Octava cruzada

Mark Cartwright
por , traducido por Rosa Baranda
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Death of Louis IX at Tunis, 1270 CE (by Jean Fouquet, Public Domain)
Muerte de Luis IX en Túnez, 1270 Jean Fouquet (Public Domain)

La octava cruzada de 1270 estuvo liderada, al igual que la séptima cruzada (1248-1254), por el rey francés Luis IX (que reinó de 1226-1270). Como en ocasiones anteriores, el plan consistía en atacar y derrotar a los musulmanes primero en Egipto y después o bien conquistar o bien negociar el control de lugares cristianos clave en el Levante, incluida Jerusalén. Decidieron que Túnez sería el primer objetivo y que desde ahí podrían atacar Egipto. Este plan recibió un golpe fatal con la muerte de Luis IX tras una enfermedad en agosto de 1270, y la campaña se abandonó antes siquiera de que empezara.

Luis IX y el Levante

Luis había dirigido la séptima cruzada, que se había encontrado con el desastre en la batalla de El Mansura en abril de 1250. Incluso lo habían capturado, pero más tarde fue liberado después de pagar un rescate y conceder Damieta en el río Nilo. Después, Luis se había quedado en Levante durante cuatro años, donde volvió a fortificar fortalezas latinas tan importantes como Acre. 16 años más tarde, el rey francés volvió a prestarle atención a Oriente Medio, un segundo pedazo del pastel cruzado.

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Luis había estado enviando fondos anuales a los Estados latinos en el Levante en los años transcurridos desde el fracaso de su primera cruzada, pero el resto de Europa estaba más preocupado con otros asuntos. Inglaterra estaba sumida en una guerra civil (1258-1265) y los papas estaban en constantes batallas con el Sacro Imperio Romano Germánico por el control de Sicilia y de partes de Italia. Parecía que a nadie le importaba demasiado el destino de los Lugares Santos en Oriente Medio.

Participaron caballeros de otros países, como Inglaterra, España, Frisia y los Países Bajos, pero la octava cruzada fue, de nuevo, una expedición dominada por los franceses.

Mientras tanto, en Oriente Medio la situación de las ciudades cristianas no pintaba bien. El Imperio mongol, que parecía estar decidido a conquistarlo todo en todas partes, se estaba acercando más y más a la costa mediterránea. En 1258, Bagdad, la sede del califato abasí, fue capturada, y después caerían Alepo, que estaba controlada por los ayubíes, en enero de 1260 y Damasco en marzo del mismo año. Parecía estar claro que los Estados cruzados serían los siguientes cuando los mongoles hicieron incursiones en Ascalón, Jerusalén y el norte de Egipto. Cuando una guarnición mongola se estableció en Gaza, no tardaron en atacar Sidón en agosto de 1260. Sin ayuda exterior, Bohemundo VI de Antioquía-Trípoli se vio obligado a aceptar la sumisión a los mongoles y permitir que establecieran una guarnición permanente en Antioquía.

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Baibars y los mamelucos

Los musulmanes, por el contrario, organizaron cierta resistencia contra los invasores mongoles cuando los mamelucos, basados en Egipto, liderados por el hábil general Baibars, ganaron la batalla en Ain Jalut el 3 de septiembre de 1260. Luego Baibars asesinó al sultán mameluco Qurtuz y se hizo con el cargo; reinaría hasta 1277. Los mamelucos continuaron su expansión durante los siguientes años, luchando contra los mongoles, a los que empujaron hasta el río Éufrates. Las ciudades cristianas también sufrieron: Baibars capturó Cesarea y Arsuf y hasta el castillo de los caballeros hospitalarios, Crac de los Caballeros. Antioquía caería en 1268. La secta musulmana de los Asesinos también fue un objetivo y sus castillos en Siria fueron capturados en la década de 1260. Con esto, Baibars se convirtió en el señor de Levante y se proclamó el instrumento de Dios y el protector de La Meca, Medina y Jerusalén.

The Levant, 1263 CE
El Levante, 1263 Gabr-el (Public Domain)

En esta compleja política regional de alianzas cambiantes, los cristianos de Antioquía habían unido fuerzas con los mongoles para tomar Alepo. Por el contrario, los cristianos de Acre decidieron permanecer neutrales y no ponerse de parte de los musulmanes ni de los mongoles. Independientemente de cuál fuera la macropolítica, la realidad geográfica más amplia para mediados de la década de 1260 era que el Oriente Latino se encontraba al borde mismo de la desaparición. Y esta era la complicada situación política y, en mucha menor medida, religiosa, en la que Luis IX y la octava cruzada estaban a punto de meterse a ciegas.

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Reclutamiento y liderazgo

De vuelta en Europa, Luis volvió a tomar la cruz, si es que llegó a dejarla en algún momento, en marzo de 1267. El rey francés contaba con el respaldo del papa Clemente IV (pontífice de 1265-1268) y se hizo un llamamiento general para que los nobles y caballeros de Europa acudieran nuevamente en ayuda de los cristianos en Oriente Medio. Al igual que en campañas anteriores, los predicadores viajaron con el mensaje cruzado, acumularon una enorme arca de fondos por cualquier medio que se les ocurrió y contrataron barcos en Marsella y Génova. Igual que en otras ocasiones, participaron caballeros de otros países, tales como Inglaterra, España, Frisia y los Países Bajos, pero, de nuevo, fue una expedición dominada por los franceses. Entre los grandes nombres de la nobleza que se inscribieron figuraban Alfonso de Poitiers (hermano de Luis), el futuro rey Eduardo I de Inglaterra (que reinó de 1272-1307), el rey Jaime I de Aragón (que reinó de 1213-1276) y Carlos de Anjou, rey de Sicilia (que reinó de 1266-1285, también hermano de Luis). Se reunió un ejército de entre 10.000 y 15.000 hombres, similar en tamaño al de la primera cruzada de Luis.

