Cinane (en torno a 357-323 a.C.) fue la hija de la princesa iliria Audata y el rey Filipo II de Macedonia, lo que la convierte en medio hermana de Alejandro Magno (356-323 a.C.). Según la tradición iliria de las mujeres como guerreras, su madre la educó en las artes marciales y en la creencia de que era igual a cualquier hombre.
Cinane vivió su vida según este principio y le inculcó los mismos valores a su hija Adea, a quien elevó al poder a costa de su propia vida. Tras la muerte de Alejandro Magno, Cinane se sacrificó al concertar el matrimonio de su hija con el sucesor de Alejandro para colocarla en una posición de poder y seguridad. Su hija gobernaría junto a Filipo III bajo el nombre de Eurídice II y continuaría el legado de su madre como una mujer independiente y poderosa.
Juventud y logros militares
Cuando Filipo II (382-336 a.C.) derrotó al rey ilirio Bardilis en 358 a.C. tomó a Audata, la hija mayor del rey, como trofeo de guerra, además de un medio para mantener la paz. Audata se convirtió así en la primera de las siete esposas de Filipo, entre las cuales estaría la madre de Alejandro, Olimpia. Audata era una verdadera princesa iliria, producto de la práctica de su cultura de criar a las chicas como guerreras, e instiló esos mismos valores en su hija. Crio a Cinane siguiendo la tradición iliria, le enseñó las artes marciales y también a cazar, rastrear, montar a caballo y luchar mejor que la mayoría de los hombres. Antes de cumplir la veintena, Cinane ya era conocida por estas habilidades y se hizo famosa por su valentía y su brillantez en la batalla.
Creció en la corte de Filipo II junto a Alejandro y aquellos de sus amigos que más adelante se convertirían en los generales de su Ejército. Se habría esperado de cualquier joven de la corte macedonia que se comportara de acuerdo con su género, pero Cinane se negó a que la dominara ningún hombre. El estudioso James Romm escribe:
Cinane creció en la corte macedonia, pero se mantuvo fiel a sus tradiciones maternas, porque las mujeres ilirias eran célebres por su fortaleza y por ser capaces de ir a la guerra como los hombres. En su adolescencia, se dice que Cinane acompañó al Ejército macedonio en una campaña en Iliria y que mató a la reina de ese país (puede que una de sus propias parientes) en un combate mano a mano. Por desgracia no se ha conservado ningún relato de este encuentro entre dos líderes femeninas armadas, el primer encuentro de este tipo conocido en la historia europea. (164)
Cinane fue a la batalla junto a Alejandro y sus amigos en numerosas ocasiones, pero se hizo legendaria tras darle la vuelta a la batalla contra los ilirios sin ayuda. El historiador macedonio Polieno comenta:
Cinane, la hija de Filipo, era famosa por sus conocimientos militares: dirigía ejércitos y, en el campo de batalla, cargaba a la cabeza. En un enfrentamiento con los ilirios mató de su propia mano a Ceria, su reina; y con gran masacre derrotó al Ejército ilirio. (1)
Esta historia en particular sobre el valor de Cinane circuló con toda probabilidad gracias a la tradición oral antes de que los historiadores como Polieno la pusieran por escrito. Su victoria sobre los ilirios la convirtió en una leyenda, pero fue su lucha por controlar su propia vida, y proporcionarle un futuro mejor a su hija, lo que hizo que fuera un personaje interesante para los historiadores de la Antigüedad como Polieno, que la harían inmortal.
Matrimonio y autonomía
Por voluntad de Filipo II Cinane fue entregada en matrimonio a su primo Amintas y dio a luz a una hija, Adea. Tras el asesinato de Filipo II en 336 a.C., intentó que Amintas se pusiera en acción y lo empujó a tomar el trono, pero él ignoró sus consejos. No se sabe si sencillamente se negó a seguir los consejos de una mujer o si temía correr el riesgo, pero lo cierto es que fue un grave error.
