Perros en la antigua Persia

Joshua J. Mark
por , traducido por Carla Fernández Montero
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Los perros han sido un aspecto fundamental de la condición humana en prácticamente todas las culturas del mundo durante miles de años. Algunas de las mayores civilizaciones del pasado tenían perros como compañeros y para realizar diversas tareas. También presentaban a los perros en su arte y literatura e, incluso, llegaron a ocupar importantes posiciones dentro de la religión. Entre estas civilizaciones se encuentra la persa.

El perro era muy valorado en la antigua Persia, ya que se consideraba parte salvaje, parte humano y parte ser divino, un regalo de los dioses.

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Persian Silver Plaque Depicting Hunting Dogs
Placa de plata persa que representa perros de caza The Trustees of the British Museum (CC BY-NC-SA)

Aunque se sabe poco acerca de las creencias religiosas que tenían los persas antes del surgimiento del zoroastrismo (1500-1000 a.C.), se sabe que el perro desempeñó un papel importante en los rituales religiosos, según lo registrado por los textos zoroástricos. Desde fechas tempranas, los perros eran una parte fundamental de los rituales funerarios y ocupaban un lugar central en la visión del más allá, además de desempeñar funciones importantes en la vida cotidiana de las personas.

Según la creencia zoroástrica, que una persona fuese recompensada o castigada en el más allá dependería de manera directa de la forma en que tratara a los perros.

Los persas tenían perros para su protección, para el pastoreo y para la caza. Sin embargo, los ajuares funerarios y diversas pruebas arqueológicas sugieren que también los tenían como animales de compañía. Esta creencia la respalda la forma en que la sección de el Avesta (escritura zoroástrica), conocida como la Vendidad, enfatiza la importancia de tratar a un perro igual de bien que a un miembro de la propia familia. De hecho, que una persona fuese recompensada o castigada en el más allá dependería de manera directa de la forma en que tratara a los perros, según la creencia zoroástrica.

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El amor de los persas por el perro era tan profundo y conocido por sus vecinos que los árabes musulmanes utilizaron la persecución de los perros como medio para someter a la población durante las invasiones del siglo VII d.C. Como ocurría siempre que un nuevo sistema político-religioso intentaba afirmar su dominio sobre los valores culturales de un pueblo conquistado, el perro se proclamó impuro, en especial el llamado «perro de cuatro ojos» (un perro con un punto sobre cada ojo), el cual los persas habían tenido en la más alta consideración.

Aunque se dice que el profeta Mahoma revirtió su decisión de matar a todos los perros y permitió que los musulmanes mantuviesen algunos en concreto, continuó la persecución de todos aquellos que no fuesen guardianes, de caza o de pastoreo. En la actualidad, el Gobierno iraní continúa con las políticas contra los perros y sus dueños (aunque las prohibiciones más severas se han suavizado) y muchos persas modernos y grupos animalistas continúan trabajando para devolverle al perro su antiguo estatus en el país.

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Domesticación y razas

Cuándo y dónde se domesticó el perro por primera vez todavía sigue en debate, pero las pruebas (como, por ejemplo, perros enterrados en tumbas con personas) sugieren que estos ya se domesticaron en el Cercano Oriente en el 12.000 a.C. Sin embargo, según el académico Frank Hole, la confirmación de una domesticación completa data solo del 5.500 a.C., conforme a las pruebas osteológicas (el estudio de los huesos) que muestran el desgaste y las lesiones consistentes con los roles domésticos. Alrededor del 5500 a.C., los perros eran lo suficientemente importantes para la gente como para merecer una representación en cerámica, como señala Hole:

Hace unos 8.000 años, en una época en la que las imágenes naturalistas eran raras en la cerámica, se pintaban perros en embarcaciones de Tepe Sabz (en Deh Luran) y Chogha Mish (en Juzistán), dos pequeñas aldeas agrícolas en el suroeste de Irán. (175-176)

Estas primeras imágenes parecen de la raza saluki (también conocida como el galgo persa o sabueso gacela). Este motivo se repetiría más tarde y a una escala mucho mayor en la ciudad de Susa (fundada en el 4395 a. C.), como Hole también menciona:

Tras la representación de perros en los primeros cuencos de Tepe Sabz y Chogha Mish, hubo una sucesión de estilos cerámicos regionales durante los siguientes 1.500 años, los cuales culminaron en el estilo Susa-A. (176)

