La guerra del Asiento (1739-1748) fue un conflicto colonial peleado entre Gran Bretaña y España principalmente en el Caribe y frente a las costas de Sudámerica. Buscando proteger sus intereses en las Indias Occidentales, Gran Bretaña provocó una guerra con España, una de sus principales rivales en las colonias, citando el mal trato de un tal capitán Robert Jenkins, quien fue detenido y supuestamente mutilado por los guardias costeros españoles, mientras buscaban su barco para mercancías de contrabando. En 1739, el vicealmirante Edward Vernon zarpó con una flota hacia el Caribe donde ganó algunas victorias antes de su derrota en la batalla de Cartagena de Indias en 1741. Después de esa batalla culminante, la guerra fracasó porque los británicos pronto tuvieron sus manos ocupadas con otros conflictos como la guerra de sucesión austríaca (o guerra de la Pragmática Sanción, 1740-1748) en Europa y la guerra del rey Jorge (1744-1748) en América del Norte.
Contexto
Desde el término de la guerra de la reina Ana (1702-1713), las potencias coloniales europeas en Norteamérica habían disfrutado un período relativo de paz. Esto fue, en gran medida, obra de sir Robert Walpole, principal político británico de la época quien se convirtió en primer ministro en 1721. Walpole y su Gobierno whig (liberal) creían que el Imperio británico iba a prosperar si evitaba guerras, ya fuera en el continente como en el extranjero. Sin el costoso mantenimiento del Ejército, Walpole pudo reducir los impuestos mientras, en simultáneo, trabajaba para pagar la deuda nacional con un fondo de amortización. Aunque muchos celebraron esta política pacifista, los partidarios del partido tory (conservador)se opusieron, quienes temían que una Gran Bretaña no combativa pronto caería ante sus rivales, en particular en las Américas. Los franceses, por ejemplo, estaban extendiendo constantemente su influencia en las Indias Occidentales, enriqueciéndose gracias a las plantaciones de azúcar. Si la intromisión francesa en la región no encontraba oposición, entonces Francia dominaría el lucrativo comercio de las Indias Occidentales, a expensas de los intereses imperialistas británicos. Por estas razones, los tories exigieron una demostración de las fuerzas militares antes de que fuera demasiado tarde.
el imperio español de ultramar ya no era tan poderoso como lo fue alguna vez y los británicos lo consideraban inflado, decadente y listo para ser conquistado.
Pero incluso los Tories más agresivos eran conscientes de que una guerra con Francia podía llevar a una larga y costosa batalla. En cambio, decidieron asegurar su influencia en las Indias Occidentales eligiendo otro objetivo que consideraban más débil: España. Por siglos, los españoles habían dominado el comercio en las Indias Occidentales con una red comercial conectada por cuatro puertos principales: Veracruz, Portobelo, Cartagena de Indias y La Habana. Pero el imperio español de ultramar ya no era tan poderoso como lo fue alguna vez y los británicos lo consideraban inflado, decadente y listo para ser conquistado. La hostilidad de Gran Bretaña hacia España también se vio alimentada por el estereotipo anticatólico y antiespañol de la «leyenda negra», que pintaba a los españoles como crueles y brutos ambiciosos. Por estas razones, los tories clamaban por una guerra con España para asegurar la dominación británica en las Indias Occidentales y para mandar un mensaje a Francia golpeando a su aliado más débil. Los españoles, por su parte, no ignoraban los deseos de los británicos de expandirse y se pasaron ese periodo de paz vigilando con inquietud a la otra potencia colonial. Sus sospechas parecieron confirmarse cuando, en 1732, los británicos fundaron una nueva colonia, Georgia, justo en la frontera de la Florida española, incrementando las tensiones en el continente.
En medio de todas estas tensiones, Gran Bretaña y España continuaron comerciando en las Indias Occidentales. Sin embargo, los puertos españoles a menudo imponían altas tarifas en sus mercancías, lo que llevó a un aumento del contrabando. Los contrabandistas británicos cargaban sus barcos con productos caribeños, en especial azúcar, y se los llevaban a las Trece Colonias donde estos lujos siempre tenían alta demanda. Para acabar con esas prácticas, los guardias costeros españoles a menudo patrullaban el mar caribeño, deteniendo e inspeccionando cualquier barco británico sospechoso de contrabando.
