Recorriendo arrecifes tropicales o patrullando las aguas del Ártico, el Calypso se hizo famoso en todo el mundo como el barco de investigación del explorador acuático francés Jacques-Yves Cousteau. Este barco, que millones de personas vieron en documentales emitidos en todo el planeta, ayudó a Cousteau y a su equipo a enseñarle al mundo las maravillas submarinas nunca vistas y a crear conciencia sobre los problemas medioambientales.
El Calypso, que en aquel momento se conocía simplemente como BYMS-26, se botó en Seattle, Washington, en 1942. Bajo la designación J-826 sirvió admirablemente como dragaminas de la Marina Real británica durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la guerra, el barco vivió un periodo poco glamuroso como ferry de coches y pasajeros entre Malta y Gozo. Al menos recibió un nombre nuevo: Calypso, en honor a la figura de la mitología griega que mantuvo cautivado durante siete años a Odiseo, el héroe naufragado, con vagas promesas de inmortalidad.
Cousteau, que en aquel entonces servía en la Marina francesa, ya se había hecho famoso como coinventor del Aqua-Lung o pulmón acuático y como explorador submarino, pero para 1950 quería llevar las maravillas del mar al salón de estar de la gente. Y para lograrlo, necesitaría un barco. La Marina se negó a ofrecerle uno y Cousteau no podía recaudar los fondos para comprarlo. Y entonces sucedió un milagro. Tras encontrarse con Cousteau tan solo un par de veces, Loël Guinness, miembro de la rica familia cervecera, decidió ayudarlo. Guinness le dijo a Cousteau que encontrase un barco adecuado y que él pondría el dinero para pagarlo. Cousteau visitó Malta y eligió el Calypso, pero no tenía ni idea de cómo podría devolver el préstamo. Al final, no tuvo que hacerlo. Guinness le alquiló generosamente el barco a Cousteau por una sola libra al año. Esta fantástica oferta tenía dos condiciones: Cousteau no podía hablarle a nadie del trato, excepto a su esposa, y nunca podría volver a pedirle dinero.
Cousteau recibió un permiso de tres años de la Marina y fue con el Calypso a Antibes, en el sur de Francia, para convertirlo en un instituto oceanográfico flotante de última generación, con radar, sónar, laboratorios para estudiar la vida marina, un taller de máquinas para reparar equipos, una habitación congelador para almacenar especímenes y su propio estudio fotográfico. Esta renovación también costó bastante dinero, que Cousteau tampoco tenía. Se vio obligado a hipotecar la casa, vender las joyas de su mujer y, como muchos otros exploradores terrestres antes que él, pedirle dinero a gente rica. Consiguió donaciones generosas y también contaba con la esperanza de regalías futuras de los documentales y los libros sobre expediciones que planeaba hacer. Fue lo suficientemente astuto como para darse cuenta de que el cine y la ciencia podían ser una combinación perfecta si se presentaban de la manera adecuada. Esta idea revolucionaría tanto la ciencia exploratoria como las horas de mayor audiencia de la televisión.
El casco del Calypso era relativamente pequeño con 42 m (139 pies) de eslora; estaba hecho de madera de cedro, dura y prácticamente a prueba de putrefacción, y podía surcar las aguas que iban desde los trópicos del océano Índico hasta las aguas congeladas del Antártico o el imponente río Amazonas. Se manejaba de manera magnífica y tenía un calado poco profundo, con lo que podía ir casi a cualquier sitio. Otra ventaja era la cubierta de popa baja con la que contaba, que era ideal para usarla como plataforma de buceo. Cousteau incluso hizo un agujero cuadrado en el casco del barco para que los submarinistas pudieran descender directamente al agua con una escalera cuando había mal tiempo.
