John Wilkes Booth (1838-1865) fue un actor de teatro estadounidense del siglo XIX que asesinó al presidente estadounidense Abraham Lincoln el 14 de abril de 1865. Nacido en el seno de una familia de actores famosos, Booth era una estrella en auge en los escenarios de Estados Unidos, conocido por sus papeles protagonistas en las obras de William Shakespeare. Simpatizó con la Confederación durante la guerra de Secesión (1861-1865) y acusó a Lincoln de ser un tirano que quería subyugar al sur. Después de dispararle a Lincoln en el Teatro Ford's en Washington D.C., Booth se escapó y consiguió eludir a las autoridades durante casi dos semanas. Al final los soldados federales lo acorralaron en un granero en la zona rural de Virginia, donde, tras un breve enfrentamiento, recibió un disparo mortal en el cuello.
Primeros años
John Wilkes Booth nació el 10 de mayo de 1838 en una cabaña de madera en la granja de 150 acres de sus padres en Bel-Air, Maryland. Era el noveno de los diez hijos de Junius Brutus Booth, un célebre actor shakesperiano, y su «esposa», Mary Ann Holmes Booth. Ambos se habían trasladado a los Estados Unidos desde Inglaterra poco después de fugarse juntos en 1821. Lo llamaron John Wilkes en honor al político radical inglés, un pariente lejano y creció para convertirse en un joven apuesto y atlético, aunque imprudente, que a menudo les gastaba bromas a sus amigos y sus vecinos. Aunque era popular entre sus compañeros de clase en la Academia Bel Air, no era un buen estudiante y le costaba memorizar y escribir correctamente; tal y como recordaría más tarde un compañero, «No le faltaba inteligencia, de hecho, era más bien lo contrario, pero no le gustaban los libros, ni tampoco los estudios» (citado en Alford, 17). En vez de eso, Booth se dedicaba a montar a caballo y a practicar esgrima, aficiones en las que desarrolló una gran habilidad.
Su niñez se vio definida en gran medida por la relación que tenía con sus padres. Booth compartía un vínculo especial con su madre, que una vez llegó a decir que era «el mayor placer y consuelo para mí de todos mis hijos, el más cariñoso» (citada en Alford, 14). Este vínculo era tan fuerte que, según un amigo de la familia, Mary Ann podía sentir cuándo su hijo estaba enfermo y le enviaba cartas deseándole que se curara incluso cuando no le habían dicho nada. La relación que Booth tenía con su padre era bastante diferente. Junius Booth era un alcohólico, propenso a cambios de humor violentos. Se sabía que les daba palizas a sus hijos, especialmente al testarudo John, y tenía muchas cosas que ocultar en su pasado, de las cuales la peor salió a la luz en 1851. Se reveló que realmente no se había divorciado de su primera esposa; Mary Ann y él nunca se habían llegado a casar y todos sus hijos eran ilegítimos. La situación se rectificó ese mismo año cuando Junius se divorció de su primera esposa y se casó legalmente con Mary Ann, pero a ojos del público, la familia Booth estaba mancillada por el escándalo y la vergüenza. Como principal actor de teatro de su época, Junius Booth estaba fuera a menudo, girando por el país. El 30 de noviembre de 1852 estaba regresando a casa de una de estas giras cuando murió en un barco a vapor en el río Misisipi.
