El armisticio que finalizó la Primera Guerra Mundial (1914-1918) en el frente occidental fue firmado entre Alemania y los Aliados el 11 de noviembre de 1918. Las armas se callaron a las 11:00 a.m. ese día. Los Aliados, que incluían a Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos, habían vencido a Alemania Imperial y a sus aliados, que incluían a Austria-Hungría y al Imperio otomano.
Alrededor de once millones de personas murieron en el primer conflicto global del mundo. Los términos de paz para Alemania (decididos en la Conferencia de Paz de París y presentados en el Tratado de Versalles) fueron duros e incluían la aceptación de la responsabilidad por haber comenzado la guerra, la pérdida de territorios, la obligación de pagar indemnizaciones y límites severos sobre sus futuras fuerzas armadas.
A lo largo del verano de 1918, los Aliados en el Frente Occidental hicieron grandes avances en lo que llegó a conocerse como la Ofensiva de los Cien Días. Gracias a tácticas mejoradas, a una mejor coordinación de la combinación de armas (infantería, artillería y apoyo aéreo), al equipo superior, al mejoramiento del uso de nuevas tecnologías tales como tanques y al influjo importante de nuevas tropas provenientes de los Estados Unidos, el Ejército alemán tuvo que retroceder, perdiendo así mucho del territorio que había ganado en la primavera. Mientras los Aliados estaban aumentando el número de hombres en el frente, Alemania estaba quedándose sin soldados en esta larga guerra de desgaste. El Ejército alemán estaba agotado y desmoralizado y ahora parecía solo cuestión de tiempo antes de que los Aliados lograran la victoria total.
En cien días los Aliados aprisionaron a 363.000 soldados alemanes (el 25 porciento del ejército en el campo) y capturaron 6.400 armas (el 50 porciento de todas las armas alemanas en el Frente Occidental). Estos números muestran la efectividad de la estrategia aliada y la baja moral de los soldados alemanes.
(Winter, página 170)
A finales de septiembre, Alemania y su principal aliado, Austria-Hungría, hicieron sus primeros gestos para rendirse al enviar un mensaje al presidente estadounidense Woodrow Wilson (1856-1924). El presidente respondió que para acordar la paz, ambos países tendrían que adherirse a lo que llegó a conocerse como «Los Catorce Puntos de Woodrow Wilson», que incluían la necesidad de abandonar el territorio que estos agresores habían obtenido durante la guerra. Por el momento, el Gobierno alemán rechazó los términos de Wilson sobre la base de que parecían requerir nada menos que una rendición incondicional. Los generales alemanes decidieron continuar luchando «con toda nuestra fuerza» (Simkins, página 76).
Con el Frente Occidental deteriorándose más para las fuerzas alemanas y con el bloqueo de Alemania causando escasez de comida en casa, había un aumento en las instancias de descontento dentro de Alemania sobre la continuación de la guerra. Quizás hasta 400.000 civiles alemanes murieron de hambre en 1918. El espíritu revolucionario contra el Ejército alemán estaba expandiéndose, con disturbios en varias ciudades, un motín en la marina de Kiel el 28 de octubre; el ejército estaba sufriendo con las deserciones masivas y hasta hubo una República de Baviera que se declaró independiente el 7 de noviembre. Los llamados a un armisticio se hicieron todavía más urgentes. Tal y como lo menciona el historiador P. Simkins: «Básicamente en noviembre de 1918, el Ejército alemán estaba vencido en el campo y sin duda alguna, habría sufrido una derrota todavía más humillante el año siguiente» (página 91). En noviembre, Alemania estaba luchando sola ahora que Bulgaria, Turquía y Austria-Hungría se habían rendido.
MIENTRAS 1918 LLEGABA A SU FIN, LOS ALIADOS SEGUÍAN AVANZANDO EXITOSAMENTE.
Hasta el obstinado káiser Guillermo II comprendió las señales y abdicó el 9 de noviembre, huyó de Alemania para encontrar mayor seguridad en los Países Bajos neutrales. La abdicación fue firmada formalmente el 28 de noviembre y con el juramento de cada uno de los seis hijos del káiser de que no sucederían a su padre, la dinastía Hohenzollern llegó a su fin.
