Cuando los generales alemanes decidieron implemetar una guerra de desgaste para agotar de forma meticulosa al Ejército de Francia a la mitad de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), tuvieron por resultado la batalla de Verdún: un combate que desencadenó un espiral de descontrol que tuvo un costo más alto del imaginado por ambos bandos. En la desesperación por conservar el control del prestigioso complejo fortificado de Verdún, Francia rotó divisiones completas abocadas en su defensa, tal fue la magnitud de la lucha que el 75 % del ejército del país combatió en esta batalla. La batalla más larga de la Gran Guerra, y una de las más mortíferas, la batalla de Verdún (de febrero a diciembre de 1916), como sucedió en tantas otras en este conflicto, resultó en cientos de miles de bajas y un beneficio estratégico casi nulo para ambos contrincantes por igual. Los franceses lograron resistir, y las fuerzas alemanas experimentaron tal agotamiento, tanto de tropas como de recursos, que se vieron imposibilitadas de lanzar ningún otro ataque a gran escala hasta 1918.
El alto mando alemán tenía la esperanza de que un ataque prolongado a la renombrada fortaleza de Verdún, ubicada en las colinas al norte de Verdún (Verdun-sur-Meuse) en el noreste de Francia, «desangraría a Francia» (Bruce, p. 389). El razonamiento teorizaba que los generales no podían de ninguna manera entregar Verdún, dado que esto sería un golpe serio a la moral tanto militar como civil. El asalto germano, dirigido a un punto específico del inmenso frente occidental, se concibió para prolongarse y atraer de forma continua a las tropas francesas hasta que el número de muertos fuera tal que la población civil se alzara y clamara por el fin de la guerra. Aunque el hecho de que la cúpula militar alemana quisiera en verdad capturar el complejo fortificado es un eje de discusión entre los historiadores, la clave para la victoria de las fuerzas germanas yacía en causarle más bajas al enemigo que las propias, de modo que los atacantes pudieran superar las defensas. Hasta ese momento, la mayoría de las grandes batallas de la Primera Guerra Mundial favorecieron la defensa, pero el alto mando del Ejército Imperial alemán ignoró esta verdad incómoda cuando convenció al káiser Guillermo II (quien gobernó desde 1888 hasta 1918) de darle luz verde para que procediese.
El plan de ofensiva a Verdún fue designado bajo el nombre en clave de Operación Juicio.
Se le encomendó al Segundo Ejército de Francia defender Verdún a toda costa, algo que no sería tarea fácil. Verdún estaba ubicada en una colina dentro de un recodo del río Mosa. El enemigo podía atacar esta colina desde tres flancos. La fortaleza estaba, de hecho, compuesta por un complejo de anillos concéntricos fortificados que se protegían mutuamente, pero expuestos en su totalidad al fuego de artillería. Los franceses contaban con líneas de comunicación y suministros deficientes que conducían a Verdún, mientras que los alemanes tenían una línea ferroviaria que se extendía hasta menos de 12 millas (19 km) de allí.
Otro aspecto que jugaba en contra de las fuerzas de defensa era que, tras la caída de varios fuertes en la guerra, que fueron reducidos a escombros por la artillería pesada germana, el alto mando francés comenzaba a considerar que cualquier fortaleza, sin importar su magnitud, a la larga caería. Por consiguiente, la mayoría del armamento pesado de Verdún ya se había removido para utilizarlo en otras áreas de operaciones. Además, este recodo del río Mosa se había tornado en una de las áreas más tranquilas del frente occidental, por lo que, en febrero de 1916, las fortalezas solamente se encontraban bajo la custodia de un puñado de divisiones francesas.
Para alivio de los galos, las fortalezas se conservaban en buen estado y podrían resistir intentos de incursión; muchas estaban ubicadas en terreno alto y se habían reforzado en 1885 y luego, de forma más reciente, se empleó concreto y láminas metálicas a modo de blindaje. Los sistemas de trincheras, entre varios fuertes y alrededor de los mismos, también había sido mejorado en gran medida cuando la concentración de tropas alemanas sugería que muy posiblemente ese sería el blanco del próximo gran asalto en el frente occidental. La pregunta clave era la siguiente: ¿Podrían las fuerzas francesas organizarse por su cuenta para concentrar en esta área hombres y recursos suficientes como para asegurar la defensa tras el inicio del ataque?
