Pazuzu

Joshua J. Mark
por , traducido por Rosa Baranda
publicado el
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Pazuzu (by Museopedia, CC BY-SA)
Pazuzu Museopedia (CC BY-SA)

Pazuzu es un dios demoníaco asirio/babilónico cuya popularidad alcanzó su máximo esplendor en el primer milenio a.C. Era hijo de Hanbi (o Hanba), rey de los demonios del inframundo y hermano de Humbaba, el dios demoníaco protector del bosque de los Cedros en la Epopeya de Gilgamesh al que matan los héroes.

Era un demonio del inframundo (donde se creía que residían todos los demonios) que controlaba los vientos del oeste y el suroeste, que traían el hambre durante la estación seca y, en la estación lluviosa, tormentas descomunales y langostas. Como era la fuerza que impulsaba los vientos destructivos y la amenaza que presentaban, también se consideraba la mejor defensa contra ellos. En este aspecto, Pazuzu era similar al dios egipcio Set y las oraciones dedicadas a él estaban pensadas para reconducir su inclinación natural por la destrucción hacia fines más benevolentes de protección. Como estaba claro que tenía un gran poder para hacer daño, pensaban que tenía el mismo poder para proteger a la gente de los peligros que él mismo traía.

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Pazuzu es el demonio mesopotámico más famoso hoy en día, probablemente el único del que ha oído hablar la gente. Tal y como apunta el estudioso Stephen Bertman, «aunque no tenía demasiada chispa, Pazuzu se hizo un hueco en Hollywood: es el único demonio mesopotámico que ha protagonizado una película, El exorcista» (125). En la película de miedo de 1973 (basada en la novela de William Peter Blatty de 1971), Pazuzu es el demonio que posee al personaje de Linda Blair y está asociado con el Satanás cristiano y las fuerzas del mal.

Pazuzu se considera un demonio malvado, pero no era la encarnación del mal y a menudo se lo invocaba como protección contra el mal.

A pesar de todo, aunque nunca se consideró el más benevolente de los seres sobrenaturales en Mesopotamia, y sin duda se lo veía como un demonio malvado, no es la encarnación del mal y a menudo se lo invocaba como protección contra el mal. Era especialmente poderoso a la hora de proteger a las mujeres embarazadas y a los niños de la diosa demonio Lamashtu, que se alimentaba de recién nacidos y los que todavía estaban en el vientre.

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En la actualidad, el término «demonio» siempre tiene la connotación de malvado, pero ese no era el caso en la Antigüedad. La palabra «demonio» es una traducción del griego daimon, que significa sencillamente «espíritu». Un daimon podía ser bueno o malo, dependiendo de sus intenciones y del resultado de su visita. En la antigua Mesopotamia, al igual que en otras culturas de la Antigüedad, a menudo eran los dioses los que enviaban a los demonios como castigo por algún pecado o para recordarle al pueblo el deber para con los dioses y el resto de la comunidad. Los demonios no siempre eran malvados e, incluso los que lo eran, como Pazuzu, también eran capaces de buenas acciones.

Los demonios de Mesopotamia

En el mito acadio/babilónico de Atrahasis, los seres humanos se han hecho demasiado numerosos, ruidosos y fértiles. Además, viven tanto tiempo que nacen más de los que mueren. Cubren la tierra y perturban al dios Enlil con su ruido hasta tal punto que decide destruirlos con un gran diluvio. Una vez se retiran las aguas del diluvio, el dios de la sabiduría Enki propone un plan para repoblar la tierra: los dioses crearán un nuevo tipo de ser humano con una esperanza de vida más corta y más amenazas vitales en su día a día. A partir de entonces habrá enfermedades, abortos espontáneos, impotencia, esterilidad, ataques de animales salvajes y todo tipo de muerte esperando a la vuelta de la esquina.

