La llamada cruzada de los niños o cruzada infantil de 1212 fue un movimiento popular religioso doble dirigido por un joven francés, Esteban de Cloyes, y un niño alemán, Nicolás de Colonia, que reunieron dos ejércitos de quizás 20.000 niños, adolescentes y adultos con el objetivo irremediablemente optimista de mejorar los fracasos de los ejércitos profesionales de los cruzados y capturar Jerusalén para la cristiandad. Los aspirantes a cruzados atravesaron Europa y llegaron quizás hasta Génova, pero no tenían medios para pagar el viaje en barco hasta Levante. Aunque algunos de los participantes se volvieron sin más a sus casas, según la leyenda muchos acabaron vendidos como esclavos. Cualesquiera que fueran los acontecimientos reales de la confusa historia de la «cruzada de los niños», este episodio ilustra que existía una simpatía popular por el movimiento de las cruzadas entre la gente común y que no eran solamente los nobles y los caballeros los que se sentían obligados a tomar la cruz y defender a los cristianos y sus lugares sagrados en Tierra Santa durante la Edad Media.
Objetivo: Jerusalén
Saladino, el sultán musulmán de Egipto y Siria (que reinó de 1174-1193), había conmocionado al mundo cristiano cuando capturó Jerusalén en 1187. A pesar de la incapacidad de la tercera cruzada (1187-1192) de llegar siquiera a poca distancia de Jerusalén, y de la cuarta cruzada (1202-1204) que fue aún más desastrosa al atacar Constantinopla en vez de seguir adelante, todavía había muchos cristianos en Occidente dispuestos a viajar a la Tierra Sante y ayudar a retomar Jerusalén. Puede que también hubiera cierta frustración entre la población general a causa de que, a pesar de los impuestos que les pedían que pagaran y de los continuos sacrificios materiales y de suministros para equipar a los ejércitos cruzados, el objetivo principal de retomar la Tierra Santa todavía no se había logrado. En 1212 surgió un movimiento curioso que desde entonces se ha hecho legendario. Miles de niños se organizaron en un «ejército» que partió hacia Oriente Medio pensando que lo podían hacer mucho mejor que los adultos a la hora de derrotar a los infieles musulmanes.
Esteban y Nicolás
En la primavera de 1212, en la región de Vendôme en Francia varios grupos de jóvenes afirmaron haber experimentado visiones que les hicieron ponerse en marcha e ir a luchar contra los musulmanes para recuperar Jerusalén. Su líder era un tal Esteban de Cloyes, un pastor. Según la leyenda, Esteban se había acercado al rey Felipe II de Francia (que reinó de 1180-1223) y afirmó que, mientras cuidaba su rebaño un día, había recibido milagrosamente una carta de las manos de Jesucristo. La carta instruía a Esteban a ir y predicar la cruzada, reuniendo seguidores dondequiera que fuera. El rey ignoró estas afirmaciones y al propio Esteban, pero él no se inmutó, siguió predicando por la región y empezó a reunir un número considerable de seguidores, la mayoría de los cuales eran niños.
Al mismo tiempo, también en 1212, varios grupos de jóvenes se reunieron en la región de Colonia en Alemania. Al igual que en el norte de Francia, los Países Bajos y Renania también áreas en las que la Iglesia había estado evangelizando apasionadamente para lograr apoyo para las cruzadas oficiales. En Colonia surgió un líder joven, un niño de la zona llamado Nicolás, que llevaba consigo una cruz tau (que se parece a la letra T). Las fuentes medievales de la época, que son muy confusas, inconsistentes y contradictorias sobre todo este episodio de la historia, no dejan claro si el grupo francés influyó al alemán o viceversa, o si ambos eran independientes del otro.
