Motín del Bounty

Los marineros seducidos por los Mares del Sur
Mark Cartwright
por , traducido por Ruth Baranda
publicado el
Translations
Versión en audio Imprimir PDF

El infame motín del Bounty en 1789 es la historia de unos marineros que, seducidos por los encantos de los Mares del Sur, abandonaron a su comandante y pasaron el resto de sus días como fugitivos de la Marina Real. Se suele presentar al capitán Bligh, víctima del motín liderado por el segundo oficial Fletcher Christian, como un capitán severo que recibió su merecido. Como en todas las historias contadas en libros y películas, los hechos reales fueron más complejos. Los únicos hechos confirmados son que Bligh fue exonerado por el motín, que varios de los amotinados fueron capturados y ahorcados y que Christian llevó a otro grupo a vivir el resto de sus días en las islas Pitcairn. Entrelazado entre estos hechos más contrastados, encontramos otros hechos sorprendentes basados en la especulación y la ficción. El motín del Bounty es una historia de azotes, asesinatos y dos fugas increíbles: una del mar y otra de la justicia.

Una expedición botánica

En 1787, el nuevo «capitán» del Bounty de la Marina Real británica era el teniente William Bligh, de 33 años. Bligh tenía experiencia, pero como el Bounty era un barco cúter pequeño, las regulaciones navales no requerían que tuviera el rango de capitán. Esta iba a ser la primera decepción de Bligh en relación con esta expedición y, desde luego, no sería la última.

Eliminar publicidad
Publicidad

Bounty II
Bounty II Dan Kasberger (CC BY-SA)

El Almirantazgo británico le encomendó a Bligh la misión de navegar hasta Tahití, en el Pacífico Sur, donde debía recolectar tantos especimenes del árbol del pan (Artocarpus incisa), así llamado porque su gran fruta se parecía a un pan, como sitio y agua tuviera para ellos. Sus siguientes órdenes eran transportar las plantas a las Indias Occidentales, donde se utilizarían para alimentar a los esclavos que trabajaban en las plantaciones. Un segundo objetivo del viaje era la creación de mapas de los estrechos entre Nueva Holanda y Nueva Guinea. Bligh conocía la difícil ruta a Tahití, pues la había visitado hace 10 años mientras servía bajo el mando del capitán James Cook.

Los marineros estaban más que dispuestos a desaparecer en cualquier costa que les pareciera propicia para escapar permanentemente de la marina.

El primer oficial del Bounty era Fletcher Christian, que sería el cabecilla del infame motín. Christian parecía incapaz de entenderse con su capitán, a pesar de haber navegado con él en dos viajes previos y de que solo consiguiera el puesto en el Bounty por recomendacion de Bligh. Pero, entre Bligh y Christian, ¿quién era el héroe y quién el villano? La historia presenta a Bligh como un capitán extremadamente severo, por lo que se suele tener más simpatía por Christian. De hecho, Bligh era bastante más indulgente que la mayoria de los capitanes de la Marina británica, pero quizá eso fue lo que provocó su caída. Los marineros cobraban un sueldo fijo y disponían de abundante alcohol, pero, en un viaje largo, todos esperaban habitáculos hacinados, comida horrible y disciplina implacable ante la desobediencia. Para la mayoría, esta no era una profesión elegida; se encontraban en el mar porque no tenían ninguna otra opción laboral. Por esta razón, el comandante y sus oficiales tenían que vigilar de cerca a los marineros rasos, muchos de los cuales estaban más que dispuestos a desaparecer en cualquier costa que les pareciera propicia para escapar permanentemente de la Marina Real.