Las imágenes de los perros estaban pintadas dentro de los cuencos, lo que sugiere que estas cerámicas se utilizaban para decoración, no para uso diario. Hole observa cómo la delicadeza de las imágenes sugiere que se hicieron para ser admiradas, no cubiertas de comida. Como ya dijimos, el saluki es la raza más representada, pero se sabe que los persas conservaron otras razas, entre ellas:

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  • Sabuesos afganos
  • Alabai (el pastor de Asia Central)
  • Mastín persa sarabi
  • Perro pshdar (mastín kurdo)

El historiador romano Claudio Eliano (más conocido como Eliano, 175 - 235 d.C.), cuya obra De Natura Animalium (Historia de los animales) dedica un espacio significativo a los perros, afirma que los persas tuvieron cuatro tipos principales: elimeos, hircanios, carmanios y medianos, que se corresponden, más o menos, con las razas mencionadas anteriormente. Eliano toma estas observaciones de la obra anterior de Plinio el Viejo (23-79 d.C.), quien también menciona perros notables en la historia persa y griega y la devoción que mostraban con frecuencia a sus maestros.

Perros en mitos y leyendas

La lealtad del perro y su papel como protector y guardián aparece bastante en los mitos sobre su origen. La colección de tradiciones zoroástricas conocida como Bundahisn afirma que todos los animales se crearon a partir del semen purificado de Gavaevodata (normalmente llamado el Toro Primordial), cuya muerte les da vida. El perro se creó para proteger a los seres humanos y el Bundahisn (13.18) enumera diez tipos con solo tres: el perro pastor, el perro guardián y el perro de rebaño, considerados perros de verdad.

Sassanian-style Plate with Simurgh
Plato de estilo sasánida con la imagen de Simurgh akhenatenator (Public Domain)

El perro también se asocia con la criatura mitológica Simurgh, el gran y benevolente pájaro de la sabiduría, que se representa como un pavo real con cabeza de perro y garras de león, y a menudo se le conoce como el «pájaro perro». Se dice que el Simurgh adquirió su sabiduría de siglos a través de una larga vida de 1.700 años (según algunas versiones del mito), tras lo cual muere en llamas y renace como el Fénix. El Simurgh es un protector y ayudante, famoso por asistir en el nacimiento del héroe persa Rustum. La lealtad que Simurgh muestra a aquellos por lo que siente apego refleja la devoción del perro, al igual que sus aspectos protectores.

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Esta cualidad central (de protector) es el foco principal de las versiones islámicas sobre la creación del perro y su propósito, todas escritas después del siglo VII. En una de ellas, después de que Adán y Eva sean expulsados del Jardín, Iblis (Satanás) anima a los animales salvajes a atacarlos y matarlos. Iblis despierta a las bestias con tanta pasión que hasta suelta escupitajos. Entonces, Alá transforma esa saliva en perros (un macho y una hembra) y coloca al macho como protector de Adán y a la hembra para proteger a Eva. Se enfatiza el papel central del perro como protector, pero el mito también sirve para explicar la enemistad entre el perro y los animales salvajes, especialmente el lobo.

Los perros en la religión

Una historia relacionada, también de la literatura posterior a la conquista, cuenta que Alá le envía a Adán un bastón mágico para que se proteja contra Iblis y los animales salvajes. Adán, que no entiende el papel del perro, lo golpea con el bastón. Entonces, Allah corrige su error y le ordena acariciarlo. A medida que lo hace, el perro se va domesticando y, desde ese momento, sirve como amigo y protector de Adán. Este tema, sin duda, fue sugerido por la naturaleza del perro y el uso frecuente de los humanos, pero el perro como protector tiene una larga historia en el sistema de creencias religiosas persa, donde el tratamiento del perro jugaba un papel crítico en la calidad de la vida después de la muerte.

La importancia de los perros se define en la Vendidad, donde se describen como benevolentes, limpios, protectores y dignos de respeto y protección humana. Un aspecto importante del ritual funerario persa era el sagdid («mirada del perro») en el que se llevaba un perro, a poder ser, uno con «cuatro ojos» (una marca sobre cada ojo), a la habitación donde se encontraba el recién fallecido. El propósito era doble: el perro podría decir si la persona estaba muerta de verdad (y, así, los rituales funerarios podrían continuar) y ahuyentaría a cualquier espíritu maligno que rondase el cuerpo.

