplo, Wyatt, antes de su ejecución, le prometió a la reina que no había querido lastimarla personalmente, sino solo a los consejeros malvados en la corte que influyeron en su opinión. Probablemente era cierto que el rebelde no deseaba introducir asuntos religiosos en la revuelta, ya que esto les habría hecho perder apoyo. Como el propio Wyatt dijo a sus coconspiradores: «No se atrevan a mencionar la religión, pues eso nos alejará del corazón de muchos». (Woodward, 28).
Wyatt no quería ver a Inglaterra convertida en «un barco de berberechos remolcado por un galeón español».
Sin embargo, tal vez es significativo que las zonas de las rebeliones originales, particularmente Kent, eran centros conocidos de protestantismo, y era un hecho esencial que la Inglaterra protestante ahora tenía una reina católica y que, si se casara con el futuro rey de la España católica, entonces había pocas esperanzas para los reformistas protestantes. Es posible que restaurar el catolicismo no haya sido muy importante para la mayoría de la gente, y la religión, por supuesto, se había instalado en Inglaterra siglos antes del drástico cambio de curso de Enrique VIII. Tal vez algo más importante fueron las consecuencias económicas de regresar al catolicismo: los nobles no querían devolver las tierras que habían confiscado a la Iglesia y a los monasterios ahora disueltos durante los reinados de Enrique VIII y Eduardo VI.
Si el objetivo final hubiera sido reemplazar a María, entonces el próximo paso era que Isabel se casara con el duque de Devon, Eduardo Courtenay (hacia 1527-1556), el bisnieto de Eduardo IV de Inglaterra (que reinó de 1461 a 1470). En ese entonces, existía la creencia subyacente de que una mujer no debería gobernar por derecho propio y que ciertamente no debería caer víctima de un monarca extranjero que utilizaría a Inglaterra para sus propios fines. Como dijo Wyatt, no quería ver a Inglaterra convertida en «un barco de berberechos remolcado por un galeón español» (Cavendish, 283). A este argumento de orgullo nacional se sumaba el mal estado de la economía del país. A lo largo de las últimas décadas, los súbditos de María tuvieron que sufrir la inflación, la devaluación de la moneda, la caída del comercio europeo, la escasez de alimentos, los nuevos impuestos sobre bienes como el paño, el vino y la cerveza, y las oleadas de peste y gripe, las más mortíferas en tres siglos. También se debe considerar la motivación de algunos nobles de utilizar la rebelión como un medio para mejorar sus propias propiedades y títulos.
La marcha de los rebeldes
Los rebeldes empezaron sus planes ya en noviembre de 1553, y debía haber cuatro revueltas simultáneas, todas las cuales tendrían lugar el Domingo de Ramos, el 18 de marzo de 1554. Debía haber una en Devon liderada por Courtenay o sir Peter Carew (hacia 1514-1575), un miembro del Parlamento de Devon. Había otra planificada para Leicestershire, que lideraría el duque de Suffolk, el padre de Juana Grey. La tercera era en las fronteras galesas, liderada por sir James Croft (hacia 1518-1590), un noble de Hertfordshire. La cuarta era en Kent, liderada por sir Thomas Wyatt el Joven, un militar capaz y miembro del Parlamento. Wyatt provenía de una familia con buenas conexiones, y su padre del mismo nombre era el famoso poeta que había servido en la corte real como diplomático. Las revueltas recibirían el apoyo de una flota francesa, y las cuatro convergerían en Londres. Desafortunadamente para los conspiradores, se corrió la voz sobre el plan, y se vieron obligados a adelantar el tiempo de la rebelión. Más tarde, se descubrió que Carew había sido el que reveló los planes. El resultado de este cambio en el tiempo fue que los sheriffs y consejos locales estaban advertidos, y tres de las cuatro rebeliones nunca llegaron a materializarse, aunque Suffolk intentó tomar Coventry.
Solo una revuelta, entonces, procedió según el plan. Un ejército rebelde de Kent, dirigido por Wyatt, marchó a Londres el 25 de enero de 1554 para detener el «matrimonio español». Wyatt y los demás líderes de la rebelión creían que, una vez en la capital, se les unirían miles de otros ciudadanos insatisfechos. Efectivamente, al principio se les unió una pequeña fuerza enviada por el Gobierno para separar a los rebeldes. Wyatt tenía la experiencia de las guerras en Francia y, al ser un firme protestante, incluso había defendido los intereses de Eduardo VI cuando estallaron revueltas en Kent en 1549. Wyatt había apoyado a María durante el asunto de Juana Grey, pero ahora la noticia del «matrimonio español» había cambiado su lealtad. Esta experiencia militar tal vez explica por qué los rebeldes pudieron obligar al ejército monárquico liderado por el duque de Norfolk a retirarse. Incluso varias tropas monárquicas (llamadas Whitecoats o «abrigos blancos») se unieron a la causa de Wyatt. Luego los rebeldes tomaron Rochester y Dartford; parecía que nada podía evitar que llegaran a Londres.
Dos veces los heraldos monárquicos ofrecieron indultos a los rebeldes si se separaban, pero estos rechazaron la oferta. La situación era tan grave que María ordenó la destrucción de los puentes que cruzaban el río Támesis, pero ella misma permaneció en su capital y pronunció un encendido discurso ante el público reunido en el Guildhall de Londres. La reina aseguró al pueblo que era «la hija de su padre y la esposa de su reino» (Jones, 240) y que Londres se mantendría firme. Su negación a dejar la capital fue valiente pero, en privado, la reina debe haberse preguntado si había traidores en su corte.
