Ahuitzotl fue un gobernante mexica quien reinó entre 1486 y 1502 d.C. Fue uno de los más grandes generales de la antigua América y dejó a su sobrino, Moctezuma, un imperio ampliado y consolidado que había sido aterrorizado sin piedad hasta que aceptó sumisamente el dominio mexica o azteca. Con grandes proyectos de construcción y victorias celebradas con sacrificios de enemigos capturados para honrar a los dioses, el reinado de Ahuitzotl fue la Edad de Oro mexica.
Ascensión
Ahuitzotl fue el tercer hijo del rey mexica Motecuhzoma I Ilhuicamina (que reinó de 1440 - 1469). Su nombre, que resultaría ser bastante apropiado, estaba asociado con una nutria hiperagresiva que vivía en el fondo de un lago y se alimentaba sin piedad de cualquier creatura que se acercara a las orillas del lago. La criatura, frecuentemente representada con una mano humana al final de la cola, se usó como el glifo del nombre del rey en la escultura conmemorativa mexica.
Ahuitzotl asumió el cargo de tlatoani (orador) o supremo gobernante de su medio hermano Tízoc (que reinó de 1481 - 1486), quien había sido envenenado. Tízoc no había tenido mucho éxito en el rol después de verse obligado a sofocar varias rebeliones y perder una batalla ante los purépechas (tarascos). El señor Ahuitzotl fue el octavo gobernante mexica y en los textos mexicas se lo describe como joven, fuerte, enérgico y audaz. Según la versión de su ascenso contada por el cronista español fray Diego Durán, Ahuitzotl era un simple joven cuando tomó el poder en 1486 d.C. y tuvo que ser traído de la escuela a la muerte de Tízoc, pero mostraba una gran madurez más allá de sus años. También se nos informa de que el nuevo tlatoani en sus primeros años contó con la ayuda del tradicional consejero del rey, el Tlacaélel.
La ascensión de Ahuitzotl está conmemorada en una losa de diorita verde con la fecha del año 8 Caña. En él están Tízoc y Ahuitzotl, mientras que entre ellos hay una bola de fibra de cactus con agujas de cactus clavadas. Los dos gobernantes están usando agujas para sacarse sangre de los lóbulos de las orejas en ofrenda a los dioses. La sangre fluye desde las dos figuras hasta las fauces abiertas de una criatura estilizada de un cocodrilo terrestre que representa a la diosa de la tierra Tlaltecuhtli. La losa se encuentra en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México.
Expandiendo el imperio
Ahuitzotl rápidamente estableció su reputación como un hábil líder militar al ganar su primera batalla en la tradicional «guerra de Coronación», adorada por los gobernantes mexicas. Liderando a su Ejército en persona y luchando junto a sus guerreros como siempre lo haría, aplastó las rebeliones del valle de Toluca, se llevó los botines y adquirió víctimas para sacrificios. Más tarde celebró la victoria con el festín más grande y la mayor entrega de obsequios que el pueblo mexica hubiera presenciado nunca.
Después, Ahuitzotl procedió a lidiar con los territorios de la costa del golfo después de su obstinada negativa a pagar tributo. Esta fue otra victoria, y Ahuitzotl ganaría muchas más. Conquistando los valles centrales de Oaxaca alrededor de 1494, los mexicas llegaron tan al sur como la frontera con Guatemala, o incluso más allá, para abarcar regiones lucrativas productoras de cacao. También hicieron campaña hacia el oeste hasta la costa del Pacífico, quizás en una estrategia a largo plazo para flanquear los fuertes que estaban estableciendo los purépechas, una nación hostil. El resultado de esta expansión fue que Ahuitzotl creó el área más grande hasta el momento bajo control mexica.