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Sassanian Dish with Simurgh
Plato sasánida con Simurgh Frans Vandewalle (CC BY-NC-SA)

El sagdid se promulgaba tres veces antes de que los rituales pudieran continuar, pero, si el perro parecía reticente alguna de las veces, el rito se repetía seis veces más. Si el perro mostraba alguna duda al entrar en la habitación alguna de estas veces, se le llevaba otras nueve veces más. Supuestamente, el perro estaba reaccionando a la presencia de espíritus malignos muy poderosos y necesitaba más tiempo para que sus energías como guardián y protector hicieran efecto. El sagdid solo concluía cuando el perro entraba en la presencia del cadáver de manera voluntaria y sin retroceder. Entonces, se podía continuar con el resto de rituales.

Se creía que el alma del perro era un tercio de animal salvaje, un tercio de humano y un tercio de ser divino.

Después de la muerte, el alma viajaba al puente Cinvat, el cual atravesaba el abismo entre el mundo de los vivos y las tierras de los muertos. Dos perros custodiaban el puente y, cuando alguien fuese a cruzarlo, le darían la bienvenida a los justos, pero no a los condenados. El puente se ensancharía para las almas virtuosas y se estrecharía para aquellos que habían llevado vidas malvadas.

Las almas justas continuarían hacia el paraíso de la Casa de la Canción; las almas malvadas serían arrojadas al infierno de la Casa de las Mentiras, donde las atormentarían y experimentarían una soledad devastadora. No importaba cuántas otras almas hubiera a su alrededor, siempre se sentirían solas.

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Un determinante clave a la hora de decidir a dónde iba el alma era cómo habían tratado a los perros durante su vida. Se suponía que las personas debían cuidar a los perros igual que a los miembros de su propia familia y, del mismo modo que uno no lastimaría ni mataría intencionalmente a un ser querido, tampoco debería hacérselo a un perro. Uno solo quiere lo mejor para su familia, así que lo mismo debería ser para el animal. Se creía que el alma del perro era un tercio de animal salvaje, un tercio de humano y un tercio de ser divino, por lo que exigía el mismo nivel de respeto que uno mostraría a estos tres tipos de energías.

Los perros en la vida cotidiana

Se debían cuidar las perras embarazadas, incluso las callejeras, y buscarles un buen hogar a sus cachorros. Vendidad 13 deja claro que se golpeará a cualquier persona que hiera de forma intencionada a un perro. También que a los perros se les debe servir la misma comida de calidad que se le ofrecería al dueño de la casa. Darle a un perro comida demasiado dura que pudiera dañar sus dientes se consideraba una ofensa tan grave como lastimarlos intencionadamente. Además, los alimentos no debían estar ni demasiado calientes ni demasiado fríos. Estaba estipulado que se debían guardar tres bocados de la propia comida diaria como regalo para el perro, como añadido al resto de alimentos que hubiese comido durante el día.

Se debía cuidar a los perros enfermos con la misma diligencia que a los sanos y productivos. Un perro rabioso debía calmarse y curarlo de su locura. A uno que hubiese perdido su sentido del olfato, se le guiaría con un collar y correa, para que no se desviara del camino ni sufriera daños, al ser incapaz de detectar depredadores u otros peligros. Vendidad 13.6.39 establece que las personas deben cuidar a los perros heridos, no solo porque es lo correcto, sino también como agradecimiento por todo lo que el perro ha hecho por ellos. El pasaje cita a la deidad suprema Ahura Mazda, que afirma:

He hecho al perro fuerte contra el malhechor y sano y vigilante sobre tus bienes. Y cualquiera que se despierte con su voz, ni el ladrón ni el lobo llevarán nada de su casa sin que él sea advertido; al lobo lo hará pedazos; se va, se derrite como la nieve. (13.6.39-40)

El perro era un regalo de Ahura Mazda para los seres humanos, por lo que la deidad esperaba que lo cuidasen bien. Se creía que insultar a un perro traía una reprimenda divina, puesto que la persona se posicionaba por encima del perro sin ninguna buena razón. Pues los perros no insultaban a los humanos y, a pesar de todo el bien que proporcionaban, seguían siendo humildes. Uno de los castigos por herir a un perro a propósito era ser golpeado y recibir hasta «setenta rayas». Si alguien lastimaba accidentalmente al perro guardián, perro de rebaño o perro de caza de otra persona, tendría que pagar por el tratamiento. Además, tendrían que compensar al propietario si el perro no podía realizar sus tareas debido a la lesión.