Eliminar publicidad
Publicidad

Vida en el Bounty

Bligh tuvo que enfrentarse a varias dificultades en lo que ya era una ruta larga y tediosa hacia la legendaria Tahiti. Primero, Bligh ni siquiera podia disfrutar de un espacioso camarote de capitán, pues este, con sus grandes claraboyas, se había reconvertido en un vivero para las plantas de árbol del pan y contaba con un sistema de reciclaje de agua y una estufa para cuidar de las delicadas plantas en climas más fríos. Segundo, el Almirantazgo había retrasado su partida, lo que significaba que Bligh se vería abocado a enfrentarse a un tiempo adverso cuando el Bounty intentara rodear el cabo de Hornos. De hecho, el Bounty pasó un mes intentando rodear este traicionero cabo y, finalmente, Bligh se vio obligado a rendirse y navegar hacia Tahití por una ruta mucho más larga que rodeaba el cabo de Buena Esperanza y cruzaba el océano Índico. Este cambio de planes supuso 10.000 millas marítimas adicionales que atravesar, algo que habría puesto a prueba la paciencia y los nervios incluso de la tripulación más leal.

William Bligh Portrait
Retrato de William Bligh John Condé (Public Domain)

El Bounty llevaba demasiados tripulantes para estar cómodos, pero el almirantazgo no había considerado oportuno incluir entre ellos a ningún marine armado, algo que la mayoria de capitanes consideraba imprescindible para mantener la disciplina a bordo. Incluso el respetado capitán Cook nunca viajo al Pacifico con menos de 12 marines armados.

Eliminar publicidad
Publicidad

Bligh trató de aliviar las incomodidades de la vida a bordo del abarrotado barco pasando de un sistema tradicional de dos guardias diarias a uno de tres, lo que permitía a cada hombre disfrutar de ocho horas de descanso ininterrumpido. Por otro lado, su insistencia en realizar una inspección dominical rutinaria de todos los hombres, en la que comprobaba incluso la limpieza de las uñas, fue quizá menos bien recibida. Sin embargo, una vez más, esta estrategia para evitar enfermedades no era única; en una ocasión Cook le había retirado la ración de grog a un marinero al encontrarlo con las manos sucias. Bligh también insistía en sesiones regulares de baile. El comandante consideraba que era la mejor manera de mantener a los hombres en forma, pero la mayoría de la tripulación odiaba estas sesiones. Puede que su obsesión por la salud y el estado físico se debiera a su descubrimiento de que el médico del barco era un borracho que poco podía ayudar. En general, el Bounty no tenía una tripulación más infeliz que la de cualquier otro barco. Quizá sea significativo que Bligh anotara en su diario que solo en dos ocasiones durante el viaje de ida había sido necesario imponer castigos: azotes a dos hombres, uno por insubordinación y el otro por negligencia en el cumplimiento de sus obligaciones.

En el cabo se produjo un incidente en el que se vio involucrado el carpintero del barco, quien consideraba que Bligh estaba buscando defectos donde no los había. Hubo un altercado entre ellos y Bligh tenía todo el derecho a someter al carpintero a un consejo de guerra. Sin embargo, el capitán necesitaba las habilidades únicas de este hombre, y encarcelarlo en ese momento solo significaría que no trabajaría hasta el regreso a Inglaterra, posiblemente tras más de un año, así que decidió ser indulgente. Quizás fue en ese momento cuando algunos de los tripulantes vieron por primera vez una debilidad en su comandante.

Tahiti, 1776
Tahití, 1776 William Hodges (Public Domain)

