Pizarro y la caída del Imperio inca

Artículo

Mark Cartwright
por , traducido por Estanislao Larios Ramirez
Publicado el 01 julio 2016
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Disponible en otros idiomas: inglés, griego, francés

En el año 1533 el Imperio inca era el más extenso en el mundo. Abarcaba el occidente de sudamérica desde Quito en el norte hasta Santiago en el sur. Sin embargo, la falta de integración al imperio de los pueblos conquistados, combinado con una guerra civil desatada por los demandantes al trono inca así como la devastadora epidemia debida a las enfermedades traídas por los europeos, dejó a los incas a merced de los conquistadores. Francisco Pizarro llegó a Perú con un grupo de hombres sorprendentemente reducido cuyo único interés era hacerse con botines y tesoros. Con armas más modernas y mejores tácticas, así como el invaluable apoyo de otros pueblos locales deseosos de rebelarse, los españoles borraron del mapa a los incas en poco más de una generación. La llegada de los visitantes al Nuevo Mundo y el consecuente colapso del Imperio inca fue el desastre humanitario más grande que nunca haya sucedido en América.

El Imperio inca

Los mismos incas llamaban a su imperio Tawantinsuyo (o Tahuantinsuyu), que significa "Tierra de los cuatro puntos cardinales" o "Las Cuatro Partes". Cuzco, la capital, estaba considerada el centro del mundo, e irradiando desde ella había caminos y puntos de observación sagrados (ceques) hacia cada punto cardinal: Chinchaysuyu (norte), Antisuyu (este), Collasuyu (sur), y Cuntisuyu (oeste). A lo largo de lo que hoy en día es Ecuador, Perú, el norte de Chile, Bolivia, el norte de Argentina y el sur de Colombia, abarcaban 5,500 km (3,400 millas) de norte a sur y este gran territorio estaba gobernado por tan solo 40.000 incas, con alrededor de 10 millones de súbditos que hablaban más de 30 lenguas diferentes.

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Los incas creían tener el derecho divino de gobernar y conquistar a otros pueblos ya que, de acuerdo a su mitología, fueron creados en Tiwanaku (Tiahuanaco) por el dios del sol Inti. Como resultado, se consideraban así mismos como los pocos elegidos, los "Hijos del sol", y el dirigente inca era el representante y la encarnación misma de Inti en la tierra. En términos prácticos, esto significaba que todos los hablantes de la lengua quechua (o runasimi) tenían un estatus privilegiado, y que esta clase de nobles ocupaba cualquier rol político, religioso y administrativo importante dentro del imperio.

Inca Empire - Expansion and Roads
Imperio inca: extensión y caminos
Simeon Netchev (CC BY-NC-SA)

La expansión del Imperio inca había sido espectacularmente rápida. Aunque Cuzco había llegado a ser una ciudad importante al comienzo del periodo intermedio tardío (1000-1400), el proceso de unificación regional no comenzó hasta finales del siglo XIV, mientras que las conquistas más importantes se dieron en el siglo XV. El imperio era aún joven cuando enfrentó a su más grande desafío.

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Pizarro y los conquistadores

Francisco Pizarro y su compañero Diego de Almagro pasaban de los 50 años al inicio de su expedición, de origen humilde, y ninguno había ganado ningún prestigio en su España natal. Aventureros y buscadores de tesoros, comandaron un pequeño grupo de españoles ansiosos por encontrar tesoros similares a los que sus compatriotas habían hallado en el mundo azteca en México una década antes. Navegando hacia el sur a lo largo de la costa del Pacífico desde Panamá en dos pequeñas carabelas mercantes, buscaron en Colombia y la costa ecuatoriana pero no lograron encontrar el oro que buscaban desesperadamente. Esta era la tercera expedición que Pizarro emprendía, seguramente su última oportunidad de encontrar fama y fortuna.

