Milcíades

Joshua J. Mark
por , traducido por Rosa Baranda
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Miltiades (by Dimitris Kamaras, CC BY)
Milcíades Dimitris Kamaras (CC BY)

Milcíades (en torno a 555-489 a.C.) fue el general ateniense que derrotó a los persas en la batalla de Maratón en 490 a.C. Los griegos se enfrentaban a la fuerza persa de mayor número comandada por el almirante Datis, a quien había enviado el rey Darío I (549-486 a.C.) a invadir y subyugar Grecia.

En la batalla de Maratón, Milcíades reconoció que la estrategia tradicional griega nunca podría prevalecer contra el ejército persa más grande y adoptó una táctica totalmente inesperada que rompió las filas persas, ganó la batalla y salvó a Grecia del dominio persa. Aunque en un principio se lo aclamó como un gran héroe, los atenienses no tenían una gran memoria y, cuando después fue derrotado y deshonrado, lo encarcelaron acusado de traición. Murió en prisión por una herida sin tratar infectada. No obstante, las generaciones posteriores reconocerían su ingenio y sus logros y hoy en día se lo considera un héroe nacional.

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Primeros años y reinado

Milcíades era el hijo de Cimón de Atenas, un conductor de carro aristócrata conocido por sus éxitos en los Juegos Olímpicos. Cimón era miembro del rico y respetado clan de los Filaidas, y Milcíades se educó con los mejores profesores y se preparó para el éxito en la política. Heredó un reino en Asia Menor en la veintena cuando su hermano, Esteságoras, murió sin hijos a quienes dejarles su herencia. Este reino se encontraba en el Quersoneso, al norte de la antigua Troya, y había demostrado ser una propiedad muy próspera para la familia de Milcíades. Sin embargo, el pueblo se había cansado del gobierno del clan de los Filaidas antes de la muerte de su hermano. De hecho, esperaba que, dado que su rey se había muerto sin un heredero, a partir de entonces se podrían gobernar a sí mismos, pero no fue así como ocurrió.

A diferencia de su tío o su hermano antes que él, Milcíades vio lo que había que hacer y lo hizo; así se aseguró rápidamente su dominio como rey.

Cuando Milcíades llegó al Quersoneso ya sabía que habría problemas con el pueblo y esperaba visitas agotadoras de los ancianos de la comunidad que intentarían repetidamente burlarse de él y manipularlo. No tenía interés alguno en dejarles desperdiciar su tiempo y energía, así que, cuando se instaló en el palacio nuevo, cerró todas las puertas y se negó a salir a ver al pueblo, actuando como si estuviera de luto por la muerte de su hermano.

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Cuando los ancianos del Quersoneso llegaron en grupo a su casa para ofrecer su pésame por la pérdida, Milcíades hizo que los arrestaran por traición. Con los ancianos encarcelados, Milcíades se dispuso a gobernar su nuevo reino sin más interferencias ni problemas. El historiador griego Heródoto afirma que, a diferencia de su tío o su hermano antes que él, Milcíades vio lo que había que hacer y lo hizo y así consiguió asegurar su reinado con rapidez. Consolidó su posición poco después casándose con una princesa tracia llamada Hegesípila, hija del rey vecino Óloro, lo que selló una alianza contra cualquier posible problema futuro.

Milcíades como vasallo de Persia

Milcíades evitó todas las políticas pobres promulgadas por su hermano y su tío y demostró ser un buen gobernante. Derrotó a los invasores escitas, que hacían incursiones regulares al reino y conquistó las islas de Lemnos, Imbros y Tenedos para Atenas, lo que elevó mucho su estatus y el de su reino. En 513 a.C. Darío I invadió y Milcíades se rindió aceptando su nueva posición como vasallo del Imperio persa. En esta posición, no tuvo más opción que unirse a su nuevo gobernante en una expedición contra los escitas y luego contra las colonias griegas de Asia Menor. Estas colonias se revolucionaron contra el Gobierno persa en 499 a.C. y Milcíades las respaldó en secreto, además de dispensar más ayuda de Atenas.

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Cuando los persas sofocaron la revuelta en torno a 495 a.C., la participación de Milcíades se descubrió y huyó a Atenas para refugiarse. Su hijo Metíoco fue capturado por los persas en esa época, pero, como provenía de una casa noble de un antiguo vasallo, le perdonaron la vida y vivió cómodamente como un príncipe en Persia. Los aliados fenicios de Darío persiguieron a Milcíades, pero este logró evadirlos. Llegó a Atenas con el resto de su familia, donde le dieron la bienvenida, pero casi de inmediato lo acusaron de tiranía a causa de su reinado en el Quersoneso. Los atenienses desestimaron los cargos diciendo que eran invenciones de los simpatizantes persas y Milcíades y su familia se asentaron en la cómoda vida de la clase alta ateniense.