Los encantos de Tahití

Tras 10 meses de viaje, el Bounty llego a Tahití con la tradicional calurosa bienvenida de los isleños a barcos de la armada: baile, comida y guirnaldas de flores. Bligh descubrió enseguida que el árbol del pan tenía estaciones, y tendría que esperar 5 meses para poder recoger especímenes. También estaba la cuestión del clima. Necesitaba que comenzara el monzón del este, y para eso aún faltaban cinco meses. Sin duda, la tripulación del Bounty se alegró ante la perspectiva de una estancia prolongada en un paraíso tropical donde la comida abundaba y los encantos de sus mujeres se podían conseguir a cambio de baratijas. Tampoco había mucho que hacer, salvo quizá soportar el doloroso ritual de hacerse un tatuaje polinesio. Muchos de los hombres se acostumbraron a una vida de comodidades junto a una mujer tahitiana y empezaron a preguntarse por qué querrían marcharse alguna vez de aquella isla exuberante y acogedora. Sería otro largo viaje a las Indias Occidentales y luego a través del Atlántico solo para regresar a la miserable, fría y gris Inglaterra; debió de parecerles una alternativa poco atractiva a quedarse donde estaban. Las 23 semanas de estancia pasaron volando, y la única queja real de los hombres era la norma habitual de que bajo ningún concepto podían comerciar con la población local (cuyo apetito por los materiales esenciales para el funcionamiento de un barco era insaciable).

Eliminar publicidad
Publicidad
Sin duda, la vida tranquila en Tahití había minado el entusiasmo de los hombres por su trabajo, y la disciplina se estaba deteriorando.

El poder del Almirantazgo británico era bien conocido y, con razón, temido. Dado que el Imperio británico se había construido sobre su armada, un motín simplemente no podía tolerarse, independientemente del lugar en que se produjera. Los amotinados no podían esperar sobrevivir mucho tiempo porque los buques de guerra los perseguirían por los siete mares. El castigo por un motín violento era la muerte en la horca. La única posibilidad de escapar de tal castigo, y era una posibilidad infima, era encontrar una isla remota lejos de las rutas de navegación habituales. Fue esta idea la que probablemente llevó a Fletcher Christian a pensar en lo que podría ser si separaban a Bligh del mandato del Bounty.

Otros tres hombres ya habían tomado medidas drásticas al robar el bote auxiliar. La deserción no era infrecuente; Cook las había sufrido en sus tres expediciones a los Mares del Sur. Los tres desertores del Bounty fueron capturados y todos fueron flagelados. El castigo común por deserción en la armada era al menos 100 latigazos. Una vez mas, Bligh se mostró indulgente. Estos desertores solo recibieron 24 o 48 latigazos cada uno. Este no fue el único indicio de falta de disciplina y negligencia en el cumplimiento del deber: habían dejado que el cronómetro del barco se detuviera, habían perdido un timón y una brújula, y habían dejado que las velas almacenadas se pudrieran. Se produjeron disputas sobre cuáles eran exactamente las órdenes dadas a los grupos que habían bajado a tierra y por qué no se habían cumplido. Sin duda, la vida fácil en Tahití había minado el entusiasmo de los hombres por su trabajo, y la disciplina se estaba deteriorando. El propio Bligh anotó en su diario: «Tengo a mi alrededor a un grupo tan negligente que creo que solo un castigo merecido puede modificar su conducta» (Alexander, 123).

Breadfruit Plant
La planta del árbol del pan Hans Hillewaert (CC BY-SA)

El motín del Bounty

El Bounty, cargado de plantas de fruta del pan, zarpó finalmente de Tahití durante la primera semana de abril de 1789. El barco se topó inmediatamente con tormentas y se produjo un altercado entre Bligh y Christian a causa del descuido de este ultimo respecto a las velas del barco. Se cuenta que Christian le dijo a su comandante: «Señor, su abuso es tan grave que no puedo cumplir con mi deber con ningun placer. Llevo semanas en un infierno con usted». El Bounty hizo una breve parada en las islas Amistosas (Tonga) y allí Bligh y Christian volvieron a discutir por un incidente en el que el grupo de trabajo de este último había fraternizado con los locales cuando Bligh lo había prohibido expresamente. Bligh temía la pérdida de equipo valioso y tuvo razón, pues un hacha y una azuela desaparecieron el primer día, y un gancho el segundo. Estas herramientas eran muy codiciadas por los isleños, para quienes el concepto de propiedad privada resultaba difuso. No esta claro qué sucedió en estos incidentes, pero el resultado es que Bligh acusó a Christian de ser «un cobarde sinvergüenza».

