Volterra (nombre etrusco: Velathri, romano: Volaterrae), situada en la parte norte de la Toscana, Italia, fue un importante asentamiento etrusco entre los siglos VII y II a.C. Después de que los romanos la destruyeran en el siglo I a.C. se convirtió en un pueblo modesto en el que la prosperidad de la élite gobernante a principios del periodo imperial queda demostrada por una gran cantidad de urnas funerarias de alabastro ricamente talladas en muchas de sus tumbas excavadas en la roca.
Primeros asentamientos
El asentamiento en la alta meseta de caliza de Volterra comenzó al menos a partir del siglo X a.C. Sin duda los pueblos de la Edad de Hierro de la cultura villanovense, precursora de la etrusca, seleccionaron el lugar por ser fácil de defender. El lugar prosperó gracias a las tierras agrícolas fértiles del territorio al otro lado del valle Cecina y a sus ricos depósitos minerales. Aunque los descubrimientos no son tan impresionantes como en lugares costeros villanovenses, hay evidencias de una red de comercio más amplia gracias a importaciones extranjeras como productos de bronce de Cerdeña.
Una ciudad etrusca próspera
A partir del siglo VIII a.C. cuando la cultura villanovense había madurado hasta ser etrusca propiamente dicha, Volterra se convirtió en una de las ciudades más importantes de Etruria que probablemente controlaba una gran área circundante dada la distancia entre esta ciudad y los enclaves vecinos. Faesulae (Fiesole) no era más que un centro satélite fundado por Volterra. Las inscripciones funerarias revelan que muchas mujeres de familias aristocráticas de Volterra se casaron con hombres de pueblos periféricos como Barberino, Castiglioncello y Monteriggioni, lo que consolidó el control de la ciudad sobre la región.
Es probable que Volterra fuera una de las ciudades etruscas que formaron las colonias en el valle del Po al norte. También fue uno de los 12 a 15 miembros de la Liga Etrusca. Otros miembros de esta asociación laxa eran Cerveteri, Chiusi, Populonia, Tarquinia, Veyes y Vulci. Se sabe muy poco acerca de esta liga, excepto que sus miembros tenían lazos religiosos comunes y que los líderes se encontraban anualmente en el santuario de Fanum Voltumnae cerca de Orvieto (la ubicación exacta sigue siendo desconocida).
Volterra destacaba por su producción de figurillas de bronce, a menudo utilizadas como ofrendas votivas en templos y tumbas. Son figuras humanas extremadamente altas y delgadas que recuerdan de manera curiosa a la escultura moderna y puede que sean una reliquia de figuras muy anteriores que se cortaban de láminas de bronce. Entre los demás productos locales también se contaban las urnas funerarias de alabastro grandes y muy ricamente decoradas, cerámicas de figuras rojas incluidas las características cráteras con dos cabezas «retrato» pintadas en la parte superior y la cerámica negra característica etrusca conocida como bucchero. Como se encontraba en la desembocadura de varias vías fluviales que llevaban a áreas costeras, Volterra podía exportar estos productos a otras ciudades etruscas, así como tierra adentro a enclaves en la región de Umbría que estaban más aislados de las actividades comerciales del Mediterráneo en general. Otro producto local, aunque en este caso no era para la exportación, son los hitos grandes de piedra que marcan las tumbas, producidos a partir del siglo VI a.C. Estas estelas, que en algunos casos alcanzan más de 1,5 metros de altura, se tallaban a partir de la piedra nenfro (volcánica) y representaban un relieve de miembros destacados de la comunidad fallecidos, vestidos de guerreros o sacerdotes.
El desafío de Roma
La evidencia de la prosperidad de la ciudad y su expansión geográfica, así como de su preocupación por la defensa, se presenta en una muralla de circuito ampliado construida en los siglos IV y III a.C. Estas fortificaciones tenían un total de 7,28 kilómetros de largo y tenían varias entradas arqueadas, incluida la Porta all'Arco con su decoración de tres cabezas esculpidas. Probablemente las cabezas son representaciones de dioses, pero hoy en día están muy desgastadas por el tiempo y el clima. Otras cosas que dan fe del continuo éxito de Volterra, que para entonces abarcaba 116 hectáreas son una reconstrucción de varios templos del lugar, la acuñación de monedas de bronce con la inscripción Velathri y una gran número de tumbas excavadas en la roca con urnas funerarias de alabastro con tallas en relieve.
Sin embargo, a partir del siglo III a.C. la ciudad se enfrentaría a la amenaza de Roma y sus ansias de territorio. Los etruscos perdieron una batalla contra Roma en 298 a.C. y no está claro el estatus de Volterra a partir de entonces, más allá de haber contribuido, al igual que muchas otras ciudades etruscas, a las campañas de Escipión el Africano contra Cartago durante la segunda guerra púnica (218-201 a.C.). Según el escritor romano Livio, proporcionó grano y madera para la construcción de barcos. Después, Volterra cometió el error fatal de respaldar a la facción perdedora en la guerra civil de Roma y, en consecuencia, el ganador, Sila, saqueó la ciudad en 80 a.C. tras un asedio de dos años. Después, el general romano reubicó a muchos de sus veteranos al territorio de Volterra: los romanos habían llegado para quedarse.
Historia posterior
A largo plazo, la vida bajo el Gobierno romano se hizo más llevadera gracias a la influencia favorable que tenía la familia Cecina local con varios gobernantes romanos, incluido Julio César y Octaviano. Varios miembros del clan Cecina sirvieron como cónsules, y puede que esto explique el estatus elevado de la ciudad como colonia Augusta. Un miembro prominente de la familia, Aulo Cecina, además de ser un escritor importante y buen amigo de Cicerón, figura como un corredor de las carreras de cuatro caballos en el Circo Máximo de Roma.
Otro indicador de la creciente importancia de Volterra fue la construcción de un teatro en el siglo I d.C. y después un complejo de termas romanas. Las urnas funerarias de alabastro de Volterra se volvieron aún más extravagantes en este periodo y representan al difunto con esculturas en la tapa que a menudo son muy realistas e inflexibles. Los laterales de estas cajas cuadradas o rectangulares presentan relieves impresionantes de escenas de la mitología. Una tumba excavada en la roca del siglo I d.C., la tumba Inghirami, contenía 53 de estas urnas. Otra razón por la que destaca en los primeros años del imperio fue que el papa Lino (muerto en 76 d.C.), segundo obispo de Roma, era oriundo de esta ciudad.
Para el siglo III d.C. algunas áreas de la ciudad ya no estaban habitadas, pero Volterra siguió adelante como una pequeña ciudad romana durante los siguientes dos siglos, sobreponiéndose a la destrucción de la invasión goda y continuando como una ciudad bizantina con su propio obispo. Tras un periodo de gobierno lombardo, Volterra fue una ciudad regional importante durante la Edad Media, que es la época a la que se remonta gran parte de la arquitectura actual.
