Período Heian

Mark Cartwright
por , traducido por César Zetina Peñaloza
publicado el
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Phoenix Hall, Byodo-in (by 663highland, CC BY-SA)
Salón del Fénix, Byodo-in 663highland (CC BY-SA)

El período Heian de la historia japonesa abarca del 794 al 1185 d.C. y presenció un gran florecimiento de la cultura japonesa, desde la literatura hasta la pintura. El gobierno y la administración llegaron a estar dominados por el clan Fujiwara, que finalmente fue desafiado por los clanes Minamoto y Taira. Este período, llamado así por su capital, Heiankyo, concluye con la guerra Genpei, en la que los Minamoto obtuvieron la victoria y su líder, Yoritomo, estableció el shogunato de Kamakura.

De Nara a Heiankyo

Durante el período Nara (710-794), la corte imperial japonesa enfrentó conflictos internos causados por las luchas entre la aristocracia, que competía por favores y cargos, y la excesiva influencia política de las sectas budistas, cuyos templos se extendían por toda la capital. Finalmente, la situación llevó al emperador Kammu (que reinó de 781-806) a trasladar brevemente la capital de Nara a Nagaokakyo y luego a Heiankyo en 794 para comenzar de nuevo y liberar al gobierno de la corrupción y la influencia budista. Esto marcó el inicio del Período Heian, que duraría hasta el siglo XII.

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La nueva capital, Heiankyo, que significa «la capital de la paz y la tranquilidad», se trazó sobre una cuadrícula regular. La ciudad contaba con una amplia avenida central que dividía los barrios oriental y occidental. La arquitectura seguía los modelos chinos, y la mayoría de los edificios de la administración pública presentaban columnas carmesí que sostenían techos de tejas verdes. Las viviendas particulares eran mucho más modestas y tenían techos de paja o corteza. La aristocracia poseía palacios con sus propios jardines cuidadosamente diseñados, y se construyó un gran parque de recreo al sur del palacio real (Daidairi). No se permitían templos budistas en la parte central de la ciudad, y se desarrollaron barrios artesanales con talleres para artistas, metalúrgicos y alfareros.

Kioto permanecería como la capital de Japón durante mil años.

No se conserva ningún edificio del período Heian en la capital, excepto el Shishin-den (Salón de Audiencias), que fue destruido por un incendio pero reconstruido fielmente, además de Daigoku-den (Salón de Estado), que sufrió un destino similar y fue reconstruido a menor escala en el Santuario Heian. A partir del siglo XI d.C., se adoptó oficialmente el antiguo nombre informal de la ciudad, que significa simplemente «la capital»: Kioto. Permanecería como la capital de Japón durante mil años.

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Gobierno Heian

Kioto era el centro de un gobierno compuesto por el emperador, sus altos ministros, un consejo de Estado y ocho ministerios que, con la ayuda de una extensa burocracia, gobernaban a unos 7.000.000 de personas repartidas en 68 provincias, cada una gobernada por un gobernador regional y dividida en ocho o nueve distritos. En el resto de Japón, la situación del campesinado no era tan favorable como la de la nobleza cortesana, centrada en las cuestiones estéticas. La gran mayoría de la población japonesa trabajaba la tierra, ya fuera para sí misma o para las propiedades de otros, y se veía agobiada por la delincuencia y los impuestos excesivos. Rebeliones como la ocurrida en Kantō, liderada por Taira no Masakado entre los años 935 y 940, no eran poco comunes.