El 9 de abril de 1731, un barco de la guardia costera española detuvo a una embarcación, el Rebecca, que había cargado cantidades de azúcar en Jamaica y ahora se dirigía a Londres. Mientras los marineros españoles registraban el Rebecca, detuvieron a su tripulación, incluido el capitán, Robert Jenkins. Según su propio relato y otras versiones, ataron a Jenkins al mástil del barco con una cuerda alrededor del cuello y lo izaron en el aire tres veces. A continuación, el capitán español le cortó la oreja izquierda con su machete, que luego le arrancó otro marinero español. Tras amenazar con tratar al rey Jorge II de Gran Bretaña (1727-1760) de la misma manera, los españoles abandonaron el Rebecca, regresaron a su barco y zarparon.
El Rebecca continuó su camino hacia Londres, donde Jenkins, al que solo le quedaba una oreja, contó suhistoria a todo aquel que quisiera escucharla. La historia cobró fuerza y se publicó en varios periódicos, entre ellos el Pennsylvania Gazette, editado por el prometedor Benjamin Franklin; sin embargo, el escándalo no estalló por completo hasta 1738. Ese año, Jenkins obtuvo una audiencia con el Consejo Privado e incluso se presentó ante el propio rey Jorge II. Según una versión de los hechos, probablemente falsa, Jenkins le presentó al rey su oreja cortada, conservada en un frasco con salmuera, como prueba del maltrato sufrido. La historia de Jenkins indignó al público británico, ya que parecía confirmar los prejuicios de la «leyenda negra» sobre la crueldad española. Los tories ganaron poder en el parlamento, politizando el incidente para presentar al Gobierno whig de Walpole como débil. En marzo de 1739, el parlamento votó a favor de solicitar formalmente al rey que pidiera una reparación a España en nombre de Jenkins y de otros comerciantes británicos que afirmaban haber sido maltratados de forma similar. Después de que España rechazara las demandas británicas de restitución, Jorge II declaró la guerra el 15 de junio de 1739, una ley que fue ratificada por el Parlamento cuatro meses después.
Poco después de la declaración de la guerra, el 20 de julio de 1739, el vicealmirante británico Edward Vernon zarpó hacia las Indias Occidentales con una flota de buques de guerra de la Marina Real. Llegó a Antigua a principios de octubre y de inmediato se dedicó a perturbar el comercio español en la región. A finales de mes, envió tres barcos al mando del capitán Thomas Waterhouse para atacar el puerto español de La Guaira, en la actual Venezuela, y quemar todos los barcos españoles que se encontraban en el puerto. Consciente de que no podía simplemente abrirse paso a la fuerza hasta el puerto, Waterhouse decidió utilizar el engaño para conseguir entrar y ordenó a sus barcos izar la bandera española. No obstante, los españoles llevaban mucho tiempo esperando un ataque y no se dejaron engañar por la artimaña. Tan pronto como los tres barcos de Waterhouse entraron en el alcance de los cañones del puerto, los españoles abrieron fuego. Los barcos británicos sufrieron graves daños y se vieron obligados a retirarse, regresando a Jamaica para hacer reparaciones. A pesar de este revés, Vernon no se desanimó. El 20 de noviembre, navegó hasta Portobelo (en la actual Panamá) con seis navíos de línea y lo capturó en menos de 24 horas. Los británicos ocuparon Portobelo durante tres semanas, destruyeron sus fortificaciones y se apoderadon de los dos buques de la guardia costera de 20 cañones que se encontraban en su puerto como botín.