Este viejo barco resistente podía acoger una tripulación de 30 miembros y estaba equipado con un helicóptero y una plataforma de aterrizaje. Había una grúa que podía descender suavemente un sumergible al mar, al que Cousteau llamaba su «platillo buceador». Hasta se podía lanzar un globo aerostático para conseguir mejores fotografías aéreas. Aparte de sus laboratorios y su equipo de alta tecnología, puede que la adaptación más impresionante del Calypso para su papel como investigador de los siete mares fuese una sección de proa falsa con una cámara de observación submarina, donde un operador podía tumbarse en un colchón y filmar tomas únicas de la vida marina con la que se cruzaba. Por último, pintaron una nueva insignia en la chimenea del barco, una ninfa marina verde y blanca y un delfín con la palabra «Calypso» debajo.
El Calypso zarpó en 1951 a la exploración de los océanos del mundo y le serviría bien a Cousteau durante más de 40 años. El investigador francés realizó una larga serie de películas y documentales de televisión en las décadas de los 60, los 70 y los 80 que cautivaron a los espectadores de todo el mundo. Una de las estrellas de documentales como El mundo del silencio (que ganó un Oscar) o El mundo submarino de Jacques Cousteau era el Calypso, que a menudo tenía una gran presencia en los créditos del principio y a lo largo de los programas. Los espectadores pudieron ver los aparatos más modernos del barco, pero también se dieron cuenta de que era un refugio seguro muy apreciado por los buceadores tras pasar largas horas bajo el mar. El barco era un lugar de camaradería, especialmente en el comedor donde el «capitán» Cousteau dominaba. Todos los 22 buceadores se apretujaban en torno a la mesa de la cantina, comían sopa de pescado, discutían las tareas del día y estudiaban los gráficos sujetos con botellas de vino (el Calypso contaba con su propia bodega). Realmente Cousteau había construido un hogar acogedor mientras vivía una vida de explorador permanente con su esposa a bordo (aunque rara vez salía en cámara) y dos hijos pequeños, registrados como grumetes. Para trabajar en el Calypso hacía falta una dedicación especial. Tal y como dijo Cousteau en una ocasión:
No puedo evitar pensar que los hombres del Calypso se parecen, en muchos sentidos, a los del Nautilus de Julio Verne; hombres heridos por la vida en tierra y que desde entonces han puesto su confianza en la mar.
El Calypso hizo posible que el equipo de científicos y buceadores de Cousteau descubriera nuevas especies, grabara por primera vez a los habitantes de las profundidades, recuperara artefactos de naufragios antiguos y educara al mundo sobre lo que ocurría realmente bajo la superficie. Los programas llenos de acción de Cousteau cambiaron radicalmente la manera en que los programas de ciencias presentaban el mundo natural, y fue uno de los primeros en advertir de que el delicado equilibrio de la vida oceánica estaba amenazado por problemas medioambientales que iban desde la pesca de arrastre intensiva hasta la contaminación por petróleo. Para mediados de los 70, el Calypso se había convertido en uno de los barcos más famosos del mundo. El cantante de country John Denver llegó incluso a escribir una canción sobre el barco, Calypso, que llegó al número 2 en las listas de Estados Unidos.
El recorrido del Calypso encontró un final ignominioso cuando, en enero de 1996, se chocó contra una barcaza en Singapur. Sufrió daños graves y el barco venerable se hundió, pero por suerte se quedó a tan solo unos pocos metros bajo la superficie. Lo sacaron del barro y lo llevaron de vuelta a Francia, y allí se quedó en el limbo. Cousteau, que siempre buscaba lo mejor de lo mejor, estaba pensando en construir un barco totalmente nuevo, el Calypso II. Sin embargo, el investigador murió en 1997 y con él cualquier esperanza de resucitar el Calypso. En 2007, todavía en dique seco en Bretaña, el barco que ahora se oxidaba en silencio y ya no tenía mástil, recibió una oportunidad de salvación. La Fundación Francesa del Patrimonio Marítimo y Fluvial le concedió al buque maltrecho la condición de Bateau d'Interêt Patrimonial (Barco de interés patrimonial). Los trabajos de restauración comenzaron, pero, por desgracia, se han interrumpido indefinidamente por una miríada de reveses técnicos y disputas legales. Parece que el Calypso tendrá que esperar a la llegada de otro Loël Guinness si espera poder recuperar algún día su antigua gloria.