Los rebeldes fueron rechazados en el puente de Londres, aunque lograron saquear y luego quemar el palacio de un obispo. Luego, Wyatt permaneció en el campamento durante tres días, una demora esencial que le permitió a María preparar mejor sus defensas. El 6 de febrero, Wyatt cruzó el Támesis a nado en Kingston y comenzó a reparar uno de los puentes. Cuando el camino estuvo despejado, Wyatt, ahora con la armadura completa, lideró a su ejército (de entre 3.000 y 7.000 hombres) por la calle Fleet hacia el corazón mismo de Londres el 17 de febrero. Sin embargo, no pudo seguir más allá del Ludgate, la puerta occidental de la Muralla de Londres, que estaba firmemente cerrado. Esto dio lugar a una pelea callejera cuando se envió a un ejército monárquico de 10.000 hombres y 1.500 unidades de caballería a lidiar enfáticamente con la revuelta. Le siguieron más batallas callejeras en la zona de Charing Cross, donde los rebeldes se impusieron, atacando el palacio de Whitehall donde residía la reina. De forma significativa, los londinenses comunes no se unieron a la rebelión. Finalmente, lograron rodear a Wyatt y su vanguardia de alrededor de 400 hombres. La caballería avanzó y despachó a los rebeldes en Temple Bar, después de lo cual Wyatt y un puñado de sobrevivientes se rindieron, mientras que el resto de la fuerza rebelde se disolvió.
Consecuencias de la rebelión
Las consecuencias principales de la rebelión de Wyatt fueron las siguientes:
la ejecución de 200 rebeldes, incluido Wyatt,
la ejecución de Juana Grey,
el encarcelamiento de Isabel Tudor,
la decisión del Parlamento de reducir los poderes del príncipe Felipe cuando fuera rey,
la determinación de María I de intensificar la persecución de los protestantes.
En última instancia, unos 200 líderes rebeldes fueron ejecutados, 46 fueron ahorcados en un solo día y luego, el 11 de abril, Wyatt recibió la terrible muerte del traidor: ser ahorcado, arrastrado y descuartizado. Sin embargo, la mayoría de los plebeyos rebeldes fueron perdonados o recibieron una multa por temor a incitar una segunda rebelión. Incluso sir James Croft recibió un indulto nueve meses después, y Eduardo Courtenay fue exiliado a Venecia.
Tal vez los rebeldes solo deseaban evitar una posible toma del poder español o algunos de los líderes realmente querían destronar a María, pero la propia reina estaba convencida de que la rebelión en verdad apuntaba a restaurar el protestantismo. En palabras de María, la opinión antiextranjera «no era más que un velo español para cubrir el propósito que afirmaba contra nuestra religión» (Brigden, 202). También era cierto que Wyatt había prometido liberar a aquellos encarcelados por sus creencias religiosas. Por lo tanto, la reina dirigió su atención a los no católicos prominentes.
La Juana Grey protestante, a quien habían confinado en la Torre de Londres desde el golpe de Estado fallido de Northumberland, fue ejecutada el 12 de febrero de 1554, ya que María no podía darse el lujo de albergar a una representante viva de una futura rebelión. El duque de Suffolk también fue ejecutado el 23 de febrero.
La rebelión no evitó el «matrimonio español», que se celebró el 25 de julio de 1554, y, aunque no fue una unión feliz para María, ya que Felipe pasaba la mayor parte de su tiempo lejos de Inglaterra, al menos este contribuyó con la economía. El príncipe había traído consigo 20 carros de plata de América, un impulso muy necesario para la ceca de la Torre de Londres. La ceca incluso consiguió su primer contrato en el extranjero: acuñar monedas de plata para España. El Parlamento había tenido cuidado de no aprobar el casamiento, tal vez a la luz de la rebelión, y así María se vio obligada a conceder que Felipe se volvería rey solo de nombre y no gobernaría Inglaterra tras su muerte si no tenía hijos.
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Tras la rebelión, María se volvió mucho más despiadada con sus enemigos, quienes, para ella, ahora eran todos protestantes. La versión oficial fue que la intención de la rebelión de Wyatt había sido terminar con el catolicismo en Inglaterra, un motivo mucho más aceptable que que María tuviera que admitir que su gente no aprobaba a su esposo. Durante los años restantes de su reinado, 287 creyentes (hombres y mujeres) fueron quemados en la hoguera durante un período de cuatro años. Entre ellos se encontraban el antiguo arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer (en el cargo entre 1533 y 1555) y los prominentes obispos Hugh Latimer y Nicholas Ridley. Sin embargo, estas ejecuciones públicas solo sirvieron para avivar el fuego del resentimiento contra la reina, que ahora era conocida como «María la Sanguinaria».
Por último, María sospechaba que la princesa Isabel había estado implicada en la rebelión (aunque su hermana no había hecho ninguna afirmación en público ni sobre la Reforma ni sobre el matrimonio español) y la confinó en la Torre de Londres el 17 de marzo de 1554. Dos meses después, Isabel fue trasladada a Woodstock, en Oxfordshire, donde se la mantuvo bajo arresto domiciliario. Al año siguiente, ambas hermanas se reconciliaron e Isabel recobró la libertad. Cuando María murió de cáncer de estómago el 17 de noviembre de 1558, su hermana fue coronada como Isabel I de Inglaterra (que reinó de 1558 a 1603) el 15 de enero de 1559. Isabel restauraría el protestantismo, pero su mayor desafío provino del extranjero, cuando Felipe, ahora el rey Felipe II de España (que reinó de 1556 a 1598) vio la oportunidad dorada de atacar Inglaterra y devolverla al catolicismo.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 08 mayo 2020. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.