Model of Kyoto
Modelo de Kioto Wikiwikiyarou (Public Domain)

La política de distribución de tierras públicas, impulsada en siglos anteriores, llegó a su fin en el siglo X, lo que resultó en un aumento gradual de la proporción de tierras en manos privadas. Para el siglo XII, el 50 % de la tierra pertenecía a fincas privadas (shoen), y muchas de estas, beneficiadas con dispensas especiales ya fuera por favores personales o razones religiosas, estaban exentos del pago de impuestos. Esta situación afectaría gravemente las finanzas del Estado. Los terratenientes adinerados pudieron reclamar nuevas tierras y desarrollarlas, incrementando así su riqueza y abriendo una brecha cada vez mayor entre ricos y pobres. También hubo repercusiones políticas prácticas, ya que los grandes terratenientes se distanciaron cada vez más de sus tierras, llegando muchos de ellos a residir en la corte de Heiankyo. Esto significó que las fincas eran administradas por subordinados que buscaban aumentar su poder, y, a la inversa, la nobleza y el emperador se distanciaron aún más de la vida cotidiana. El contacto de la mayoría de la gente común con la autoridad central se limitaba a pagar al recaudador de impuestos local y a tener encontronazos con la fuerza policial metropolitana, que no solo mantenía el orden público sino que también juzgaba y condenaba a los criminales.

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Muchos estadistas Fujiwara actuaron como regentes de tres o cuatro emperadores a lo largo de su carrera.

Incluso en la corte, el emperador, aunque seguía siendo importante y considerado divino, fue marginado por poderosos burócratas, todos ellos pertenecientes a una misma familia: el clan Fujiwara. Figuras como Michinaga (966-1028) no solo dominaban la política y los órganos gubernamentales, como la oficina del tesoro doméstico (kurando-dokoro), sino que también consiguieron casar a sus hijas con emperadores. Para debilitar aún más la posición real, muchos emperadores accedían al trono siendo niños y, por lo tanto, eran gobernados por un regente (Sessho), generalmente un representante de la familia Fujiwara. Al llegar a la edad adulta, el emperador seguía siendo asesorado por un nuevo cargo, el Kampaku, garantizando que los Fujiwara siguieran manejando los hilos políticos de la corte. Para asegurar que esta situación se perpetuara, los nuevos emperadores eran nominados no por nacimiento, sino por sus padrinos, y se les animaba u obligaba a abdicar al llegar a los treinta años en favor de un sucesor más joven. Por ejemplo, Fujiwara Yoshifusa colocó a su nieto de siete años en el trono en 858 y posteriormente se convirtió en su regente. Muchos estadistas Fujiwara actuaron como regentes de tres o cuatro emperadores a lo largo de su carrera.

El dominio de los Fujiwara no fue total ni estuvo exento de oposición. El emperador Shirakawa (que reinó 1073-1087) intentó afirmar su independencia de los Fujiwara abdicando en 1087 y permitiendo que su hijo Horikawa reinara bajo su supervisión. Esta estrategia de emperadores «retirados», que aún gobernaban, se conoció como «gobierno enclaustrado» (insei), ya que el emperador solía permanecer a puerta cerrada en un monasterio. Esto añadió un nuevo elemento a la ya compleja maquinaria gubernamental.

En las provincias, surgían nuevos agentes de poder. Abandonados a su suerte y alimentados por la sangre de la pequeña nobleza, producto del proceso de desprendimiento dinástico (cuando un emperador o aristócrata tenía demasiados hijos, se los excluía de la línea de herencia), surgieron dos importantes grupos: los clanes Minamoto (también conocidos como Genji) y Taira (también conocidos como Heike). Con sus propios ejércitos privados de samuráis, se convirtieron en instrumentos importantes en manos de los miembros rivales de la lucha interna por el poder del clan Fujiwara, que estalló en los disturbios de Hogen de 1156 y Heiji de 1160.

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Battles of the Genpei War
Batallas de la guerra Genpei Ash Crow (CC BY-SA)

Los Taira, liderados por Taira no Kiyomori, finalmente eliminaron a todos sus rivales y dominaron el gobierno durante dos décadas. Sin embargo, en la guerra Genpei (1180-1185), los Minamoto regresaron victoriosos, y al final de la guerra, la batalla de Dannoura, el líder Taira, Tomamori, y el joven emperador Antoku se suicidaron. Poco después, el emperador otorgó a Yoritomo, líder del clan Minamoto, el título de shogun, y su gobierno marcaría el comienzo del periodo Kamakura (1185-1333), también conocido como el Shogunato Kamakura, cuando el gobierno japonés pasó a estar dominado por los militares.