Movilización
Hay cierto debate sobre si este movimiento popular de cruzadas estaba formado enteramente por niños porque los registros medievales son muy confusos y porque el término más utilizado para los participantes, pueri, puede incluir niños, adolescentes y adultos. De hecho, algunos monjes normandos y alpinos documentaron que los pueri, en este caso, incluían adolescentes y ancianos. No obstante, el movimiento tuvo tanta importancia porque participó gente que no solía estar conectada de manera tan directa con las cruzadas. Como explica aquí el historiador C. Tyerman:
Los relatos indicaban que los participantes provenían de fuera de las jerarquías habituales del poder social, como jóvenes, niñas, solteros y en ocasiones hasta viudas, o del estatus económico, como pastores, labradores, carreteros granjeros y artesanos rurales sin propiedad estable sobre la tierra o la comunidad, sin raíces y móviles. Los signos del anticlericalismo y la ausencia de un liderazgo clerical acentuaron esta sensación de exclusión social. (609)
Normalmente era el papa el que convocaba una cruzada, que urgía a los gobernantes, los nobles y los caballeros profesionales a tomar las armas por la causa del cristianismo. Por lo general, se desalentaba la participación de los plebeyos porque no contaban ni con los medios, ni la habilidad ni la disciplina necesarias para una movilización militar tan enorme por toda Europa. Por tanto, la «cruzada de los niños», como ha acabado conociéndose, ciertamente no fue una cruzada oficial sancionada por la Iglesia.
Se estima que unos 20.000 «niños» se pusieron en marcha y cruzaron Alemania y Francia, ya fuera por separado o uniendo fuerzas en algún momento (las fuentes medievales permiten ambas interpretaciones), con el objetivo de llegar al puerto italiano de Génova donde encontrarían barcos que los llevarían a Tierra Santa. Puede que algunos grupos llegaran a otros puertos alternativos como Pisa, más al sur, Marsella en el sur de Francia o incluso Brindisi en el sur de Italia.
Por desgracia, muchos de los viajeros, que dependían por completo de la caridad allá donde fueran, murieron de inanición al cruzar los Alpes italianos y, cuando los demás llegaron a Génova, no había fondos para pagar el pasaje. Así que, como carecían de entrenamiento o equipo militar, los genoveses se negaron a ayudarlos. En algunas versiones de la leyenda, los niños estaban esperando que el Mediterráneo, al igual que hiciera el mar Rojo para Moisés, se abriera milagrosamente y los dejara cruzar al Levante.
Como el milagro no se materializó, ni la ayuda de los genoveses tampoco, algunos de los niños, casi seguramente una pequeña minoría, se fue de vuelta a casa. Lo que pasó exactamente con el resto se ha perdido entre las leyendas creadas por los escritores y moralistas medievales posteriores. Según algunas fuentes, la mayoría de los niños fueron enviados a Cerdeña, Egipto e incluso Bagdad y vendidos como esclavos. Sin embargo, esta versión de los acontecimientos puede que tenga menos que ver con los hechos reales que con el deseo de la Iglesia de tratar todo este asunto como un cuento con moraleja, una cruda advertencia de que tan solo las cruzadas con autoridad papal tenían alguna posibilidad de triunfar. De hecho, en algunas versiones de la historia, los niños fueron a Roma, donde el papa les dijo que regresaran a casa. Una multitud de mendigos sin manera de mantenerse y sin armas ni entrenamiento militar no serviría de nada si conseguía siquiera llegar a Tierra Santa.
Las secuelas
Más adelante habría otros movimientos cruzados populares, de los que destacan las cruzadas del pastor de 1251 y 1320 que, igual que la aventura de los niños, nunca llegaron a dejar las costas de Europa. Para entonces, las cruzadas se habían convertido en un movimiento totalmente profesional, a diferencia de los tiempos caóticos de la primera cruzada (1095-1102) y en especial cuando viajar a Tierra Santa por mar en vez de tomar la ruta más larga y ardua por tierra ya era la norma. Las cruzadas oficiales que llegaron justo después fueron la quinta cruzada (1217-1221), que atacó las ciudades musulmanas del norte de África y Egipto, y la sexta cruzada (1228-1229), liderada por el emperador Federico II del Sacro Imperio Romano Germánico, que recuperó el control de Jerusalén tras negociar con el sobrino de Saladino. Curiosamente, hay una tradición en un monasterio alpino que dice que Nicolás de Colonia se dirigió allí tras no conseguir encontrar barcos para sus seguidores y que al final se unió a una cruzada oficial y luchó contra los musulmanes en Damieta en el Nilo.