Aunque los ejércitos mexicas se concentraron en ciudades enemigas y su imperio solo sería una colección más bien laxa de Estados tributarios, Ahuitzotl intentó establecer una presencia mexica más permanente mediante la construcción de monumentos mexicas en ciudades conquistadas como Tepoztlán, Malinalco y Calixtlahuaca. Algunos dioses locales también se incorporaron al panteón mexica en un esfuerzo por unir aún más las diversas culturas de Mesoamérica. Se alentó el comercio en algunas áreas, especialmente entre los guerreros-comerciantes pochteca a quienes Ahuitzotl les otorgó el privilegio de usar joyas y plumas, tal era su importancia en su estrategia para abrir nuevos territorios por cualquier medio que se adaptara a la situación. Al mismo tiempo, los pueblos más problemáticos (como por ejemplo los oztoman y los alahuistan) fueron exterminados sin piedad durante el reinado de Ahuitzotl.
Ahuitzotl también aumentó en gran medida el número de sacrificios humanos que se llevaban a cabo en las diversas ceremonias religiosas mexicas diseñadas para apaciguar a sus dioses y celebrar las victorias militares. Durán narra cómo se sacrificaron 80.400 cautivos de guerra durante cuatro días en la cima del Templo Mayor en Tenochtitlán. La mayoría de los historiadores descartan este número alegand que es increíblemente alto y poco práctico, y establecen una cifra más próxima a los 20.000, pero aún lo suficiente elevada como para encajar con las descripciones apocalípticas de los testigos presenciales de templos, plazas y calles con ríos de sangre fluyendo. La escena de este sacrificio masivo está representada en el Códice Telleriano-Remensis. Los sacrificios no solo ayudaron a apaciguar a los dioses y asegurar la continuación del mundo mexica, sino que Ahuitzotl usó el espectáculo para aterrorizar a los gobernantes visitantes de los territorios recién conquistados y asegurar su aceptación pasiva del dominio mexica.
Proyectos de construcción
Ahuitzotl, además de la expansión imperial, también se dedicó a la construcción de grandes proyectos para embellecer la capital mexica de Tenochtitlán y, al estilo típico mexica, establecer que su reinado traería gran prosperidad para su gente. El proyecto más significativo fue la expansión del Templo Mayor. El nuevo templo se completó en 1487, y fue para inaugurar este monumento inmenso de los dioses Tláloc (dios de la lluvia) y Huitzilopochtli (dios de la guerra) que los infames 80.000 cautivos fueron sacrificados.
Otro proyecto gigante de Ahuitzotl fue la construcción de un gran acueducto para traer agua dulce desde Coyoacán a Tenochtitlán. Sin embargo, en una versión narrada por Durán, el proyecto tuvo un mal comienzo cuando este trajo tanta agua que inundó la ciudad. Los sacerdotes culparon del desastre al hecho de que Ahuitzotl hubiese asesinado precipidamente al gobernante de Coyoacán, por lo que esto fue una venganza de Chalchiuhtlicue, la diosa del agua.
Muerte y sucesores
El reinado de Ahuitzotl llegó a un misterioso final cuando contrajo una extraña y fatal enfermedad, muriendo en el año 10 Conejo. En otra versión de los eventos, el rey murió de un golpe en la cabeza mientras intentaba escapar de la inundación en Tenochtitlán. La muerte por enfermedad sugiere que pudo haber sido envenenado como su predecesor, tal era la competencia entre los miembros de la familia gobernante por poseer un título que concedía un estatus semidivino. En una lujosa ceremonia, Ahuitzotl fue cremado en una pira funeraria en lo alto del Templo Mayor y sus cenizas fueron enterradas debajo del recinto sagrado cercano.
Ahuitzotl pasaría un próspero imperio al siguiente y, trágicamente, último gobernante mexica verdadero, su sobrino Motecuhzoma Xocoyotzin (Moctezuma) quien hubo de enfrentarse a los visitantes del Viejo Mundo, que lo acabarían asesinando en 1520. Durante el caos de la conquista española, el hijo de Ahuitzotl, Cuauhtémoc, tomó el poder y resistió a los invasores hasta 1525. Incluso después de su muerte, la leyenda de Ahuitzotl, el gran guerrero, se mantuvo firme porque su hijo vistió a uno de sus hombres con la ropa real de su padre, lo cual inspiró al Ejército mexica a una inusual, aunque temporal, victoria durante el largo asedio de Tenochtitlán.