Mientras 1918 llegaba a su fin, los Aliados seguían avanzando exitosamente y, como nunca antes, estaban en una posición mucho más fuerte para dictar los términos. El nuevo Gobierno alemán temporal se vio obligado a aceptar lo siguiente:
… la evacuación inmediata de todo el territorio ocupado, incluidas Alsacia y Lorena y la parte ocupada por Alemania al oeste del río Rin. Todos los u-Boot debían ser entregados y la Flota de Alta Mar sería desarmada e internada. Grandes cantidades de armas, equipo y transporte debían ser depuestos. Los tratados de Brest-Litovsk con Rusia y el de Bucarest con Rumanía, que habían sido dictados por los alemanes, fueron anulados.(Bruce, página 28)
La rendición alemana fue firmada a las 5:00 a.m. el 11 de noviembre de 1918. El lugar de la firma fue la sede del mariscal Ferdinand Foch (1851-1929), comandante supremo de las Fuerzas aliadas, en el bosque de Compiègne; Alemania estaba representada por el ministro de relaciones exteriores, el conde Alfred von Oberndorff, por el almirante Ernst Vanselow, por el general Detlof von Winterfeldt y por Matthias Erzberger del Partido del Centro. Gran Bretaña estaba representada por el almirante Rosslyn Wemyss.
LA GUERRA TERMINÓ A LAS «ONCE HORAS DEL UNDÉCIMO DÍA DEL UNDÉCIMO MES».
Se eligió un vagón de tren para el lugar propiamente dicho de la firma. Según el acuerdo de los signatarios, las armas se callarían a las 11:00 a.m. de ese mismo día (las «once horas del undécimo día del undécimo mes»). Todos los comandantes en el terreno fueron informados y se les dijo que transmitieran el mensaje a sus hombres, pero esto no evitó las muertes trágicas de más soldados en la línea del frente aquella mañana, tal y como lo recuerda el soldado británico Jim Fox:
Por supuesto, cuando el armisticio iba a firmarse a las 11 de la mañana el 11 de noviembre, a partir de las 6 de esa mañana solo había proyectiles esporádicos lanzados sea por nosotros hacia las líneas alemanas o por los alemanes sobre nuestras líneas. Quizás había uno por hora. Y entonces, a eso de las 10 a.m., uno cayó y mató a uno de nuestros sargentos que había estado combatiendo desde 1915. Lo mató la metralla. ¡Tú me entiendes! Pensé que fue muy mala suerte. Solo pensar que él había servido desde 1915, tres años hasta 1918, casi cuatro años y entonces que lo mataran una hora antes del armisticio… (Museo Imperial de la Guerra)
El último soldado en morir en la guerra fue un estadounidense, Henry Gunther, que murió a las 10:59 a.m. mientras atacaba un puesto de metralleta alemana. Un minuto más tarde, al fin, todo estaba en silencio en el Frente Occidental. Esta guerra terrible, que había matado o herido a por lo menos 35 millones de personas, finalmente había acabado después de 1.568 días de combate.
Muchos soldados en el frente sintieron una sensación de anticlímax ahora que todo había acabado. Muchos recordaron a aquellos que habían caído. Los civiles en Gran Bretaña, Francia, Bélgica y en otros lugares abarrotaron las calles y celebraron la victoria. Winston Churchill, ministro de Municiones en ese entonces, recuerda el júblio en Londres a las 11 a.m. el 11 de noviembre:
Entonces de repente, el primer toque de campana. Miré nuevamente a la ancha calle debajo de mi (estaba desierta). Entonces, hombres y mujeres de todos lados llegaron apresuradamente a la calle. Riadas de gente salieron a raudales de todos los edificios. Las campanas de Londres comenzaron a repicar. La avenida Northumberland ahora estaba repleta de cientos de personas, mejor dicho, de miles corriendo de allá para acá de manera frenética, gritando y chillando de alegría. Puedo ver que la plaza Trafalgar ya estaba hecha un enjambre de gente. A mi alrededor, en nuestra propia sede, el desorden ya había estallado (las puertas se abrían de golpe, pasos apresurados resonaban en los corredores; todos se levantaron de sus escritorios; todas las ataduras se rompieron). El tumulto creció; creció como un vendaval, pero llegaba de todos lados simultáneamente. La calle era una masa febril de humanidad. Las banderas aparecieron como por arte de magia, riadas de hombres y mujeres se vertieron en la calle Strand. Casi antes de que la última campanada del reloj cesara de oírse, las calles de Londres, estrictas, restringidas por la guerra y reguladas, se habían convertido en un triunfante pandemonio. De cualquier modo estaba claro que ese día ya no se haría ningún otro trabajo. (Museo Imperial de la Guerra)
Conferencia de Paz de París
Otros acuerdos de armisticio ya se habían firmado o se firmaron para cerrar otros teatros de la Primera Guerra Mundial, tales como el de los Aliados y Turquía (firmado el 30 de octubre de 1918) y el de los Aliados y Austria-Hungría (firmado el 3 de noviembre de 1918). Todavía había combates que continuaban en algunos lugares, especialmente en la incesante guerra civil rusa, que tenía teatros en Europa Oriental y en el este de Asia.