Convertido en estrella
Para el verano de 1857, Booth, que entonces tenía 19 años estaba listo para entrar en el negocio familiar y convertirse en actor. Sus hermanos mayores, Junius Brutus Booth Junior y Edwin Booth ya se habían labrado sus propias carreras como actores y John estaba deseoso de seguir sus pasos. Con ayuda de Edwin, se unió a la compañía de actores del Teatro de Arch Street en Filadelfia, donde le pagarían ocho dólares a la semana por interpretar «cualquier papel o parte para el que lo eligieran y por ir a todos los ensayos» (citado en Alford, 39). Para evitar comparaciones no deseadas con su famoso padre, utilizó el nombre artístico de J. B. Wilkes. Sus primeras actuaciones no fueron especialmente bien. Se quedaba paralizado por el miedo escénico y con frecuencia se veía claramente nervioso; se le olvidaban sus líneas o balbuceaba, y la audiencia le silbaba o abucheaba. En una ocasión memorable, estaba interpretando el papel de Ascanio Petrucci en la obra Lucrezia Borgia de Victor Hugo. Cuando su personaje tenía que presentarse, a Booth le costó decir su parte. «Señora, soy Pondolfio Pet... Pedoflio Pat... Pantuchio Ped... ¡Maldita sea! ¿qué soy?» (citado en Alford, 42). La audiencia estalló de risa mientras el joven actor se quedó allí de pie, avergonzado. «No es que no tuviera habilidad», dijo una vez un compañero sobre Booth, «pero era vago y tenía una vanidad desmesurada» (ibidem). Si quería lograr la fama de su padre y sus hermanos, tendría que trabajar más.
A mediados de 1858 se fue a Richmond, Virginia, para unirse compañía de actores del Teatro Marshall. Era encantador y muy apuesto; un amigo dijo que era «tan guapo como un dios griego» y con ello logró causar una gran impresión en la escena social de Richmond y entablar muchas amistades. Se empezó a tomar la actuación más en serio y aprendió técnicas de memorización de sus compañeros más experimentados. A los pocos meses pasó de interpretar papeles escasos a otros roles secundarios más importantes tanto en tragedias como en comedias. En abril de 1859 interpretó a Horacio en Hamlet junto a su hermano Edwin en el papel principal. Cuando la obra terminó y el telón subió, Edwin le agarró de la mano y se lo llevó al escenario, donde le preguntó al público: «Creo que lo ha hecho bien. ¿Qué piensan?» La audiencia respondió con gritos de aprobación que debieron ser muy gratificantes para un actor joven cuyas actuaciones, apenas dos años antes, siempre habían recibido abucheos. Al final de la temporada teatral, Booth interpretó su primer papel protagonista como personaje principal en Otelo, de nuevo junto a Edwin, que interpretó al villano Yago. La obra recibió críticas positivas y solidificó el estatus de Booth como protagonista por derecho propio. Dejó de usar su nombre artístico y empezó a aparecer en los carteles como J. Wilkes Booth. Estaba en camino para convertirse en estrella.
Una nación dividida
En octubre de 1859 el abolicionista John Brown fue arrestado tras su intento fallido de provocar una insurrección esclava al asaltar del arsenal federal en Harpers Ferry, Virginia. Fue sentenciado a muerte, lo que llevó a una oleada de disturbios en toda Virginia y realmente la nación entera. Aunque no venía de una familia que tuviera esclavos, Booth aborrecía el abolicionismo y a menudo se lo podía ver en los bares hablando mal de Brown; le habría encantado estar presente en el asalto de John Brown en Harpers Ferry, les dijo a sus amigos, para haber podido «disparar a los malditos abolicionistas» (citado en Alford, 68). Tomó prestado un uniforme de los Richmond Grays, una compañía de milicias locales y viajó con ellos a Charlestown, Virginia, para presenciar la ejecución el 2 de diciembre. Estaba a solo unos pocos metros del cadalso cuando ahorcaron a Brown; aunque detestaba todo lo demás en lo que respectaba a este hombre, Booth no pudo evitar admirar la manera estoica en la que se enfrentó a su fin. Fue un momento transformador para el joven actor, que había visto a héroes convertirse en mártires por una causa mayor sobre el escenario, pero nunca en la vida real.