La victoria en Portobelo fue alabada en todo el Imperio británico. Se consideró un gran éxitol a captura de un importante puerto español. Vernon fue ascendido a almirante y el Gobierno de Walpole sufrió presiones para proporcionar recursos adicionales para la guerra. En la primavera de 1740, Vernon buscó mantener el ritmo atacando otro de los principales puertos españoles, Cartagena de Indias, en la actual Colombia. De ser capturada, Cartagena sería un botín aún más impresionante que Portobelo. La ciudad estaba fuertemente fortificada y albergaba a más de 10.000 personas. Su puerto estaba considerado por algunos observadores como uno de los mejores del mundo. Era el lugar al que acudían los galeones españoles para cargar grandes cantidades de oro y plata procedentes de las minas del Perú. Por lo tanto, su captura debilitaría en gran medida el control de España sobre el comercio de las Indias Occidentales. El 13 de marzo de 1740, Vernon llegó a las afueras de Cartagena con varios buques de guerra, tres bombarderos, dos barcos incendiarios y múltiples transportes con infantería. Tras pasar unos días reconociendo la posición de la flota española más cercana, Vernon ordenó a sus bombarderos que comenzaran a bombardear la ciudad. Los españoles, que habían instalado una batería costera temporal, respondieron al fuego y lograron impedir el desembarco de los buques de transporte que llevaban a 400 soldados británicos. Vernon, al comprobar que las defensas de la ciudad eran más fuertes de lo previsto, se retiró rápidamente.
A causa de sus planes frustrados por los cañones de Cartagena, Vernon buscó recuperar su poder con otra victoria fácil. El 22 de marzo, atacó la fortaleza de San Lorenzo ubicada en el río Chagres, en Panamá. Sus barcos bombardearon la fortaleza hasta doblegarla, y el almirante británico aceptó la rendición del comandante español dos días después. Al igual que en Portobelo, los británicos dedicaron las siguientes semanas a destruir las fortificaciones de San Lorenzo, confiscando cañones, barcos y cualquier otro objeto de valor militar. Estimulado por este éxito, Vernon regresó a Cartagena de Indias el 3 de mayo, solo para comprobar que los españoles se habían mantenido activos durante su ausencia. Un nuevo virrey, Sebastián de Eslava y Lazaga, había llegado de España junto con cientos de refuerzos experimentados, lo que aumentó la guarnición de la ciudad portuaria a entre 3.000 y 4.000 hombres (entre los defensores también había 600 arqueros indígenas). Ante la llegada de Vernon, los españoles desplegaron seis de sus propios buques de guerra en el puerto para oponerse a él. Esta inesperada preparación hizo que Vernon vacilara. En lugar de arriesgarse en una batalla y perder sus ganancias anteriores, decidió retirarse para prepararse. Pasaría los siguientes seis meses construyendo una fuerza expedicionaria, una de las más grandes que una potencia europea había desplegado hasta entonces en América.
Se estima que murieron 18.000 hombres durante los 67 días que pasó vernon fuera de las murallas de Cartagena, la mayoría de ellos a causa de enfermedades.
Batalla de Cartagena de Indias
Para finales de año, Vernon había organizado una expedición militar digna de las fuertes defensas de Cartagena de Indias. Había reunido una flota de 124 barcos, incluidos 29 navíos de línea, 22 fragatas, varios barcos bombarderos, barcos de fuego, barcos hospitales y mas de 80 buques de transportes. El componente militar de la expedición estaba compuesto por 12.000 hombres, incluidos dos regimientos de infantería regular británica, así como 6.000 marinos reales. Esta cifra también incluía cuatro batallones de tropas coloniales, 3.600 hombres en total, quienes se habían reclutado en las Trece Colonias. Bajo el componente del liderazgo del gobernador Alexander Spotswood de Virginia, esos soldados coloniales debían reunirse con la flota de Vernon en Jamaica antes de que toda la fuerza completara su viaje a Cartagena. Pero tan pronto como Vernon expuso sus planes, surgieron graves complicaciones. En junio de 1740, el gobernador murió en Annapolis, dejando a los batallones coloniales sin líder. Seis meses después, lord Cathcart, que había sido designado comandante en jefe de las fuerzas terrestres de la expedición, también enfermó y murió mientras cruzaba el Atlántico desde Londres. Para empeorar las cosas, mientras la expedición se reunía en Jamaica, las tripulaciones de los barcos y los soldados a bordo de los transportes empezaron a sufrir de enfermedades como el escorbuto, el tifus y la disentería. En enero de 1741, las enfermedades ya habían matado a 500 hombres e incapacitado a otros 1.500.