El plan de ofensiva fue designado bajo el nombre clave Operación Juicio. La batalla comenzó el 21 de febrero, y duraría diez duros meses. El primer acto de este drama fue enorme por sí solo. Las unidades artilladas germanas se habían estado fortaleciendo de forma continua durante enero y febrero, logrando disponer de más de 540 armas pesadas y 660 ligeras para enfrentar al enemigo. Un bombardeo de artillería azotó las posiciones francesas durante 21 horas, se dispararon 2.400 proyectiles cada hora. Ese fue el bombardeo más intenso visto hasta ese momento en la guerra.
Las unidades de infantería del Quinto del Ejército Alemán, conformadas por alrededor de un millón de efectivos, luego avanzaron a lo largo del frente de 13 km (8 millas) que seguía al Mosa. Los atacantes usaron una nueva arma espantosa: el lanzallamas. La primera ofensiva resultó bien en un primer momento, logrando hacerse con 5,6 km (3,5 millas), una cifra enorme si se tienen en cuenta las estadísticas del frente occidental. Los comandantes franceses, con suministros y municiones escasos, se vieron obligados a reagrupar a sus tropas ya mermadas. La retirada hacia el sur significó dejar la llanura de Woëvre en manos enemigas. De forma más seria, en términos de prestigio, significó la pérdida del fuerte Douaumont el 25 de febrero.
La escala del avance enemigo y su éxito significó que Verdún, en sí misma una pieza clave en la batalla, estaba bajo grave peligro. Marshal Joseph Joffre (1852-1931), comandante en jefe del Ejército de Francia, tomó medidas drásticas y designó a un nuevo comandante para esta zona del frente, Philippe Pétain (1856-1951). A pesar de que el sistema delantero de trincheras francesas ya había sido superado, Pétain recibió órdenes expresas de continuar la defensa de Verdún a toda costa, incluso aunque en verdad fuera mejor opción la retirada y defensa del terreno boscoso más favorable tras la saliente de Verdún. Pétain era una buena elección para esta tarea; era un comandante al que no le preocupaban mucho las pérdidas operativas y quien siempre había preferido la defensa sobre el ataque. Si había un general capaz de salvar Francia, ese era Pétain.
Pétain actuó con rapidez, reagrupando a sus tropas y tomando personalmente el mando de las unidades de artillería fundamentales, asegurándose de que a partir de ese momento solo proporcionasen fuego concentrado. Pétain también reorganizó su armamento pesado para que, cuanto más avanzaran las fuerzas alemanas, más expuesto se viera su flanco a la artillería gala. Los fallos logísticos causaron dificultades en las filas francesas desde el inicio de la batalla; sus suministros y refuerzos llegaban a través de un solo camino secundario. La situación mejoró en gran medida gracias a la organización de una cadena de camiones en movimiento continuo que conectaba con la ciudad de Bar-le-Duc, a 64-80 km (40-50 millas) de la retaguardia. En primer lugar, había 3.500 camiones transportando suministros, pero con el tiempo el número ascendió a 12.000. Cualquier camión que sufriera averías era simplemente empujado hacia los campos y descartado, mientras que un equipo especializado en reparación de caminos trabajaba constantemente para mantener el flujo de tránsito, que permitía el paso de un camión cada 14 segundos durante junio. El camino pasó a llamarse con afecto la Vía Sagrada tras la guerra, y a pesar de estar constantemente bajo fuego enemigo, logró proveer suministros de forma masiva a los exhaustos defensores. Ahora se podría rotar a las tropas en un frente que, dada la intensidad del combate, desgastaba a los hombres rápidamente.
Hacia finales de marzo, el Ejército Alemán estaba a escasos 5 km de Verdún.