Los términos finales de la paz que concernían a Alemania se discutieron entre enero y junio de 1919 en la Conferencia de Paz de París. Los términos de paz para Alemania fueron establecidos en el Tratado de Versalles, firmado por todas las partes en junio de 1919. Entre estos, se incluían los siguientes puntos:
Alemania tenía que aceptar la responsabilidad total por la Primera Guerra Mundial (la «cláusula de culpabilidad»).
Alemania tenía que pagarle indemnizaciones a Francia, a Gran Bretaña y a Bélgica (fijadas a £6.600.000.000 en 1921).
A Francia se le devolvieron las regiones de Alsacia y Lorena; Polonia recibió la Alta Silesia.
Sarre, el área de Alemania rica en carbón, se extrajo del control alemán.
Al Ejército alemán se le impuso un límite de 100.000 hombres, mientras que su Armada podía tener un máximo de 36 naves.
Alemania no podía construir tanques ni artillería pesada ni aeronaves ni submarinos ni buques de guerra.
Un legado problemático
Aunque fue diseñado para garantizar una paz duradera, en Alemania, hubo una respuesta generalizada por parte del público de que los términos del Tratado de Versalles eran muy duros. Esta era «una paz dictada», no una negociada. En realidad, Alemania había deseado imponer términos más duros sobre la URSS en el Tratado de Brest-Litovsk después de que ese Estado se retirara de la Primera Guerra Mundial en 1917-1918. Bajo los términos de paz, Alemania, a pesar de ser un país perdedor, todavía estaba «geográfica y económicamente intacta y preservaba su unidad política y su fuerza potencial como una gran nación» (Shirer, página 58). Sin embargo, el resentimiento era alto y había un sentimiento persistente, aunque completamente equivocado, de que el pueblo alemán había sido «apuñalado por la espalda» por sus propios líderes militares «cobardes». Durante la década de 1930, Adolf Hitler (1889-1945) atizó esta ira latente sobre cómo terminó la Primera Guerra Mundial con el propósito de promover el nacionalsocialismo. En marzo de 1935, Hitler repudió formalmente el Tratado de Versalles y comenzó a revertir muchos de sus términos. Por lo tanto, los historiadores han identificado el descontento hacia el tratado como una de las diversas causas de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).
Tal y como lo mencionó el mariscal Foch en 1919: «Esta no es una paz, sino un armisticio por 30 años» (York, página 82). Nuevamente, en 1939, Europa fue devastada por la guerra. Hitler, haciendo una conmovedora referencia al pasado, insistió en que la rendición de Francia, después de su ocupación por las fuerzas alemanas en 1940, fuera firmada en el mismísimo vagón de tren que se había utilizado para la firma del armisticio en 1918.
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En Francia, Gran Bretaña y en muchos países de la Mancomunidad de Naciones, el armisticio del 11 de noviembre continúa siendo la fecha (o el domingo más próximo) en que cada año se celebran ceremonias de conmemoración, no solo en honor de aquellos que murieron en la Primera Guerra Mundial, sino también en los conflictos que han seguido a lo que desafortunadamente no fue, como todos lo habían esperado, «la guerra para terminar todas las guerras».
Edilsa Sofía es una antigua diplomática y educadora, especialmente interesada en las Artes y los asuntos culturales. Además de otros grados, tiene una maestría en traducción literaria.
Mark es el director de Publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 11 noviembre 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.