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Simurgh
Simurgh Silber_Mel (CC BY-SA)

El perro de caza, el perro guardián y el perro pastor son los que se mencionan con mayor frecuencia y parecen haber sido los saluki y afganos (cazadores), pshdar y mastín sarabi (guardianes) y alabai (perros pastores, aunque también guardianes). Estos perros ayudaban a conseguir comida para sus amos, protegían esa comida y el hogar de las amenazas y vigilaban los rebaños de sus amos en los campos. Además, el perro protegía al dueño y demás miembros de la familia. Era sinónimo de salud y curación, lo que hacía que fuera un aspecto de vital importancia en la vida cotidiana de los persas, aunque no tuviese un papel tan destacado en los rituales funerarios y en la visión de la vida después de la muerte.

Conclusión

Después de la conquista árabe musulmana del siglo VII, los perros fueron declarados impuros (a pesar de que se mencionan de forma positiva en el Corán), en un intento por denigrar un importante elemento de la cultura persa. Se cree que esta declaración fue por motivos políticos, para agrandar a los conquistadores a expensas de los conquistados, sin tener nada que ver, en realidad, con la creencia religiosa. De hecho, uno de los pasajes más famosos del Corán representa al perro como el fiel protector de los Siete Durmientes de la Cueva, quienes entienden correctamente la verdad de la revelación divina (Sura 18:9-26). En otros pasajes y lugares, se los presenta de manera similar.

Se dice que, originalmente, Mahoma pidió un sacrificio masivo de perros, pero, luego, suavizó su postura tras reflexionar sobre sus aspectos beneficiosos. Entonces, limitó la pena de muerte solo a los perros negros (asociados con el mal) y a aquellos con «cuatro ojos». El perro de cuatro ojos, como ya se ha mencionado, era uno de los más importantes en la visión persa de la vida después de la muerte, así como en el ritual del sagdid. Por tanto, todo esto fue un claro intento de socavar la cultura persa y reemplazarla con la visión de los conquistadores.

Con el tiempo, los árabes musulmanes adoptaron los valores persas (dinastías enteras, de hecho, serían persas) y el arte, la arquitectura y otros aspectos de la cultura se acabaron asociando con el sistema de creencias musulmán árabe. Este mismo paradigma se aplica al perro, aunque en un grado mucho menor, debido a la obligación religiosa musulmana de orar cinco veces al día y estar limpio para hacerlo. La presencia de un perro, considerado un animal sucio, requeriría que uno se purificara antes de la oración.

Aun así, en la actualidad, musulmanes de todos los países tienen perros. Las prohibiciones del Gobierno contra la propiedad de perros, como las de Irán, ya no son tan duras como en el pasado y permiten tener un perro guardián, un perro pastor y un perro de caza según la decisión de Mahoma. Son los mismos tipos de perro que los propios persas valoraban hace miles de años. Así y todo, el Gobierno iraní inicia cada cierto tiempo medidas contra la presencia de perros en público y sobre la propiedad de estos en general (al parecer, en un esfuerzo por evitar que los iraníes imiten los valores culturales occidentales). De esta forma, ignora la larga herencia cultural del pueblo persa como el mejor amigo del perro.

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Sobre el traductor

Carla Fernández Montero
Carla es una traductora (inglés, español y gallego) especializada en Traducción Audiovisual. Le apasionan los idiomas, el cine y la lectura.

Sobre el autor

Joshua J. Mark
Joshua J. Mark no solo es cofundador de World History Encyclopedia, sino también es el director de Contenidos. Anteriormente fue profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde enseñó historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado extensamente y vivió en Grecia y en Alemania.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, J. J. (2026, marzo 01). Perros en la antigua Persia. (C. F. Montero, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1482/perros-en-la-antigua-persia/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "Perros en la antigua Persia." Traducido por Carla Fernández Montero. World History Encyclopedia, marzo 01, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1482/perros-en-la-antigua-persia/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Perros en la antigua Persia." Traducido por Carla Fernández Montero. World History Encyclopedia, 01 mar 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1482/perros-en-la-antigua-persia/.

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