A comienzos de marzo, el avance alemán, cuyos traslados de artillería pesada se veían seriamente dificultados por los suelos lodosos, se había detenido. Los generales alemanes habían subestimado en gran medida la cantidad de armas y municiones necesarias para causar mella en el enemigo de manera efectiva. Las tropas francesas, retornando a ser una fuerza funcional tras el choque inicial, estaban en condiciones de lanzar sus propios ataques reducidos. Esta acción forzó a los comandantes alemanes a extender sus líneas defensivas, en particular para intentar sofocar la artillería francesa posicionada en la ribera occidental del Mosa. Era crucial que los franceses pudieran plantarse y resistir en Le Mort-Homme (la Colina del Hombre Muerto). Sin embargo, las fuerzas germanas continuaron poniendo bajo amenaza a la fortaleza de Verdún, y hacia finales de marzo, se posicionaban a 4,8 km (3 millas) de Verdún. La lucha continuó en un terrible tira y afloja a lo largo de la húmeda y brutal primavera, por ejemplo, el pueblo de Vaux cambió de manos no menos de 13 veces durante la batalla.
La batalla nunca termina
Verdún no había sido capturada, pero el objetivo de los alemanes de debilitar a las fuerzas enemigas estaba funcionando sin lugar a dudas. El Ejército alemán lanzó una nueva ofensiva hacia el oeste en la segunda semana de abril, pero los logros alcanzados anteriormente en la batalla no se pudieron repetir a medida que la lucha perdió movilidad y tornó a algo más similar a un combate de trincheras progresivo.
A fines de mayo, a medida que el clima y las condiciones generales mejoraron, Le Mort-Homme fue capturada, y luego el fuerte de Vaux sufrió el mismo destino en la segunda semana de junio (a pesar de que las tropas francesas lucharon con uñas y dientes hasta el último momento, viéndose solamente empujados a rendirse tras agotar su suministro de agua). Hacia finales de junio, las fuerzas germanas avanzaron sobre las fortificaciones clave de Souville y Tavannes. A pesar de que el 22 de junio los atacantes utilizaron el letal gas de fosgeno, diezmando las filas enemigas, las fuerzas francesas se mantuvieron firmes en la defensa. A mediados de julio, el ejército alemán se vio desgastado por sus propias acciones y Verdún ya no se encontraba bajo amenaza directa. El contraataque podía comenzar.
Ambos bandos habían sufrido bajas inmensas, pero la propia naturaleza del enfrentamiento continuaba dándoles ventaja a los defensores. Las lluvias de artillería, como demostró ser el caso, no infligieron el daño suficiente en los defensores bien atrincherados como para posibilitar un asalto de infantería sencillo. Una vez que el bombardeo cesó, los combatientes pudieron salir de sus agujeros y darle uso a sus ametralladoras y desbaratar el ataque secundario de la infantería. Otro factor importante fue el plan francés de rotar tropas, que permitió que las fuerzas de defensa pudieran emplear 42 divisiones. Los alemanes, por otro lado, no rotaron a sus tropas, sino que las mismas 30 divisiones no tuvieron respiro.
Incluso la tierra misma pudo dar testimonio de la interminable destrucción que aconteció en esta intensa batalla:
La forma del paisaje se vio alterada permanentemente, los bosques se vieron reducidos a astillas, los pueblos se desvanecieron, la superficie del terreno resultó tan dañada por las explosiones al punto de que los agujeros, producto de la artillería, se superponían continuamente sobre otros agujeros producto de proyectiles anteriores... para ambos ejércitos, Verdún se transformó en un escenario de horror y muerte que no podía traer victoria alguna.
A medida que el verano se volvió otoño, se hicieron cambios en el liderazgo de ambos bandos. El comandante alemán a cargo del asalto, el general Erich von Falkenhayn (1861-1922), fue remplazado como jefe del estado mayor por el dúo de generales Erich Ludendorff (1865-1937) y Paul von Hindenburg (1847-1934).