En 1860, Booth se marchó de Richmond para embarcarse en su primera gira nacional como actor principal. Viajó por el sur interpretando papeles principales en obras como Romeo y Julieta, La tragedia de Ricardo III y La dama de Lyon, que se convertirían en obras características de su repertorio. A pesar de algunos contratiempos, como cuando un compañero le disparó por accidente en la pierna y estuvo convaleciente varias semanas, la gira fue un gran éxito y elevó su estatus a un nivel nacional. Pero incluso cuando estaba logrando una fama nacional, la propia nación se estaba desmoronando; la crisis seccional que se había estado gestando durante décadas acabó por llegar al punto de ebullición con la elección de Abraham Lincoln en noviembre de 1860. Los sureños se sentían amenazados por Lincoln y su Partido Republicano porque creían que quería eliminar la esclavitud, destruir las instituciones sureñas y reducir los estados del sur a meros vasallos del Gobierno federal. Carolina del sur se convirtió en el primer estado en separarse en diciembre, seguido por otros diez estados en abril de 1861. Se proclamaron una nación nueva, los Estados Confederados de América, y dispararon contra Fort Sumter el 12 de abril de 1861. La guerra civil estadounidense, o guerra de Secesión, había comenzado.
Aunque el estado natal de Booth, Maryland, había votado contra la secesión, una gran parte de sus habitantes apoyaba la Confederación y quería mantener la institución de la esclavitud. El propio Booth defendió de manera apasionada y abierta la causa sureña; para él, eran los abolicionistas los que habían causado los problemas que habían destrozado la nación y eran los «fanáticos» del norte los que querían imponer sus voluntad tiránica sobre el sur. Sus creencias parecían fundadas cuando el presidente Lincoln reprimió la disidencia en Baltimore y otras partes de Maryland al suspender el habeas corpus, imponer la ley marcial y encarcelar a los líderes secesionistas en Fort McHenry, actos que muchos habitantes de Maryland, Booth incluido, calificaron de inconstitucionales. Pero a pesar de estos fuertes sentimientos, así como la presión de sus amigos, Booth no se alistó en el Ejército confederado. Cuando su hermano le preguntó por qué, Booth respondió: «Le prometí a madre que me mantendría alejado de la pelea en la medida de lo posible» (citado en Alford, 115). Realmente parece que Booth le rogó repetidamente a su madre que le diera su bendición para marcharse a luchar por el sur. Pero la viuda Mary Ann, temerosa de perder a su hijo favorito, no se lo permitía.
Así que, en vez de irse a luchar, Booth siguió actuando. Entre octubre de 1861 y junio de 1862, dio 163 actuaciones en once ciudades por los estados del norte y los fronterizos. Deslumbró a las audiencias con su feroz combate escénico y su capacidad de actuación, que mejoraba constantemente. «Booth era un genio cuyas habilidades dramáticas eran poco menos que maravillosas», recordaba un compañero de escena, mientras que los periódicos aclamaban a Booth como el actor más prometedor de la escena estadounidense (citado en Alford, 157). Se sumía en cualquier papel que estuviera interpretando y cautivaba a las audiencias con sus actuaciones exuberantes. Pero cuando no estaba en el escenario, sus pensamientos nunca se alejaban demasiado de la guerra que estaba azotando el sur. Estaba indignado por la Proclamación de Emancipación de Lincoln, que liberó a los esclavos de los Estados Confederados, y cada vez hablaba más abiertamente sobre su odio por el presidente. El 9 de noviembre de 1863 los Lincoln asistieron a una obra de teatro en el nuevo Teatro Ford's en Washington D.C., donde actuaba Booth. Según la leyenda, en un momento dado Booth, en su personaje, agitó el dedo amenazadoramente en dirección del presidente, lo que hizo que Lincoln comentara «Me está mirando muy seriamente, ¿no?» (citado en Alford, 140).