Entonces, en 1528, Bartolomé Ruiz (el piloto de la expedición) capturó una balsa lejos de la costa, llena de tesoros. Tal vez, después de todo, puede que mereciera la pena explorar en lo profundo de sudamérica. Pizarro aprovechó este descubrimiento para asegurarse el derecho de parte del rey español, Carlos V, de ser gobernador de cualquier nuevo territorio descubierto, con el usual 20 % reservado para la corona de cualquier tesoro que encontraran. Con una fuerza de 168 hombres, que incluía 138 veteranos, 27 caballos, artillería y un fraile, el padre Valverde, Pizarro partió a los Andes.

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Francisco Pizarro
Francisco Pizarro
Llull (Public Domain)

En 1531, con un avance lento y cuidadoso, Pizarro conquistó Coaque en la costa ecuatoriana, donde esperó por refuerzos. Estos llegaron al año siguiente, incrementando la expedición española a 260 hombres, de los cuales 62 eran de caballería. Se movieron costa abajo hacia Tumbes, saqueando y pasando por la espada a los nativos. De nuevo en movimiento, comenzaron a ver indicios de una civilización próspera: almacenes y sólidos caminos. Fundaron un nuevo asentamiento en San Miguel (la actual Piura), y para el final de 1532 Pizarro estaba listo para entrar en contacto por primera vez con los gobernantes de lo que parecía ser un imperio rico y enorme.

Problemas en el imperio

Cuando los invasores extranjeros llegaron a Perú, los incas estaban inmersos en varios problemas internos serios. Su vastísimo imperio era políticamente frágil y con poca integración de los pueblos conquistados, cuya sumisión era resultado solamente del dominio militar inca y de la toma de rehenes, tanto de individuos prominentes como de artefactos religiosos importantes, para asegurar la obediencia, si bien forzada, al gobierno de Cuzco. Les obligaban a pagar tributos impopulares, ya fuera en bienes o servicios (militares y labores generales), y varias comunidades fueron reubicadas a la fuerza a otras partes del imperio o tuvieron que aceptar nuevos habitantes de personas más leales al grupo gobernante.

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Los incas también impusieron su religión a los pueblos conquistados, permitiéndoles seguir adorando a sus dioses siempre y cuando se les diera un estatus menor que a Inti. Los incas incluso impusieron su propio arte a través de todo el imperio como una manera visual de comunicar exactamente quién era la clase gobernante. Con todo, el Imperio inca ofrecía ciertos beneficios: un suministro de alimentos regular, la protección militar y mejores caminos, así como las ocasionales celebraciones financiadas por el Estado. Sin embargo, dada la vastedad del área conquistada por los incas, era difícil mantener la lealtad de los súbditos cuando algún otro pueblo amenazaba al Imperio inca. Algunas áreas, especialmente en los territorios del norte, estaban en rebelión constante, y una guerra en curso en Ecuador obligó al establecimiento de una segunda capital inca en Quito.

Además de todos estos problemas, los incas estaban lidiando con uno aún mayor cuando Pizarro llegó, ya que los incas estaban luchando por el poder entre sí mismos. A la muerte del gobernante inca Wayna Qhapaq en 1528, dos de sus hijos, Waskar y Atahualpa, libraron una cruenta guerra civil a lo largo de seis años para hacerse con el poder del imperio. Finalmente ganó Atahualpa, pero el imperio siguió viéndose asolado por facciones que no reconocían su victoria.

Atahualpa
Atahualpa
Brooklyn Museum (CC BY-NC-SA)

Por último, como si estos problemas no fueran suficientes para darles a los españoles una gran ventaja, los incas estaban sufriendo una epidemia debida a las enfermedades traídas por los europeos, tales como la viruela, la cual se había propagado desde centroamérica aún más rápido que los propios invasores europeos. Esta fue la enfermedad que mató a Wayna Qhapap en 1528, matando asimismo a un abrumador 65-90 % de la población en algunos lugares.