Cuando Alejandro Magno se hizo con el trono de su padre hizo matar a Amintas al reconocer que Cinane podría intentar hacer exactamente lo que había intentado. En consecuencia, ella se quedó viuda a los veintipocos años y se habría esperado que se casara otra vez, pero rechazó todas las ofertas y, curiosamente, consiguió mantener su autonomía aunque al nuevo rey le interesaba que se casase de nuevo, y pronto, con un pretendiente que no supusiera una amenaza.
No hay documentación alguna de cómo pudo manipular la situación y resistirse a los planes que tenía Alejandro para ella, pero está claro que se quedó soltera a pesar de todos los intentos de su hermano. Intentó neutralizar a Cinane casándola con Lángaro, rey de los agrianes (una tribu peonia-tracia del Alto Estrimón, en la actual Bulgaria), pero el novio se murió de una enfermedad misteriosa antes del matrimonio. Aunque no existe ninguna prueba, es probable que Cinane hiciera envenenar a Lángaro para evitar convertirse en un peón en el juego de Alejandro.
La muerte de Alejandro
El rey tenía más preocupaciones en mente que someter a una hermana presuntuosa, y no tardó en movilizar a su Ejército para lograr lo que su padre había planeado pero nunca tuvo oportunidad de conseguir: la conquista de Persia. Cuando Alejandro se marchó con sus tropas, Cinane se quedó en Macedonia con Adea y se centró en su educación; le enseñó a cazar, a montar y a luchar según la tradición iliria. La madre de Alejandro, Olimpia era una presencia con poder en la corte y, como la envidia de Olimpia de las demás esposas de Filipo y su descendencia era legendaria, resulta extraño que la reina no aprovechara la oportunidad para deshacerse de Cinane y Adea en aquel momento. Lo más probable es que, como Olimpia era una experta de las intrigas de la corte, sencillamente estuviera esperando el momento oportuno.
Cuando Alejandro Magno murió en Babilonia en 323 a.C. dejó tras de sí un enorme vacío de poder, que sus generales intentaron llenar. Lo sucedió su hermanastro, Arrideo, un hombre conocido como un «idiota» que sufría algún tipo de discapacidad mental a causa de un accidente de joven (o, según algunas fuentes, porque Olimpia intentó envenenarlo para eliminarlo como posible amenaza a Alejandro). Arrideo no tenía ningún poder real y no era más que un peón del regente Pérdicas, la mano derecha de Alejandro, y los demás generales que asumieron el control del Ejército. Estos cuatro generales (conocidos como los Diádocos, «los sucesores») pusieron a su títere en juego mientras esperaban a que la viuda de Alejandro, Roxana, diera a luz a su hijo no nato. Si el hijo era chico, planeaban declarar una corregencia entre Arrideo y el niño a la vez que conservaban el verdadero poder tras la corona.
La jugada ofensiva de Cinane
Sin embargo, Cinane vio la oportunidad que buscaba en la muerte de su medio hermano y no tardó en moverse para aprovechar la situación. En aquel momento no tenía más que treintaipocos años y era muy buen partido, así que se podría haber ofrecido como esposa a Arrideo, pero en vez de eso decidió ofrecer a Adea. Movilizó sus tropas rápidamente y se llevó a Adea y a su ejército a Babilonia para forzar un matrimonio que aseguraría el futuro de su hija, así como el suyo propio. James Romm comenta lo siguiente al respecto:
Tal movimiento desestabilizaría la estructura de poder en Babilonia, ya de por sí inestable. Añadiría legitimidad a uno de los dos reyes [Arrideo y el hijo de Roxana] y fortalecería la monarquía en conjunto, reduciendo así la influencia de los generales. De hecho, podía eliminar la junta de los cuatro custodios si Adea, una vez nombrada reina, era capaz de hablar y actuar en nombre de su esposo real. (165)
Cinane podría hacerse con el poder a través de su hija y, como hija de Filipo II y medio hermana de Alejandro, naturalmente atraería la lealtad del gran ejército de Alejandro.