Eliminar publicidad
Publicidad

El Bounty zarpó de nuevo con rumbo al sur de Tofua, otra isla del archipielago de Tonga. Fue entonces, tras semanas de tensiones entre la tripulacion y los oficiales, cuando Bligh estalló por la desaparición de unos cocos. Tras interrogar a cada uno de sus oficiales, Bligh sospechó que Christian era el ladrón. Christian negó la acusación, pero Bligh lo tildó públicamente de sinvergüenza, canalla, ladrón. El diario y el cuaderno de bitácora de Bligh no recogen este incidente, pero se sabe que, después, Bligh invitó a Christian a su mesa, como de costumbre, pero este rechazo la invitación. Es posible que el segundo oficial estuviera preocupado por las continuas amenazas de latigazos de Bligh. Pero dado que Christian era, en la practica, el «teniente en funciones» del Bounty y, por tanto, un oficial, no lo podía castigar con latigazos según las normas de la Marina Real. Por otro lado, técnicamente seguía siendo solo el segundo oficial, por lo que podía sufrir un castigo físico. Quizá fuera el miedo a la humillación que supondría un azotamiento lo que llevó a Christian a decidir tomar el mando del barco. Sin duda, Bligh era conocido por su temperamento explosivo y por recurrir a las amenazas y al lenguaje soez. Es muy posible que Bligh amenazara a Christian con azotarlo en el calor de una discusión, aunque sus palabras fueran más duras que sus actos, y probablemente no habría azotado a un hombre de la posición de Christian.

El 28 de abril, 23 días después de que el Bounty zarpase de Tahití, Christian y sus 18 seguidores pasaron a la acción. Despertaron a Bligh de su litera justo antes del amanecer y lo llevaron a cubierta a punta de cuchillo. Dos de los tripulantes no sabían de qué lado ponerse. 22 hombres decidieron que unirse al motín era un riesgo demasiado grande y se mantuvieron leales a Bligh. Cuatro de los que no se amotinaron tuvieron que quedarse en el Bounty, pero al resto los metieron junto con Bligh en el bote auxiliar y los dejaron a la deriva. Los amotinados del Bounty se deshicieron de las 1.000 plantas del árbol del pan y regresaron a Tahití para reunirse con sus «esposas», muchas de las cuales estaban embarazadas. Esta fue la verdadera razón, según declararía Bligh más tarde, del motín. La expedición de la Marina Real para recoger y transportar las plantas del árbol del pan había terminado, pero dos aventuras nuevas y completamente distintas estaban a punto de comenzar.

De vuelta en el paraíso tropical, los amotinados disfrutaron otra vez de la hospitalidad tahitiana, pero pronto se dieron cuenta de que tarde o temprano un barco de la Marina británica llegaría a su costa y empezaría a hacer preguntas incómodas. Los amotinados tenían que irse.

¿Te gusta la historia?

¡Suscríbete a nuestro boletín electrónico semanal gratuito!

Mutiny on HMS Bounty
El motín del HMS Bounty National Maritime Museum, Greenwich, London (Public Domain)

El viaje épico de Bligh

Mientras tanto, Bligh avanzaba a buen ritmo a pesar de navegar en una embarcación de apenas 7 m (23 pies) de eslora. Con una brújula magnética, un sextante, un cuadrante y unos cuantos almanaques náuticos, Bligh, un experto navegante, tenía todo lo necesario para navegar hacia donde quisiera. Mientras que el bote se dirigía al oeste, el problema real era la escasez de alimentos y agua que, bajo condiciones normales, no duraría mas de 5 días. Se instauró un racionamiento severo pero equitativo. Primero llegaron a Tofua, donde consiguieron suministros esenciales. Después pusieron rumbo a Timor, en Indonesia, lo que resultó en un viaje de 47 días. El pequeño bote navegó a través de las islas Fiyi, las Nuevas Hébridas, cruzó el mar del Coral, pasó la punta norte de Australia y llegó al mar de Timor. Finalmente, en Timor, Bligh había conducido a salvo a sus hombres a traves de 3.618 millas maritimas de mar abierto. Tan solo un hombre había muerto, a manos de unos isleños agresivos; no fue a causa del viaje en sí. Fue una hazaña náutica extraordinaria.