Conspiración
El 25 de noviembre de 1864, Booth y sus hermanos mayores Junius Junior y Edwin interpretaron Julio César de William Shakespeare ante un público de 2.000 personas en la ciudad de Nueva York. La producción se organizó para conmemorar el 300 aniversario del nacimiento de Shakespeare y para recaudar fondos para erigir una estatua del bardo en Central Park (la estatua sigue ahí hoy en día). Para entonces, la guerra no iba demasiado bien para la Confederación; en Virginia, el Ejército acosado del general Robert E. Lee estaba soportando un asedio mientras que al oeste el Ejército confederado de Tennessee estaba a punto de ser destruido a las afueras de Nashville. Booth lamentó amargamente su decisión de no luchar por el sur y le escribió a su madre que «he empezado a considerarme un cobarde y a despreciar mi propia existencia». Además, su odio por Lincoln no había hecho más que aumentar desde la actuación en el Teatro Ford's. Culpaba a Lincoln de la destrucción del sur y consideró que su intento de ostentar el cargo por segunda vez, algo que nadie había hecho antes en toda su vida, era el primer paso de intentar convertirse en rey. Tales pensamientos lo llevaron entrar en conflicto con Edwin, que era unionista; tras una discusión especialmente acalorada durante el desayuno, Edwin echó a su hermano de su casa. A medida que las posibilidades de independencia del sur iban reduciéndose poco a poco, Booth se estrujó el seso para encontrar maneras de ayudar en un momento tan desesperado y no tardó en llegar a una conclusión: secuestraría al presidente de los Estados Unidos.
El plan inicial de Booth era secuestrar a Lincoln y llevárselo al sur para utilizarlo como moneda de cambio para asegurar la liberación de los prisioneros de guerra confederados. En octubre de 1864 hizo un viaje inesperado a Montreal, Canadá, donde es probable que entablara conexiones con agentes confederados; durante los siguientes meses juntó un equipo de simpatizantes de los confederados entre los que se contaba David E. Herold, un ayudante de farmacéutico; George Atzerodt, un inmigrante alemán y mecánico; Lewis Powell, un exsoldado confederado amargado y John Sturratt, un joven espía confederado. Los cinco se reunían en la pensión de la madre de Surratt, Mary, para decidir los detalles del plan. Mientras tanto, la vida seguía adelante. Booth siguió actuando, aunque cada vez con menos frecuencia. Empezó a cortejar a Lucy Hale, la hija de un senador, y se comprometió con ella en secreto. Pero su radicalismo lo estaba consumiendo. Bebía y fumaba más de lo normal y su comportamiento se fue volviendo más malhumorado y errático. Para abril de 1865 la guerra estaba prácticamente terminada; la capital confederada, Richmond, había sucumbido y Lee había rendido a su Ejército en los juzgados de Appomattox. El 11 de abril Booth observó horrorizado mientras Lincoln daba un discurso en el que pedía el sufragio para los afroamericanos. Se giró hacia Herold y la expresión del actor se ensombreció. «Ese será su último discurso», dijo (citado en Alford, 257).
Asesinato, huida y muerte
La mañana del 14 de abril de 1865, Booth se enteró de que Lincoln asistiría a una producción de Our American Cousin (Nuestro primo estadounidense) en el Teatro Ford. Sin perder tiempo, reunió a los coconspiradores y les informó de que el propósito de su misión había cambiado. Ahora que la guerra había terminado, ya no había motivo para secuestrar al presidente. En vez de eso, Booth lo iba a matar para vengar al sur. Con la esperanza de paralizar la dirección del Gobierno federal y tal vez incitar una revolución, Booth le encargó a Powell el asesinato del secretario de Estado William H. Seward y a Atzerodt el asesinato del vicepresidente Andrew Johnson esa misma noche. A Herold le encargaron vigilar para ayudar a los asesinos a escaparse a Virginia. Esa misma noche alrededor de las 10, Booth entró nerviosamente en el Teatro Ford's y se acercó en silencio al palco presidencial donde se encontraba Lincoln viendo la obra con su mujer, Mary Todd, su amigo el mayor Henry Rathbone y la prometida de Rathbone, Clara Harris. Booth le apuntó su pistola derringer a la nuca, esperó a que se produjera una risa y disparó.