En las filas galas, el general Robert Nivelle (1856-1924) ya había tomado el cargo durante la última fase de la amplia batalla de Verdún, mientras que a Pétain fue ascendieron a comandante del grupo de ejércitos Centro. Fue Neville quien dio inicio a la idea de una «cortina de artillería», que se basa en utilizar artillería para crear una cortina de proyectiles que avance al mismo tiempo que la infantería. Esta técnica trajo victorias, incluida la recuperación de los fuertes Douaumont y Vaux hacia fines de octubre. Los franceses se beneficiaron de un período de reposo gracias a que la batalla amainó y a la incorporación de refuerzos considerable.
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Los alemanes continuaron afrontando grandes e insostenibles bajas. Verdún fue una batalla de desgaste, pero esta desgastó en mayor medida las capacidades a largo plazo de los atacantes que las de los defensores. A comienzos de diciembre, se dio otro avance llevado a cabo por los galos y, para mediados de diciembre, la captura de 11.000 soldados alemanes le dio un tiro de gracia eficaz a la batalla. En total, los alemanes habían sufrido 330.000 bajas (incluidas 143.000 muertes) en la batalla de Verdún, en comparación a las bajas francesas que se situaron alrededor de 351.000 (incluidas 150.000 muertes). Pocas batallas más de la Primera Guerra Mundial alcanzarían tal magnitud de muertos y heridos. El pueblo de Verdún había sido destruido, pero la fortaleza seguía en pie. Alemania gastó materiales a una velocidad ingente: se dispararon 23 millones de proyectiles de artillería, por dar un ejemplo. La campaña, a pesar de haber pagado un enorme precio tanto en hombres como armas, no trajo cambios significativos en cuanto a ventajas tácticas para ningún bando.
La batalla de Verdún se hizo tan eterna y cuesta arriba que sus consecuencias pudieron observarse en otras áreas a lo largo del frente occidental. La primera batalla del Somme tomó lugar, también en el norte de Francia, entre el 1 de julio y el 18 de noviembre de 1916. Esta batalla, que enfrentó a las fuerzas anglo-francesas contra las alemanas, se había diseñado en un primer momento como parte de una ofensiva aliada mayor, pero al final se desarrolló como una operación de distracción para liberar parte de la presión que yacía sobre las tropas francesas alrededor de Verdún. El Somme también presenció un número enorme de bajas, pero cumplió su objetivo de ayudar a desviar a las fuerzas alemanas lejos de la batalla de Verdún. En el frente oriental, los grandes ataques llevados a cabo por el ejército de la Rusia imperial lograron un objetivo similar al desviar divisiones alemanas clave lejos de Verdún. En resumen, Alemania estaba enfrentándose a demasiados enemigos y su estrategia de una guerra de desgaste masiva demostró ser descabellada.
Pétain se convirtió en un héroe nacional por la estoica defensa de Verdún, y Nivelle fue nombrado comandante en jefe del Ejército. Pétain reconoció que la defensa de Verdún fue posible gracias al valor de los soldados comunes de Francia, pero incluso aquellos que sobrevivieron a ese calvario tuvieron que pagar un precio terrible por la victoria. El general anotó: «En su mirada inestable uno puede sentir las visiones del horror, mientras que sus pasos y comportamiento revelan un abatimiento total. Estaban hechos añicos por sus recuerdos horripilantes» (Bruce, p. 390).
Las acciones llevadas a cabo en Verdún y en el Somme aseguraron que las bajas infligidas a Alemania, por parte de los aliados, no les permitieran lanzar ninguna ofensiva a gran escala antes de 1918. El rumbo de la guerra había cambiado de forma definitiva y, con la entrada de los Estados Unidos al conflicto en noviembre de 1917, Alemania ya no podría ganar la guerra que pondría fin a todas las guerras.
Estudiante de Traducción (inglés–español) y voluntario. Colabora con Calm Minds Initiative y Translators Without Borders, donde realiza traducción y proofreading de contenido educativo y humanitario para audiencias diversas.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 08 enero 2026. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.