Desde Timor, Bligh volvió a Inglaterra en marzo de 1790 para informar detalladamente del motín. En octubre de ese mismo año, la investigación oficial de la Marina sobre la pérdida del Bounty no encontró ninguna razón que justificara el motín. Bligh fue absuelto de toda culpa. Poco después, el Almirantazgo lo ascendió a capitán de navío. Mientras la prensa ensalzaba a Bligh por haber protagonizado una de las historias de supervivencia más extraordinarias de la historia, la persecución de los amotinados comenzó. A la fragata Pandora, de 23 cañones, se le encomendó la misión de llevar ante la justicia a los fugitivos del Bounty.

La búsqueda

Christian y ocho de los amotinados, junto con varios hombres y mujeres de Tahití, partieron de Tahití embarcándose hacia una isla remota. Los amotinados llegaron a las islas Pitcairn en enero de 1790, un lugar tan apartado como podían desear, bien provisto de comida y agua potable y, lo mejor de todo, mal indicado en los mapas náuticos. Pitcairn estaba a 1.300 millas de Tahití y no se había descubierto hasta 1767, de la mano de Robert Pitcairn. Había una gran posibilidad de que nunca encontrasen a los amotinados, incluso si alguien estaba buscando la isla. Los amotinados se llevaron todo lo que pudieron de utilidad y luego quemaron el Bounty. Un barco en la bahía podría delatarlos y, al no haber posibilidad de llegar a ninguna otra isla, ningún amotinado que echara de menos su hogar podría escapar de Pitcairn y ser descubierto por los barcos de la Marina Real británica que patrullaban la zona.

Eliminar publicidad
Publicidad

Mutiny on the Bounty Postage Stamps
El motín del Bounty en sellos Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

En marzo de 1791, el Pandora llegó a Tahití. Los cuatro hombres que no habían querido unirse al motín, pero se habían visto obligados a partir con el Bounty, se presentaron ante el capitán del Pandora. Bligh ya había identificado a estos hombres como inocentes cuando regresó a Inglaterra. Desafortunadamente, los cuatro fueron encarcelados como si se hubieran unido al motín. De los 18 amotinados reales que decidieron quedarse en Tahití cuando Christian partió para Pitcairn, solo quedaban 16, puesto que dos de los hombres habían muerto en disputas violentas. Estos amotinados fueron encontrados y encarcelados. El Pandora pasó los tres meses siguientes rastreando otras islas del Pacífico, pero no encontró rastro alguno del grupo de Christian. Mientras se dirigía al oeste, el barco naufragó en un arrecife en la costa norte de Australia. Entre los ahogados se encontraban cuatro amotinados del Bounty. Del resto de los amotinados, seis serían declarados culpables por un tribunal del Almirantazgo en Londres. Tres más fueron indultados posteriormente, mientras que los otros tres fueron ahorcados en los mástiles de un buque de guerra en el río Támesis.

Mientras se desarrollaban estos acontecimientos, Bligh había vuelto a ponerse al mando de un barco, encargado una vez más de llevar plantas del árbol del pan desde Tahití a las Indias Occidentales. Este viaje fue un éxito, pero, curiosamente, cuando las delicadas plantas llegaron por fin a su destino, los esclavos de allí se negaron a comer el fruto. Bligh comandó entonces varios barcos más en tiempos de guerra y de paz, alcanzó el rango de vicealmirante y acabó finalmente en tierra firme como gobernador de Nueva Gales del Sur. Una especie de motín siguió a Bligh hasta Australia, ya que fue derrocado en 1808 por un golpe perpetrado por el «Cuerpo del ron», el grupo monopolista interesado en su propio beneficio cuya insistencia en el comercio ilícito de ron asoló la colonia penal en sus primeros años. Bligh murió en Londres en 1817 a los 64 años al desmayarse en la calle. irónicamente de camino al médico.