Religión Heian

En cuanto a la religión, el budismo continuó su dominio, impulsado por monjes eruditos tan destacados como Kukai (774-835) y Saicho (767-822), quienes fundaron las sectas budistas Shingon y Tendai, respectivamente. De sus visitas a China trajeron nuevas ideas, prácticas y textos, en particular el Sutra del Loto (Hokke-kyo), que contenía el nuevo mensaje de que existían muchas maneras diferentes, pero igualmente válidas, de alcanzar la iluminación. También estaba Amida (Amitabha), el Buda del budismo de la tierra pura, quien podía ayudar a sus seguidores en este difícil camino.

La expansión del budismo se vio favorecida por el patrocinio gubernamental, aunque el emperador, receloso del poder excesivo del clero budista, optó por nombrar abades y confinar a los monjes en sus monasterios. Las sectas budistas se habían convertido en poderosas entidades políticas y, aunque a los monjes se les prohibía portar armas y matar, podían pagar a monjes novicios y mercenarios para que lucharan por ellos y ganaran poder e influencia en la mezcolanza de nobles, administradores de terratenientes, ejércitos privados e imperiales, emperadores y exemperadores, piratas y clanes en guerra que plagaban el panorama político de la era Heian.

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Sutra Inscribed Tablet
Tablilla con inscripción Sutra James Blake Wiener (CC BY-NC-SA)

Los principios confucianos y taoístas también siguieron influyendo en la administración centralizada, y las antiguas creencias sintoístas y animistas continuaron, como antes, dominando a la población en general, mientras que templos sintoístas como el Gran Santuario de Ise siguieron siendo importantes lugares de peregrinación. Todas estas religiones se practicaban en paralelo, a menudo por las mismas personas, desde el emperador hasta el más humilde campesino.

Relaciones con China

Tras una última embajada ante la corte Tang en el año 838, se interrumpieron las relaciones diplomáticas formales con China, ya que Japón se volvió un tanto aislacionista, sin necesidad de defender sus fronteras ni de emprender conquistas territoriales. Sin embargo, los intercambios comerciales y culturales esporádicos con China continuaron como antes. Los productos importados de China incluían medicinas, tejidos de seda, cerámica, armas, armaduras e instrumentos musicales, mientras que Japón enviaba a cambio perlas, polvo de oro, ámbar, seda cruda y laca dorada.

Monjes, eruditos, músicos y artistas fueron enviados para aprender de la avanzada cultura China y traer nuevas ideas sobre diversos temas, desde la pintura hasta la medicina. También viajaron estudiantes, muchos de los cuales dedicaron años a estudiar las prácticas administrativas chinas y aportaron sus conocimientos a la corte. También llegaron libros: un catálogo que data del año 891 enumera más de 1.700 títulos chinos disponibles en Japón, que cubren temas de historia, poesía, protocolos cortesanos, medicina, derecho y clásicos confucianos. Sin embargo, a pesar de estos intercambios, la falta de misiones regulares entre ambos estados a partir del siglo X significó que el Período Heian, en general, vio disminuir la influencia de la cultura china, lo que significó que la cultura japonesa comenzó a encontrar su propio camino de desarrollo.

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Cultura Heian

El Período Heian es famoso por sus logros culturales, al menos en la corte imperial. Estos incluyen la creación de una escritura japonesa (kana) utilizando caracteres chinos, muchos de ellos fonéticamente, lo que permitió la producción de la primera novela del mundo, La historia de Genji de Murasaki Shikibu (en torno a 1020) y varios diarios famosos (nikki) escritos por damas de la corte, incluido El libro de la almohada de Sei Shonagon, que completó en torno a 1002. Otras obras famosas de este período son el Diario de Izumi Shikibu, el Kagero nikki de Fujiwara no Michitsuna e Historia de las fortunas florecientes de Akazome Emon.