Inmediatamente el presidente se desplomó hacia delante, con la cabeza ladeada, sobre el pecho. Rathbone se abalanzó contra Booth para detenerlo, pero el asesino se sacó un cuchillo de la chaqueta, apuñaló al mayor en el brazo y luego saltó al escenario, una caída de 3,6 metros (12 pies). Artista hasta el final, Booth se giró hacia la audiencia, levantó el cuchillo por encima de la cabeza y gritó, «Sic semper tyrannis» (el lema de Virginia que se suele traducir como «Así siempre con los tiranos») antes de salir corriendo por una puerta lateral a un callejón y montarse en un caballo para huir. Salió de Washington y se encontró con Herold para después dirigirse juntos a la casa de un amigo, el Dr. Samuel A. Mudd, en Maryland. Booth se había roto el peroné de la pierna izquierda al saltar al escenario y necesitaba asistencia médica; el actor le dijo a Mudd que se había lesionado el pie al caerse del caballo. A pesar de haberlo despertado a las 4 de la mañana, Mudd se dispuso a tratar a su amigo, le entablilló la pierna y le dio unas muletas. Esa misma mañana, 15 de abril, Lincoln murió en su casa enfrente del teatro.
Cuando Mudd se enteró de lo que había hecho Booth, le obligó a marcharse, aterrado de que, al albergar a un asesino, su familia estaría en peligro. Booth y Herold se dirigieron entonces a la casa del simpatizante confederado Samuel Cox, que los escondió en el bosque detrás de su casa mientras esperaban la oportunidad de cruzar el río Potomac hacia Virginia. Durante los cinco días que se pasaron escondidos detrás de la casa de Cox, se enteraron de que los demás conspiradores habían fracasado; Powell solo había logrado herir a Seward, mientras que Atzerodt se había emborrachado, su determinación se había desvanecido y nunca llegó siquiera a atacar a Johnson. También se enteraron de que el Departamento de Guerra había ofrecido una recompensa de 100.000 dólares por su arresto. Pero lo que más le molestó a Booth fue que lo estaban injuriando en los periódicos, que lo tildaban de «malvado» y «cobarde» por sus acciones. Incluso en el sur, donde esperaba que lo recibiesen como un héroe, estaban denunciando el crimen. Dolido y desilusionado, Booth no tenía más opción que seguir adelante. Cruzó el Potomac con Herold el 24 de abril y, al final, llegó a la granja de tabaco de Richard H. Garrett. Haciéndose pasar por un soldado confederado herido, Booth le pidió a Garrett que lo acogiera y este le permitió quedarse en su granero.
En algún momento después de las 2 de la mañana del 26 de abril, 29 soldados de la 16.ª Caballería de Nueva York rodeó el granero, acompañados de dos detectives federales, que habían localizado a los asesinos. Les exigieron que se entregaran y, mientras que Herold obedeció y salió nervioso del granero para ser arrestado, Booth se negó y les dijo a los soldados que prefería luchar. Con la esperanza de obligarlo a salir, los soldados le prendieron fuego al granero. Booth, de pie con las muletas, siguió negándose a salir y anduvo cojeando de un lado a otro, pistola en mano. La situación llegó al punto álgido cuando uno de los soldados, el sargento Boston Corbett, disparó su colt y le dio a Booth en el cuello. Sacaron al asesino del granero ardiendo y lo llevaron al porche de la granja de Garrett, donde se pasó las siguientes tres horas en agonía hasta que murió. Habló poco, alternando entre súplicas a los soldados de que lo mataran y proclamaciones de que estaba muriendo por su país. En cierto momento les pidió a los soldados que le enseñaran las manos para que las pudiera examinar; mientras lo hacía, iba murmurando «inútil, inútil». Murió poco después de las 7 de la mañana a los 26 años.