La invasión persa

Darío I no podía soportar la arrogancia de los atenienses ni el insulto de la revuelta de las colonias. Envió emisarios a las ciudades-Estado griegas para exigir que se sometieran al gobierno persa. Casi todos los Estados griegos se negaron, pero la isla de Egina accedió y se convirtió en un estado vasallo persa. Egina, situada en el centro entre el Pireo, el puerto de Atenas, y Corinto, un centro de comercio importante cerca de Esparta, amenazaba el comercio de ambas ciudades-Estado al ser un vasallo de Persia. Atenas y Esparta exigieron que Egina retirara su sumisión al rey persa, pero esta se negó. Las tensiones entre las ciudades-Estado volvieron a estallar y le dieron a Darío la excusa que necesitaba para invadir Grecia con el fin de proteger a su nuevo vasallo. Darío sabía que Atenas había estado detrás de la rebelión y, por supuesto, que había acogido a Milcíades, que lo había traicionado. Darío envió a su general Mardonio al norte de Grecia, donde conquistó la región macedonia en 492 a.C., pero carecía de los hombres y los recursos para ir al sur, hacia la propia Atenas. Entonces, Darío decidió invadir la Grecia continental y destruir Atenas directamente, eliminando así cualquier amenaza a su control de Asia Menor y vengándose del insulto de Atenas a su gobierno.

La guerra entre Grecia y el Imperio persa se suele presentar siguiendo unas líneas nacionalistas estrictas, según las cuales los persas estaban a un lado del conflicto y los griegos al otro, pero ese no fue el caso. Tal y como ilustra el ejemplo de Egina, las ciudades-Estado griegas no estaban unidas bajo una única nación y había muchos griegos que favorecían la unidad y la protección del Imperio persa. Aunque pueda parecer extraño que los griegos prefiriesen un Gobierno persa, hay que recordar que el Imperio persa era el más grande que había conocido el mundo hasta entonces mientras que las ciudades-Estado griegas eran unidades políticas pequeñas e independientes que luchaban sin cesar entre sí.

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No había un Ejército griego nacional, ni una economía, ni siquiera una cultura única; cada ciudad-Estado se consideraba una nación en sí misma. Persia ofrecía una construcción social mucho más estable y abarcadora que las ciudades-Estado griegas, de manera que había griegos que lo apreciaban mucho. Cuando los persas invadieron Grecia en 490 a.C., al principio tuvieron éxito gracias a la información proporcionada por los simpatizantes griegos. Capturaron rápidamente la isla de Naxos, de importancia estratégica, luego Delos y luego Eretria, cuyas puertas abrieron los simpatizantes, con lo que se encontraron en posición de invadir el continente por el puerto conocido como Maratón.

Los preparativos para la batalla

Los griegos se movilizaron rápidamente para repeler la invasión, pero, como de costumbre, les faltaba cohesión así que no tenían un ejército unificado preparado. El ejército ateniense de hoplitas se formó a partir de la ciudadanía y se preparó con rapidez, pero, de las demás ciudades griegas, tan solo los plateos se unieron a la resistencia, con una fuerza de 400 hombres. Los espartanos no podían participar a causa de un ritual religioso (aunque se comprometieron a unirse en cuanto estuvieran listos) y las demás ciudades-Estado tenían sus propias obligaciones y problemas, que se lo impidieron. Milcíades fue uno de los diez generales al mando de la gran fuerza ateniense que al final acudió a enfrentarse a los persas. Cada día, uno de los generales asumía el mando total del ejército mientras un polemarca (un consejero de guerra) llamado Calímaco, que no era uno de estos diez, supervisaba las operaciones y daba consejos y tomaba decisiones sobre los planes de batalla.

El ejército persa a las órdenes de Datis contaba con más de 20.000 soldados de infantería, además de la caballería y otras unidades de arqueros. Su fuerza también contaba con los guerreros de élite conocidos como los Inmortales, así llamados porque, cuando uno caía, otro ocupaba su lugar inmediatamente. Los Inmortales se consideraban invencibles. Los griegos, por su parte, solo habían conseguido reunir 10.000 soldados de infantería y no tenían ni caballería ni arqueros. Las llanuras de Maratón eran planas y muy adecuadas para una carga de caballería. El terreno también favorecía a los arqueros persas sobre la infantería griega.