Pitcairn

Dado que las diminutas islas de Pitcairn solo tienen una superficie de 4,5 km² (1,7 millas cuadradas), resultó ser un lugar difícil de localizar, pero finalmente se encontró. John Adams fue el último superviviente y reveló lo que les había ocurrido a sus compañeros amotinados del Bounty cuando un ballenero estadounidense llegó en 1808. El capitán Folger del Topaz solo había descubierto Pitcairn por casualidad, ya que en las cartas náuticas aún figuraba a 290 km (180 millas) de donde realmente se encontraba. Además de Adams, había 34 personas viviendo en la isla, todas ellas mujeres y niños. No había ningún otro hombre. Adams contó cómo cada amotinado había construido su propia casa y cultivado la fértil tierra. La isla abundaba en cocoteros, aves silvestres y peces. Incluso había árboles del pan. Al grupo de colonos le había ido bien durante los primeros años, pero Adams informó de que una noche los tahitianos, tratados como sirvientes por los amotinados, se habían rebelado y habían matado a todos los amotinados excepto a él mismo. En una versión posterior (y hubo varias), Adams afirmó que Christian fue abatido a tiros por un tahitiano debido a su cruel gobierno en la isla. A Fletcher Christian le sobrevivió su hijo, Thursday October Christian. Con el tiempo, todos los hombres tahitianos murieron de enfermedad o fueron asesinados en venganza por las viudas de los amotinados, o se mataron entre ellos. La narrativa en constante cambio, al igual que la historia del motín, difuminaba la verdad con la ficción dependiendo de quién contara la historia. Había rumores de que Fletcher había regresado a Inglaterra, con su pasaje en un barco ballenero pagado con monedas de oro del Bounty, oro que nunca se ha encontrado entre las posesiones de los isleños, para quienes habría sido inútil.

A pesar de no estar bien señalizada en las cartas náuticas, un par de barcos llegaron a Pitcairn en 1814. Los dos capitanes hicieron un tour del asentamiento y les enseñaron la biblioteca de Adams, que había sido anteriormente de William Bligh y que tenia su nombre en la primera página de todos sus libros. En un curioso caso de imperialismo editorial, Fletcher Christian había escrito su nombre debajo del de Bligh en todos ellos. Parece que el destino de ambos nunca se separaría. John Adams murió en 1829 a los 66 años más o menos, y el asentamiento de Pitcairn lleva su nombre: Adamstown. Los descendientes de los amotinados todavía viven en Pitcairn, aunque hoy en día las islas tienen menos de 50 habitantes.

Eliminar publicidad
Publicidad

Eliminar publicidad
Publicidad

Bibliografía

World History Encyclopedia está asociada a Amazon y recibe una comisión por las compras de libros que cumplan los requisitos.

Sobre el traductor

Sobre el autor

Cita este trabajo

Estilo APA

Cartwright, M. (2026, mayo 29). Motín del Bounty: Los marineros seducidos por los Mares del Sur. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2786/motin-del-bounty/

Estilo Chicago

Cartwright, Mark. "Motín del Bounty: Los marineros seducidos por los Mares del Sur." Traducido por Ruth Baranda. World History Encyclopedia, mayo 29, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2786/motin-del-bounty/.

Estilo MLA

Cartwright, Mark. "Motín del Bounty: Los marineros seducidos por los Mares del Sur." Traducido por Ruth Baranda. World History Encyclopedia, 29 may 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2786/motin-del-bounty/.

Apóyanos Eliminar publicidad