Tale of Genji Illustration
Ilustración de La historia de Genji Unknown Artist (Public Domain)

Este florecimiento de la escritura femenina se debió en gran medida a que los Fujiwara se aseguraban de que las mujeres que patrocinaban en la corte estuvieran rodeadas de un séquito interesante y culto para atraer el afecto del emperador y salvaguardar su monopolio en los asuntos de Estado. También parece que los hombres no se interesaban por diarios frívolos y comentarios sobre la vida cortesana, dejando el campo abierto a las escritoras que, colectivamente, crearon un nuevo género literario que examinaba la naturaleza transitoria de la vida, encapsulada en la frase mono no aware (la tristeza o el patetismo de las cosas). Los hombres que escribieron historia lo hicieron de forma anónima o incluso fingieron ser mujeres, como Ki no Tsurayuki en sus memorias de viaje Tosa nikki.

Sin embargo, los hombres sí escribieron poesía, y la primera antología de poemas japoneses encargados por la realeza, el Kokinshu (Colección del pasado y el presente), apareció en el año 905. Se trataba de una colección de poemas de hombres y mujeres, compilada por Ki no Tsurayuki, quien afirmó: «Las semillas de la poesía japonesa residen en el corazón humano» (Ebrey, pág. 199).

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Aparte de la literatura, este período también presenció la producción de ropa especialmente fina en la corte real, con seda y brocados chinos. Las artes visuales estaban representadas por biombos, intrincados rollos de imágenes y texto (e-maki) escritos a mano y una refinada caligrafía. La reputación de un aristócrata se forjaba no solo por su posición en la corte o en la administración, sino también por su aprecio por estos temas y su capacidad para componer su propia poesía, tocar música, bailar, dominar juegos de mesa como el go y realizar proezas de tiro con arco.

Pintores y escultores continuaron inspirándose en el budismo para producir esculturas de madera (pintadas o al natural), pinturas de eruditos, campanas de bronce dorado, esculturas de Buda talladas en la roca, espejos de bronce ornamentados y cajas lacadas para sutras. Todo esto contribuyó a difundir la imaginería de las nuevas sectas por todo Japón. La demanda de arte fue tal que, por primera vez, surgió una clase de artistas profesionales, cuyas obras anteriormente habían sido creadas por monjes eruditos. La pintura también se convirtió en un pasatiempo de moda para la aristocracia.

Poco a poco, un enfoque más «japonés» amplió la gama de temas artísticos. Un estilo japonés, el Yamato-e, se desarrolló particularmente en la pintura, lo que lo distinguió de las obras chinas. Se caracteriza por líneas más angulares, el uso de colores más brillantes y mayores detalles decorativos. Los retratos realistas de personalidades de la corte, como los de Fujiwara Takanobu, las ilustraciones inspiradas en la literatura japonesa y los paisajes se popularizaron, preparando así el camino para las grandes obras que vendrían en el período medieval.

This content was made possible with generous support from the Great Britain Sasakawa Foundation.

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Sobre el traductor

César Zetina Peñaloza
Mi interés por el pasado me llevó a colaborar como asistente en la restauración de arte sacro en el Templo de la Quinta Aparición Guadalupana y a ofrecerme como voluntario para la transcripción de documentos históricos para The Smithsonian Institutition.

Sobre el autor

Mark Cartwright
Mark es el director de Publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.

Cita este trabajo

Estilo APA

Cartwright, M. (2025, septiembre 25). Período Heian. (C. Z. Peñaloza, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-15937/periodo-heian/

Estilo Chicago

Cartwright, Mark. "Período Heian." Traducido por César Zetina Peñaloza. World History Encyclopedia, septiembre 25, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-15937/periodo-heian/.

Estilo MLA

Cartwright, Mark. "Período Heian." Traducido por César Zetina Peñaloza. World History Encyclopedia, 25 sep 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-15937/periodo-heian/.

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