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Greek Hoplite
Hoplita griego Johnny Shumate (Public Domain)

La historiadora Kelly DeVries señala que «cuando los atenienses vieron el inmenso tamaño de la fuerza persa en Maratón, su decisión de luchar contra ellos allí flaqueó. Surgió una disputa en el consejo de guerra entre los que preferían la retirada, al menos hasta que llegaran los espartanos, y los que deseaban ir a la batalla» (46-47). Se dijo que Esparta estaba de camino y que los refuerzos llegarían en cualquier momento, así que algunos generales argumentaron que había que retrasar la acción. Otros comandantes señalaron que cualquier carga tradicional a través de campo abierto en Maratón, con o sin refuerzos, sería en extremo difícil dado el número de la caballería persa y las oportunidades que tendrían sus arqueros. Argumentaron que mientras seguían discutiendo, la posición persa se iba haciendo más y más fuerte, por lo que había que organizar un ataque sin demora.

Milcíades estaba a favor de este plan y los historiadores han especulado que puede que lo motivara la venganza por haber sido expulsado de su reino por Darío. La sugerencia de esperar a los refuerzos de Esparta era razonable y, al final, los espartanos llegaron a Maratón el día después de la batalla. También se ha señalado que Milcíades eligió seguir adelante con el ataque un día en el que sería el comandante supremo, de manera que recibiría la gloria de una victoria decisiva. Su deseo de venganza sería comprensible, pero que este motivo fuera su única razón para querer atacar no es más que especulación. La opinión de los generales sobre si atacar o hacer tiempo estaba dividida: cinco votaron por atacar y cinco por esperar. Al final Milcíades apeló personalmente a Calímaco para que tomara una decisión para romper el empate. Heródoto informa de que Milcíades le explicó la situación a Calímaco cuidadosamente:

Si no luchamos, me parece que veremos una gran perturbación en Atenas que sacudirá la resolución de los hombres, y luego me temo que se rendirán; pero si libramos la batalla antes de que cualquier duda se manifieste entre nuestros ciudadanos, que los dioses nos den un juego limpio y podamos sobreponernos al enemigo. Así que este asunto depende de ti; está totalmente en tus manos. Tan solo tienes que añadir tu voto a mi bando y tu país será libre; y no solo libre, sino el primero entre los Estados de Grecia. O, si prefieres darles tu voto a aquellos que rechazarían el combate, entonces ocurrirá lo contrario (Historias, 6.109).

Con esto, Calímaco se convenció y votó por el lado de Milcíades. El ejército empezó pues los preparativos para el ataque con Milcíades al mando. Sin embargo, persistía el problema de cómo enfrentarse a los persas exactamente. Para llegar a las líneas persas, los griegos tendrían que recorrer más de 1,6 km (una milla) de campo abierto sin cobertura, expuestos a los arqueros griegos y a merced de su caballería. Pero, al mismo tiempo, Milcíades se había enterado de que gran parte de la caballería persa se había embarcado para atacar Atenas mientras el ejército griego se encontraba en Maratón. La parte de la caballería que se había quedado no era más que una fracción de la gran fuerza a la que se habían enfrentado antes los griegos. Así que Milcíades sabía que era el momento perfecto para atacar.

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La batalla de Maratón

En el undécimo día del enfrentamiento, Milcíades dio órdenes de romper la formación tradicional del ejército y extenderse en una línea delgada, puede que de tres hombres, a través de la línea opuesta de los persas. Tradicionalmente, la formación hoplita griega habría sido una falange densa de guerreros que habrían marchado adelante con paso constante al ritmo de tambores y flautas. Pero Milcíades lo cambió; no había música y, además, el centro de la línea era la parte más débil. Los historiadores han debatido sobre si esta debilidad central era intencionada o el simple resultado del plan de Milcíades de expandir la línea a lo largo de un frente persa mucho más grande. Parece que lo más probable es que esta debilidad central fuera intencionada para atraer a los persas a una trampa sobre la que cayeron después ambos flancos griegos.

Cuando sus hombres estaban en posición les ordenó correr tan rápido como pudieran por la llanura y atacar a los persas. Cuando estos los vieron venir, solo se percataron de la sección central débil que corría alocadamente por la playa y pensaron que los griegos habían perdido la cabeza. Los sorprendieron de tal manera que no tuvieron tiempo de movilizar y disponer a sus arqueros y, como la caballería estaba lejos, los persas también habían perdido esa ventaja. Los griegos golpearon las líneas persas y causaron daños graves, pero los persas respondieron y rompieron el centro griego, que acabó cediendo.

