Pizarro y Atahualpa: la maldición inca del oro perdido

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Past Preservers
por Bill Yates, traducido por Estanislao Larios Ramirez
Publicado el 29 julio 2014
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Disponible en otros idiomas: Inglés, Francés

En noviembre de 1532, Francisco Pizarro lideró a un grupo de alrededor de 160 conquistadores hacia la ciudad inca de Cajamarca. Pizarro, el hijo analfabeto e ilegítimo de un noble extremeño y una mujer humilde, había pasado su vida entera en la búsqueda por llegar a ser rico y reconocido.

Francisco Pizarro
Francisco Pizarro
Llull (Public Domain)

Después de haber escuchado cómo un primo lejano suyo, Hernán Cortés, había saqueado millones en oro de los aztecas, Pizarro aspiraba a hacer lo mismo. Comenzó su carrera cuando, en 1502, se unió a una expedición colonizadora hacia el Nuevo Mundo. Al distinguirse por su valor en batalla, Pizarro rápidamente llegó a ser el segundo al mando en el ejército de la región del Darién.

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Lideró dos expediciones fallidas a la costa occidental de Sudamérica, donde las duras condiciones y los guerreros nativos hicieron retroceder a sus tropas hacia la costa. Sin embargo, su suerte cambió para bien cuando, junto con sus tropas, entró a la ciudad inca de Tumbes. Los habitantes de esta población no solo les dieron la bienvenida, sino que les permitieron también descansar y sanar de sus heridas.

Rápidamente, los españoles quedaron embelesados no solo con la gran cantidad de oro y plata que los caciques vestían, sino por el hecho de que estos metales preciosos parecían estar por todos lados. Usando tretas y engaños, persuadieron a los caciques para revelarles la ubicación en la montaña de un gran gobernante inca, lugar donde el oro era abundante.

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Pizarro regresó a España donde, con sus nuevos conocimientos y algo de oro como prueba, convenció al rey Carlos no solo de financiar una tercera expedición, sino de hacerlo gobernador de todas las tierras que él conquistara.

Al regresar a Tumbes, Pizarro encontró a la antes hermosa ciudad destruida por una guerra civil. Pizarro no lo sabía entonces, pero llegó en el momento perfecto, ya que poco antes de su llegada Atahualpa Inca había regresado de haber derrotado a su hermano Huascar. Como consecuencia de esa victoria, Atahualpa se convirtió en el "Inca" (término que solo podía ser utilizado por el rey). Al enterarse de su llegada, Atahuapa pensó que él y sus 80 000 hombres tenían poco que temer de los 160 españoles. Sin embargo, como precaución, envió a algunos nobles a reunirse con ellos.

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Los nobles pasaron dos días con los españoles, conociéndolos no solo a ellos, sino a sus armas también. Cuando escuchó su informe, Atahualpa mandó decir que deseaba reunirse con los españoles en la ciudad de Cajamarca, donde pensaba capturarlos.

Cuando Pizarro entró a la casi desierta ciudad en noviembre, inmediatamente envió un mensaje al gran gobernante inca donde le expresaba su deseo de que se reunieran en el centro de la ciudad. Mientras esperaba la llegada del Inca, Pizarro planeó una trampa propia. Atahualpa llegó al punto de encuentro en una litera cargada por 80 nobles y rodeado por 6000 soldados. Poco después, Pizarro ordenó el ataque. Los cañones comenzaron a rugir con precisión mortal. La caballería atacó desde sus posiciones estratégicamente ocultas, mientras que la infantería abría fuego desde casas comunales. Los soldados y nobles incas que no murieron en los primeros minutos del ataque huyeron despavoridos. El mismo Pizarro capturó a Atahualpa Inca.

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Temiendo por su vida, Atahualpa le dijo a Pizarro que, si lo liberaba, en 2 meses su gente llenaría de oro una habitación de 7.3 metros de largo por 5.5 metros de ancho y 2.4 metros de altura (24 x 18 x 8 pies), así como el doble en plata. Incluso el mismo Pizarro quedó sorprendido por esta cantidad de riqueza, con lo que inmediatamente aceptó recibirlas como pago por el rescate de Atahualpa.

Sin embargo, durante los dos meses en que el oro y la plata fueron entregados lentamente, los españoles y Pizarro vivieron con el miedo creciente y abrumador de que el gran ejército inca estuviera movilizándose para rescatar a Atahualpa y matarlos a ellos.

Para evitarlo, el 29 de agosto de 1533, Pizarro, actuando como juez y basándose en cargos falsos, sentenció a Atahualpa a morir en la hoguera. Al conocer su sentencia, el gobernante inca solicitó convertirse al cristianismo. Sabía que, siendo cristiano, la religión española no permitiría que fuera quemado, y estaba en lo correcto; en lugar de ello lo ejecutaron por estrangulamiento.