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Pizarro conoce a Atahualpa

El viernes 15 de noviembre de 1532, los españoles se aproximaron al pueblo inca de Cajamarca en la zona montañosa de Perú. Pizarro envió a un mensajero solicitando entrevistarse con el rey inca, quien estaba en ese momento en los manantiales locales, disfrutando de su victoria sobre Waskar. Atahualpa accedió finalmente a conocer a los hombres blancos de barba de los que tanto había oído hablar, que eran conocidos por haberse hecho paso desde la costa hasta ese punto. Confiado en su poderoso ejército de 80.000 hombres, parece que Atahualpa no vio ninguna amenaza en aquella pequeña fuerza enemiga, e hizo esperar a Pizarro hasta el siguiente día.

Este primer encuentro formal entre Pizarro y Atahualpa consistió en algunos discursos, una bebida juntos mientras observaban algunos jinetes españoles y no más. Ambos bandos se retiraron planeando como capturar o matar a sus adversarios a la primera oportunidad. Al día siguiente, Pizarro, valiéndose de la laberíntica construcción de Cajamarca, preparó una emboscada para esperar la llegada de Atahualpa a la plaza principal. Cuando la tropa real llegó, Pizarro disparó sus pequeños cañones, mientras que su caballería, vestida con armaduras, atacó también. En la batalla que siguió, las armas de fuego de los españoles mostraron ser muy superiores a las armas de los incas, que consistían en lanzas, flechas, hondas y garrotes, y el resultado fue que 7.000 incas perecieran mientras que los españoles no registraron bajas. Atahualpa fue capturado vivo, después de ser golpeado en la cabeza.

El pago de rescate por Atahualpa y su muerte

Ya sea que Pizarro solicitara un rescate por Atahualpa o que este último ofreciera una compensación por ser liberado, el regreso sano y salvo de Atahualpa se haría siempre y cuando los incas llenaran con tesoros un cuarto de 6.2 x 4.8 x 2.5 metros. Lo anterior se cumplió, llenando la habitación tanto con objetos de oro como joyería. Después, el cuarto fue llenado una segunda vez con objetos de plata. Todo esto se llevó a cabo en el lapso de ocho meses. Se estima que el valor actual del total de los tesoros acumulados habría excedido con creces los 300 millones de dólares. Mientras tanto, Atahualpa continuó gobernando el imperio desde su cautiverio, y por su parte Pizarro envió expediciones de exploradores a Cuzco y Pachacamac mientras esperaba refuerzos de Panamá, a los que atrajo enviándoles una cierta cantidad de oro para persuadirlos de la riqueza que les esperaba. De cualquier manera, una vez que obtuvo el rescate solicitado, Pizarro juzgó y ejecutó a Atahualpa inmediatamente, el 26 de julio de 1533. El rey inca fue en un principio sentenciado a morir en la hoguera, pero después de haber aceptado ser bautizado, se le conmutó para ser ejecutado por estrangulamiento.

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Inca Gold Sun Mask
Máscara solar de oro inca
Andrew Howe (CC BY-NC-SA)

Algunos de los hombres de Pizarro juzgaron que esta ejecución había sido la peor reacción, recibiendo incluso críticas del propio rey español por haber tratado de forma tan despreciable a un soberano extranjero, pero el astuto líder español había presenciado hasta que punto llegaba la lealtad de los incas con su rey, aún estando en cautiverio. Como dios viviente, Pizarro tal vez sabía que la única manera de derrotar totalmente a los incas era con la muerte de su rey. En efecto, aún muerto, el rey inca ejerció influencia sobre su pueblo, ya que con su cabeza decapitada nació la perdurable leyenda Inkarri. Los incas creían que algún día un nuevo cuerpo crecería de la cabeza, con lo que su dirigente regresaría, vencería a los españoles y restauraría el orden natural de las cosas. Afortunadamente para los españoles, durante el cautiverio de Atahualpa se enteraron de que el Imperio inca tenía profundas divisiones internas, y que podrían utilizarlas en beneficio propio.