Battle of Marathon, 490 BCE
La batalla de Maratón, 490 a.C. Dept. of History, US Military Academy (CC BY-SA)

Con esto, los persas estaban seguros de la victoria y siguieron adelante, sin saber que ese era precisamente el plan de Milcíades. El comandante les ordenó a los flancos del ejército que se abalanzaran sobre el centro, aplastando así a los persas atrapados en el medio. Las fuerzas persas huyeron a los barcos y, aunque algunos lograron escapar, la mayoría murieron y los barcos fueron capturados. Los griegos habían ganado la batalla de Maratón y Grecia se salvó del dominio persa. Los atenienses perdieron 192 hombres en la batalla mientras que los persas perdieron 6.400, según Heródoto. Aunque muchos historiadores a lo largo de los siglos han cuestionado las bajas presentadas por Heródoto, no cabe duda de que la batalla fue una gran victoria para los griegos.

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Los espartanos llegaron al día siguiente y felicitaron a los atenienses, pero Milcíades no tenía tiempo para celebraciones. Sabía que los simpatizantes de los persas estaban planeando entregar Atenas al enemigo y que las fuerzas persas se estaban acercando rápidamente a la ciudad. Milcíades ordenó a sus hombres marchar a Atenas con rapidez, y allí estaban esperando al enemigo en formación de batalla cuando llegó la flota persa para atacar. Los persas entendieron que los griegos se les habían adelantado y se marcharon a casa.

Secuelas y legado

Habían ganado la guerra, pero todavía había que lidiar con los griegos que se habían puesto de parte de los persas y habían traicionado a su país, sobre todo Egina y las ciudades-Estado de las Cícladas, que se habían pasado al bando persa. Una vez asegurada Atenas, Milcíades llevó a su ejército contra las islas Cícladas, pero fue derrotado. Recibió una herida en la pierna y se retiró del combate. Tras la batalla, sus hombres lo llevaron de vuelta a Atenas, donde lo acusaron de traición por su fracaso y fue encarcelado. Con su decepción por esta abrumadora derrota, los atenienses olvidaron el servicio que les había prestado antes. Mientras estaba en prisión, su herida se quedó sin tratar y murió de gangrena. Su cuerpo fue enterrado en una tumba de Maratón, cerca de los hombres que habían caído en la batalla. Durante años se siguió honrando el lugar, pero al final cayó en el olvido. Kelly DeVries escribe:

Si alguien hubiese visitado el lugar de la batalla tan solo un año antes de que las Olimpiadas modernas regresaran a Atenas en 2004, se habría encontrado con un plinto monumental roto, cubierto de grafitis, y un museo con escasos visitantes. Este campo de batalla en el que puede que se librara la mayor batalla de la historia de la antigua Grecia no solo estaba descuidado sino ruinoso, a excepción de los dos túmulos (38).

El lugar se limpió y restauró en preparación para el 2500º aniversario de la batalla en el otoño de 2010 y hoy en día sigue siendo una atracción turística popular. La batalla de Maratón sigue siendo una de las más importantes, más estudiadas y citadas de la antigua Grecia. La improbable victoria del ejército griego inferior y la determinación y la imaginación de su líder ha inspirado a la gente de todo el mundo durante siglos. Aunque la muerte de Milcíades en prisión no fue digna del gran héroe de Maratón, las generaciones posteriores reconocieron sus logros y elevaron su nombre a un estatus legendario. Hoy en día hay una estatua cerca de las tumbas de sus hombres en las llanuras de Maratón donde derrotó al poderoso ejército de Persia y salvó a su país. Diez años más tarde, los persas volverían a invadir Grecia en 480 a.C., con un ejército aún mayor, y volverían a sufrir otra derrota frente a los griegos que todavía recordaban la victoria de Maratón y al general que había vencido aquel día contra todo pronóstico.

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Bibliografía

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Sobre el traductor

Rosa Baranda
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.

Sobre el autor

Joshua J. Mark
Joshua J. Mark es cofundador de World History Encyclopedia's y Director de Contenidos. Ha sido profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde ha enseñado historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado por todo el mundo y ha vivido en Grecia y en Alemania.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, J. J. (2026, diciembre 29). Milcíades. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-13401/milciades/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "Milcíades." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, diciembre 29, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-13401/milciades/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Milcíades." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, 29 dic 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-13401/milciades/.

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