Tras obligar a 300 africanos esclavizados a prestar servicio para reemplazar a sus marineros fallecidos, Vernon levó anclas y su formidable flota zarpó hacia Cartagena de Indias. Por su parte, los españoles se preparaban para hacer frente a esta amenaza. A cargo de la defensa de la ciudad estaba el almirante Blas de Lezo, un hombre que ya era una auténtica leyenda en alta mar; tras haber perdido un brazo, una pierna y un ojo en batallas anteriores, lo conocían como Patapalo o Mediohombre (así se le llamaba en fuentes posteriores; hay pocas pruebas de que se le conociera por estos apodos en vida). Consciente de que estaba en desventaja, De Lezo esperaba aguantar lo suficiente como para desgastar a los británicos, apostando que, al no estar acostumbrados a las enfermedades tropicales, su ejército disminuiría rápidamente. El 13 de marzo de 1741, la expedición británica llegó a las afueras de Cartagena. Con lord Cathcart muerto, no había un comandante central, y Vernon se encontraba con frecuencia discutiendo con los oficiales del ejército. Aun así, los comandantes británicos coincidieron en que cualquier ataque desde el océano sería imposible, ya que las murallas de Cartagena eran demasiado fuertes. En vez de eso, tendrían que entrar por un estrecho canal de aguas profundas llamado Boca Chica y asaltar las defensas exteriores de la ciudad desde allí. Sin embargo, este canal contaba con dos bastiones, el fuerte San José a un lado y el fuerte San Luis al otro.
Durante las siguientes semanas, Vernon dirigió toda su artillería militar contra el fuerte San Luis. Con el tiempo, los británicos lograron abrir una abertura en sus murallas, desembarcaron a su infantería y al cuerpo de marines reales para preparar el asalto. El 5 de abril, los británicos atacaron el fuerte San Luis por tierra y por mar. Pero cuando los soldados británicos irrumpieron por la brecha, vieron que los defensores españoles habían desaparecido; Blas De Lezo había retirado a sus hombres la noche anterior a la fortificación interior del castillo San Felipe de Barajas. A pesar de que los británicos habían tomado el control de las fortificaciones exteriores de la ciudad, les había tomado un mes hacerlo y, con más hombres enfermando y muriendo cada día, se les acababa el tiempo. En su desesperación por concluir el asedio, Vernon elaboró un plan para atacar el castillo San Felipe. En las primeras horas de la mañana del 20 de abril, 2.000 soldados británicos y coloniales al mando del coronel John Grant intentaron asaltar el fuerte con escaleras. Se encontraron con los mosquetes de 1.000 soldados españoles, que De Lezo había atrincherado bajo las murallas del fuerte. Las repetidas descargas de los mosquetes españoles detuvieron el asalto británico, una situación que empeoró cuando los cañones de Cartagena comenzaron a abrir fuego. Una vez que los británicos comenzaron a flaquear, los españoles saltaron de sus trincheras y los hicieron retroceder con bayonetas.
Al término de la batalla, los británicos habían perdido 600 hombres, incluido el coronel Grant, que murió en combate. Vernon vio lo que se avecinaba y se dio cuenta de que no tenía ni el tiempo ni los hombres necesarios para lanzar otro ataque, por lo que, el 9 de mayo, levantó el asedio y regresó a Jamaica. Se estima que 18.000 hombres murieron durante los 67 días que pasó fuera de las murallas de Cartagena, la mayoría de ellos a causa de enfermedades. Los españoles perdieron menos de 2.000 hombres. Solo 300 soldados coloniales que habían combatido bajo el mando de Vernon regresaron a las Trece Colonias. Uno de ellos era Lawrence Washington, medio hermano mayor de George Washington, el futuro primer presidente de los Estados Unidos. Lawrence se había quedado tan impresionado con su almirante al mando que bautizó su propiedad en Virginia como Mount Vernon en su honor. Vernon había alcanzado la cima de su carrera militar. Tras un éxito mediocre en 1742, fue llamado de vuelta a Gran Bretaña. El Gobierno de Walpole tampoco pudo sobrevivir al desastre de la expedición de Cartagena, por lo que, en 1742, renunció como primer ministro. Así, la victoria española en Cartagena marcó el momento más importante de la guerra, no solo frustrando las ambiciones expansionistas de Gran Bretaña, sino también sacudiendo su Gobierno.
