La colonización sistemática de Norteamérica se desarrolló entre los primeros viajes de la década de 1490 y el estallido de la guerra franco-india en la década de 1750. Las ambiciones de españoles, franceses, ingleses y holandeses dividieron el continente y el Tratado de Utrecht en 1713 marcó un punto de inflexión que limitó el poder francés e impulsó la expansión británica.
Durante esos siglos, los imperios construyeron asentamientos, puestos de comercio y reclamaron tierras a lo largo y ancho. España dominaba el sur y el suroeste, Francia tenía Canadá y el valle del Misisipi y el Gran Bretaña fue avanzando poco a poco a lo largo de la costa atlántica. El Tratado de Utrecht (1713) le puso fin a la guerra de Sucesión española al forzar a Francia a cederle al Reino Unido Terranova, la bahía del Hudson y Acadia, una reorganización que sería la base de las luchas futuras por el control del continente.