La caída de Cuzco

Una vez ejecutado Atahualpa, los españoles se enfocaron en la conquista de Cuzco, con sus vastos tesoros dorados, los mismos de los que hablara Hernando Pizarro tras su expedición de reconocimiento. Después de ello, se harían cargo del resto del imperio. La primera batalla fue contra tropas leales a Atahualpa cerca de Hatun Xauxa, donde los españoles fueron apoyados por la población local, deseosa de deshacerse de los incas. Los españoles recibieron suministros de los almacenes locales de los incas, tras lo cual Pizarro estableció la nueva capital allí. El apoyo de los lugareños así como el saqueo de los almacenes incas serían clave para Pizarro durante todo el resto de su conquista.

Después, los invasores vencieron a un ejército en retirada en Vilcaswaman, pero también sufrieron una derrota cuando un grupo de avanzada fue atacada por sorpresa de camino a Cuzco. Al día siguiente los visitantes del viejo mundo retomaron su implacable marcha, barriendo con todo a su paso. Después de una breve resistencia, Cuzco cayó en manos de Pizarro el 15 de noviembre de 1533. Los tesoros de la ciudad y las maravillas doradas del templo de Coricancha fueron desmanteladas y fundidas indiscriminadamente.

Sacsayhuaman Fortifications
Las fortificaciones de Sacsayhuamán
David Stanley (CC BY)

El primer intento de Pizarro de instalar a un gobernante de nombre, Thupa Wallpa, el hermano más joven de Waskar, falló, ya que este murió poco después víctima de una enfermedad, impidiendo el restablecimiento del orden político. Un segundo gobernante de nombre fue instalado, Manqo Inka, otro hijo de Wayna Qhapaq. Mientras con este gobernante se aseguraba de que el imperio no colapsara desde dentro, Pizarro y sus hombres partieron para pacificar el resto del imperio así como a buscar más tesoros.

La conquista el imperio

Los españoles encontraron gran resistencia en los territorios del norte, donde ejércitos liderados por Rumiñahuiy Quisquis los mantuvieron a raya, pero estos ejércitos finalmente capitularon, después de asesinar a sus líderes, como resultado de luchas internas. No había quien detuviera la conquista sin descanso de los europeos, beneficiados en gran parte por el particular modo inca de hacer la guerra, que estaba muy ritualizado. Tácticas como el engaño, las emboscadas o las tretas eran desconocidas para ellos, así como tampoco cambiaban su estrategia en mitad de las batallas para aprovechar cualquier oportunidad de debilidad de su enemigo. Además, los guerreros incas dependían demasiado de sus oficiales, y si alguno de estos caía en batalla, un ejército podía colapsarse rápidamente en aterrada retirada. Todos estos factores, así como el armamento más avanzado de los españoles, dieron a los incas muy pocas probabilidades de defender su gran imperio, ya de por sí difícil de manejar. Aunque los incas aprendieron rápidamente a contrarrestar los ataques, así como a lidiar con la caballería, por ejemplo inundando áreas bajo ataque o luchando en terreno difícil, sus lanzas, hondas y garrotes poco tenían nada que hacer contra balas, ballestas, espadas y armaduras de acero. Asimismo, los españoles tenían de su lado a casi la mitad del imperio, toda vez que emergieron viejas divisiones y rivalidades.