Alcetas y la muerte de Cinane
Al enterarse de la jugada de Cinane, Pérdicas envió a Antípatro, uno de los generales de Alejandro contra ella en Estrimón, donde lo derrotó rápidamente gracias a sus tácticas superiores. Lo expulsó del campo de batalla y siguió camino a Babilonia. Pérdicas sabía que tenía que detener su avance, así que movilizó una segunda fuerza y la envió contra ella. Eligió detenidamente a su hermano, Alcetas, para liderar a los macedonios, no por su habilidad en la batalla sino porque había sido uno de los compañeros de Cinane en la corte cuando eran pequeños. Parece ser que el plan consistía en que al ver a su viejo amigo a la cabeza de una fuerza armada contra ella Cinane abandonaría la misión y regresaría a Macedonia. Si eso no funcionaba, la esperanza de Pérdicas era que Alcetas lograse derrotarla honorablemente en la batalla y neutralizase cualquier otra interferencia por parte de Cinane.
Sin embargo, no ocurrió ni una cosa ni la otra. Cuando los dos ejércitos macedonios se encontraron en el campo, Cinane se enfrentó a Alcetas personalmente y «le reprochó punzantemente su ingratitud y su deslealtad» a lomos de su caballo. Polieno escribe:
Al principio los macedonios se detuvieron al ver a la hija de Filipo y hermana de Alejandro: mientras que, después de reprocharle a Alcetas su ingratitud, sin desanimarse ante la cantidad de tropas y sus formidables preparativos para la batalla, se enfrentó a él con valor; resuelta a recibir una muerte gloriosa antes que verse despojada de sus dominios y aceptar una vida privada, indigna de la hija de Filipo. (1)
Creía en su propia causa y en su propio poder personal para doblegar a Alcetas y a sus generales, pero subestimó las ambiciones de Pérdicas y hasta dónde estaba dispuesto a llegar Alcetas para mantener a su hermanos y a los demás generales en el poder; Alcetas la mató antes de que ella pudiera terminar su discurso.
Con la muerte de Cinane, pensó Alcetas, cualquier pregunta sobre la sucesión también moriría y su hermano y los demás generales tendrían sus planes asegurados. Sin embargo, cuando el ejército macedonio fue testigo del asesinato de Cinane a manos de su general, se rebeló y exigió que Adea, la sobrina de Alejandro y nieta de Filipo II se casara con Arrideo como había deseado Cinane.
El legado de Cinane
Adea se casó con Arrideo (que pasó a llamarse Filipo III) y se cambió el nombre a Eurídice, que es el nombre por el que se la recuerda. Tal y como había imaginado su madre, Eurídice se convirtió en el poder detrás de Filipo III; hablaba por él y tomaba decisiones en su nombre incluso antes de la primera guerra de los Diádocos y la muerte de Pérdicas. Tras la muerte de Pérdicas asumió más poder en nombre de su esposo y participó en tratados, habló para asambleas públicas y se estableció como una fuerza política importante.
No obstante, a Olimpia, que nunca las había apreciado ni a ella ni a su madre, no le hicieron ninguna gracia sus logros y en ese momento tomó medidas. Eurídice fue arrestada bajo órdenes de Olimpia, encarcelada y después obligada a cometer suicidio tras la ejecución de Filipo III en 317 a.C. Los logros de Eurídice reflejan los valores que le inculcó su madre, Cinane, que se negó a acatar las normas de nadie. Aunque los historiadores posteriores suelen pasarla por alto, las acciones de Cinane tras la muerte de Alejandro Magno tuvieron un gran impacto en lo que vendría después y se la recuerda como una princesa guerrera poderosa e independiente en una época en la que la mayoría de las mujeres, incluso entre la nobleza, no eran ni una cosa ni la otra.