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Al conocer la traición española, el general inca Ruminahui escondió las casi 750 toneladas de oro que traía para pagar el rescate de su rey en una cueva en lo profundo de las montañas de Llanganatis. Cuando Ruminahui fue capturado, fue torturado hasta morir, pero no reveló la ubicación del tesoro.

Inca General Ruminahui
Ruminahui, general inca
Marcelojesuspalacios (CC BY-SA)

El tesoro permaneció escondido por muchos años hasta que un español que vivía en las montañas de Llanganatis (Valverde Derrotero), se casó con la hija de cierto sacerdote. Este sacerdote había encontrado previamente el tesoro, y sabiendo de la sed de oro de los españoles, le mostró a su yerno la ubicación. Derrotero era un hombre pobre, pero poco después de casarse se volvió muy rico. Algunos años después regresó a España y, en su lecho de muerte, escribió un edicto de tres hojas al rey, dando cuenta de la ubicación del tesoro. Conocido como la guía de Valverde, este escrito daba instrucciones detalladas sobre cómo encontrar el tesoro.

El rey envió inmediatamente a un fraile llamado Padre Longo a verificar la existencia del tesoro escondido. Durante su expedición, Longo comunicó que habían encontrado el tesoro, pero regresando de las montañas, Longo desapareció misteriosamente.

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Unos 100 años después de la desaparición de Longo, un minero llamado Atanasio Guzmán, que había estado minando en las montañas de Llanganates, dibujó un mapa que, según él, conducía al tesoro. Sin embargo, antes de que pudiera tomar posesión del mismo, al igual que Longo, desapareció en las montañas.

Nada más se supo del tesoro hasta 1860, cuando dos hombres (el Capitán Barth Blake y el Teniente George Edwin Chapman) creyeron haber resuelto el enigma. Blake hizo mapas de la zona, mientras mandaba cartas a su casa. En una de estas cartas escribió:

Me es imposible describir la riqueza que ahora yace en esa cueva marcada en mi mapa, pero no podría sacarla yo solo, ni tampoco miles de hombres... Hay miles de piezas de oro y plata de la artesanía inca y preincaica, la orfebrería más hermosa que no podrías siquiera imaginar, figuras humanas de tamaño real hechas de oro y plata martillados, pájaros, animales, tallos de maíz, flores de oro y plata. Vasijas llenas de la más increíble joyería. Jarrones de oro llenos de esmeraldas.

Sin embargo, los hombres no iban a disfrutar del botín, ya que en su camino de regreso de las montañas, Chapman desapareció, y Blake (un oficial naval de carrera) de manera inexplicable cayó por la borda mientras transportaba algo del oro para venderlo.

¿Es cierta esta historia? Es difícil asegurarlo, pero sabemos que se entregó a los españoles una cantidad enorme de oro y plata. Existen los relatos históricos de personas que desaparecen, o en el caso de Blake caen por la borda, después de anunciar que habían encontrado el tesoro.

También está el hecho de que en una de sus enigmáticas pistas para el rey español, Derrotero menciona un lago negro. En la década de 1930, la mina de oro Yanacocha (o Lago Negro) entró en operación. Hasta la fecha, la mina ha producido más de 7000 millones de dólares estadounidenses en oro. Y, aunque encontrar oro en la zona en la que Derrotero dijo que estaría el tesoro no hace que la historia sea necesariamente cierta, sí hace que valga su peso en oro.

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Sobre el traductor

Estanislao Larios Ramirez
Mexican, passionate about History since I was a child, thanks to the great teachers I had. I am convinced that there are more common things that unite humans than those that divide them, with History as a tool to achieve understanding among all societies.

Cita este trabajo

Estilo APA

Yates, B. (2014, julio 29). Pizarro y Atahualpa: la maldición inca del oro perdido [Pizarro and Atahualpa: The Curse of the Lost Inca Gold]. (E. L. Ramirez, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/2-704/pizarro-y-atahualpa-la-maldicion-inca-del-oro-perd/

Estilo Chicago

Yates, Bill. "Pizarro y Atahualpa: la maldición inca del oro perdido." Traducido por Estanislao Larios Ramirez. World History Encyclopedia. Última modificación julio 29, 2014. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-704/pizarro-y-atahualpa-la-maldicion-inca-del-oro-perd/.

Estilo MLA

Yates, Bill. "Pizarro y Atahualpa: la maldición inca del oro perdido." Traducido por Estanislao Larios Ramirez. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 29 jul 2014. Web. 06 jul 2022.

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