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Los demonios eran parte de este plan divino, y los enviaban para castigar a los malvados, poner a prueba a los justos, y hasta puede que recibiesen libertad para atormentar a alguien solo porque un dios u otro sentía que está justificado, aunque otro no estuviera de acuerdo. Los demonios que interferían en las relaciones sexuales y la fertilidad eran especialmente problemáticos. El demonio Samana, con dientes de dragón, garras de águila y cola de escorpión, era una amenaza constante y un encantamiento sumerio contra él dice que bloquea la menstruación de la chica joven, la potencia del chico joven y los servicios de la cortesana y la prostituta (Leick, 223). Samana también podía afectar a los cultivos, al ganado y, según Bertram, «tenía un apetito especial por los bebes y las prostitutas» (125). Un demonio de tal malignidad y poder destructivo debería estar controlado con firmeza por los dioses y, sin embargo, Samana se considera un agente de Gula, la diosa de la salud y la curación, que lo enviaba por razones que los mortales tendrían que descubrir.

Pazuzu Amulet
Amuleto de Pazuzu Osama Shukir Muhammed Amin (Copyright)

Lo único que estaba claro era que una persona podía ser el blanco de un dios o un demonio para sufrir un tormento exquisito o mundano en cualquier momento y por motivos que no siempre eran obvios. La estudiosa Gwendolyn Leick señala que «la vida sexual en sí, tanto del individuo como de la sociedad en general, estaba bajo una amenaza en potencia de la ira de los dioses vengativos o la malicia de las fuerzas demoníacas» (224). En especial se atacaba la sexualidad, si seguimos la narrativa de Atrahasis, porque tenía que ver con la reproducción y el tamaño de la población. Al atacar la vida sexual de los seres humanos, los dioses podían limitar las comunidades a un tamaño manejable.

Pazuzu el protector

Una de las mejores maneras de protegerse de tales ataques era encontrar a un demonio igual de poderoso que actuase a modo de protección y se interpusiese entre la persona y la ira de los dioses, como un escudo. De estas deidades protectoras, Pazuzu era el más popular. En general lo invocaban para que evitara que Lamashtu matara a los bebés en el vientre o los recién nacidos, pero parece que también se lo invocaba para evitar enfermedades, impotencia y los efectos nocivos de los vientos de oeste y suroeste que soplaban de la dirección de la tierra de los muertos, los mismos vientos que controlaba Pazuzu.

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La imagen de Pazuzu es la de una figura especialmente aterradora capaz de ahuyentar a cualquier otro demonio o fantasma menor.

Su imagen es la de una figura especialmente aterradora capaz de ahuyentar a cualquier otro demonio o fantasma menor. Se representa en estatuillas y grabados con ojos abultados y un rostro canino, un cuerpo escamoso, un pene con cabeza de serpiente, garras de un ave grande y alas enormes. En las primeras escenas de El exorcista aparece una representación fiel en la estatua de tamaño natural que mira el sacerdote en la antigua ciudad de Hatra.

En la novela, el autor presenta al sacerdote sujetando la estatuilla de Pazuzu, no mirando una figura grande, y esto también es exacto. Aunque se han encontrado estatuillas pequeñas del demonio en Hatra, nunca se han encontrado estatuas de tamaño natural en ningún sitio y es poco probable que existieran alguna vez. Las representaciones de demonios o deidades asociadas con el inframundo son raras porque creían que la creación de tal imagen llamaría la atención del ser representado.

Es por este motivo que existen pocas imágenes de Ereshkigal, la reina de los muertos, y por lo que incluso el famoso relieve de Burney (conocido popularmente como La reina de la noche) no nombra explícitamente al ser representado a pesar de que lo más probable es que sea Ereshkigal: crear una imagen de la reina de los muertos habría supuesto llamar su atención sobre el creador, y estaba especialmente interesado en verla cara a cara.

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Las estatuillas y los amuletos de Pazuzu tenían exactamente el mismo efecto: atraían la atención de Pazuzu hacia el portador o la sala en la que se encontraba la estatuilla, pero su reducido tamaño concentraba su poder hacia la protección. El mortal no tendría nada que temer del demonio porque lo estaba honrando al pedir su protección y, cuando llegase, canalizaría sus poderes demoníacos hacia aquello que amenazaba a sus devotos, no hacia el mortal que lo había invocado.