Túnez

Prevaleció la idea de que para derrotar a los musulmanes y recuperar el control de Tierra Santa era mejor atacar desde África, aunque el primer objetivo no fue Damieta en Egipto, como en la última cruzada, sino Túnez, mucho más al oeste en la costa del norte de África. Los cruzados necesitaban un lugar donde reunirse después de que las diversas flotas hubieran cruzado el Mediterráneo y el emir de Túnez, al-Mustansir, era un aliado de Jaime I de Aragón. Si lograban hacerse con el control de la región, eso les proporcionaría una base sólida desde la cual atacar el Nilo en 1271. Al menos, ese era el plan.

Cuenta la leyenda (aunque no su confesor, que estaba con él cuando murió) que las últimas palabras de Luis IX fueron: «¡Jerusalén! ¡Jerusalén!»

El ejército de la octava cruzada partió hacia Oriente Medio en grupos; el primero en salir, dirigido por Jaime I de Aragón, partió en junio de 1269, pero luego, lamentablemente, se encontró con una tormenta y el desastre. Carlos de Anjou partió en julio de 1270 mientras que Eduardo I salió aún más tarde, en agosto de 1270. Mientras los cruzados vacilaban, la situación de los Estados latinos estaba empeorando. Como ya se ha dicho antes, Baibars había tomado Antioquía en mayo de 1268 tras un asedio sangriento.

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A lo largo de julio de 1270, la gran mayoría de la flota cruzada fue llegando a Túnez y luego el Ejército se trasladó a Cartago para establecer un campamento semipermanente y esperar a que llegaran los rezagados. Como solía ser típico en la guerra medieval, los dos principales enemigos eran la escasez de provisiones y la enfermedad entre tal concentración de personas en pleno verano; el campamento cruzado se vio afectado por ambos y la falta de agua limpia era un problema especialmente serio. Las enfermedades atacaron indiscriminadamente; Juan Tristán, el hijo de Luis, murió, e incluso el propio rey francés, al igual que en su primera cruzada, sufrió un grave ataque de disentería. Sin embargo, el rey no sobreviviría esta vez y, tras un mes de tormento, Luis IX murió el 25 de agosto de 1270. Cuenta la leyenda (aunque no su confesor, que estaba con él cuando murió) que las últimas palabras de Luis IX fueron: «¡Jerusalén! ¡Jerusalén!»

King Louis IX Carrying the Crown of Thorns
El rey Luis IX con la corona de espinas The Metropolitan Museum of Art (Copyright)

Carlos de Anjou, que acababa de llegar, tomó el mando de la cruzada a la muerte de Luis. Después de negociar un acuerdo con el emir de Túnez para que entregara a los prisioneros cristianos y garantizara la libertad de culto en la ciudad y después de donar (literalmente) un apretón de manos de oro de 210.000 onzas de oro, tomaron la decisión de retirarse. Fue en ese momento cuando Eduardo I de Inglaterra llegó por fin a África, pero la partida ya se había terminado. La flota zarpó de vuelta a Sicilia para reagruparse en noviembre, pero cualquier plan para utilizar la fuerza militar para hacer algo más se hundió con la mayor parte de los barcos y 1.000 hombres en una tormenta violenta. El único que quería seguir hasta Tierra Santa era Eduardo; todos los demás abandonaron la cruzada, que fue el fracaso más aplastante y decepcionante de una larga carrera de cruzadas catastróficas.

Las secuelas

A pesar del fracaso, el papado no abandonó la idea de las cruzadas. Eduardo I y su pequeña fuerza de 1.000 hombres, complementados por un puñado de caballeros franceses, llegaron a Acre en septiembre de 1271 en lo que a veces se conoce con el nombre algo grandioso de novena cruzada. Como era de esperar, no pudieron hacer demasiado para detener los planes expansionistas de Baibars, pero Eduardo al menos obtuvo los elogios de poetas y compositores por ser el único monarca europeo de la octava cruzada en llegar a Tierra Santa. Luis IX consiguió que su imagen se impulsara de manera aún más espectacular, si bien póstuma, y fue nombrado santo en 1297 por su servicio a la cruz. De vuelta en el Levante, en 1291 con la caída de Acre, el Oriente Latino establecido durante la primera cruzada (1095-1102) llegó a su fin.

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Sobre el traductor

Rosa Baranda
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.

Sobre el autor

Mark Cartwright
Mark es el director de Publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.

Cita este trabajo

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Cartwright, M. (2025, octubre 06). Octava cruzada. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-17140/octava-cruzada/

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Cartwright, Mark. "Octava cruzada." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, octubre 06, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-17140/octava-cruzada/.

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Cartwright, Mark. "Octava cruzada." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, 06 oct 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-17140/octava-cruzada/.

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