Mientras Vernon luchaba contra los españoles en las Indias Occidentales, estalló la guerra en América del Norte, entre la colonia británica de Georgia y la española de Florida. Poco después del estallido de la guerra en 1739, el rey Jorge II ordenó al general de división James Oglethorpe, fundador de Georgia, que «molestara a los súbditos de España de la mejor manera posible» (citado por APUSH). Haciendo caso a este decreto real, Oglethorpe lideró 200 hombres a Florida en diciembre, tomando el control de los fuertes Picolata y San Francisco de Pupo, ambos situados al oeste de San Agustín. En mayo de 1740, Oglethorpe regresó a Florida con 1.200 hombres, entre ellos, militares de Georgia y aliados indígenas de las naciones Creek, Chickasaw y Uchee. Asediaron San Agustín, pero debido a dificultades logísticas, se vieron obligados a retirar el asedio en julio. Oglethorpe regresó a Georgia, donde construyó un fuerte en el río Frederica en preparación para el contraataque español.
Tal ataque se produciría en la primavera de 1742, cuando Manuel de Montiano, gobernador de Florida, condujo a 4.000 hombres a Georgia. El 18 de julio de 1742, los españoles se dirigían hacia Fuerte Frederica cuando se encontraron con un contingente de comandos de Georgia y guerreros nativos americanos. Sorprendidos, los españoles no tardaron en retirarse. Oglethorpe aprovechó esta pequeña victoria para sacar al resto de sus hombres del fuerte en persecución de los españoles en retirada. Ese mismo día, los alcanzó y las dos fuerzas se enfrentaron en la batalla de Bloody Marsh. Familiarizados con el terreno, la milicia de Georgia de Oglethorpe y los guerreros nativos americanos se refugiaron en la densa vegetación, lo que les permitió disparar con precisión a las tropas españolas que permanecían al descubierto. Cuando comenzaron a quedarse sin municiones, Montiano ordenó la retirada y al final regresaron a Florida. En marzo de 1743, Oglethorpe lideró otra incursión en Florida con la intención de capturar San Agustín. Sin embargo, volvió a fracasar y volvió a Georgia. Esto marcó el fin de los combates a lo largo de la frontera entre Georgia y Florida durante el resto de la guerra.
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Fin de la guerra
En general, el fallido ataque de Vernon a Cartagena de Indias marcó el fin de la guerra. Poco después, la guerra del Asiento, como se conocería el conflicto, quedaría en segundo plano por otras guerras que se originaron en el resto del mundo. En Europa, Gran Bretaña se había visto involucrada en la guerra de Sucesión austriaca en 1740 y, en 1744, se enfrentaría a Francia en América del Norte en la guerra del rey Jorge. Aunque Gran Bretaña y España seguían en guerra, las batallas posteriores estaban relacionadas con estos otros conflictos, excepto por algunas acciones menores de corsarios en las Indias Occidentales. No fue hasta 1748, cuando el Tratado de Aquisgrán puso fin a todas estas guerras. El tratado concertó que la situación en las Indias Occidentales volviera a como era antes de la guerra y que terminara el contrabando británico en la región. Así, la guerra del Asiento fue una victoria española.
La guerra del Asiento fue un conflicto colonial librado entre Gran Bretaña y España, principalmente en las Indias Occidentales entre 1739 - 1748.
¿Por qué esta guerra se conoce en inglés como guerra de la Oreja de Jenkins?
Se conoce también como guerra de la Oreja de Jenkins por un incidente en el que Robert Jenkins, un capitán de un barco británico, fue acusado de contrabando y los marineros españoles que registraban su barco en busca de azúcar de contrabando le cortaron la oreja. Algunos políticos británicos utilizaron el incidente como pretexto para la guerra colonial que querían con España.
¿Cómo terminó la guerra?
La guerra terminó con el status quo ante bellum; es decir, que todo volvió a como estaba antes de la guerra.
¿Qué guerra europea se asoció con la guerra del Asiento?
La guerra del Asiento a menudo se considera un escenario de la guerra de Sucesión austriaca.
Licenciada en Lengua Inglesa y egresada de Traducción e Interpretación bilingüe. Mis intereses principales son los idiomas, la evolución de la traducción, el arte, el cine y la subtitulación.
Harrison Mark es historiador y escritor en World History Encyclopedia. Se graduó de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Oswego, donde estudió historia y ciencias políticas.
Escrito por Harrison W. Mark, publicado el 10 noviembre 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.