Pronto los españoles se dieron cuenta de que al ser un imperio tan vasto, esto suponía problemas en la comunicación y control (aún y cuando sus predecesores habían construído un excelente sistema de caminos), con lo que se enfrentaron a los mismos problemas que habían tenido los incas. Las rebeliones y las deserciones se sucedieron, e incluso el mismo Manqo Inka se rebeló para formar su propio ejército con la intención de ganar algo de poder. Cuzco y el nuevo fuerte de Ciudad de los Reyes (Lima) fueron sitiadas por dos grandes ejércitos incas, pero los españoles resistieron hasta que los atacantes se tuvieron que retirar. Los ejércitos incas estaban conformados en su mayoría por agricultores, que no podían abandonar sus cosechas por largo tiempo, ya que eso significaba matar de hambre a sus comunidades. Al año siguiente se volvió a montar el asedio, pero una vez más los españoles resistieron y cuando, en un ataque deliberado, mataron a los líderes del ejército, la resistencia al nuevo orden se desvaneció. Manqo Inca se vio forzado a huir al sur, donde estableció un enclave inca en Vilcabamba. Él y sus sucesores resistieron durante otras cuatro décadas. Finalmente, en 1572, un grupo de españoles liderado por el virrey Toledo capturó al rey inca Thupa Amaru, lo trasladaron a Cuzco y posteriormente lo ejecutaron. El último gobernante inca había sido eliminado y con ello se esfumaba cualquier esperanza de restaurar el alguna vez gran Imperio incaica.

Inca Road Rest Station
Estación de descanso en un camino inca
Tyler Bell (CC BY-SA)

Conclusión

Atahualpa, después de su victoria sobre su hermano, había matado a los historiadores incas y destruido los registros quipu con el propósito de comenzar una renovación total, lo que los incas llamaban pachakuti o "el nuevo comienzo del tiempo y espacio", un cambio de época que los incas creían que ocurría periódicamente a través de las eras. Qué ironía que Atahualpa sufriera en carne propia el pachakuti , y que, al igual que él, los nuevos gobernantes también saquearían, quemarían y destruirían cualquier vestigio que encontraran de la cultura andina. La llegada del Viejo Mundo al Nuevo lo transformó completamente, y nada volvería a ser igual.

Los españoles, tras décadas de problemas internos, que incluyeron el asesinato de Pizarro, finalmente establecieron un gobierno colonial estable en 1554. Los andinos y su estilo de vida, que abarcaba milenios a pesar de la incursión inca, fueron nuevamente puestos a prueba en esta nueva era. A pesar de eso, estas personas eran las "afortunadas" que habían sobrevivido a los primeros años de conquista, ya que para 1570 cerca del 50 % de la población andina precolombina había perecido. Para esa gente común que sobrevivió a los estragos de la guerra y las enfermedades, no hubo descanso alguno, ya que sus nuevos gobernantes, codiciosos y rapaces, siempre estaban ávidos por seguir robando sus bienes, mientras les imponían su religión.

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Sobre el traductor

Estanislao Larios Ramirez
Mexican, passionate about History since I was a child, thanks to the great teachers I had. I am convinced that there are more common things that unite humans than those that divide them, with History as a tool to achieve understanding among all societies.

Sobre el autor

Mark Cartwright
Mark es un escritor de historia radicado en Italia. Sus intereses principales incluyen la cerámica, la arquitectura, la mitología mundial y descubrir las ideas que todas las civilizaciones tienen en común. Tiene una maestría en filosofía política y es director de publicaciones en World History Encyclopedia.

Cita este trabajo

Estilo APA

Cartwright, M. (2016, julio 01). Pizarro y la caída del Imperio inca [Pizarro & the Fall of the Inca Empire]. (E. L. Ramirez, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/2-915/pizarro-y-la-caida-del-imperio-inca/

Estilo Chicago

Cartwright, Mark. "Pizarro y la caída del Imperio inca." Traducido por Estanislao Larios Ramirez. World History Encyclopedia. Última modificación julio 01, 2016. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-915/pizarro-y-la-caida-del-imperio-inca/.

Estilo MLA

Cartwright, Mark. "Pizarro y la caída del Imperio inca." Traducido por Estanislao Larios Ramirez. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 01 jul 2016. Web. 07 ago 2022.

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