Bronze Pazuzu Amulet
Amuleto de bronce de Pazuzu Osama Shukir Muhammed Amin (Copyright)

Estas estatuillas se solían colocar principalmente en la habitación de los niños pequeños, naturalmente, pero podían encontrarse en cualquier parte de la casa cerca de una puerta o una ventana. Las imágenes y figuras de Pazuzu cumplían una función similar a la de los perros de Nimrud, unas estatuillas de perros enterradas bajo el umbral de un edificio (o en un lugar estratégico de la habitación) para protegerse de los malos espíritus, los demonios o los fantasmas. Creían que los perros de Nimrud estaban imbuidos con el espíritu de perros reales, asociados a Gula, a quienes veían principalmente como animales protectores. De la misma manera, las estatuillas de Pazuzu extraían la esencia del propio demonio y garantizaban la seguridad en su presencia.

La evolución de los demonios

Según el estudioso Jeremy Black, los demonios en Mesopotamia fueron evolucionando a lo largo de los años, desde representaciones de animales amenazadores hasta personificaciones de una amenaza de peligro o muerte. Black afirma que Pazuzu es la expresión última de esta evolución y proporciona una cronología simplificada de este proceso que se divide en cinco partes:

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1. Una fase formativa, a finales del periodo El Obaid y el periodo Uruk, que es cuando se combinaron las características de varios animales para formar seres compuestos no naturales.

2. Una fase optimista, en el periodo acadio, en el que las escenas de los glifos muestran la captura y el castigo de los demonios nefastos.

3. Una fase equilibrada, en el periodo paleobabilónico, cuando los sellos cilindro solían mezclar imágenes de dioses, símbolos y otros motivos con asociaciones buenas y malas con respecto a la humanidad.

4. Una fase transformativa, con el arte mitani, casita y asirio medio de los siglos XIV-XI a.C., cuando las imágenes homocéntricas del periodo paleobabilónico dieron paso a la preponderancia de híbridos con cabeza de animal.

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5. Una fase demoníaca, representada por el arte neoasirio y neobabilónico, en la que los demonios individuales se representaban en todo su horrífico esplendor.

Esta última fase de desarrollo concuerda bien con la nueva teología del primer milenio a.C. de un inframundo poblado por demonios. El cambio además se produce al mismo tiempo que empieza la práctica de erigir estatuas monumentales en palacios y templos, de tallar relieves de seres protectores mágicos y de enterrar imágenes pequeñas de arcilla en los cimientos de los edificios. (63)

Esta evolución continuó durante el periodo helenístico de la historia de Mesopotamia y siguió durante el periodo cristiano. Los cristianos ya no necesitaban demonios protectores y, por supuesto, la nueva fe desalentaba seguir confiando en las creencias religiosas anteriores. Los demonios, junto con los dioses antiguos, no tenían cabida en el cielo del dios cristiano, así que fueron relegados al infierno. Los demonios ya estaban asociados con el inframundo e, igual que fue un paso fácil convertir la otra vida pagana en un infierno de castigo, también resultó fácil convertir a los demonios en agentes del castigo eterno, así como de las dificultades y los peligros de la vida.

Los evangelios del Nuevo Testamento siempre presentan a Jesucristo expulsando a demonios de varias personas y el Libro de los Hechos, el Apocalipsis y otros describen a los demonios como seres al servicio del adversario de Dios, Satanás. En una carta de I Juan 4:1 en el Nuevo Testamento, el escritor exhorta a sus lectores a poner a prueba a todos los espíritus para ver si son Dios, y, de no serlo, rechazarlos.

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A partir de entonces a los demonios solo se los consideró agentes del mal, incapaces de hacer el bien salvo como parte inintencionada del plan de Dios. Pazuzu, una antigua figura mesopotámica de aspecto temible, era la elección perfecta como antagonista de El exorcista ya que se había preparado a la audiencia durante casi 2.000 años para oír la instrucción de aceptar el antiguo dios-demonio como un instrumento del mal. Sin embargo, para la gente de su época, Pazuzu era una seguridad y un escudo ante las desgracias en un mundo a menudo incierto y aterrador.

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Sobre el traductor

Rosa Baranda
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.

Sobre el autor

Joshua J. Mark
Joshua J. Mark es cofundador de World History Encyclopedia's y Director de Contenidos. Ha sido profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde ha enseñado historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado por todo el mundo y ha vivido en Grecia y en Alemania.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, J. J. (2025, agosto 10). Pazuzu. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-13320/pazuzu/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "Pazuzu." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, agosto 10, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-13320/pazuzu/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Pazuzu." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, 10 ago 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-13320/pazuzu/.

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